Categoría: Opinión

  • La educación y sus fines

    La educación y sus fines

    Los fines de la educación son: educar, instruir, enseñar valores y el amor a la vida. Además, esos fines son variados y complejos de analizar cuando es aplicado a extractos sociales vulnerables o con precariedades económicas.

    La educación ha tenido muchas connotaciones: enseñar a cultivar valores, culturas, tener conocimientos para acoplarse al status quo de una sociedad o para competir y saber quién es el mejor. De este modo, el ser humano debería de formarse para ser una persona de bien y no solo reflexionar que con la educación puede convertirse en un ser sin valores.

    Los fines educativos están escritos; pero, aún no se logran aplicar en la escuela salvadoreña. La educación sigue siendo un paradigma a vencer. Las estadísticas muestran que no todos los estudiantes terminan la escuela, hay deserciones en diferentes niveles. El bajo grado de escolaridad hace que los salvadoreños no tengan las mismas oportunidades de aquellas personas que terminaron bachillerato o una carrera universitaria.

    Por lo tanto, para poder eliminar las desigualdades se necesita: incorporar un currículo educativo que sea equitativo. La educación debe ser un pilar para garantizar una sociedad más justa y democrática. “Para Vasconcelos la educación es un proceso subsidiario, intencional y directo en el cual el educador acompaña y encamina al educando para influir en él, ´de suerte que cada educando consume dentro de sí la máxima potencialidad de su naturaleza´”. Por ende, los docentes deben ser una inspiración para que los discentes puedan tener los conocimientos necesarios y útiles para triunfar.

    En 2012, León presentó “La esencia de la educación es educar, formar, liberar, ordenar, disciplinar. La buena educación forma al niño, a la niña, al joven y a la joven para el desarrollo y construcción del ser humano agradable, inteligente, productivo, libre, firme, sabio”.

    Macías (2021) afirma “el proceso educativo, de acuerdo con el pensamiento pedagógico de Vasconcelos, es causado por factores internos, pero también externos, y combina las virtualidades de la autoeducación y de la heteroeducación, incluye las connotaciones de las dos raíces latinas del término educar: educere (sacar de, extraer de…) y educare (guiar, llevar, conducir, orientar…)”. Lo anterior hace repensar que el ser humano debe ser guiado y conducido hacia los saberes, hacia los aprendizajes que la vida misma nos trae. La educación debe ser una manera de orientar a los seres humanos para que encuentre el bien y la semilla del saber.

    Es importante que en todos los niveles educativos se restructure el currículo para que enseñen: valores, urbanidad y toda ciencia que ayude a ser un mejor ser humano. Por ende, el ser humano educado es probable que no le falla a la sociedad, al Estado, a su familia y se distinguirá entre el bien y el mal. Una persona con estudios formales, logra salir adelante en la vida con menos dificultades. Los fines de la educación, según lo expuesto, es: formar, disciplinar, educar, sensibilizar y guiar al ser humano a que enfrente al mundo y todas las vicisitudes. Un ser humano con bases sólidas en educación logra entrar en todos los estamentos de la sociedad, no se deja engañar y contribuye, a través de su conocimiento, a transformar un mundo con mejores posibilidades, a que los derechos humanos se apliquen igualmente. Una persona educada tendrá la oportunidad de aplicar la ciencia para el bien de la sociedad.

    La educación tiene que tener fines motivadores, a no ser un sistema educativo con dogmas políticos. Toda persona debe ser libre para pensar por sí solo. Si tuvo la oportunidad de educarse, que sean esos aprendizajes para realizar una reconstrucción de un sistema que enseñe a valorar más la vida, a que no se fomente que se llega a la escuela con el fin de aprender habilidades y destrezas para luego pasar en una organización si fomentar el talento humano. La educación debe de  enseñar a pensar al ser humano, a liberarse de todo lo que le impida desarrollarse y dejar una sociedad con valores.

    *Fidel López Eguizábal es docente e investigador Universidad Nueva San Salvador 

    fidel.flopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • La esperanza vencedora

    La esperanza vencedora

    Gentilmente, Santiago Cantón me envió una interesante entrevista que recién concedió y acaban de publicar. Este querido colega, camarada argentino desde más de dos décadas, fue el primer relator especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y secretario ejecutivo de la misma; además, presidió la Comisión de Investigación de las Naciones Unidas sobre las protestas del 2018 en la Palestina ocupada y se desempeñó como director ejecutivo del Programa de Derechos Humanos del Centro Robert F. Kennedy. En su trajinar por el mundo, ha visitado nuestro país varias veces. La última, supongo, encabezando la misión especial envida por la secretaría general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para evaluar la situación nacional, tras los desmanes iniciales de Nayib Bukele al frente del Ejecutivo; así las cosas, del 14 al 18 de febrero del 2021 lo hizo presencialmente y un par de días después de manera virtual.

    El informe final producto de dicho encargo, lo comenté en su momento; por cierto, no fue nada complaciente con el régimen autoritario que para entonces aún no cumplía dos años y su máxima figura todavía negaba su intención de afianzarse en el poder más de lo debido, constitucionalmente hablando. Al menos en público, que yo sepa, no lo había expresado. Entre otros asuntos preocupantes, en el mencionado reporte de la OEA se hizo referencia a diversas acciones contra el Estado de derecho y la democracia, con base en las denuncias recibidas acerca del quiebre de la independencia de los poderes estatales; asimismo, se señalaron “los ataques a la libertad de expresión y de prensa” junto a “los límites injustificados al acceso a la información”.

    Además, ya inquietaba dentro y fuera de nuestro territorio su “militarización”; esta había sido mayormente evidenciada, hasta entonces, cuando Bukele irrumpió en el recinto legislativo el 9 de febrero del 2020. También se señaló el “incumplimiento” de ciertos compromisos derivados de los acuerdos de paz, así como “el desacato expreso” de “sentencias judiciales”. Porque ya era evidente el retroceso en el siguiente ámbito, desde entonces se recomendó “fortalecer la transparencia de las actividades gubernamentales y garantizar el derecho de acceso a la información de la población salvadoreña”. Cuatro años después, Santiago acaba de ser nombrado secretario general de la septuagenaria Comisión Internacional de Juristas; instalado ya en ese importante cargo, brindó la referida entrevista publicada con este sugerente y desafiante título: “La esperanza vence al diablo”.

    Preguntémonos entonces quién es quién desde la perspectiva de los derechos humanos y comencemos por definir en palabras de Arturo Sosa, general de los jesuitas, al segundo. Evocando la masacre consumada por militares salvadoreños hace 36 años en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), Sosa aseguró que las víctimas de dicha atrocidad aún impune son un ejemplo claro de “la potencia de la esperanza y de la vida sobre el poder del mal y el poder del diablo, que naturalmente existe todavía como una fuerza que intenta destruir nuestros esfuerzos”. Así lo pinceló.

    Ignacio Ellacuría, inmolado en aquel entonces, aseguró por su parte el 22 de marzo de 1985 que la esperanza “no es, sin más, optimismo ni consiste en esperar que los otros resuelvan los problemas […] Hay que poner cuanto antes manos a la obra con desinterés, con lucidez y también con sacrificio […] Arraigados en la esperanza, es preciso trabajar hoy más que nunca, cada uno donde más pueda rendir hasta quedar exhausto, hasta dar todo lo que tenemos dentro”.

    Para que la esperanza adquiera la fortaleza necesaria, se vuelva herramienta eficaz y coadyuve a vencer el mal encarnado en el demonio autoritario y desalmado ‒violador de la dignidad de las personas y de los pueblos‒ hay que estar a la altura del desafío. Parafraseando al buen Santiago, debemos entonces lograr que la ley deje de ser “la espada de los poderosos” para convertirla en “el escudo de los vulnerables”; tenemos que desburocratizar los derechos humanos recuperando “su lenguaje moral” y su energía revolucionaria. Hay que “volver a las trincheras y revivir el espíritu de 1948” plasmado en aquella declaración que nunca, jamás de los jamases, fue pensada para favorecer a unos pocos sino para el beneficio universal.

    Si no lo hacemos, no nos quejemos. Pero sepamos y entendamos de una vez por todas lo siguiente. “Quien vive de la esperanza ‒dijo bien Lanssiers‒ muere en ayunas». Y los ‘padres de la patria’ tendrían que percatarse de lo obvio: cuando el pueblo pierde la ilusión de poder cambiar las cosas a largo plazo, tiene la tentación de cambiarlas de inmediato”. Y acá, eso ya nos pasó no una sino varias veces.

  • El espíritu de tolerante como actitud de acercamiento

    El espíritu de tolerante como actitud de acercamiento

    En un mundo global como el presente, totalmente roto, las actitudes rígidas suscitan aún más incomprensión y sufrimiento, lo que nos requiere extender la mano y entrar en diálogo, al menos para acercar posturas y encontrar soluciones a conflictos absurdos y tensiones dañosas. Sin duda, será saludable para toda la humanidad, comenzar por fortalecer la protección de las sociedades contra el virus del odio y la venganza. La apuesta por un cultivo de concordia y no violencia, debe ser una de nuestras prioridades, así como la educación en derechos humanos y una ética gobernanza. De lo contrario, nos hundiremos en enfrentamientos, que lo único que nos llevan es a romper vínculos sistémicos y a la destrucción total.

    Desde luego, es deber de todo ciudadano ante el resurgir de la intolerancia, ayudar a construir horizontes armónicos que nos fraternicen. Ahora bien, sin una base moral objetiva, ni siquiera la democracia puede afianzar un orden sólido. En consecuencia, es vital educar en la verdad y favorecer la mediación, dondequiera que haya sido afectada, que es lo que nos hace repensar sobre tantas contrariedades vertidas, no favoreciendo la prevención del extremismo violento. Indudablemente, hemos de proveer y prever, valores y principios, al menos para que cesen los hechos crueles y podamos recorrer el camino del amor y de la justicia para todos. Que nuestra buena disposición nos ayude a transitar, con perseverancia y paciencia, será una virtuosa orientación y contribuirá a mejorar las atmósferas.

    Sea como fuere, necesitamos, hoy más que nunca, de ese aire positivo de amor que todo lo tolera y que jamás se irrita por nada. Fruto de esta sublime consideración es el aprecio, la aceptación y el respeto hacia todo proceder, en su forma de ser y en su manera de actuar. Claro está que somos distintos por naturaleza y, tan solo el soplo condescendiente, puede garantizar la supervivencia de comunidades mixtas en todas las regiones del planeta. Al fin y al cabo, como hijos del amor que somos, nuestras fibras más intimas han sido creadas para amarnos entre sí y darnos vida unos a otros. Por esta razón, viendo cómo se suceden nuevas contiendas, con la complicidad o indiferencia, podemos pensar que el gremio mundial ha perdido la vena humana, es decir, el propio corazón.

    Está visto que precisamos una intensa y larga corriente de vida interior, que acreciente una creatividad continua, al menos para reparar nuestros mares interiores, que aletean en el desconsuelo más cruel. Hoy todo se compra y se vende, cuando lo importante es donarse y cuidar juntos de nuestra casa común, cada día más fragmentada y con una conflictiva ciudadanía. Sólo con acciones fuertes y conjuntas, ejercitando la tolerancia se destronará de nuestros pasos el egoísmo deshumanizante que nos pervierte la esencia, de forma irresponsable y mezquina. Nos corresponde, por tanto, avivar el aguante en nuestras organizaciones; por ser éste, no simplemente un preciado arranque, sino además una necesidad para el acuerdo, que es lo que facilita el progreso de los pueblos.

    Por supuesto, todos estamos llenos de miserias, debilidades y errores; para ello, sólo hay que adentrarse en uno mismo y verse. En efecto, si nos examinásemos mar adentro, veríamos que la comprensión y compasión hacia nuestros análogos, es de hecho un estado mental, un discernimiento y una obligación. Démonos cuenta de que todos vamos en el mismo barco; y que, nuestras diferencias, son una parte constitutiva de la universalidad de cultos y culturas. Aprender a vivir juntos en paz, a través de la educación para la ciudadanía global, es un modo de advertir el discurso de antipatía y rencor, que nos impide disfrutar de la existencia y hermanarnos. Lo sustancial es morar como estrellas lumínicas celestes y no morir como siluetas oscuras sin alma. ¡Complaciente propósito!, pues.

  • Estados Unidos, entre radicalismos emergentes y fortaleza institucional

    Estados Unidos, entre radicalismos emergentes y fortaleza institucional

    Mientras las opciones liberales ganan terreno en Hispanoamérica, como apuntábamos la semana pasada, el socialismo populista emerge con fuerza en Estados Unidos, ni más ni menos que en la ciudad de Nueva York. Zohran Mamdani, joven musulmán que ha ganado la alcaldía de la urbe que vio caer las Torres Gemelas hace 24 años, se ha convertido en el líder simbólico de una respuesta opositora a Donald Trump, justo en momentos que el Gobierno Federal acumula más de 40 días de cierre.

    La victoria de Mamdani, imprevisible hasta hace unos meses, se suma a las que el Partido Demócrata se adjudicó en New Jersey y Virginia, donde dos mujeres obtuvieron sendos cargos de gobernadoras. En la mayor parte de los condados de Georgia perdieron los candidatos republicanos, incluso en sitios donde los demócratas no ganaban desde hacía décadas. En paralelo, la propuesta impulsada por otro gran adversario mediático de Trump, el gobernador Gavin Newson, redistribuyendo la configuración distrital de California, también fue apoyada por los votantes.

    Estos resultados, a un año de los cruciales comicios de medio término, envían mensajes a ambos lados del espectro político norteamericano. Los republicanos, por su lado, deben digerir qué efectos ha tenido el desempeño de la Casa Blanca en estas elecciones, pero sin dejar de apostar a las posibilidades reales de Trump para recuperarse en las encuestas.

    Ambas cosas, paradójicamente, pueden ser complementarias en el análisis. Quienes creemos que muchas decisiones erradas del presidente han repercutido en los votantes de Nueva York o California, también tenemos nuestras reservas sobre lo que podría ocurrir, en noviembre de 2026, en los electores de otros estados. El voto se comporta de manera muy diferente dependiendo del lugar en que se emite.

    Pero el Partido Republicano debe tomar debida nota de los grupos de ciudadanos que ahora le están dando la espalda. No es lo mismo perder a minorías intelectuales progresistas que perder a minorías raciales o etarias. En este caso, la opinión de los hispanos, los afrodescendientes y los jóvenes tienen un valor que nadie debería ignorar, y eso incluye a los políticos que ahora tienen la mayoría en las dos cámaras del Capitolio.

    Es cierto que la arriesgada estrategia opositora de obligar al cierre del Gobierno a través del veto al presupuesto federal ha tenido consecuencias tremendas, pero también es verdad que la narrativa de Trump de culpabilizar a sus adversarios de todo lo que ocurre no ha convencido a los votantes. Pareciera que, en la repartición final de responsabilidades, de momento los ciudadanos otorgan más credibilidad a la postura del bando demócrata.

    La economía estadounidense, por otro lado, ha tenido un comportamiento complejo desde el comienzo del segundo mandato de Trump. Los sondeos demuestran que las expectativas creadas por el actual mandatario, cuando era candidato, sobre la inflación y el alto costo de la vida no se perciben todavía como promesas cumplidas. Los ciudadanos, además, tienen visiones muy contrapuestas sobre los efectos que han tenido en los precios las medidas del presidente, desde la persecución a los migrantes —con impacto directo en ciertos rubros con alta demanda de mano de obra— hasta sus ofensivas arancelarias. Ello no significa que las apuestas económicas del republicano hayan fracasado, pero sí que están lejos de haber beneficiado el bolsillo de todos. Por ahora.

    En la esquina demócrata la reflexión también tendría que incluir altas dosis de serenidad y cautela. El triunfo electoral de un epítome anti-Trump como Zohran Mamdani, en una ciudad con las características de New York, no debería percibirse como el ejemplo a replicar en el resto del país. El radicalismo socialista del joven alcalde puede elevar la polarización política, y sin duda lo hará, pero no forzosamente terminará seduciendo al gran electorado con miras al próximo año.

    Mamdani solo se convertiría en una pesadilla para sus adversarios si las promesas que ha hecho a los neoyorquinos tuvieran asidero en la realidad. Lo cierto es que muchas de las propuestas fiscales que ha realizado no dependen en última instancia de su alcaldía, sino de la legislatura estatal de Nueva York, y en otros casos parece inverosímil que consiga el dinero suficiente para sostener la cantidad de servicios subsidiados que ha prometido. Ya se verá qué tan populista fue en su estrafalaria campaña, pero el ala menos extrema del Partido Demócrata debería hacer esfuerzos de reinvención si en verdad desea catapultar sus propias alternativas.

    Personajes altamente ideologizados como Mamdani, claro está, desearían ser los rostros de la reacción demócrata al trumpismo; para contrarrestar estos fenómenos, sin embargo, y evitar un alargamiento de la espiral de divisionismo que se ha instaurado en EE UU, la sensatez debería recuperar el terreno que ha perdido en la política americana. La pregunta es qué tanto espacio tienen hoy la prudencia y el criterio de la defensa institucional al interior de las filas republicanas y demócratas.

    Así como pintan las cosas, las victorias opositoras en Estados Unidos no demuestran que el relevo a Donald Trump esté dibujándose en el horizonte. Incluso vale la pena interrogarse sobre qué opciones habría tenido alguien como Zohran Mamdani si el inquilino de la Casa Blanca hubiera sido otra persona con otro estilo. Porque los radicalismos se alimentan entre sí, y desactivarlos, requiere elevadas concentraciones de razonabilidad. De esta capacidad de reflexión y autocrítica depende el futuro de ambos partidos, así como la sostenibilidad misma de la democracia estadounidense.

  • La trágica ofensiva militar que nunca debió ser

    La trágica ofensiva militar que nunca debió ser

    Aquella tarde del viernes 10 de noviembre de 1989, vi por última vez a Dagoberto Aguirre Cornejo, mi compañero de estudios en el Departamento de Periodismo  de la Universidad de El Salvador (UES). A un grupo de compañeros nos llevó al cuarto oscuro de su taller de fotografía en el Alma Mater, porque nos iba a regalar unos sobrantes de rollos fotográficos.  Cuando encendió lass tratamos de no ponernos nerviosos porque en aquel cuartohabían al menos 20 fusiles, y abundante munición.

    Dagoberto nos explicó que esa misma noche esas y otras armas que estaban guardadas en otros locales de la UES iban a ser entregadas a estudiantes que se iban a sumar a la ofensiva militar del FMLN que comenzaría el día siguiente. Nos regaló los rollos y nos pidió confidencialidad total. Incluso, trató de convencernos que nos sumáramos sabiendo que nunca habíamos manipulado un arma de cualquier tipo.

    Dagoberto tenía 27 años de edad y era un tipo idealista, provenía de una familia de clase media y había estudiado filosofía en Brasil. Según él, la ofensiva guerrillera se justificaba como el único camino viable y necesario para que la clase proletaria arribara al poder para ejercer una verdadera democracia participativa y equitativa. Él estaba seguro que la ofensiva no iba a durar más de ocho días y que miles de ciudadanos se les iban a sumar en los barrios populares.

    La noche del sábado 11, ayer hace 36 años, comenzó la ofensiva final “hasta el tope”. El domingo 12, el equipo de futbol en el que yo jugaba nos presentamos a la cancha de la Hacienda Santa Bárbara, en la periferia de Olocuilta, pero el equipo rival no llegó porque la circunstancias se lo impidieron, por lo que decidimos jugar entre nosotros. Alguien tenía una radio encendida y el locutor estaba anunciando que decenas de personas entre militares, guerrilleros y civiles habían muerto. Me pareció escuchar que entre los muertos se encontraba Raúl Barahona Salamanca, un estudiante de ingeniería a quien yo conocía. En efecto, fue de los primeros que murió en Ilopango.

    Las clases se suspendieron en la UES y solo fueron reiniciadas meses después en el exilio. Desde aquel domingo me mantuve pendiente de las noticias y cuando la calma aparentemente había llegado, supo que Dagoberto había  muerto apenas inició la ofensiva. Sus sueños se acabaron y otros que sobrevivieron nunca vieron los objetivos logrados, al contrario muchos se sintieron traicionados por aquellos comandantes guerrilleros que solo los utilizaron para sus propios intereses.

    Hay quienes sostienen que la ofensiva “hasta el tope” sirvió para acelerar los acuerdos de paz, pero la ofensiva rompió un proceso de diálogo que se encaminaba al final de la guerra civil y fratricida que dejó más de 70 mil muertos y miles de desaparecidos, entre guerrilleros, soldados y civiles, más millones de dólares en pérdidas y daños materiales. Durante el conflicto armado, el país fácilmente retrocedió décadas hacia el subdesarrollo y el estancamiento, sin contar con el resentimiento social que se generó y el cual todavía mantiene secuelas vigentes entre algunos sectores.

    Las  teorías y justificaciones conspirativas sostienen o encuadran sus análisis en que fue el despiadado ataque, al  mediodía del martes 31 de octubre de 1989, contra el local  capitalino de la Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños (FENASTRAS), que dejó nueve muertos (entre ellos a Febe Elizabeth Velásquez) y más de 30 heridos, supuestamente ejecutado por escuadrones de la muerte, lo que dio paso a  la ofensiva; sin embargo, los mismos ex comandantes revelaron años después que la ofensiva fue diseñada y planificada en Nicaragua mucho antes de tal ataque.

    Lo más triste y lamentable de la coyuntura de la ofensiva, fue la masacre de los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Juan Ramón Moreno, Joaquín López, Amado López y Segundo Montes, así como sus colaboradoras Elba y Celina Ramos. Esta acción cometida por militares en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, la madrugada del 16 noviembre, generó el repudio internacional. Hasta la fecha todavía no se cierra la jurisprudencia en este caso.

    La ofensiva dejó muerte,  llanto, luto, dolor, resentimientos, consecuencias nefastas y una sociedad dividida. Para algunos fue necesaria, pero para la mayoría no. Fue una acción que np debe repetirse en la sociedad. Juan Pablo II en su visita al país instó a la sociedad salvadoreña a no repetir dichas acciones con aquella suplicante frase “otra guerra nuca más”.

    Y es que el conflicto civil y armado arrebató vidas valiosas, enroló a miles de personas inocentes que fueron “marionetas bélicas” de intereses ajenos. Hubo patrocinios insolidarios, los ejes políticos jugaron a una guerra fría y guerreristas, mientras los salvadoreños pusimos los muertos. El dolor fue muy nuestro y las grandes naciones continuaron sus caminos.

    El 1 de diciembre, 20 días después de haber iniciado la ofensiva, Eloy Guevara Paíz, de 27 años, otro compañero estudiante de periodismo en la UES fue asesinado. Fue acribillado por soldaos del ejército en una populosa colonia de Soyapango, mientras acompañado de su cámara fotográfica colaboraba para una agencia internacional.  La muerte de Eloy, al igual que la de Dagoberto y otros estudiantes de periodismo nos caló muy profundo. Nadie debió morir en una maldita guerra entre hermanos que nunca debió existir. Una ofensiva nunca más… Las condiciones para una guerra entre salvadoreños nunca más deben repetirse. Los salvadoreños amamos la paz.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Leer para descubrirnos: el camino hacia pensar mejor

    Leer para descubrirnos: el camino hacia pensar mejor

    Volver a leer con calma.

    Antes, leer un libro era como entrar en otro mundo. Uno abría las páginas y algo se encendía por dentro: la imaginación. Hoy, muchos jóvenes prefieren los videos cortos o las redes sociales. La tecnología es útil y puede enseñar, pero también nos distrae y nos acelera. Leer con calma un cuento o una novela nos ayuda a pensar, imaginar y sentir.

    Cuando solo consumimos contenidos rápidos, perdemos el gusto por comprender bien las cosas. La lectura profunda nos enseña a ver la vida con más claridad. No se trata de leer mucho, sino de leer mejor. Volver al papel, o leer con atención en digital, puede cambiar cómo aprendemos y cómo nos expresamos. Leer bien es pensar mejor.

    ¿Quién decide lo que vemos?

    Hoy, muchas personas leen únicamente lo que aparece en redes sociales o lo que recomiendan las aplicaciones. Pero es importante preguntarnos: ¿quién decide qué vemos y qué leemos?

    La respuesta es sencilla: los algoritmos. Son programas invisibles que observan lo que nos gusta y nos muestran más de lo mismo. Así, podemos dejar de conocer cosas nuevas. Si solo leemos frases cortas o bromas, no aprendemos a pensar más profundo. Es como comer solo dulces: llena, pero no alimenta. Por eso, es importante buscar libros, cuentos y artículos que nos hagan pensar y sentir. Leer bien no es solo seguir lo que aparece en la pantalla, sino elegir lo que alimenta la mente y el corazón.

    En El Salvador, muchas personas no leen libros porque no tienen el hábito o no saben por dónde empezar. En la escuela, a veces se lee solo para pasar un examen, no para disfrutar. Pero la literatura tiene un poder especial: nos enseña a conocer otras ideas, mejorar nuestro vocabulario y entender mejor el mundo. Los maestros, los padres y los medios pueden ayudar a despertar el gusto por leer.

    No se trata de empezar con libros difíciles. Se puede comenzar por historias cortas, sencillas, cercanas a lo que sentimos. Cuando encontramos un libro que nos toca el corazón, la lectura deja de ser tarea y se convierte en compañera.

    Leer nos ayuda a expresar lo que pensamos, a defender nuestras ideas y a respetar las de los demás. Como dice la Biblia: “La sabiduría es un árbol de vida para quienes la abrazan” (Proverbios 3:18). La lectura es una de esas ramas.

    Hoy vivimos rodeados de pantallas, mensajes rápidos y contenidos que duran apenas segundos. Las redes sociales y los libros digitales pueden ser aliados, siempre que sepamos elegir bien.

    La lectura sigue siendo una herramienta esencial para pensar con claridad y no dejarnos llevar por lo primero que aparece. Fomentar el hábito lector es una tarea familiar, escolar y comunitaria. Cuando leemos con criterio, aprendemos a preguntar, a dudar, a escuchar y a construir un mundo más consciente y humano.

    Leer es crecer.

    Leer es abrir puertas a otros mundos, entender mejor lo nuestro y descubrir quiénes somos. Cada página puede enseñarnos algo, emocionarnos y transformarnos. La lectura no solo informa: despierta la imaginación, fortalece el pensamiento y nos conecta con los demás. Leer es crecer. Y todos estamos invitados a crecer.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial.

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • El país del meme y la esperanza

    El país del meme y la esperanza

    Hay países que fabrican autos eléctricos, otros lanzan satélites, algunos descubren vacunas… y luego está El Salvador, campeón mundial en comunicación espontánea, improvisación social y chisme comunitario de alta velocidad. Somos el único país donde una noticia puede morir antes de confirmarse, pero resucita tres veces gracias a los grupos de WhatsApp. Aquí no necesitamos agencias de inteligencia: basta una señora con tiempo libre y saldo en su teléfono. El salvadoreño no se informa: se emociona informándose. El rumor es nuestro deporte nacional; la verificación, una pérdida de tiempo.

    Somos el Silicon Valley de la especulación, la capital del “me contaron”. Mientras otros países estudian inteligencia artificial, nosotros seguimos perfeccionando la inteligencia vecinal. En El Salvador, el verdadero Parlamento no queda en San Salvador Centro, sino en el grupo familiar. Allí se debaten temas de Estado, se juzga a medio vecindario y se dictan sentencias con stickers y audios de tres minutos. Nadie sabe quién es la fuente, pero todos opinan. La cadena de información nacional funciona así: un rumor inicia con “no es por meter cizaña, pero…” y termina con “te lo digo porque te aprecio”.

    Mientras tanto, los teléfonos son más importantes que los zapatos. Si se pierde la billetera, uno se lamenta; si se pierde el celular, se hace velorio. Somos una sociedad que no teme al Apocalipsis, pero sí al “sin señal”. El Wi-Fi es nuestro nuevo oxígeno, y las redes, nuestro confesor público. No hay noticiero que compita con Facebook: en la red se mezclan política, religión, drama y memes de Piolín. Es el único país donde una oración y una teoría conspirativa se reenvían con la misma fe. Nuestra juventud tiene talento, pero lo reparte en cuotas de treinta segundos.

    Si los filósofos griegos reflexionaban sobre la verdad, el joven salvadoreño reflexiona sobre su mejor ángulo. En lugar de escribir poemas, escriben estados. En lugar de buscar sentido, buscan seguidores. El conocimiento está a un clic, pero el dedo siempre se va hacia el video de gatitos. Sin embargo, sería injusto juzgarlos sin contexto. Son hijos de una era que les prometió que todo se puede, pero que pocas veces les explicó cómo. Viven en un país donde los sueños se enfrentan al salario mínimo y donde estudiar a veces cuesta más que creer. Entre la falta de oportunidades y el exceso de distracciones, la juventud flota: conectada, pero sin rumbo.

    Aun así, entre tanto ruido digital, hay destellos de genialidad. Jóvenes que emprenden, crean, enseñan y sueñan en medio del caos. Lo que necesitan no es más Wi-Fi, sino más propósito. Nadie puede negar que las telenovelas fueron nuestra primera escuela emocional. Nos enseñaron que el amor lo puede todo, que el malo se arrepiente y que la protagonista nunca muere… solo cambia de canal. Pero el problema es que aprendimos el guion, no la lección. Seguimos esperando que alguien llegue a salvarnos, que el destino cambie de capítulo o que el villano se arrepienta justo antes del final.

    El Salvador vive su propia novela diaria: el amor a la patria, la traición política, el drama económico, la comedia de promesas y la tragedia de la pobreza. El guion se repite cada año, pero nosotros seguimos viendo la serie, fieles y resignados, porque —hay que admitirlo— tiene buenos efectos especiales y un reparto entrañable. La pobreza salvadoreña ya no solo vive en los cantones. Vive en el pensamiento de muchos que se acostumbraron a esperar, a depender, a resignarse. Hay quienes tienen acceso a internet, pero no a la lectura. Hay quienes pagan Netflix, pero no sus ahorros. El país no solo necesita más empleos, sino más visión.

    Mientras los noticieros hablan de inflación, los verdaderos números preocupantes son otros: los jóvenes que dejaron de estudiar, los adultos que dejaron de soñar y los que cambiaron la esperanza por la queja. El salvadoreño es capaz de sobrevivir a cualquier crisis, pero a veces no sobrevive a su propia indiferencia. Pese a todo, este país tiene un genio escondido. Aquí se arregla un carro con un clip, se cocina con ingenio y se sobrevive con fe. Somos los reyes de la adaptación. Si el volcán erupciona, lo subimos a TikTok; si el político promete, lo convertimos en meme. Tenemos humor hasta en la catástrofe, lo cual no es malo: es señal de resistencia.

    Pero el humor debería ser trampolín, no escondite. Reírnos de nuestros problemas es saludable; quedarnos solo riendo, peligroso. Porque mientras nos entretenemos con la broma, el tiempo sigue corriendo, y las generaciones futuras podrían heredar un país que aprendió a sobrevivir, pero nunca a progresar. El Salvador tiene un potencial descomunal disfrazado de ironía. Somos alegres por naturaleza, y esa alegría podría ser nuestra revolución pacífica. Pero hay que transformarla: pasar del chiste a la chispa, del meme al milagro.

    Cuando logremos que el humor sea punto de partida y no punto final, el país dejará de ser un “reality show” tropical y se convertirá en una historia digna de contar. La tecnología no nos salvará, pero la conciencia sí. No necesitamos menos risas, sino más razones para reír de verdad. La Biblia dice en Proverbios 14:23: “En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen.” Quizá ahí está el secreto que tanto buscamos. Menos palabras vacías, más acciones verdaderas. Menos chismes, más obras. Menos tiempo mirando la pantalla, más tiempo mirando al prójimo.

    Porque un país no cambia cuando deja de reír, sino cuando aprende a trabajar con alegría, a servir con amor y a soñar con propósito. El Señor Jesucristo enseñó que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Si nuestras palabras son quejas, rumores o burlas, es porque nuestro corazón anda vacío. Pero si empezamos a hablar fe, esperanza y unidad, quizá el milagro que tanto esperamos no vendrá de arriba… sino desde dentro.

     

  • Fidel Castro y el crimen organizado

    Fidel Castro y el crimen organizado

    En unos pocos días se cumple un aniversario más de la muerte del sujeto que destruyó la República de Cuba y ha puesto en estado agónico el concepto de nación en muchos de los hijos de la mayor de las Antillas.

    No se pueden abordar las acciones criminales acontecidas en Cuba en estos últimos 66 años, muchas de ellas con graves repercusiones en varios países, sin atribuirle la exclusiva responsabilidad a Fidel Castro.

    Si no fue el primero, no hay dudas de que el caudillo cubano se encuentra a la vanguardia de los delincuentes que vincularon el crimen con la acción política.

    Castro nunca fue un idealista, un hombre con pensamiento social definido, solo un sujeto que ambicionaba el poder de forma absoluta, sin espacios para el disentimiento, tal y como se produce en los grupos fuera de la ley.

    Castro mucho antes de tomar el poder había estado vinculado a grupos delincuenciales en la Universidad de La Habana y participado en más de un asesinato. Sus inclinaciones estaban muy definidas, razón por la cual, asumió la ruta de la violencia para lograr sus propósitos más nefastos.

    Según personas que le conocieron, su intelecto sólo se enfocaba hacia el control y la manipulación de los que le rodeaban, mientras, procuraba generar acontecimientos que le favorecieran.

    Afirman, que siempre padeció de un agudo mesianismo y que se consideraba elegido para realizar misiones trascendentes y únicas.

    Apuntan antiguos compañeros que anhelaba el poder a toda costa y que su participación en los pequeños, pero poderosos grupos mafiosos de la Universidad de La Habana, era el medio que le permitía escalar posiciones y adquirir prestigio en un ambiente que se caracterizaba por la violencia y la indiferencia de la gran masa estudiantil, que sólo quería concluir sus estudios.

    A través de la historia encontramos numerosos políticos que en sus acciones públicas fueron más letales que los criminales en serie más prolíficos, pero Fidel Castro, contrario a estos, fue un criminal antes de ser político.

    Cuando Castro asumió el control del gobierno cubano el 1 de enero de 1959, era la primera vez que el país estaba regido por un criminal transformado en político. Habíamos sufrido mandatarios que eran políticos con apetitos criminales, pero nunca, un criminal que manejaba la política como herramienta para gobernar el país.

    El quiebre de todas las instituciones republicanas, particularmente Justicia, Seguridad Pública y Fuerzas Armadas y la designación al frente de esas dependencias de funcionarios incondicionales que acataban los mandatos del “jefe”, no las legislaciones previamente establecidas, conduce a considerar a esos sujetos como parte del núcleo fundacional del aparato delictivo que asociado a organizaciones del crimen internacional, ha dirigido los destinos de Cuba y de más de un país del hemisferio en las últimas décadas.

    Castro recurrió a la violencia organizada para tomar el poder y desarroló esa exitosa estrategia en todo el hemisferio americano durante décadas desde el mismo año de la victoria insurreccional.

    La subversión arropada en propuestas ideológicas para disponer cambios políticos estructurales fue otra farsa del crimen organizado que Fidel impulsaba. Los subversores, más que enfrentamientos militares, practicaron el secuestro en busca de pagos de rescate, terminando involucrados en el narcotráfico internacional en procura de riquezas y poder.

    La Cuba de los hermanos Castro presenta un prontuario criminal que abarca desde actos terroristas, espionaje, asociación con secuestradores y narcotráfico, por referir solo los más relevantes.

    El totalitarismo castrista ha espiado a todos y todo sin excepción. Cierto que Estados Unidos ha sido su principal objetivo, pero a través de sus servicios de inteligencia, incluido el desaparecido Departamento América, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Instituto de Amistad con los Pueblos (ICAP), sus espías han operado en incontables lugares, ya que los recursos provenientes del crimen organizado de que dispone el sistema siempre aparecen para tales actividades.

    El narcotráfico ha sido uno de los actos criminales más exitoso del totalitarismo castrista, tanto, que hay dos leyendas urbanas difíciles de rebatir.

    Cuentan que Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro acordaron en la primavera de 1961 que la mejor manera de destruir a Estados Unidos era convirtiendo a su juventud en adicta a las drogas y el Departamento América que dirigía el Manuel Piñeiro, cuando estaba falto de dinero organizaba redes de distribución de estupefacientes.

    *Pedro Corzo es periodista cubano. 

  • La Receta de una tragedia: Negligencia y error en el manejo de armas de fuego

    La Receta de una tragedia: Negligencia y error en el manejo de armas de fuego

    Desde la perspectiva de la criminología y la seguridad pública, los accidentes con armas de fuego no son únicamente «accidentes»; son, en su inmensa mayoría, descargas negligentes. Una  tragedia que resulta en muertos y heridos no es un evento aleatorio o inevitable, sino la consecuencia directa y predecible de fallos humanos evitables. Estos incidentes revelan una cadena de errores que, de romperse, salvaría innumerables vidas.

    Las reglas de oro con las armas de fuego 

    La historia del cine, la televisión y series fue afectada  luego de que el 21 de octubre 2021 mientras se desarrollaba el rodaje de “Rust” una película de vaqueros, el famoso actor Alec Baldwin de 63 años en aquel momento manipuló un arma de utilería en una escena efectuando disparos asesinando a Halyna Hutchins directora de fotografía de 42 años e hiriendo a Joel Souza de 48 años quien estaba de pie detrás de ella en una estructura de madera. Semanas después del incidente las investigaciones avanzaron, luego del ensayo de la escena que dejo muerta a la amiga del actor.

    Dave Halls director asistente tomó una pistola de utilería de un carro y se la entregó a Baldwin indicando incorrectamente que el arma no tenía munición real al gritar “pistola fría” segundos después era tarde, la vida de varias personas cambiaría para siempre.

    En El Salvador existe evidencia histórica, antropológica, sociológica y criminológica de la afición y preferencias por las armas de fuego en nuestra sociedad previo a la conquista, existe una preferencia por las armas cortas en especial la pistola que es conocida en el lenguaje popular como “escuadra” de hecho en Centroamérica existe una circulación de armas de fuego legales e ilegales, por lo que el tráfico de armas y la compra de estas en el mercado negro tiene alta demanda. Existe portación irresponsable de arma de fuego sin matricula legal y sin licencia de portación de arma de fuego a diario en el territorio nacional.

    El ya fallecido coronel Jeff Cooper de los Estados Unidos de Norteamérica considerado como el padre de la técnica de tiro moderno nos dejó un legado por medio de cuatro reglas básica de seguridad que son conocidas como “reglas de oro” que son sencillas, prácticas, pero poderosas, que nos permiten recordar y que tienen vigencia plena en la actualidad a tal punto que sirven como filtros a los que se deben someter el personal que formará parte de fuerzas elites técnica tácticas operativas de policías y ejércitos de prestigio en el mundo, así como de asociaciones y federaciones de tiro, esta son:

    Regla número uno: Trate todas las armas como si estuvieran siempre cargadas

    Regla número dos: No permita que su arma apunte hacia algo o alguien a quien no quiera disparar

    Regla número tres: Mantenga el dedo alejado del disparador hasta que no hay decidido disparar

    Regla número cuatro: Identifique siempre su blanco y lo que hay más allá de él

    El coronel Cooper por su experiencia tenía plena conciencia que todos los decálogos que se habían creado para la prevención de accidentes habían fallado por desaparecer de la memoria de los tiradores, de sus alumnos y que generaran accidentes, creó estos cuatro preceptos que en pleno siglo XXI siguen vigentes. De la observación y cumplimiento de estas reglas de oro no solo obtenemos la seguridad que toda aquella persona que manipula un arma de fuego lo hace bajo un protocolo, sino que protege la vida de los que se encuentran a su alrededor incluso en entrenamientos, competencias en tiro deportivo e implementadas por la International Practical Shooting Confederation-IPSC.

    Si usted manipula un arma de fuego es su responsabilidad, Alec Baldwin recibió un arma de utilería cargada con munición real de manos de un asistente Halls quien ya había sido despedido en un rodaje del 2019 donde se reportó otro disparo que no mato a nadie, y además en la grabación se encontraba una armera certificada Hannah Gutiérrez Reed, ambos manifiestan desconocer como el arma tenía “balas verdaderas”

    La semana pasada en nuestro país en el centro histórico un miembro de la Fuerza Armada de El Salvador incumplió las reglas de oro del coronel Cooper, y además los protocolos de seguridad en el manejo de armas de fuego de la Fuerza Armada provocando un homicidio culposo ya que no se puede establecer la intencionalidad de ocasionar el disparo, pero que pone en evidencia y al descubierto una cadena de errores y falta de sentido común. Pero que era totalmente evitable. Toda persona que tiene la responsabilidad de portar un arma de fuego debe de actuar con total responsabilidad y conciencia. Además de disponer de un programa de frecuente de capacitación y adiestramiento, pruebas psicológicas, programa de salud mental y física y una supervisión adecuada y frecuente. En el manejo de armas de fuego nadie se puede considerar un experto, siempre se deben respetar las reglas.

    Mis muestras de solidaridad y más sentido pésame para la familia de la señora Jessica Amanda Solis por su irreparable pérdida una tragedia que era 100% evitable, lo lamento mucho y no puedo imaginar su dolor e impotencia. que El Señor les brinde de su amor, consolación  y misericordia.

    El manejo de armas de fuego requiere de alta responsabilidad personal, pero también de conocimiento, adiestramiento, entrenamiento frecuente. Seguridad primero.

    *Por Ricardo Sosa, doctor y máster en Criminología. Instructor de tiro certificado  

  • Hospitales sin médicos: la otra cara de la salud en El Salvador

    Hospitales sin médicos: la otra cara de la salud en El Salvador

    “La medicina está en peligro porque los médicos estamos en peligro. Tenemos que sentarnos a trabajar y armonizar las posturas y acciones de quienes forman, los que conducen y los médicos”, subrayó el Dr. Martín Oliva, Ph. D., profesor de cardiología en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), en Concepción del Uruguay, Argentina, y senador provincial por Entre Ríos, quien recomendó fortalecer el recurso humano en lugar de invertir únicamente en infraestructura.

    Estas declaraciones del Dr. Oliva se sustentan en un estudio presentado en el Congreso Argentino de Cardiología, realizado en octubre de este año en Buenos Aires. Los resultados son alarmantes: solo el 52,8 % de los médicos argentinos respondió afirmativamente a la pregunta “Si pudiera elegir nuevamente, ¿estudiaría medicina?”. En contraste, 29,3 % rechazó esa posibilidad y 17,9 % no está seguro. Además, 64,5 % declaró sufrir desgaste profesional, entendido como agotamiento físico, emocional y mental derivado del estrés crónico no gestionado. Los más afectados son los residentes (más del 80 %), seguidos por especialistas en terapia intensiva, pediatría, cirugía general, neurología y clínica médica.

    En El Salvador, aunque la situación se manifiesta de manera distinta, comparte raíces similares. Nuestro país enfrenta una emergencia de salud pública derivada de la falta de personal médico a nivel nacional. Recientemente, este medio reportó que “el déficit de médicos especialistas ha provocado que las citas ginecológicas se retrasen y que las usuarias sean atendidas en menos ocasiones durante el año”.

    En el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) se estima un déficit del 40 % de médicos para atender a más de 2,1 millones de derechohabientes. El Ministerio de Salud (MINSAL), por su parte, reconoce una “grave crisis de médicos especialistas”, aunque no detalla cifras concretas.

    Según una encuesta de Comunidades de Fe Organizadas para la Acción (COFOA), el 67 % de los usuarios del sistema público espera entre 4 y 6 horas para recibir atención médica, y el resto al menos 2 horas. Además, 69 % de los pacientes incurre en gastos de bolsillo moderados o altos por la falta de insumos y medicamentos.

    A pesar de estos indicadores, el gobierno continúa priorizando la construcción de hospitales y la compra de equipo, presentando esta inversión como un salto hacia un sistema “de primer nivel”. Sin embargo, como señaló el presidente del Colegio Médico de El Salvador, Dr. Iván Solano, “estos datos matan relatos. Cuando decimos que tenemos el mejor sistema de salud del mundo, estos datos objetivos contradicen ese discurso”.

    A ello se suma un dato preocupante: la matrícula de estudiantes de medicina ha disminuido en un 25 % entre 2022 y 2024, después de casi dos décadas de crecimiento sostenido. Esto sugiere que, frente a una crisis de personal médico, el sistema educativo tampoco está respondiendo con la urgencia que el país necesita.

    Si no se toman medidas inmediatas para estimular la formación médica, mejorar las condiciones laborales y reconocer el valor humano de la profesión, el déficit actual podría transformarse en una crisis estructural de largo plazo.

    No basta con construir hospitales si no habrá médicos que los atiendan. La verdadera inversión en salud debe comenzar por rescatar la vocación, dignificar el ejercicio profesional y garantizar un entorno donde los médicos puedan servir sin agotarse ni perder la esperanza y con una remuneración justa y que responda a su rol fundamental en el desarrollo social de nuestro país.