La reciente participación de la diputada salvadoreña Claudia Ortiz del partido político Vamos en el Oslo Freedom Forum 2026 ha generado una comprensible fricción y reacciones contrarias en la opinión pública en nuestro país. Para muchos ciudadanos, ver y escuchar a una representante política y diputada hablando desde la comodidad y la seguridad de una capital europea, frente a una audiencia internacional que jamás ha experimentado el terror de las pandillas, resulta disonante. Es totalmente legítimo que la población, que hoy respira un alivio histórico y tangible en sus comunidades y calles, perciba estas críticas como un claro ataque a la paz recién recuperada.
La desconexión del foro internacional: Es innegable que existe una brecha comunicacional. Foros exclusivos como el de Oslo agrupan a élites globales, académicos y activistas que dialogan cómodamente en la teoría, muy lejos del comerciante salvadoreño que antes debía pagar extorsión para sobrevivir. Esta asimetría genera la sensación de que se defiende una «democracia abstracta» a costa de la «seguridad real». Todo en un ambiente controlado, cómodo y relajado donde lo esperado son discursos en esa línea. De hecho, si estas en ese foro es porque eres parte de ese grupo donde se tiene un estilo de vida por seguir esos discursos y temáticas. Los premios llegan por que se los entregan dentro del mismo club. Pero no serás premio nobel de la paz.
El éxito táctico y desmantelamiento de las pandillas criminales: Nadie, ni siquiera los críticos, adversarios y opositores en El Salvador más férreos en foros cerrados y controlados, pueden negar que la desarticulación operativa de las pandillas es un hito de seguridad sin precedentes. La criminología por medio de sus indicadores y método científico puede demostrar desde el inicio de las pandillas hasta ahora que el presidente Nayib Bukele, su política, estrategia, dirección estratégica y al mando, con el trabajo especializado de su gabinete de seguridad, Fiscalía General de la República y todo el talento humano del sector de seguridad y justicia es el primer y único país en el mundo que ha logrado el desmontaje de las pandillas criminales, no hay otro caso en los cinco continentes.
Sobre el régimen de excepción: Por qué la población no comparte las declaraciones de la diputada ya que para el salvadoreño que vivía en comunidades controladas, el terror de las pandillas era una amenaza letal, diaria y garantizada, pagar la mal denominada renta, cruzar «fronteras invisibles», reclutamiento forzoso, abusos sexuales y más. Ha sido el refuerzo, el impulsor, el que ha potenciado la estrategia del Plan Control Territorial; frente al alivio masivo de caminar con seguridad y disfrutar la noche. La urgencia de sobrevivir supera cualquier debate y argumento político electorero, y más cuando el voto de ella por la prolongación del régimen de excepción es NO cada vez en el salón azul al presionar el botón y a viva voz.
Sobre el sistema judicial y la democracia: Por qué la población no lo comparte, históricamente, la ciudadanía percibía el sistema judicial tradicional como ineficaz y corrupto; un sistema de «puertas giratorias» donde los criminales eran liberados casi de inmediato y regresaban a las comunidades envalentonados. Los cambios y transformaciones en el sistema, códigos, leyes son el equivalente como la herramienta dura y necesaria que finalmente logró aplastar a las mafias. El peso frente a la realidad de no tener a un pandillero extorsionando el negocio familiar, ni acosando a las niñas, mujeres, ni controlando comunidades supera cualquier discurso y mensaje politiquero electorero en búsqueda de financiamiento para campaña y de votos.
Sobre la construcción del CECOT: la prisión de máxima seguridad en El Salvador es un símbolo de castigo definitivo para quienes los aterrorizaron durante décadas. Las críticas no resuenan en una población que exigía acciones drásticas y rápidas, y pide que se aumenten las medidas contra los pandilleros. El presidente Nayib Bukele inauguro el CECOT como el lugar físico donde se rinde y representa el tributo a las víctimas de las pandillas, y ahora muchos países en América Latina están en proceso de construcción y de obtener los fondos para replicar dicho centro penitenciario de máxima seguridad y alta tecnología.
Sobre el reordenamiento del Centro Histórico de San Salvador: es percibida masivamente por la población como la devolución de un espacio público emblemático que antes estaba secuestrado por los criminales, delincuencia, el desorden, suciedad y caos El orden, la limpieza y la seguridad generada en estas zonas despiertan orgullo nacional. Labor iniciada por el exalcalde Nayib Bukele que ayudo a disminuir los delitos y crímenes, y luego como presidente ha proporcionado una gran lección del control social formal y como la premisa de teorías criminológicas cobro vida en El Salvador y ahora es caso de éxito. Lo logro como alcalde y ahora como presidente.
La disonancia es evidente. El discurso en Oslo se centró en la defensa de la institucionalidad, los derechos constitucionales y la transparencia, elementos fundamentales para los académicos y la comunidad internacional que pertenece a esas estructuras cerradas, a un club. Donde antes, y después del evento hay banquetes con excelentes, suntuosas bebidas y comidas planificando su próximo conclave. Sin embargo, para la mayoría de los salvadoreños, la supervivencia y la libertad de movimiento son el grado cero de sus derechos fundamentales, por lo que esta generación y las próximas estarán agradecidas con el presidente Bukele.
Haber erradicado la amenaza existencial y el yugo de las pandillas criminales ha generado una profunda lealtad y un alivio tangible en las calles. Desde esta perspectiva, es natural que la población perciba este tipo de denuncias internacionales no como una defensa de la democracia, sino como una tremenda desconexión total con la realidad de sangre y luto que vivieron, y como un ataque a la paz que hoy finalmente pueden disfrutar. Es lógico que con un patrimonio neto superior al medio millón de dólares la vida ha sido muy diferente para ella, con activos superiores a $700,000 según su declaración de mayo 2026
Es completamente comprensible por qué la participación de la diputada Claudia Ortiz del partido Vamos en el Oslo Freedom Forum generan choque y rechazo en la mayoría de la población salvadoreña. Cuando una sociedad ha sobrevivido a décadas de terror, extorsión y muerte a manos de las estructuras criminales, la percepción de la realidad cambia radicalmente, la realidad se impone ante la desconexión de la clase política y ahora que estamos en la campaña adelantada se trata de sobrevivencia, de retener el escaño legislativo, de no perder el trabajo, de si hay que hacer el ridículo bailando, palmeando tortillas, cargando niños de comunidades, en el mercado, en televisión o exponiendo en cualquier evento o cualquier otro absurdo hay que hacerlo. No se vale hablar mal de nuestro amado El Salvador y menos por aspectos de politiquería, por sobrevivencia.
*Por Ricardo Sosa /Doctor y máster en Criminología/ Egresado doctorado en Justicia Criminal

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