Categoría: Opinión

  • Al pan, pan…

    Al pan, pan…

    “Población en extrema pobreza en El Salvador crece por tercer año consecutivo”. “La pobreza se agrava por el hacinamiento, analfabetismo y el desempleo”. “El 27.2% de los hogares viven en pobreza en El Salvador”. “La pobreza: una enfermedad crónica en El Salvador”. “Ingresos de los más pobres se han reducido desde 2019 en El Salvador”. “El Salvador suma más de 21.300 personas en pobreza extrema en 2024, un 3,62% más que 2023”. “Hambre en aumento: se profundiza la crisis alimentaria en El Salvador y golpea con más fuerza a los más pobres”.

    Estos son algunos titulares de prensa emitidos durante los últimos tres meses; su denominador común, como es notorio, tiene que ver con la difícil situación económica y social en la que permanece buena parte de nuestra gente. Se dice, asimismo, que alrededor del 30 % de esta se encuentra sumergida en una situación de pobreza generalizada; esto, en números, se traduce en más de un millón ochocientas mil personas. ¿Preocupante, verdad? Debería serlo; pero, además, vergonzante.

    Dicha situación penosa y angustiante, se confirma con los datos arrojados por los resultados de la última encuesta presentada por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP); este ente, parte de la proyección social institucionalizada por Ignacio Ellacuría desde hace mucho dentro de la casa jesuita de estudios superiores salvadoreña, consultó hace poco sobre el principal problema que el pueblo de abajo y adentro resiente en su día a día. Así se hermanaron en el listado la economía, el desempleo, el alto costo de la vida y la pobreza. En alrededor del 70 % de las opiniones, estos asuntos fueron ubicados como sus mayores desesperos. Esa es la penosa y sofocante sobrevivencia extendida; no la “color de rosa” que el oficialismo pretende que nos traguemos.

    Y es que –como bien señala Lanssiers– sería bueno comenzar por “quitar al mismo vocabulario el barniz que disimula la realidad pútrida. El calificar la mierda de ‘transformación bioquímica de los alimentos’ no la hace más apetitosa”. “La confusión en los términos lleva invariablemente a la confusión mental”, remata este con total certeza. Para tratar de evitar o superar esto, recurramos a dos voces por demás autorizadas que le llaman al pan, pan y al vino, vino. La primera con un impacto universal reciente: la del papa León XIV; la segunda, de alguien cuya figura inspira a este y a buena parte del mundo: san Romero de América.

    Remontándose a los años inmediato posteriores al Concilio Vaticano II ‒durante la segunda mitad de la década de 1960‒ el actual pontífice nos recuerda en su primera exhortación apostólica recién publicada que, en “casi todos los países de América Latina”, resultó ser muy fuerte “la identificación” eclesial “con los pobres y la participación activa en su rescate”; sostuvo además que el catolicismo terminó siendo conmovido “ante tanta gente pobre que sufría desempleo, subempleo, salarios inicuos y estaba obligada a vivir en condiciones miserables”. En tal escenario ubica el martirio de nuestro santo como “un testimonio y una exhortación viva para la Iglesia”; Romero ‒aseguró su santidad‒ “sintió como propio el drama de la gran mayoría de sus fieles, quienes ocuparon el centro de su opción pastoral”. Por eso, que quede claro, como buen pastor entregó sin pequeñeces su sangre en defensa de los derechos humanos de su rebaño; tanto de los civiles y políticos como de los económicos, sociales y culturales.

    ¿Qué ha cambiado acá desde entonces? Pese a su martirio en un entorno adonde una alarmada clase opresora y el aparato estatal represivo a su servicio enfrentaba la lucha popular organizada, de la subsecuente guerra abierta entre los ejércitos gubernamental e insurgente, de los acuerdos que le pusieron fin a la misma, de las ambiciones cortoplacistas de quienes mal administraron la cosa pública en la posguerra y del parto de los montes que ahora mal gobierna al país ‒surgido en gran medida de las imbecilidades propias de bajeras dirigencias partidistas‒ la realidad de nuestras mayorías populares permanece siendo la de la violación de sus derechos humanos. Ojo: nunca quedó atrás el atropello de los económicos, sociales, culturales, medioambientales y demás; ello, no obstante los mínimos y tímidos avances en lo relativo a los civiles y políticos que nos dejamos arrebatar.

    Esa realidad nos platea un gran desafío: aprender de las lecciones pasadas, malas y buenas, para iniciar y marcar el paso en el camino hacia la verdadera paz desde la ruta de Romero. Porque bien dijo este que “las violencias seguirán cambiando de nombre, pero habrá siempre violencia mientras no se cambie la raíz de donde están brotando todas esas cosas tan horrorosas de nuestro ambiente”.

     

  • El espiral vital

    El espiral vital

    Hace ya varios años, previo a una presentación en el Teatro Nacional, recuerdo haber visto proyectado en la cortina principal del escenario, un video que mostraba a la humanidad en sus ciclos históricos. Civilizaciones con sus aportes, aciertos y desaciertos; podía observarse tomas de las pupilas expectantes, en donde el asombro se columpiaba, algunas veces caía pero siempre volvía al ruedo por el soplo humano del saber, yendo de blanco y negro a color, de excavaciones en inhóspitas tierras que compartían igual oscuridad que las misiones en el fondo del océano, para luego maravillarse de un cuestionado alunizaje; de guerras, hambrunas, éxodos y todo esto y más al compás de la premiada composición Bolero de Maurice Ravel. Que al unísono de su crescendo, aparecían imágenes históricas de los tiempos más álgidos, de las luchas, de los conflictos que definieron a generaciones, las que se desarrollaron dentro de una civilización que como un hilo entrelazado van conformando la historia; talvez no linealmente, pero si en ciclos con propias características.

    En relación a esto, el filósofo español José Ortega y Gasset habló sobre la idea de las generaciones en el sentido de cómo estas influyen en la historia, como la evolución se hace presente en el cambio generacional ante los aspectos sociales, políticos, económicos o religiosos.

    Dichos elementos de siempre presentes en la historia, pueden ser percibidos por estas y si así sucediera, puede existir la espontaneidad previamente a tener una sensibilidad vital para modificarlos parcial o totalmente, así mismo, proponer algo nuevo y mejor; o, como caso contrario, serán estos aceptados y continuados sin objetar mínimamente lo establecido.

    Cada generación define una época, tiene y deja algo que la identifica de las anteriores y en ocasiones puede ser un referente a las venideras. Pero Ortega y Gasset también señaló sobre las variantes en cuanto a la sensibilidad vital de cada generación. Creo que esas “variantes” definieron y seguirán haciéndolo, si se presenta de esta manera el nivel de conciencia no es igual para todos los individuos y como ya lo sabemos, no existen generalizaciones ni máximas pétreas, al menos no en esta vida.

    Seguramente cuando una generación, generalmente unos cuantos, que comparten esa espontaneidad de decidir tomar acción en cualquier aspecto desde su sentir, deja una huella significativa. Y pienso que sucede con una armonización de intangibles que ocurren en el momento exacto para la consecución de sus propósitos, aun teniendo en su contra esos remolinos grises y ensordecedores que aparecen ante el temor de un cambio, de un replanteamiento de ideas de cariz evolutivo, pero que persisten en su desistimiento.

    Creo que cada generación hemos heredado un poco de las que nos antecedieron, así como hemos gozado de lo que estas allanaron positivamente el camino para nosotros, pero también hemos cargado con vicios y errores que no fueron tocados con el velo de la concientización evolutiva y racional; al final, el ciclo vital de la humanidad.

    Podrían leerse estas líneas un tanto simplistas ante el mismo fenómeno de vida, pero no lo es. Es solo una atrevida manera de tratar de comprender el peregrinar del espíritu entre el nacer, descubrir, sentir y luego partir dentro de un marco de espacio y tiempo determinados.

    Cada generación que nace sigue y seguirá maravillándose de lo que va conociendo, pues es su tiempo, su época, su momento, ninguna mejor que otra. Todas arrastran omisiones, temores, dolores, vacíos que no fueron vistos o se ignoraron, estos y otros que fueron encontrados en el espiral vital.

    Cada uno tenemos la experiencia propia de vivir y que oportuno fuese que se incluyera la sensibilización vital para potenciar nuestro paso por acá.

    *Ivette María Fuentes Cortez es abogada 

  • Importancia de la detección temprana del cáncer de mama

    Importancia de la detección temprana del cáncer de mama

    Lady Ponce y Consuelo Ábrego, dos valiosas mujeres, pasaron a engrosar la lista de las mujeres salvadoreñas que fallecieron víctimas del cáncer de mama. Lady era una destacada periodista y Consuelo era mi prima. Sus decesos fueron muy lamentables y nos motivan a tener conciencia de la fatalidad de esta enfermedad.

    A Lady que murió en abril de 2017 a los 35 años, le detectaron la enfermedad entre  2015 y 2016 y ella luchó por su vida hasta convertirse en estandarte nacional de la lucha contra el cáncer de mama con apoyo de la Fundación Edificando Vidas. Los médicos lograron controlarle la enfermedad, desgraciadamente la misma le hizo metástasis (las células cancerígenas se diseminan a otras partes del organismo) y esa fue la causa de su deceso. Consuelo. una pequeña comerciante, falleció a los 50 años y ella ni siquiera tuvo oportunidad porque el cáncer le fue detectado en la etapa terminal, su muerte fue dolorosa para ella y toda la familia.

    El cáncer de mama es una enfermedad ingrata, a veces hereditaria o genética y otras veces adquiridas por el estilo de vida (alimentación, falta de ejercicio, enfermedades y otros factores). Esta enfermedad no respeta ideologías, clases sociales, grados de escolaridad, ni edad, aunque sus víctimas suelen ser prioritariamente mujeres mayores de 30 años y menores de 65.  La OMS señala que son miles de casos en los cuales también se ha detectado la enfermedad en hombres.

    Según la Organización Mundial para la Salud (OMS) anualmente en el continente americano un promedio de 460 mil mujeres son diagnosticadas con dicha enfermedad, de dicha cantidad más de 2 mil son detectados en nuestro país. Mientras el cáncer de próstata es el más común en hombres, en las mujeres es el cáncer de mama. Ambas formas cancerígenas son tratables y controlables si se detectan a tiempo, prueba de ello es que anualmente fallecen cerca de 100 mil mujeres, es decir que de cinco mujeres con cáncer de mama cuatro logran sobrevivir, generalmente porque se les detectó tempranamente la enfermedad y se sometieron al tratamiento pertinente.

    Para luchar contra la enfermedad y por iniciativa de la OMS, desde 1988 cada 19 de octubre se conmemora el Día Internacional del Cáncer de Mama, con la finalidad de crear conciencia sobre la detección y los diagnósticos tempranos y la importancia de los controles y tratamientos oportunos y efectivos.

    En El Salvador el sistema de salud ejecuta un plan de acciones y esfuerzos para lograr la detección temprana a través de campañas de concienciación sobre lo importante y trascendental de la autoexploración y los controles médicos.  Según la campaña a partir de los 40 años de edad, toda mujer debe someterse anualmente a chequeos médicos preventivos que incluyen la mamografía y a partir de los 20 años toda fémina debe hacerse la autoexploración y estar atenta a la detección de irregularidades somáticas.

    Las mujeres deben saber que según estudios científicos toda persona del sexo femenino corre el riesgo de desarrollar la enfermedad, pero que son más propensas las mujeres de edad avanzada (después de los 40), las que tuvieron su primera menstruación en edad temprana, las de primer parto en edad avanzada, las que nunca han parido,  las que consumen hormonas (estrógeno y progesterona), las que consumen alcohol o cualquier tipo de droga, las da raza blanca y las que heredan dicha enfermedad (orden genético).

    La herencia genética es la más relacionada como principal causa. Toda mujer que desarrolla el cáncer de mama tiene muchas probabilidades de heredar ese factor a sus descendientes. De hecho, los oncólogos sostienen que todo tipo de cáncer es hereditario, por lo que todos los que tuvimos padres que padecieron dicho mal, debemos someternos a controles periódicos para obtener diagnósticos oportunos y someternos a tratamientos efectivos. Toda forma de cáncer tratado medicamente a tiempo es curable.

    Los mismos oncólogos reconocen que no todos los tipos de cáncer son detectados en etapa temprana, pero vale la pena someterse a evaluaciones periódicas. En el caso de los senos cualquier alteración anormal o irregular debe ser objeto de consulta médica. Salvarse de la muerte es posible cuando la enfermedad no ha llegado a su etapa terminal.

    La concienciación del diagnóstico temprano debe ser permanente y transversal. Nuestro sistema educativo debe concatenarse en esa área y junto al Ministerio de Salud y Previsión Social, aleccionar a nuestras adolescentes y jóvenes. En el nivel de educación media debe concienciarse sobre lo que acarrea el cáncer de mama y enseñarle a las jovencitas sobre la autoexploración y prevención. Estas clases que deben impartirse por expertos y bajo la supervisión de los ministerios de Salud y Educación, deben ser de carácter obligatorio para las instituciones educativas y para el estudiantado femenino. Lo mismo debe hacerse para los jóvenes en cuan al cáncer de próstata.

    Asimismo, el Estado debe masificar la prevención y desarrollar campañas móviles para visitar todos los rincones del país y acercar a la población, especialmente a la rural, las pruebas de mamografía. Los hospitales deben estar dotado del personal especializado y de lo último en tecnología para la detección de esta enfermedad, la que, si no se detecta y trata a tiempo, es dolorosa y mortal. Salvemos vidas valiosas a través de la detección temprana del cáncer de mama.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Leer para despertar: el poder transformador de la literatura.

    Leer para despertar: el poder transformador de la literatura.

    Leer un libro no es solo un acto solitario, es un acto de nación. Cada vez que una persona abre una novela, un poema o una obra clásica, se despierta también una parte dormida de la sociedad. 

    La lectura no solo enriquece a quien la ejercita, sino que fortalece la cultura, el pensamiento y el espíritu de los pueblos. En eso coincidía el sabio escritor salvadoreño Francisco Gavidia, quien soñaba con un país que amara las letras y entendiera la lectura como una forma de libertad.

    Hoy, cuando la prisa y la distracción parecen haber desplazado al libro, conviene recordar que leer sigue siendo una de las formas más bellas y poderosas de transformar el mundo.

    Leer para pensar

    La literatura enseña a reflexionar. Las grandes obras plantean dilemas humanos que atraviesan el tiempo y las fronteras. Al leer Hamlet de Shakespeare, uno se pregunta: ¿es justo vengarse? ¿Vale la pena dudar? ¿Qué sentido tiene la vida cuando todo parece perdido? Estas preguntas, más allá del teatro, son ejercicios de pensamiento. Leer desarrolla el juicio crítico, la capacidad de análisis y el arte de escuchar la propia conciencia.

    Cuando un joven lee, no solo aprende palabras nuevas: aprende a pensar con profundidad y a decidir con sabiduría. Esa es una de las grandes tareas de la educación moderna: formar lectores que piensen. Como dice la Escritura: “Examínenlo todo y retengan lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Leer también es eso: examinar, discernir y retener lo que edifica el alma.

    Leer para pertenecer

    Cada pueblo guarda en sus libros el reflejo de su alma. Leer los clásicos no es mirar hacia atrás, sino reencontrarse con las raíces. En las páginas de Don Quijote de la Mancha late el espíritu de quien lucha por sus ideales, aunque el mundo se burle de él. En cada historia heroica o humilde se esconde un pedazo de nuestra identidad colectiva.

    Cuando una sociedad conoce sus letras, respeta su historia y valora su diversidad. La literatura nos enseña a ser salvadoreños, latinoamericanos y, al mismo tiempo, ciudadanos del mundo.

    Leer para expresarse mejor

    Quién lee, habla mejor, escribe mejor, y también piensa mejor. La literatura amplía el vocabulario, mejora la ortografía y enseña a comunicar con claridad y belleza. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, demuestra que las palabras pueden crear universos enteros. Cada frase bien escrita es una herramienta para el trabajo, la convivencia y la vida pública.

    Una sociedad que se expresa bien, también se comprende mejor a sí misma.

    Leer para comprender al otro

    Leer nos vuelve más humanos. Cada novela, cada cuento, cada poema, nos invita a mirar con los ojos de otro. Al leer Los hermanos Karamazov de Dostoyevski, nos acercamos al drama moral, al conflicto interior, a la necesidad del perdón. La literatura nos enseña a entender el dolor ajeno, la pobreza, la injusticia, la soledad.

    Y cuando un pueblo aprende a sentir, también aprende a convivir. La empatía que nace de la lectura es la semilla de una sociedad solidaria. En palabras del apóstol Pablo: “Gócense con los que se gozan; lloren con los que lloran” (Romanos 12:15). La literatura nos entrena precisamente en eso: en compartir el gozo y el dolor de la humanidad.

    Por qué cuesta leer

    No es que la gente no quiera leer; muchas veces no sabe cómo reencontrarse con el libro. Vivimos rodeados de pantallas, mensajes instantáneos y estímulos que duran segundos. La lectura, en cambio, exige silencio y paciencia, dos virtudes escasas en la era digital.

    Los jóvenes prefieren los videos breves de TikTok o Instagram antes que las páginas de El Principito, sin saber que en esa pequeña novela se esconde una lección de vida sobre la amistad y la inocencia.

    A ello se suma la falta de hábito lector desde la infancia. Si los niños no ven leer a sus padres, difícilmente verán los libros como una puerta de gozo. Las bibliotecas públicas siguen siendo pocas y los libros, costosos para muchas familias. Y cuando en las escuelas la lectura se impone como castigo o tarea, sin emoción ni contexto, el resultado es rechazo.

    Leer debería ser una aventura, no una obligación. Cada texto puede conectarse con la vida real: Romeo y Julieta no es una historia antigua, es una reflexión sobre el odio heredado, las decisiones impulsivas y la fuerza del amor; La metamorfosis de Kafka no es solo fantasía, sino un espejo de la incomprensión y la soledad que viven muchos jóvenes hoy.

    Leer para renacer

    La lectura no es un lujo, es una necesidad espiritual. En tiempos de violencia, desconfianza y apatía, los libros pueden devolvernos el sentido de comunidad y esperanza. Leer es resistir al olvido, es educar la mente y el corazón.

    Como decía Gavidia, “el alma del hombre se engrandece cuando dialoga con la palabra”, desarrollado en sus “Ensayos y discursos literarios” (1944). Esa es, quizás, la tarea de nuestro tiempo: volver a dialogar con la palabra escrita, redescubrir la belleza de una historia bien contada, y dejar que la lectura nos humanice de nuevo.

    Porque cuando un pueblo aprende a leer con el alma, ningún poder puede apagar su luz.

    * Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • Ponerse en camino siempre vale la pena, aunque te caigas

    Ponerse en camino siempre vale la pena, aunque te caigas

    Ponerse en camino es propio de quien busca la orientación debida y rebusca el sentido existencial. Los tiempos actuales nos instan a bucear por todos los rincones, a detenernos y a contemplar lo que nos circunda, para llenar los corazones de entusiasmo. Observar los latidos de la vida, beber de su armónica sintonía natural, estoy seguro que nos transforma las conciencias y nos motivan al bien. La frase de: Renovarse o morir, que siempre se ha dicho como recordatorio o receta, debe animarnos a reconstruir un mundo nuevo, con la savia renovada. Así, de hecho, ha de volver a encenderse el calor de hogar para calentar la frialdad de los corazones, dentro de los más endurecidos, inclusive nuestra particular sangre genealógica. ¡Explorémonos mar adentro!

    Activar el hermanamiento entre análogos es fundamental, en un orbe globalizado como el vigente, que suele ponerse en acción, obviando vínculos para adoquinar senderos e impedir la madurez poética, punto de llegada de un camino interior, que necesitamos rastrear por aquí abajo, para reconocernos en él y embellecernos de su sabiduría. En efecto nada somos, sino compartimos admiración y partimos del verso soy; para injertar ese universo de bondades, en el propio verbo viviente y evidente, del que formo parte. Por tanto, no sólo hay que levantar la vista, también se requiere despojarse de las miserias de uno mismo, encender la esperanza como aire de subsistencia, para no hacer de los problemas y de las dificultades el centro de nuestro caminar.

    Esta mirada que fraterniza, sobre todo hace que se sobrelleven mejor las vicisitudes de la vida; puesto que, permanece confiada, en el espíritu cooperante de la gratuidad y de la gratitud filial. Cuando esto sucede, los latidos conjuntos se fusionan, tanto para atendernos como para entendernos mutuamente. Por el contrario, cuando fijamos la atención exclusivamente en el poder, o en el afán posesivo, el miedo invade nuestro interior y lo desorienta, dando lugar al desconcierto, a la angustia y a la depresión. Bajo estas temidas y tremendas atmósferas, todo se corrompe, pero no permitamos que estos aires sean dominadores y nos empujen al desaliento. Lo importante es afrontarlo todo con humildad y arrepentimiento, a la espera de que la cultura del abrazo sea algo tan real como nuestros andares.

    Téngase en cuenta que, con la evolución de la tecnología y las nuevas herramientas, el potencial para recopilar, analizar y visualizar datos sigue ensanchándose, ofreciendo nuevas oportunidades para promover el desarrollo sostenible y la equidad social en todo el planeta. Lo cardinal es que toda la ciudadanía se incorpore a políticas sociales públicas, reforzando un mejor cohabitar y una rendición de cuentas objetivas. Desde luego, no hay información más tangible, que aquellos estudios estadísticos que convierten los datos abstractos, en revelación del momento, para que el poder de decisiones se sustente en fundamentos reales y concretos. Indudablemente, este es un modo de advertir lo que muchas veces no se deja oír, ni tampoco reparar.

    Hacer camino, por consiguiente, es fundamental en todo instante vivido. La realidad a veces nos enferma el alma, porque está cuajada de obscenos detalles que nos dejan sin vocablo. De ahí, la trascendencia de activar la comunión de pulsos y la unión de pausas reflexivas, para poder avanzar en humanidad, antes de que el contexto inhumano y amoral que padecemos en este inseguro hábitat, nos deshumanice por completo. Quizás tengamos que comenzar por revolvernos, para regresar a ese estado níveo que añoramos, pero que no cultivamos, ni lo estamos poniendo en nuestros pasos; y todo, porque nadie en el fondo ama a nadie. Ojalá, pues, la mística conjugación del verbo amar fuese certeza viva, y no una mera correlación de sentimientos vacíos.

    *Víctor Corcoba Herrero es escritor español

  • La Ley Contra la Usura en El Salvador: entre la protección formal y la exclusión real del crédito MYPE

    La Ley Contra la Usura en El Salvador: entre la protección formal y la exclusión real del crédito MYPE

    La usura es una práctica tan antigua como el crédito mismo. Consiste en el cobro de intereses desproporcionados que vulneran la capacidad de pago del prestatario y atentan contra su derecho de propiedad. En El Salvador, la Ley Contra la Usura buscó frenar estas prácticas mediante la fijación de tasas máximas legales y la penalización de cobros abusivos. Sin embargo, a más de una década de su entrada en vigor, dos debilidades estructurales explican por qué sus resultados han sido limitados: la forma en que se definieron los parámetros legales de las tasas máximas, la ausencia de líneas de base que permitieran dimensionar el problema antes de regularlo y la escasa capacidad para aplicar la Ley a los prestamistas informales.

    El primer problema radica en la fórmula de cálculo establecida en el Artículo 7 de la Ley, que determina que la tasa máxima legal permitida será equivalente a 1.6 veces la tasa efectiva promedio simple del mercado formal, calculada por el Banco Central de Reserva para cinco segmentos de crédito: consumo, tarjetas, vivienda, empresas y microcréditos de uso múltiple. Este mecanismo, aparentemente técnico y neutral, ha terminado distorsionando el mercado crediticio. Al basarse en promedios del sistema financiero formal —que incluye bancos privados, microfinancieras y banca estatal—, ignora las particularidades del crédito informal y del financiamiento a las microempresas de menor tamaño, cuyos costos operativos son mucho más altos. Así, el tope fijado no refleja la realidad de las instituciones formales que han desarrollado metodologías para atender a los sectores más pobres y de menor escala, lo que ha reducido drásticamente su capacidad de prestar.

    El segundo problema es la ausencia de líneas de base. No se elaboraron estudios que permitieran estimar el tamaño de la población afectada por la usura ni las tasas efectivas de interés que se les cobraban en el mercado informal. Sin este diagnóstico previo, la política se diseñó a ciegas: se establecieron límites sin conocer el punto de partida ni las condiciones reales del mercado. Esto impidió calibrar los topes según el comportamiento del crédito informal, que es donde la usura se manifiesta con mayor intensidad. Como resultado, la Ley logró contener parcialmente los abusos en el sistema financiero formal, pero no modificó sustancialmente las prácticas de los prestamistas informales.

    La justificación de una legislación contra la usura es, en principio, incuestionable. Su propósito es evitar que los créditos se conviertan en instrumentos de explotación y empobrecimiento. Desde la perspectiva económica y social, limitar los intereses abusivos busca proteger el ingreso de los hogares, evitar el sobreendeudamiento y garantizar que el crédito contribuya al desarrollo productivo. En las MYPES, este objetivo es crucial: cuando sus ingresos se destinan al pago de intereses desproporcionados, se erosiona su capital de trabajo, se restringe la reposición de inventarios y se bloquea la posibilidad de crecer.

    Sin embargo, la aplicación rígida de techos legales sin considerar las particularidades del microfinanciamiento ha generado un efecto perverso. Las microfinancieras formales, al no poder cubrir sus costos operativos bajo las tasas máximas permitidas, han reducido el número de créditos de menor monto y mayor riesgo. Esto ha dejado fuera del sistema financiero formal a una gran parte de los microempresarios, precisamente aquellos que la Ley buscaba proteger. Los datos de la Superintendencia de Competencia lo confirman: entre 2013 y 2018, la tasa máxima legal para microcrédito cayó hasta 59% en el segmento de subsistencia, pero el número de nuevos deudores se contrajo de forma significativa. Los créditos pequeños crecieron menos que los grandes, y los montos promedio aumentaron, señal clara de que los prestatarios más vulnerables fueron desplazados del crédito formal.

    El vacío dejado por las instituciones reguladas fue rápidamente ocupado por los prestamistas informales. El informe sobre el Estado de la MYPE en El Salvador 2025 elaborado por FLACSO y FUSAI, así como las encuestas realizadas por el Centro de Investigación de la Opinión Pública Salvadoreña (CIOPS) para la Asociación Bancaria Salvadoreña (ABANSA) en 2019 y 2022 revelan que más del 80% de los pequeños comerciantes y vendedores ambulantes sigue dependiendo de estos mecanismos de financiamiento, con tasas anuales que oscilan entre 1,800% y más de 13,000%. En este circuito casi no existen garantías legales, ni control sobre las tasas, ni mecanismos de defensa. Las prácticas coercitivas, la apropiación de bienes y la imposición de pagarés o hipotecas son frecuentes, lo que convierte al crédito en un factor de empobrecimiento.

    En la práctica, la Ley Contra la Usura redujo la exposición de los consumidores formales y MYPES de mayor tamaño a tasas abusivas, pero amplió la exclusión financiera de los microempresarios más pequeños. La fijación de topes excesivamente bajos ha generado una segmentación del mercado crediticio: mientras las instituciones financieras formales atienden a clientes de menor riesgo y mayor capacidad de pago, los sectores más pobres se ven empujados hacia el crédito informal, donde enfrentan condiciones mucho más duras. En otras palabras, la Ley trasladó el problema, pero no lo resolvió.

    La experiencia salvadoreña demuestra que regular la usura exige más que fijar un número. Se requiere un enfoque integral que combine supervisión, educación financiera, fortalecimiento institucional y conocimiento del mercado. Los techos a las tasas deben construirse sobre evidencia empírica y reconocer las especificidades del microcrédito. Asimismo, debe fortalecerse la capacidad estatal para monitorear el crédito informal y sancionar efectivamente las prácticas predatorias.

    En síntesis, la Ley Contra la Usura nació con una intención legítima y un sustento jurídico sólido, pero su eficacia se ha visto limitada por dos fallas de origen: la adopción de parámetros inadecuados y la ausencia de información de base. Mientras estos vacíos no se corrijan, los microempresarios salvadoreños —en especial los de menor tamaño— seguirán atrapados entre la rigidez del crédito formal y la violencia económica del crédito informal. El desafío, por tanto, no es solo prohibir la usura, sino construir un sistema financiero inclusivo, transparente y justo, que transforme el crédito en una herramienta real de desarrollo y no en un mecanismo de exclusión.

    *William Pleites es director de FLACSO El Salvador

  • Las enfermedades del siglo XXI

    Las enfermedades del siglo XXI

    Vivimos en una era paradójica. Nunca el ser humano había alcanzado tanto conocimiento ni tanto dominio sobre la materia, y, sin embargo, nunca había estado tan vacío, tan confundido y tan enfermo espiritualmente. En el siglo XXI las dolencias del alma se han convertido en la pandemia silenciosa de nuestra generación. La ansiedad, la depresión, el pánico, la fatiga emocional, las adicciones y la pérdida de propósito son los nuevos rostros del sufrimiento humano. Estas enfermedades, que la medicina clasifica con precisión clínica, son, en muchos casos, la expresión contemporánea de lo que el Evangelio describe como “espíritu de enfermedad”

    Tras el velo de la biología y la química, sigue operando una realidad espiritual: Satanás sigue atando almas, no siempre con cadenas visibles, sino con pensamientos, emociones y estructuras mentales que deforman la dignidad interior del ser humano. El relato de Lucas 13:10–17 nos sitúa frente a una escena profundamente teológica. Una mujer, dice el texto, “andaba encorvada y en ninguna manera se podía enderezar”. Durante dieciocho años su cuerpo permaneció doblado hacia el suelo, en una postura que simbolizaba la esclavitud del alma humana bajo la carga del pecado, la culpa y el temor.

    No se trataba simplemente de una enfermedad ortopédica, sino de una opresión espiritual. Jesús mismo lo confirma cuando declara: “A esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?” La mujer encorvada representa la condición antropológica de la humanidad caída: un ser creado para mirar al cielo, pero condenado a mirar el polvo. San Agustín describió esta deformación moral con la expresión “homo incurvatus in se”, el hombre encorvado sobre sí mismo, atrapado en su propio ego, incapaz de levantar los ojos hacia Dios.

    Así está la civilización moderna: tecnológicamente erguida, pero espiritualmente doblada. Lucas, médico y teólogo, utiliza con precisión el término griego pneuma astheneias, “espíritu de enfermedad”, una expresión que revela la coexistencia entre lo físico y lo espiritual en el sufrimiento humano. La mujer no solo padecía debilidad corporal; era víctima de una fuerza opresora que anulaba su libertad y la mantenía mirando hacia abajo. El verbo sunkuptō, “encorvarse”, aparece en forma imperfecta, lo que indica una acción continua, una vida entera bajo el peso del dolor. “En ninguna manera se podía enderezar”

    Añade el evangelista, mostrando la absoluta impotencia de la condición humana frente al pecado. No hay esfuerzo moral ni terapia humana que pueda enderezar el alma cuando está atada por las cadenas invisibles del enemigo. Solo la intervención del Señor Jesucristo puede romper esa ligadura. La escena se desarrolla en la sinagoga, en el día de reposo. El escenario no es casual: es la confrontación entre la religión encorvada y el poder liberador del Reino. Allí donde la tradición había sustituido la compasión, Jesús irrumpe para restituir la esencia del sábado: la libertad del alma.

    La mujer estaba en la sinagoga, pero seguía atada; asistía, escuchaba, pero no había sido transformada. Así vive también gran parte de la humanidad actual: rodeada de religiosidad, pero sin experiencia de liberación. Jesús la ve, la llama y la toca. Tres gestos que resumen la dinámica de la gracia. Ver implica discernir la raíz espiritual del sufrimiento; llamar implica restaurar la identidad perdida; tocar implica comunicar la virtud divina que endereza lo que el pecado torció. El milagro no nace del mérito humano, sino de la iniciativa redentora del Hijo de Dios. Ella no lo buscó; Él la buscó.

    Y en un instante, dieciocho años de esclavitud se disolvieron ante una sola palabra: “Eres libre de tu enfermedad.” Este relato tiene una vigencia teológica profunda frente al sufrimiento contemporáneo. El “espíritu de enfermedad” del siglo XXI se manifiesta en formas más sutiles, pero igualmente destructivas. Millones viven encorvados por la ansiedad que domina la mente, por la depresión que apaga la esperanza, por la culpa que oprime la conciencia, o por las adicciones que esclavizan el cuerpo. Son cadenas que el mundo intenta aliviar con fármacos, terapias o distracciones.

    Pero sin atender la raíz espiritual del mal. La psicología puede describir la causa, pero solo el Señor Jesucristo puede desatar la ligadura. Las redes sociales han reemplazado la comunión por comparación; el ruido digital ha sustituido la oración por entretenimiento. El ser humano vive con la espalda recta y el alma doblada. Vive mirando hacia el suelo de sus logros, sin poder mirar hacia el cielo de su propósito. El diagnóstico Bíblico es claro: “No tenemos lucha contra carne ni sangre, sino contra principados y potestades” (Efesios 6:12).  Las enfermedades modernas del alma son el campo de batalla donde se libra la guerra invisible entre la verdad y la mentira, entre la luz y las tinieblas.

    La depresión no siempre es un desequilibrio químico: a menudo es una estrategia espiritual para sofocar la fe. La ansiedad no siempre proviene de la biología: muchas veces es el reflejo de un alma que no confía en Dios. El cansancio crónico que devora a las sociedades modernas no siempre nace del exceso de trabajo, sino de la ausencia de reposo en el Señor Jesucristo. La medicina es necesaria, pero incompleta si no se reconoce que el ser humano es espíritu, alma y cuerpo, y que cada una de esas dimensiones requiere redención. Cuando Jesús endereza a la mujer, no solo restaura su postura física, sino su verticalidad espiritual.

    Ella vuelve a mirar al cielo, vuelve a glorificar, vuelve a adorar. La curación se convierte en símbolo de la salvación. La libertad no es solo ausencia de dolor, es la capacidad de volver a levantar la mirada hacia el Creador. Por eso el texto culmina diciendo que “ella glorificaba a Dios” y que “todo el pueblo se regocijaba por las cosas gloriosas hechas por Él”. Donde hay liberación auténtica, hay adoración espontánea. Cuando el alma se endereza, el corazón alaba. La liberación no es un fin en sí mismo, sino un medio para restituir la comunión rota entre Dios y el hombre.

    El siglo XXI necesita urgentemente ese toque del Señor Jesucristo. Ningún algoritmo puede sanar la tristeza, ningún medicamento puede restaurar la fe, y ningún avance científico puede devolver la esperanza al alma humana. Solo el Señor Jesucristo sigue diciendo hoy lo que dijo en aquella sinagoga: “Mujer, eres libre de tu enfermedad.” Aquel gesto sigue siendo actual, porque el enemigo sigue atando, y Cristo sigue desatando. La verdadera terapia del alma se llama redención; el verdadero descanso no está en un sábado ritual, sino en el Señor Jesucristo que es nuestro reposo.

    *Jaime Ramírez Ortega es abogado

  • María Corina y José Daniel, héroes de nuestro tiempo

    María Corina y José Daniel, héroes de nuestro tiempo

    Desde finales del siglo pasado, situación que se acentúa cada día más, se puede apreciar que las personas que luchan por sus ideales y demuestran estar dispuestos a entregar sus vidas en el empeño, no cuentan mayoritariamente con el respeto y admiración de sus contemporáneos.

    Quizás, en el pasado se valoró en demasía el heroísmo, pero prefiero esa consideración a apreciar que personalidades capaces del sacrificio por la bandera que enarbolan, son ignoradas o simplemente sustituidas por individuos que destacan por actividades que sin duda demandan talentos y habilidades, pero que no muestran la vocación de servicio por su comunidad de los primeros.

    María Corina Machado y José Daniel Ferrer han demostrado una capacidad de sacrificio excepcional, una entrega que afecta a sus familiares, ambos, han dado muestras de una tenacidad, coraje y decoro que deberían se polo de atracción de quienes creemos en la libertad como la simiente fundamental de cualquier comunidad.

    La líder política venezolana a través de la organización cívica Súmate, 2002, hizo gala de una energía y dedicación notable. Su trabajo en esa entidad fue arduo y dedicado, convirtiéndose paulatinamente en una dirigente a la que había que considerar parte de lo mejor de la reserva patriótica de Venezuela.

    En una cuesta arriba muy fuerte, fue electa diputada a la Asamblea Nacional de Venezuela, comicios en que fue la legisladora que más votos obtuvo. Desde su curul, confronto al autócrata de Hugo Chávez diciéndoles las verdades que algunos callaban. Machado se convirtió en la enemiga más odiada del chavismo, situación que se concretó cuando fue golpeada brutalmente por un diputado sicario del sátrapa de Fidel Castro en Venezuela, golpiza, que fue presenciada con complacencia por el capo del narcotráfico, Diosdado Cabello.

    María Corina, como ha ocurrido a través de la historia cuando los déspotas intentan quebrar a quienes les retan, se creció, y su esfuerzo conquisto los mayores logros, puesto que resembró la esperanza en la oposición y en la ciudadanía de que destruir el régimen criminal de Nicolas Maduro era posible.

    Machado, consciente de los riesgos que conlleva oponerse a una dictadura y comprometida con la precaria legalidad que ofrece el dictador, aceptó el reto del régimen y desarrolló una estrategia que permitió acceder a los resultados verdaderos de las elecciones del 28 de julio de 2024. Su talento y tenacidad demostraron ser eficaces, convenció a todos, que el decoro unido a la disposición al sacrificio es imbatible.

    José Daniel Ferrer es otro de los casos en los que se confirman hasta la saciedad el decir martiano, “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”.

    Con pesar lo reconozco, en Cuba, mi país, hay muchos ciudadanos sin decoro, pero nunca han faltado quienes tienen pundonor para repartir, como es el caso de José Daniel y de otros compatriotas que han ofrendado su vida a la Patria común o que han estado y están muriendo a plazos en las ergástulas castristas.

    José Daniel ha demostrado hasta la saciedad estar comprometido con la libertad y el respeto pleno a la dignidad del hombre, como demostró al sumarse a la recolección de firmas para impulsar el Proyecto Varela, siendo apresado y condenado a 25 años de cárcel en la Primavera de Cuba, una oleada de arrestos en la que fueron apresados activista de derechos humanos y bibliotecarios independientes.

    Permaneció ocho años en prisión sin hacer concesiones a la tiranía, siendo reconocido por Amnistía Internacional como preso de conciencia. No aceptó ser desterrado y continuó la lucha por la libertad constituyendo la Unión Patriótica de Cuba, UNPACU, liderando acciones cívicas y de solidaridad con la comunidad carente de los más importantes recursos para la vida.

    Su rechazo al sistema totalitario le ha causado numerosas detenciones, golpizas, torturas y confinamientos en solitario. Su solidaridad con los manifestantes pacíficos del 11 de julio del 2021 lo condujo de nuevo a prisión. Su heroísmo en las prisiones castrista donde fue cruelmente abusado por los esbirros del régimen y por mandato del alto gobierno, lo han convertido en un héroe merecedor del mayor respeto y del merecido descanso que le prepara para próximas batallas.

    José Daniel y María Corina, quizás no se conozcan, pero están unidos indisolublemente en la historia por el compromiso de ambos con la libertad.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Lenguaje, ideología y control social: Una columna desde la Criminología

    Lenguaje, ideología y control social: Una columna desde la Criminología

    La reciente directriz del gobierno del presidente Nayib Bukele de erradicar y prohibir el llamado «lenguaje inclusivo» en todos los centros educativos públicos y dependencias gubernamentales es una medida que, desde la óptica de la Criminología y la Victimología, merece un análisis que trascienda la mera disputa lingüística. Esta acción, enmarcada en la protección de la primera infancia, niñez y adolescencia contra «injerencias ideológicas,» toca fibras sensibles del control social formal y la construcción de la realidad social.

    El argumento oficial se centra en garantizar el buen uso del idioma y proteger el «desarrollo integral» de los menores de edad. Se percibe una clara aversión hacia lo que se engloba bajo el paraguas de la «ideología de género.» siendo una medida categórica y contundente.

    La prohibición se convierte en un acto de control social formal estudiado por la criminología, ejercido directamente por la institución gubernamental. El lenguaje es mucho más que un conjunto de reglas gramaticales; es un vehículo de cultura, pensamiento e identidad. Al regular estrictamente su uso, el Estado ejerce un poder significativo sobre cómo se nombra la realidad.

    Esta medida de estricto cumplimiento a nivel nacional transforma al Estado en el «guardián lingüístico» y, por extensión, en el «guardián ideológico.» En esencia, el gobierno está utilizando su poder coercitivo para institucionalizar una visión particular de lo que es correcto y natural en términos de género y lenguaje. Consagrado en parte en el artículo sesenta y dos de nuestra constitución, donde el gobierno de turno tiene la obligación de preservar y enseñar el castellano. Por lo tanto, sus reglas y normas.

    Estas ideologías y concepciones fueron autorizadas, avaladas y promovidas por los gobiernos del partido FMLN desde el año 2009, ocasionado un grave daño e impacto a nuestra sociedad. Permitiendo que agendas globalistas que atentan contra los principios de la familia, de las personas nacidas hombres y mujeres puedan manifestar que se sienten diferentes a su sexo biológico y que pueden ser lo que digan, principios y valores cristianos consagrados en el libro más traducido a idiomas, dialectos y el más vendido en la historia de la humanidad, la biblia, todo en un sistema antivalores debido a sus filosofías y creencias marxistas leninistas, no dejaron nada a nuestra sociedad, fueron promotoras de rebeldía en adolescentes y jóvenes, de ingreso a pandillas criminales, de abandono de las escuelas, de una vida de excesos en drogas, alcohol y estupefacientes.

    Desde este espacio expreso mi apoyo a las medidas del gobierno y de la ministra de educación, ciencia y tecnología por la prohibición del denominado lenguaje inclusivo en todos los centros educativos públicas y dependencias de la institución para garantizar la protección de la primera infancia, niñez y adolescencia de ideologías que afectan el desarrollo integral. Cada persona tiene la libertad de decidir sobre su cuerpo y sexualidad, pero no imponer su criterio a una sociedad. Ahora lo que falta es que las familias asuman su rol, y se ponga en práctica y sea una realidad el control social informal, los principios, valores, normas de cada familia para expresar y manifestar el amor por el más próximo, la empatía, el respeto, solidaridad entre otros. El gobierno ha intervenido con el control social formal pero lo más relevante es que cada uno de nosotros asumamos nuestro rol y salvemos la familia salvadoreña para rescatar nuestra nación.

    * Ricardo Sosa es doctor y máster en Criminología

    @jricardososa 

  • ¿Usted de qué se va a disfrazar?

    ¿Usted de qué se va a disfrazar?

    ¿Usted de qué se va a disfrazar?, me preguntaron los muchachos. Les respondí que del sacerdote de la película del exorcista de 1973. Les gustó mi idea. Ahora tengo que conseguir un sombrerito negro, porque de sacerdote ya visto siempre. El disfraz no era para Halloween, sino para una fiesta de disfraces con un grupo de universitarios. Así que tranquilos, no estoy apuntándome al “día de las brujas”. Aunque si somos rigurosos, no debería llamarse así. Personalmente, prefiero llamarle “All Hallows’ Eve” (Halloween para los amigos), como le llamaba la tradición anglosajona a la víspera de la Solemnidad de Todos los Santos.

    Imaginemos que vamos por la tarde de un 31 de octubre en las calles del Londres de la baja Edad Media. Nos encontraríamos con grupos de indigentes y niños, disfrazados de muertos, espíritus o santos, que van de casa en casa cantando y recibiendo un “soul cake”, el predecesor del pan de muertos. Si preguntáramos a algún lugareño a qué se debe el “flashmobe” a lo “The Walking Dead”, nos responderían que se trata del “Souling” (lo siento por los nombresitos en inglés). El “Souling” duraba de la tarde el 31 de octubre al 1 de noviembre.

    La costumbre tenía su sentido, y partía de una idea básica y hoy algo olvidada: cuando mueres no te vas automáticamente al Cielo; quien obra el mal, tiene que reparar con oración y buenas acciones durante su vida si quiere gozar de la Vida Eterna después de morir. En el cristianismo, además, se añade a las opciones del más allá, la posibilidad de reparar los pendientes en el Purgatorio, o definitivamente pasar la eternidad en la soledad, dolor y tristeza más absoluta: o sea, el Infierno.

    El “Souling” era una forma de recordar que hay familiares, amigos o conocidos, que esperan la ayuda de nuestras oraciones y buenas obras para poder salir del Purgatorio. El “Souling” era una especie de “obra de misericordia a domicilio”. Vivir la caridad con los vivos, en favor de los muertos, y al revés. Eso, ni Miguel, el niño protagonista de la película Coco con su canción “Recuérdame”.

    Lamentablemente, a esta tradición anglosajona, le pasó las de Santa Claus. Terminó desplumada en la amalgama de culturas de los Estados Unidos. Luego el cine y el marketing hizo lo suyo, poniéndole sabor a brujas, calabazas y fantasmas.

    Sería genial que nuestra cultura recuperara los valores detrás del verdadero Halloween, o mejor dicho “All Hallows’ Eve”: una historia llena de esperanza, donde se refuerzan los lazos con los vivos, y no se olvida a los difuntos. Nos ayudaría, además, a ser más responsables de nuestros actos, y a descubrir que ni el más secreto pensamiento deja de tener alguna repercusión en la sociedad. La culpa y el remordimiento encontrarían una forma auténtica de sanación, y ahorraría bastantes migrañas ocasionadas por el peso de las propias faltas.

    *El padre Hugo Dávila es sacerdote católico, doctor en Teología de la Historia