Categoría: Opinión

  • Delincuentes disfrazados de aficionados

    Delincuentes disfrazados de aficionados

    Al menos siete delitos se le pueden atribuir a los fanáticos de Alianza F. C. que atacaron a pedradas de manera irracional y delictiva a aficionados de FAS que el sábado pasado se dirigían en un autobús, sobre la carretera Panamericana, hacia el estadio Oscar Quiteño de Santa Ana a presenciar el partido entre FAS y Alianza.

    Los delincuentes disfrazados de aficionados pueden ser acusados de agrupaciones ilícitas, daños materiales, desórdenes públicos, lesiones, homicidio en grado de tentativa, limitación a la libertad de circulación y amenazas.  Se agruparon para atacar y es evidente que actuaron de manera planificada y con alevosía; le quebraron vidrios y focos de luces al autobús donde iban las víctimas;  generaron desórdenes en la vía pública lo que provocó zozobra y angustia a sus víctimas y a quienes circunstancialmente transitaban por el sector; causaron golpes y heridas a más de un aficionado de FAS; lanzaron piedras con saña y la finalidad de matar a alguien tal como se aprecia en los video; su intención era que el bus y los aficionados del otro equipo ya no continuaran su viaje, restringirles el paso; y gritaron amenazas de muerte generando pánico entre sus potenciales víctimas (en su mayoría mujeres y niños, según los videos).

    A los que resulten culpables fácilmente se les puede acumular más de 25 años de cárcel y la responsabilidad civil por los daños materiales causados. Eso sí, la Fiscalía General de la República (FGR) debe investigar a profundidad y acusar de manera firme e individualizada únicamente a los que participaron en el bochornoso ataque. Sí hay inocentes, hay que dejarlos en libertad.

    Hasta ahora la Policía Nacional Civil (PNC) ha asegurado que luego de un “intenso operativo” detuvo a 20 sospechosos los cuales ya presentó a la población como los autores del ataque ocurrido la tarde-noche del sábado pasado en el carril de San Salvador hacia Santa Ana, en la jurisdicción de San Juan Opico; sin embargo, las investigaciones de la FGR aún no individualizan a los imputados.

    En ese suceso las víctimas hicieron videos y al difundirlos a través de redes sociales han facilitado la identificación de algunos de los detenidos como autores materiales del ataque. Otros aparentemente no tienen mayor participación, pero insisto, debe ser la Fiscalía la que investigue e individualice para no castigar a inocentes. A los que resulten involucrados y culpables se les debe aplicar con todo rigor las leyes. La justicia debe ser implacable con los delincuentes aunque actúen disfrazados de fanáticos aficionados.

    No es la primera vez que fanáticos albos se ven envueltos en hechos delictivos. Hace varios años, cuando regresaban del oriente del país, saquearon una tienda de conveniencia sobre la carretera Panamericana, en San Vicente. Años después generaron desórdenes en los alrededores del estadio Jorge “Mágico” González. Esta vez la PNC hizo una redada y detuvo a todo aquel que portaba playera con los colores del Alianza, mientras que quienes originaron los desórdenes lograron escapar.

    En la mayoría de desórdenes de barras de aficionados se encuentran involucrados seguidores albos. Recientemente unos pocos fueron a provocar desórdenes a la ciudad de Antigua, Guatemala, declarada patrimonio cultural de la humanidad, donde macharon con grafitis algunas viviendas. Otras veces se les ha visto lanzado piedras y provocando pleitos con otras barras.

    Desde luego, no solo Alianza tiene malos y problemáticos aficionados, también los hay en otros equipos como FAS, Águila y Luis Ángel Firpo, equipos mal llamados grandes de la deficiente liga salvadoreña. Malos aficionados los tiene hasta la Selección Nacional, donde nos sancionan por racistas e intolerantes tal como ocurrió recientemente en el juego contra Surinam.

    Mis respetos para los verdaderos y buenos aficionados de Alianza porque son mayoría, pero a esos pocos que se disfrazan de fanáticos para saciar sus bajos y malos instintos, su intolerancia, amargura y frustración se les debe castigar con dureza, aunque antes hay que probarles su culpabilidad siguiéndoles el debido proceso.

    La actuación negativa de los malos aficionados es un problema de cultura estructural. Las drogas, el alcohol, las malas influencias, las frustraciones sociales, las convivencias deficitarias, la mala fundamentación de valores en el seno de la sociedad y particularmente en el sistema educativo y el núcleo familiar, es entre muchos factores, causas de los malos y nefastos comportamientos. En todo caso, las personas tienen libre albedrío y, salvo en pocos y especiales casos, la posibilidad de diferenciar el bien del mal. Es decir, el culpable de sus actos es el propio individuo.

    La prensa deportiva, las instituciones y la sociedad en general no debe pasar desapercibido este hecho y debemos mantenernos atentos y exigir dureza con justicia. Los dirigentes del futbol nacional deben activarse y evitar el acceso de fanáticos revoltosos a los escenarios deportivos, tomar medidas disciplinarias estrictas y justas con los delincuentes disfrazados de fanáticos. Que alguien pague su entrada no le da derecho a protagonizar desórdenes ni fuera ni dentro de los escenarios.

    La prensa deportiva está obligada a fomentar valores y a promover la sana convivencia entre aficionados y a no promover malinchismos idiotizantes. Conozco a personas que ni siquiera son capaces de ubicar a España en un mapa, pero que dicen “Mi Barcita” y que se declaran “enemigos a muerte” de quienes dicen “Mi Madrid” y viceversa. Salvadoreños que siguen a Messi y que son capaces de liarse a golpes con seguidores de Cristiano y viceversa.  A veces veo o escucho programas deportivos donde se fomenta el divisionismo, incluso supuestos periodistas que dejan a un lado el profesionalismo y se desenvuelven como aficionados.

    En definitiva, a juzgar por los resultados a nivel de selección nacional y la primera división, nuestro fútbol pasa por una de sus peores crisis, acentuada por los comportamientos de unos pocos cafres que disfrazados de aficionados son en realidad delincuentes peligrosos a los cuales hay que aplicarles todo el peso de la ley, pero con justicia.

    Que se haga justicia y que a estos pseudoaficionados se les  investigue a fondo para que los que resulten culpables paguen con cárcel sus fechorías y que jamás se les permita ingresar a un escenario deportivo. Los demás fanáticos deben poner sus barbas en remojo. Ser aficionado a un equipo es derecho respetable de cada salvadoreño, atentar contra un aficionado rival es un acto delictivo… de terrorismo.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • La palabra que sale de nuestro ser: la literatura salvadoreña y su voz en el mundo

    La palabra que sale de nuestro ser: la literatura salvadoreña y su voz en el mundo

    La literatura salvadoreña es más que un conjunto de libros: es una patria invisible donde vive la memoria del pueblo. En sus páginas se escucha el murmullo de la historia, los desafíos, las heridas, el dolor y también la esperanza que nos sostiene.

    Leer a nuestros escritores es escucharnos a nosotros mismos, reconocernos en nuestras alegrías y sufrimientos, y descubrir que cada palabra escrita por un salvadoreño es una forma de vida, de fe y del caminar del pueblo.

    Desde los primeros tiempos, Francisco Gavidia abrió el camino. Maestro, poeta, traductor y soñador, enseñó que la palabra puede elevar al hombre por encima de su miseria. Fue el primero en comprender que un país sin letras es un país sin alma. Su ejemplo fue semilla que germinó en otros escritores que, a su tiempo, dieron forma al espíritu nacional.

    Después vino Salarrué, con su pluma tierna y profunda, que recogió el habla y el corazón del campesino. En sus Cuentos de barro se siente el olor de la tierra mojada y la voz sencilla del pueblo que nunca deja de soñar.

    Alfredo Espino, reconocido por poetizar la realidad salvadoreña y sus paisajes, es considerado uno de los autores clásicos más leídos de la literatura centroamericana. Claudia Lars, poeta y educadora, fue una figura central de la literatura salvadoreña del siglo XX, caracterizada por una poesía lírica, romántica y de métrica refinada.

    Luego, Roque Dalton, con su fuego y su rebeldía, transformó la poesía en un grito de justicia. Su verso no buscaba aplausos, sino despertar conciencias. Nos dejó una amplia producción literaria y múltiples reconocimientos internacionales, como el Premio Casa de las Américas en 1969.

    David Escobar Galindo, con su palabra limpia y filosófica, nos recordó que la poesía también puede ser oración, y que escribir es una forma de reconciliación.

    Manlio Argueta, con Un día en la vida, mostró la dignidad del campesino salvadoreño y la fuerza de las mujeres que, aun en medio del dolor, siguieron sembrando esperanza. Su novela llegó a cientos de países, traducida a doce idiomas.

    Horacio Castellanos Moya, con su mirada aguda, retrató los desencantos del poder, el exilio y la ironía de nuestra historia. Traducido a quince idiomas, recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas (2014).

    Y en tiempos más recientes, Claudia Hernández ha llevado nuestra literatura a escenarios internacionales, hablando de la fragilidad humana y de los silencios que deja la violencia. Traducida a tres idiomas, fue ganadora del Premio Juan Rulfo en 1998 y del Premio Anna Seghers en 2004.

    Cada uno de ellos, y muchos otros que hoy quedan en el tintero, con estilos distintos, ha sido una antorcha encendida. Gracias a ellos, El Salvador tiene un rostro en el mundo literario y un corazón que late en el idioma español.

    Pero la literatura no pertenece solo a los escritores. Pertenece a quien la lee, a quien se deja tocar por una historia y vuelve a creer en el poder de la palabra. Leer a nuestros autores es un acto de amor a la patria; es reconocer que seguimos vivos en la memoria de sus páginas.

    La Biblia dice: “La boca del justo habla sabiduría, y su lengua expresa justicia” (Salmos 37:30). Así también, el pueblo que ama las palabras sabias de sus escritores prospera, y aquel que las olvida, pierde su voz en el ruido del mundo.

    Nuestra tarea es sencilla y grande a la vez: seguir leyendo, para seguir existiendo.

    * Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

     

     

     

  • Lo sustancial es trabajar con el ahora, en la dignidad humana

    Lo sustancial es trabajar con el ahora, en la dignidad humana

    Lo que importa, no es encandilarse con el pasado ni con el futuro, sino con el presente e intentar mantener firme la confianza de que, si se vence la injusticia, la concordia será terreno fértil para que nazca el espíritu conforme, sustentado en el bien colectivo y en la bondad como lenguaje. De este modo, se acabará con un contexto de dignificación humana, que suele vociferarse mucho, pero hacerse poco. Sólo hay que adentrarse en el ambiente, y ver que, cada día, es más complicado lograr una mejora sostenida en el bienestar individual y otorgar beneficios a todos. Sea como fuere, cualquier ser humano tiene que tener siempre el nivel de dignidad por encima del temor, de manera que se pueda reducir significativamente el afán dominador que no sólo corrompe, también esclaviza. ¡Liberémonos!

    Uno realmente tiene que sentirse digno de sí mismo, para que nuestras sociedades sean verdaderamente honestas, pacíficas, sanas y, en suma, auténticamente humanitarias. El ahora nos llama, pues, a que no persistan los privilegios indebidos o las diferencias extremas de riqueza; al menos, para que no fracase el desarrollo en su propósito esencial. A mi juicio, la comunidad internacional debe hacer frente al reto de la era actual de oportunidades sin precedentes que ofrecen la ciencia y los avances tecnológicos, de manera que puedan ser compartidos equitativamente por todas las naciones y, a su vez, puedan contribuir a la aceleración del desarrollo económico en todo el orbe planetario.  ¡Socialicémonos!

    Indudablemente, las tecnologías de la información y las comunicaciones son las que pueden aportar nuevas soluciones a los retos del ahora, especialmente en el contexto de la globalización, y pueden fomentar el crecimiento económico, la competitividad, el acceso y el conocimiento a la información, la erradicación de la pobreza y la inclusión social, lo que contribuirá a activar la integración de sus moradores, siempre que la brecha digital se subsane para no dejar a nadie en la exclusión. La realidad requiere de la sanación del aluvión de patologías sociales, que hacen una visión distorsionada de la persona, una mirada que, en multitud de ocasiones, ignora su natural decencia y su carácter relacional. ¡Fraternicémonos!

    Bajo un ciego andar se fomenta una cultura del descarte individualista y agresiva, transformando al mortal en un bien de compraventa y consumo. De ahí, la importancia de trabajar en el ahora a corazón abierto, en comunión y en comunidad, al menos para mejorar la condición existencial de todas las gentes, con la promesa viva de traspasar fronteras y de tender puentes. En este sentido, quiero felicitar a las Naciones Unidas y a sus pueblos, que llevan ochenta años trabajando juntos para forjar la paz, combatir la pobreza y el hambre, promover los derechos humanos, suscitando alianzas en un planeta, que es de todos y de nadie en particular. Jamás olvidemos, que todos tenemos, por nacer, los mismos derechos; además, de idénticas obligaciones. Toca, pues, mantenerse humano. ¡Humanicémonos!

    En efecto, la deshumanización y la inhumanidad son manifiestas, dejándonos presos de intereses mundanos, en un letargo de frialdades y desconciertos totales. Ante este mezquino entorno, relegado hasta de sí mismo, porque a una criatura sólo le puede salvar otra, nos conviene mirarnos entre sí y reflexionar, cada cual consigo mismo, junto a los demás. Custodiar la vida sin amor es destruirnos. Este espíritu armónico, es el que nos lleva a reconocer la dignidad humana: fundamento de toda vida, coronada por la justicia, como signo de quietud y esperanza. Al parecer, y a juzgar por los hechos tan leoníferos que se producen y se reproducen por todos los rincones, esta honestidad humanística no estaba prevista en el plan de globalización. ¡Dignifiquémonos!

  • Morir sin haber servido: el fracaso del éxito humano

    Morir sin haber servido: el fracaso del éxito humano

    En las avenidas y callejones de alguna parte de El Salvador, entre los vendedores ambulantes, los mendigos en las esquinas y las madres que cargan a sus hijos bajo el sol, caminan una verdad que duele: somos un país que ha aprendido a admirar el éxito, pero ha olvidado cómo servir. Las vitrinas se llenan de modernidad, los anuncios celebran nuevas construcciones, los discursos hablan de crecimiento económico, pero bajo el ruido de la ciudad hay un murmullo que el progreso no ha podido silenciar: el del hambre. Hay salvadoreños que no piensan en mañana porque no saben si comerán hoy.

    Y lo más trágico no es que existan, sino que nos hayamos acostumbrado a verlos sin sentir. El problema no es únicamente del Estado, ni de los gobiernos que van y vienen con promesas que se desvanecen en el aire. Es más profundo. Es un reflejo de lo que hemos permitido que ocurra en el alma de nuestra nación. La indiferencia se ha vuelto cultura. Hemos normalizado la miseria, hemos espiritualizado el egoísmo, hemos delegado el deber de servir a otros, como si la compasión necesitara permisos o presupuestos. El Salvador no solo ha olvidado servir desde las instituciones; ha olvidado servir desde el corazón.

    El Señor Jesucristo pronunció palabras que no envejecen: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis” (Mateo 25:35). No habló a ministerios ni a estructuras, sino a personas. Servir no es una obligación estatal, es una responsabilidad espiritual. No se trata de partidos ni de ideologías, sino de humanidad. Si cada salvadoreño de buen corazón asumiera esa misión, aunque fuera con un plato de comida a la semana, el país cambiaría más que con cualquier plan de desarrollo. No se necesita riqueza para alimentar a otro; solo disposición y amor.

    El Salvador es tierra noble, con un pueblo trabajador, cristiano y solidario. Lo hemos demostrado en los momentos más duros: cuando los terremotos derribaron casas, pero no la esperanza; cuando los huracanes nos azotaron, pero la gente salió a compartir pan y café con los que nada tenían. En esos días de oscuridad, el alma salvadoreña brilló más que cualquier gobierno. Porque en lo profundo de nuestro ser, todavía sabemos servir. Lo que necesitamos no es dinero, sino volver a recordar quiénes somos: un pueblo que se levanta cuando ayuda, que se multiplica cuando comparte, que se bendice cuando da.

    Pero con el paso del tiempo, esa compasión espontánea ha ido siendo reemplazada por la comodidad. Las redes sociales nos permiten ver el dolor desde la distancia, comentar con frases de apoyo y pasar de largo. Nos hemos vuelto observadores de la necesidad, pero no participantes de la solución. La modernidad nos ha enseñado a mirar hacia las pantallas, pero no hacia los ojos del necesitado. Y una nación que deja de mirar al otro, pierde su rostro. El servicio no es un privilegio de los santos, es el llamado de los vivos. No se ejerce desde el poder, sino desde el amor y la compasión hacia las mas vulnerables.

    No depende de cuánto tenemos, sino de cuánto nos atrevemos a compartir. El servicio es un acto profundamente humano que nos iguala, porque en él desaparecen las jerarquías y solo queda la fraternidad. El que sirve entiende que la vida se mide no por los títulos acumulados, sino por las vidas tocadas. Servir es la forma más alta del amor, porque exige entregar algo de uno mismo. Es dar tiempo cuando el tiempo escasea, pan cuando el pan falta, consuelo cuando el alma ajena tiembla. El apóstol Pablo escribió: “No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:4).

    Ese es el antídoto contra el veneno del egoísmo que nos está consumiendo como sociedad. No hace falta que el Estado sea perfecto si el pueblo decide ser solidario. Si cada familia preparara una porción extra de comida una vez por semana, si cada iglesia abriera sus puertas no solo para predicar, sino para alimentar, si cada empresa entendiera que la prosperidad se multiplica cuando se comparte, El Salvador se transformaría sin esperar a nadie más. Porque servir no empobrece, ennoblece. No resta, multiplica. No agota, renueva. No se trata de caridad, sino de justicia. No es lástima, es amor en acción.

    Servir es entender que el otro también es uno, que la vida del prójimo tiene el mismo valor que la nuestra, y que el pan compartido sabe mejor que el pan guardado. El día que cada salvadoreño asuma esa verdad, ese día el hambre comenzará a retroceder, no por milagro económico, sino por milagro moral. Imaginemos por un instante un El Salvador donde cada domingo, cada barrio, cada colonia, cada comunidad decide preparar una comida para los que nada tienen. Donde los templos sirven tanto como oran. Donde los niños aprenden desde casa que compartir no es perder, sino sembrar.

    Esa sería la revolución más poderosa: la revolución del servicio. Una revolución que no divide, que no destruye, sino que dignifica. Servir es el acto más revolucionario en una cultura del ego. El poder político puede construir carreteras, pero solo el amor puede abrir caminos en el corazón. Los gobiernos pasan, los sistemas cambian, pero el servicio permanece. El Salvador no se levantará únicamente con progreso material, sino con compasión restaurada. Porque una nación que sirve a sus pobres, honra a su Dios. Morir con éxito y sin propósito es la tragedia de nuestro tiempo.

    Acumular bienes y negar pan al hambriento es un fracaso espiritual. Porque la riqueza sin compasión es solo brillo sobre polvo. El que vive solo para sí mismo muere dos veces: cuando su cuerpo se apaga y cuando su nombre se borra del corazón de los demás. Pero aquel que sirve, aunque tenga poco, es rico en eternidad. Sus manos pueden estar vacías de oro, pero llenas de obras que el tiempo no destruye. No deja monumentos, deja almas tocadas. No busca gloria, siembra esperanza. Cuando el polvo cubra nuestros nombres, no quedarán títulos ni cuentas, solo el bien que hicimos.

    En suma, el día en que cada salvadoreño entienda que servir es vivir, ese día esta tierra dejará de llorar. Porque un pueblo que aprende a compartir deja de ser pobre, y una nación que sirve, resucita.

    *Jaime Ramírez Ortega es abogado

  • El trabajo forzado en las prisiones castristas

    El trabajo forzado en las prisiones castristas

    Las penitenciarías del sistema penal cubano tienen claras instrucciones de hacerle la vida lo más difícil posible a los presos y que todos los esbirros que prestan servicio en esas instancias tienen que estar dispuestos a las vilezas más extremas, entre otras, obligar a los sancionados a jornadas de trabajo crueles e inhumanas.

    Tema que aborda en un reciente informe la ONG, Prisoners Defender, una entidad radicada en España que cumple la difícil tarea de mantenernos informados sobre el presidio político cubano sin olvidar los numerosos presos de otras categorías que hay en la Isla por las injusticias propias del totalitarismo castrista.

    El informe en cuestión alude “la alarmante situación del trabajo forzoso en los centros penitenciarios cubanos, revelando y demostrando, sin dar lugar a la duda, la dolorosa y criminal situación de trabajo forzoso ejercido por el Estado, con fines económicos y punitivos sobre un total de 60 mil de entre los 90 mil internos penales y 37.458 sancionados en régimen abierto en el país.

    El documento detalla “que las leyes en Cuba amparan de manera impúdica y explícita el trabajo forzoso de los reos y sancionados. La elaboración de carbón, agrícola, de tabaco o el corte de caña bajo las más inhumanas condiciones de esclavitud, y la producción obtenida de tales labores, es destinada en su totalidad a la exportación, fundamentalmente a países europeos como, por este orden, España, Portugal, Italia, Grecia y Turquía”.

    El pliego certifica, además, la histórica complicidad de la Europa democrática con la dictadura cubana, una relación incomprensible que solo puede justificarse por las añoranzas comunistas o fascistas, de algunos líderes del viejo continente que a través de la Unión Europea subsidian la dictadura insular, como ha denunciado en numerosas ocasiones la Asamblea de la Resistencia Cubana.

    La lectura del valioso informe de Prisoner Defenders conduce inexorablemente al Presidio Modelo de Isla de Pinos, una cárcel en la que el trabajo forzado alcanzó un nivel de sordidez comparable a los campos de trabajo de los gulag soviéticos y chinos, muy próximos a los campos de concentración nazis.

    El Reclusorio para varones de Isla de Pinos, fue, en lo que al trabajo forzado respecta, un centro de experimentación que fracasó en su empeño. La resistencia constante de los presos y el heroísmo de quienes “plantaron” al Plan de Trabajo Camilo Cienfuegos hizo comprender a la tiranía que estaba obligada a clausurar ese reducto de resistencia para lograr alcanzar el control que deseaba, tal y como afirmó en una de sus conferencias el exprisionero político Ramiro Gómez Barruecos.

    En los ominosos planes de trabajo esclavo, el Plan Morejón, que experimento entre otros el desaparecido Francisco “Paco” Talavera, como el Camilo Cienfuegos, que describe en un excelente artículo otro expreso político, Roberto Jiménez, se puede apreciar la maldad del castrismo, porque a las innumerables horas de labor hay que incorporar los asesinatos, lisiados y la demencia de incontables encarcelados que solo cumplían con el deber de amar a su Patria.

    Las condenas que dicta el sistema penitenciario castristas son muy particulares, una de ellas es la confiscación de los bienes del sancionado, incluidas las viviendas cuando ambos cónyuges han sido penados, lo que ha generado siempre un escenario desesperante para la pareja cuando salen de la cárcel sin tener donde vivir, debido a la crónica escasez de habitaciones que sufre el país; a lo que hay que agregar que siempre disponen que el recluso cumpla la sanción lo más alejado de sus familiares en un país donde transportarse es una agonía.

    No obstante, es el trabajo forzoso, en condiciones inhumanas, el castigo más cruel. Largas e intensas jornadas de trabajo, bajo una perenne vigilancia sin que falten abusos y malos tratos, seguido por un ineludible regreso a la soledad carcelaria solo amparada por la espera de la visita familiar que puede ser suspendida por la voluntad de un sicario malhumorado. Esas son las normas en la existencia de un preso en Cuba, sin que importe si es político o de derecho común.

    Al trabajo forzado hay que sumarle el hambre que es mucho menos penosa que el hacinamiento, la ausencia de atención médica o la negación del agua, todos superados, por el conocimiento de los malos tratos y abusos que sufre la familia, lo más devastador que padece un prisionero.

    El autor es periodista cubano.

  • La Corte de Cuentas ante el acuerdo con el FMI: oportunidades de mejora institucional

    La Corte de Cuentas ante el acuerdo con el FMI: oportunidades de mejora institucional

    El reciente acuerdo de Facilidad de Fondo Ampliado (EFF) firmado entre El Salvador y el Fondo Monetario Internacional representa un hito en la política fiscal del país. Más allá del alivio financiero que supone, el acuerdo ofrece una oportunidad valiosa para fortalecer la institucionalidad fiscal, especialmente el papel de la Corte de Cuentas de la República (CCR), órgano clave en la vigilancia del uso de los recursos públicos. Diversos informes internacionales, entre ellos los del propio FMI, la Encuesta de Presupuesto Abierto y el Reporte de Transparencia Fiscal del Departamento de Estado de los Estados Unidos, han coincidido en señalar la necesidad de reforzar la independencia y capacidad técnica de la entidad contralora del Estado salvadoreño.

    Una gestión fiscal responsable requiere instituciones sólidas y transparentes. Según la más reciente edición de la Encuesta de Presupuesto Abierto del International Budget Partnership, El Salvador obtuvo una calificación de 61 puntos sobre 100 en vigilancia presupuestaria.

    En este ámbito, la Corte de Cuentas alcanzó 72 puntos, superando a la Asamblea Legislativa y destacándose por su aporte al control del gasto público. Sin embargo, persisten desafíos importantes: ampliar el acceso a los informes de auditoría, garantizar que los más relevantes lleguen a conocimiento de la Asamblea Legislativa y realizar una auditoría financiera completa conforme a los estándares internacionales a la liquidación del presupuesto ejecutado del Estado. Como aspecto favorable, la legislación salvadoreña permite la participación ciudadana en la fiscalización cuando se sospecha un uso irregular de fondos, siendo este un aspecto alentador que puede favorecer el mejor uso de fondos.

    El Departamento de Estado de los Estados Unidos, en su Reporte de Transparencia Fiscal, reconoce los avances de la Corte de Cuentas, pero insiste en la necesidad de que sus auditorías abarquen todo el presupuesto ejecutado y que la institución cumpla con los principios de independencia establecidos internacionalmente. En esa línea, el acuerdo entre el FMI y el Gobierno salvadoreño contempla la presentación, antes de diciembre de 2025, de una propuesta de reforma legal para fortalecer la autonomía institucional y financiera de la Corte de Cuentas, otorgándole además un mandato claro en materia anticorrupción.

    Con base en el Acuerdo entre el Gobierno de El Salvador y el Fondo Monetario Internacional, la reforma deberá alinearse con las mejores prácticas internacionales, tomando como referencia la Declaración de México de la INTOSAI, que consagra los principios de independencia de las entidades fiscalizadoras superiores, y la Declaración de Abu Dabi de la ONU sobre integridad institucional.

    Entre los cambios esperados figuran una mayor independencia política y técnica, un mandato ampliado para investigar irregularidades administrativas y financieras, y mecanismos de coordinación con la Fiscalía General de la República mediante protocolos de intercambio de información y remisión de casos. Estos ajustes permitirían transformar la Corte de Cuentas en un órgano de control moderno, técnico e independiente, capaz de detectar y prevenir la corrupción en la gestión pública.

    El acuerdo con el FMI debe verse, más que como una imposición externa, como una oportunidad para avanzar hacia una cultura  de responsabilidad en el uso de los fondos públicos. Publicar auditorías pendientes, proporcionar datos fiscales y adoptar estándares internacionales no son metas ajenas al país, sino pasos concretos hacia una gestión pública más eficiente y confiable. Cada acción de apertura, cada informe disponible y cada avance en rendición de cuentas contribuye a fortalecer la confianza ciudadana y la sostenibilidad fiscal.

    El Salvador se encuentra ante un momento decisivo. La modernización de la Corte de Cuentas no solo podría mejorar la calidad del gasto público, sino que también puede consolidar la confianza en las instituciones y la capacidad del Estado para administrar con probidad los recursos de todos. Aprovechar este impulso con determinación es clave. La fecha clave es diciembre de 2025 donde las propuestas deben estar en el congreso salvadoreño para que puedan ser discutidas y, una vez aprobadas, fortalecer el proceso de evaluación del gasto público.

    *Rommel Rodríguez es economista de Funde

  • Negociar con la sangre: el costo político y moral de pactar con pandillas en El Salvador

    Negociar con la sangre: el costo político y moral de pactar con pandillas en El Salvador

    Por años, El Salvador ha sido rehén de una violencia estructural que ha cobrado miles de vidas. En este contexto, la reciente condena de exfuncionarios de los partidos FMLN y ARENA por negociar con pandillas para obtener apoyo electoral y cometer fraude electoral en las elecciones de 2014 y 2015 representa no solo un hito judicial, sino una profunda herida en la ética democrática del país. Benito Lara, Ernesto Muyshondt, Arístides Valencia y otros actores políticos fueron sentenciados a penas de hasta 28 años de prisión por fraude electoral y agrupaciones ilícitas, tras comprobarse que ofrecieron dinero y beneficios carcelarios a líderes de la MS-13 y Barrio 18 a cambio de votos y de amenazar a la población por el apoyo o no a dichos partidos políticos.

    Este caso revela una verdad lamentable y vergonzosa: las pandillas no solo han sido actores criminales, sino que fueron convertidas en actores políticos por quienes debían combatirlas. Por ambos partidos que gobernaron el país por 30 años. La institucionalización de estos grupos como interlocutores válidos en procesos electorales es una traición a la ciudadanía, especialmente a las víctimas de la violencia pandilleril. Negociar con estructuras que han sembrado el terror en comunidades enteras equivale a legitimar su poder territorial y simbólico. Es, en esencia, negociar con la sangre, la vida y la libertad de los salvadoreños.

    Desde una perspectiva criminológica, este tipo de pactos representa una forma de “insurgencia criminal”, donde grupos violentos no estatales desafían al Estado no para derrocarlo, sino para obtener autonomía y beneficios económicos mediante el control social y político de territorios. Al pactar con ellos, los partidos políticos no solo cedieron poder, sino que contribuyeron a la consolidación de un seudo-Estado paralelo, donde la ley de las armas de fuego, la amenaza, extorsión, desplazamientos forzados reemplazó al Estado de derecho.

    Las implicaciones son múltiples. Primero, se erosionó la confianza ciudadana en las instituciones democráticas. ¿Cómo puede el pueblo creer en dichas elecciones que fueron limpias si los votos fueron comprados con pactos oscuros? Segundo, se debilita la legitimidad del sistema judicial, que durante años fue cómplice por omisión o por incapacidad. Tercero, se perpetúa el ciclo de violencia, al enviar el mensaje de que el crimen organizado puede negociar su impunidad si tiene suficiente poder de fuego o influencia territorial.

    Este caso también plantea una pregunta urgente: ¿cuál es el límite ético de la política? La búsqueda de poder no puede justificar alianzas con el crimen organizado. La democracia no puede construirse sobre cadáveres ni sobre pactos con quienes han convertido la vida en las comunidades en una moneda de cambio.

    Lo que sucedió en los tribunales con una tardìa justicia por falta de voluntad política de quienes les correspondió en aquellos años y no lo quisieron hacer, no es novedoso en diferentes medios de comunicación lo sostuve de los pactos con el crimen organizado y las pandillas de los partidos políticos ARENA y FMLN que ante la ausencia de una plataforma o propuesta creíble decidieron negociar e ir a buscar ellos a los criminales con la autorización y visto bueno de sus cúpulas y máximas autoridades partidarias y quizás de sus financistas. Quedan muchas preguntas sin resolver cómo quienes proporcionaron el dinero que se les entrego a las pandillas criminales, quienes fueron los ideólogos, porque los ahora condenados guardan silencio y van a cumplir sendas condenas en el olvido. Pero ahora ya existe una verdad judicial y una sentencia.

    La condena judicial es un paso importante, pero insuficiente. Es mi opinión que jurídicamente existe fundamentación y legalidad para iniciar un proceso de cancelación de dichos partidos políticos por comprobarse el fraude electoral de autoridades en la toma de decisiones, no son solo militantes o simpatizantes, y conociendo la verticalidad de dichos institutos no es creíble que fuera una decisión sin el conocimiento de sus máximas autoridades y representantes, incluyendo presidentes y secretarios generales. Porque tendríamos que renunciar a lo establecido en la Ley. Porque el Tribunal Supremo Electoral TSE no actúa de oficio ante el fallo judicial que ha sido público y tantas noticias criminis. Y, sobre todo, necesitamos recordar y dejar en claro que la seguridad y la paz no se negocia con quienes han hecho de la violencia su estilo de vida, con los actores del crimen organizado.

    * Ricardo Sosa es doctor y máster en Criminología

    @jricardososa 

  • Entre la verdad y la sombra: la nueva era de la censura

    Entre la verdad y la sombra: la nueva era de la censura

    Stalin mandaba borrar de las fotografías a los colaboradores que caían en desgracia. En la Alemania nazi, el Ministerio de Propaganda, dirigido por Joseph Goebbels, controlaba por completo la prensa, la radio, el cine y la literatura. En España, la Ley de Prensa de 1938 impuesta por Franco estableció la revisión previa obligatoria de todo material publicado. En Corea del Norte, Kim Jong-un mantiene un control absoluto sobre internet y los medios de comunicación; solo se puede acceder a información aprobada por el Estado. Y en Rusia, el célebre Putin ha restringido la prensa, cerrado medios independientes y perseguido a periodistas críticos de su régimen. Incluso Estados Unidos, paladín de la democracia, actualmente utiliza el acoso legal y castigo con pérdida de ingresos contra medios de información para fomentar el temor a la difusión de noticias que critiquen a su presidente.

    Cuán satisfechos estarían los dictadores del pasado y del presente al ver el amplio régimen de censura que aún se aplica en muchos países, incluido el nuestro. Estamos llegando a la distopia que nos planteaba George Orwell en su novela “1984”, con una sociedad totalitaria controlada por un régimen omnipresente y su ministerio de la verdad.

    ¿Que entendemos por censura y para qué sirve?

    La censura es la supresión, control o limitación de información, ideas o expresiones por parte de una autoridad, ya sea un gobierno, institución o grupo de poder, con el objetivo de impedir que el público acceda a ciertos contenidos que se consideran indeseables, peligrosos o inconvenientes.

    Mantener el poder político, controlar la opinión pública, proteger la moral o valores “oficiales” son los objetivos primordiales de la censura para evitar el cuestionamiento, y/o debilitar la autoridad de los grupos de poder.

    Evolución de la censura en nuestro país:

    Antes del actual gobierno, la Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP) fue aprobada en 2011, durante la presidencia de Mauricio Funes (FMLN). Esta ley permitió la creación del Instituto de acceso a la información Pública (IAIP), entidad que aseguraba que todo ciudadano salvadoreño tuviese acceso a información estatal. Entre 2011 y 2018, aunque hubo casos de opacidad o retrasos, el acceso a datos públicos fue relativamente amplio. Los ciudadanos y periodistas podían solicitar informes sobre gastos, salarios, compras públicas, etc. Pero todo cambio con la llegada de Nayib Bukele al poder en junio de 2019.

    En 2020, el gobierno clasificó como “reservada” gran parte de la información relacionada con gastos en publicidad, viajes, contratos y compras de emergencia (por ejemplo, durante la pandemia de COVID-19). Durante este año, se comenzó a negar información solicitada por periodistas y organizaciones civiles, alegando “seguridad nacional” o “protección de datos personales”. Durante este tiempo, el IAIP sufrió el cambio de comisionados independientes por funcionarios “amigables”, así debilitando su autonomía. Con esta infusión de personas afines al gobierno, el instituto comenzó a avalar la reserva de información en casos donde antes habría exigido transparencia.

    Desde 2021, muchas instituciones del Estado ya no publican datos actualizados (por ejemplo, sobre finanzas públicas, seguridad o salud). Diferentes medios independientes de información han denunciado obstáculos sistemáticos para acceder a fuentes oficiales. En 2023, el gobierno reformó procedimientos administrativos que facilitan declarar como “reservada” casi cualquier información.

    La censura nos mantiene en la oscuridad. Limita y debilita la participación ciudadana y por ende la democracia. Cuando los gobiernos censuran información o medios de comunicación, los contrapesos se debilitan. A largo plazo, esto genera concentración del poder, y puede derivar en regímenes totalitarios. La censura permite ocultar irregularidades financieras, contratos sospechosos y desvíos de recursos. Los abusos de poder y la corrupción se multiplican. De acuerdo con la clasificación en el índice de percepción de la corrupción, en el 2024, El Salvador cayo al puesto 126 de 180 países.

    La censura facilita proyectar una imagen idealizada del gobierno, incluso cuando la realidad es muy distinta. Es muy clara la contradicción de la percepción del ciudadano común salvadoreño, por ejemplo, con respecto al estado de la economía nacional, y los reportes técnicos producidos por entidades como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La censura fomenta desinformación, rumores y teorías conspirativas, ya que la ciudadanía busca información en fuentes no oficiales. Pensadores como John Stuart Mill, argumentan que la censura limita la búsqueda de la verdad y restringe el desarrollo moral e intelectual de las personas. La búsqueda de la verdad, un concepto cada vez más ajeno en nuestro país.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

     

     

  • Crespín/Octubre

    Crespín/Octubre

    Antes, en octubre, aquellos vientos anunciaban el verano y prometían las flores de enero a marzo. Ahora, octubre es húmedo, tanto, que parece mayo o junio. Pero, qué cosas, el estallido de flores de enero y de febrero y de marzo, en maquilishuat y en cortés blanco y en árbol de fuego no falta a la cita.

    Así es la obra plástica de Augusto Crespín que, desde la década de 1970, año con año, ha venido desplegando colores, líneas precisas para sus figuraciones (en realidad, sus interpretaciones) y sueños. Los tiempos han cambiado, pero el Artista ha sabido aspirar el aroma de estas horas.

    Ya no sos el mismo, le habrán dicho por ahí, y es cierto, ya no. Sin embargo, se trata de una mejor versión de aquel muchacho nacido en las faldas del volcán de San Salvador seis décadas atrás. Ha evolucionado. Ha visto el mundo y sus demonios y sus humores le han estallado en la cara. Pero el artista plástico que Augusto es, ha sabido arrostrar las augustas horas que han llovido sobre sus lienzos y sus papeles.

    Ha sido un angosto camino por el que ha transitado este Artista, alumno de Valero Lecha. Pero no se ha arredrado. Él sigue con su paleta de colores y sus pinceles y sus trazos capturando las briznas de la humana realidad que no rehúye.

    Con la llegada del fin de la guerra, en 1992, Augusto Crespín pudo haber ‘adelgazado’ su arte, descuidado su introspección, y entonces… se habría ido por el tragante. ¡Se lo habría comido el Lobo Feroz! No ha sido así. Crespín es un Artista pleno, dueño de su técnica y autónomo en sus ideas. No ha tenido necesidad de usar máscaras. Lo que ha dibujado, lo que ha pintado, lo que ha grabado está ahí y se reconoce su estilo, su postura estética.

    En la historia de la plástica centroamericana Augusto Crespín tiene ganado su sitio de forma merecida.

    El mercado de Arte, en esta zona del mundo, no debería ser el parámetro para establecer la calidad artística. Si vende mucho, entonces vale. Si vende poco, entonces no. Por suerte, esas disquisiciones no han preocupado nunca a Augusto, quien siempre ha sido un constante y disciplinado artista plástico, sin cuerda que lo ate y siempre abierto a los cambios del mundo.

    Hay perfiles de algunos de los personajes que dibuja Crespín donde es claro que el Artista está vién-do-se lo que ve. O lo que no vemos. O peor aún: lo que no queremos ver. Como el Poeta, el Artista Plástico interroga su mundo, y no se conforma con
    lo que ve y oye y siente: quiere ir al fondo, a la fuente, al origen del ‘borbollón’ ―del que hablaba Salarrué―, y es desde esa atalaya desde donde paisajes y personajes emergen en Augusto Crespín.

    La institucionalidad cultural salvadoreña siempre estará en deuda con los artistas plásticos, a quienes nunca ha sabido valorar, comprender y apoyar. Y esto es de larga data, lo vivieron Valero Lecha, Salarrué, Zélie Lardé, José Mejía Vides, Alfredo Cáceres Madrid, Camilo Minero, Julia Díaz, Carlos Cañas, Benjamín Cañas…, y lo viven Bernardo Crespín, Antonio Bonilla, César Menéndez, Augusto Crespín, Mayra Barraza, Ricardo Clement… No se trata de prebendas, sino de un empeño sostenido para que las artes plásticas nunca pierdan su llama entre nosotros.

    Hay una pieza reciente de Crespín que, para comenzar, con su título, ‘Sr. de la literatura, incansable buscador de espacios intangibles’ (acuarela y tinta sobre papel, 2025), muestra sus señales inconfundibles de identidad artística. Ese hombre de perfil anguloso, de chaleco o poncho azul, de nariz como cuchilla y de gorro de fiesta (¿o de dormir?) lanza su mirada hacia algún lado indefinido o ha cerrado los ojos y ‘mira hacia adentro’. Ese tono rosa y amarillo del fondo de la pieza plástica le da a la escena, a pesar de la seriedad del personaje, incrustado en sus afanes y en sus ensoñaciones, un aire esperanzador y nostálgico a la vez.

    En este octubre, Augusto Crespín, sigue su andadura con sus instrumentos de auscultar el tiempo y la vida. Y nos recuerda en cada trazo, en cada paisaje rasgado y en sus múltiples caras que asoman en sus cuadros, que el Artista hoy y siempre debe ser siempre un adelantado, no un espectador inmóvil.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Los problemas endógenos y exógenos del sistema educativo público salvadoreño (II)

    Los problemas endógenos y exógenos del sistema educativo público salvadoreño (II)

    Analizo la segunda parte de variables endógenas y exógenas de los centros educativos públicos de El Salvador; las endógenas se pueden controlar; sin embargo, las exógenas, son las que conllevan problemas, las cuales hacen dificultoso tener a un sistema educativo óptimo y eficaz.

    Con respecto al desarrollo del aprendizaje de los niños, los factores endógenos y exógenos son los que moldean esos aprendizajes y, es el entorno cultural, familiar y social el que determinará su éxito. Acá se mezclan esos dos factores que hemos venido analizando. Una interrogante crucial: ¿Por qué razón el Ministerio de Educación no analiza los diferentes planes curriculares que se han ejecutado a través de la historia para tener un mejor sistema educativo?

    Según Vygotski, “Los niños desarrollan su aprendizaje mediante la interacción social: van adquiriendo nuevas y mejores habilidades cognoscitivas como proceso lógico de su inmersión a un modo de vida. Aquellas actividades que se realizan de forma compartida permiten a los niños interiorizar las estructuras del pensamiento y comportamentales de la sociedad que les rodea, apropiándose de ellas”.

    Es acá en donde el sistema educativo salvadoreño debe poner hincapié, las reformas educativas sirven de mucho; sin embargo, para tener mejores habilidades cognoscitivas y educación de calidad, se debe priorizar el proceso de enseñanza-aprendizaje desde la niñez.

    En el libro “La eficacia escolar en El Salvador”, de Gustavo Alonso Ramos, analiza variados factores, uno que se extrae es el factor exógeno, la situación socioeconómica de la familia. Según el MINED (2000) “la situación socioeconómica de la familia hace una valoración de dicho factor como determinante en el éxito del estudiante porque le provee de herramientas necesarias para efectuar sus labores académicas eficazmente”. Aunque, el éxito de un estudiante se comprueba que es a través de su esfuerzo, no importa el extracto social o socioeconómico.

    Si el MINED reconstruye una escuela, es un factor importantísimo y por lo tanto una satisfacción para todos. Eso sí, se debe contemplar la calidad educativa, no solo la infraestructura. Además, los profesores deben de incentivar a sus alumnos sobre la importancia de estudiar. Es necesario que los centros educativos cuenten con profesionales competentes que identifiquen las habilidades y aprendizajes de los estudiantes.

    Se sabe cuáles son los factores que intervienen en la calidad educativa; sin embargo, es de analizar aspectos relacionados con la deserción escolar, es algo que preocupa; no solo a los niveles educativos desde primaria hasta bachillerato, sino a las universidades.

    Entre otras causas que vienen a contribuir a que los estudiantes no aprendan o no quieran seguir estudiando, están las variables: muchos quieren ser influencers, youtubers, generadores de contenido, etc. Hasta algunos padres de familia lo corroboran.

    Cada país tiene sus problemas estructurales para llevar óptimamente el proceso de enseñanza-aprendizaje. Un problema complejo en el sistema educativo público es que no hay inversión suficiente. Eso lo demuestra el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el cual manifiesta que, en América Latina, la inversión en educación bajó en los últimos 20 años.

    Para ir concluyendo, es importante que los centros educativos tengan estadísticas sobre deserciones escolares; un factor que golpea mucho al sistema educativo. Siendo la deserción escolar es una variable compleja de solventar. Los embarazos, la migración, el trabajo infantil, la desmotivación escolar, la falta de educación o escolaridad de los padres de familia son factores que contribuyen a que los estudiantes ya no continúen sus estudios. Recordemos que, en El Salvador, el promedio de estudios de la población es hasta séptimo grado.

    Se debe mejorar la lectoescritura y comprensión lectora, que se apueste a una mejor calidad educativa, que disminuya el abandono escolar, que haya maestros mejor remunerados, entre otras variables. Los problemas se pueden ir paliando si el MINED le apuesta a un mejor país en el rubro educativo.

    Es importante que las variables analizadas sean un preámbulo para poder cambiar el rumbo de la educación pública. Hay casos de éxito, pero hace falta realizar un trabajo exhaustivo para poder tener cambios en el sistema educativo.

    *Fidel López Eguizábal es docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv