El escudo comunitario frente a la Violencia

Cuando debatimos sobre estrategias de seguridad pública y ciudadana, las conversaciones suelen gravitar hacia el aumento de la fuerza policial, el endurecimiento de las penas o la modernización del sistema penitenciario y del sector de justicia, los esquemas tradicionales. Sin embargo, desde la criminología moderna y crítica sabemos que el verdadero éxito en la reducción de la violencia no radica únicamente en reaccionar y combatir el delito, sino en desactivarlo antes de que ocurra, anticiparse, prevenirlo y esta propuesta significa participación relevante y activa de la comunidad.

Bajo este enfoque, el reciente inicio del proceso formativo en «Cohesión social y técnicas de facilitación» para 90 facilitadores judiciales que forman parte de las tres grandes zonas geográficas del pais, de diversos distritos,especialmente lugares alejados de la zona metropolitana lo hace diferente, impulsado por la Corte Suprema de Justicia a través del Servicio Nacional de Facilitadores Judiciales (SNFJ) y el apoyo invaluable y decidido de Catholic ReliefServices (CRS), organización de gran trayectoria a nivel mundial y en El Salvador, representa una victoria táctica y estratégica fundamental para nuestro tejido social y por ende para nuestra sociedad.

Como investigador académico y analista de la dinámica de violencia social, criminalidad y delictiva, considero que este esfuerzo no es una formación académica adicional o parte de una programación; es la construcción de una infraestructura de prevención primaria. A continuación, detallo por qué este enfoque es indispensable para la seguridad y la paz social del país:

1. La resolución alterna de conflictos como herramienta de desescalada

En la dinámica comunitaria, los delitos graves rara vez surgen del vacío. Un alto porcentaje de casos de violencia tienen su génesis en disputas vecinales menores no resueltas y que nos las advierten las teorías criminológicas.

• Prevención temprana: La cohesión social otorga a los facilitadores las herramientas necesarias para identificar y gestionar conflictos de forma temprana.
• Desescalada táctica: El objetivo es asegurar que los conflictos no escalen y que las personas encuentren vías para resolver sus diferencias mediante el diálogo y la comunicación apoyándose y con el liderazgo de los grandes ciudadanos que son los «facilitadores judiciales». En el argot de la seguridad, competencias como la comprensión de las emociones, la comunicación efectiva y la empatía no son debilidades románticas; son herramientas de desescalada verbal que neutralizan la hostilidad antes de que mute en violencia.

2. Reconstrucción de la eficacia colectiva y el tejido social

Las teorías de desorganización social nos enseñan que las comunidades con alta cohesión social son intrínsecamente más resistentes a la infiltración de problemas mayores entre ellos la delincuencia, disputas, discusiones, peleas, amenazas, lesiones, entre otros.

• El puente ciudadano: Los facilitadores judiciales cumplen un rol esencial al ser el primer puente y apoyo comunicativo entre el sistema de justicia y la vida cotidiana de las personas en El Salvador.
• Cultura de paz: Al servir como vías de diálogo y entendimiento, promueven el respeto y la cooperación pacífica entre vecinos, entre los más próximos, ayudando a construir sociedades más pacíficas, cohesionadas y justas.

3. Sinergia del ecosistema de Justicia

Un aspecto sumamente destacable de esta iniciativa es su visión sistémica e institucional de la Corte Suprema de Justicia en la visión de corte plena y ejecutada a nivel nacional por el Servicio Nacional de Facilitadores Judiciales (SNFJ) y en esta oportunidad la alta y significativa contribución de una organización como Catholic ReliefServices (CRS) gestores, formadores y capacitadores técnicos especializados

• Alineación estratégica: Este proceso formativo guarda relación directa y da continuidad a una etapa previa que concluyó exitosamente con la capacitación de 84 juezas y jueces de paz a nivel nacional. Que siguen formándose y fortaleciendo sus capacidades, pero sobre todo su corazón y su mente sensibles que han sido alcanzados por este extraordinario proyecto.

• Articulación de esfuerzos: Mantener una comunicación constante entre facilitadores y jueces fortalece el modelo de trabajo y permite una mejor articulación institucional. Para que la seguridad funcione, la justicia formal y la justicia comunitaria deben hablar el mismo idioma, permitiendo que el Estado concentre sus recursos en delitos de alto impacto mientras la comunidad resuelve sus tensiones cotidianas.

La represión del delito es una herramienta necesaria y apegada a un sistema constitucional y legal, pero es el fortalecimiento de las relaciones humanas lo que garantiza la paz a largo plazo. Como bien se destacó en la inauguración de este evento el pasado lunes por la magistrada de la Sala de lo Constitucional máster Elsy Dueñas Lovos y coordinadora de la Comisión de seguimiento del SNFJ efectuó énfasis en su ponencia «Más allá del conocimiento técnico, buscamos fortalecer competencias basadas en la comunicación efectiva y la empatía para construir una cultura de paz en las comunidades».

Invertir en la formación de estas grandes personas es apostar por mejorar las decisiones que tomamos y construir comunidades más fuertes, porque al final, lo que hace fuertes a los sistemas son las personas que los operan.

Cada conflicto vecinal que uno de estos 90 facilitadores logre mediar con éxito es un expediente penal menos, una víctima menos y un paso firme hacia la pacificación real de nuestro país. Las verdaderas batallas por la seguridad se ganan en la capacidad de los ciudadanos para entenderse y convivir.

Muchas gracias y bendiciones a Catholic Relief Services (CRS) por su alta sensibilidad y ayuda a nuestro país con todo su equipo especializados y sensibilizado de trabajo. Y continúen avanzando en esta alianza estratégica con la Corte Suprema de Justicia.

*Por Ricardo Sosa /Doctor en Criminología /Egresado doctorado en Justicia Criminal / @jricardososa

 

 

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