El estigma perpetuo: la victimización terciaria en la era post-penitenciaria

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El reciente cumplimiento de la condena y posterior liberación del expresidente de la República, Elías Antonio Saca González, nos sitúa ante un escenario inmejorable para analizar, desde la criminología crítica y la sociología penal, una de las falencias más profundas en América Latina y en nuestro constructo de justicia: la victimización terciaria y el fenómeno del etiquetamiento social.

Cuando un individuo atraviesa el sistema penitenciario y extingue su responsabilidad penal tras cumplir la totalidad de su pena, la teoría jurídica asume que su deuda con el Estado y la sociedad ha sido saldada. Sin embargo, la práctica criminológica nos revela que la verdadera condena, de carácter vitalicio e irrevocable, comienza al cruzar las puertas de salida del centro penal.

En la doctrina, la victimización terciaria, aplicada en este contexto y en esta oportunidad  al infractor y su familia, describe el proceso mediante el cual la sociedad en general, medios de comunicación, periodistas, comunicadores, youtuberos y las instituciones continúan castigando y marginando al ex interno, que estuvo privado de la libertad, perpetuando su rol de delincuente. Es el paso ineludible de una prisión arquitectónica y tangible a una prisión de naturaleza social y psicológica.

En el caso del expresidente Saca, el escrutinio es innegablemente exponencial debido a la investidura que ostentó y la gravedad de los delitos contra la administración pública los cuales el confesó en sede judicial ante la supervisión y acuerdo con la Fiscalia General de la República que dirigía el licenciado Douglas Arquímedes Meléndez. Y autorizo el  tribunal competente No obstante, el mecanismo sociopsicológico que opera en el imaginario colectivo es exactamente el mismo que recae sobre la persona común, la que no tenía presencia mediática, ni cargo como ex funcionario,  que egresa del sistema carcelario, es el mismo trato y la etiqueta de delincuente que no se la quitan.

Pero, ¿por qué la sociedad reacciona de esta manera? La respuesta se encuentra en la criminología, en los postulados del Labeling Approach o Teoría del Etiquetamiento de Howard Becker. Las sociedades en Hispanoamérica, profundamente influenciadas por un populismo punitivo, construyen su cohesión moral a través de la exclusión del «otro» que ha transgredido la norma. Al etiquetar al individuo permanentemente como «criminal», la sociedad simplifica la complejidad del comportamiento humano y se exime de su responsabilidad estructural en el proceso de reinserción.

El estigma funciona como un mecanismo de control social informal; es cognitivamente más fácil marginar que integrar. La sociedad salvadoreña, en particular, ha internalizado una sed retributiva que confunde la justicia con la venganza perpetua, anulando cualquier intento de cultura restaurativa.

Esta dinámica genera una disonancia institucional alarmante. El Estado invierte recursos en tratar de cumplir la constitución y teóricamente rehabilitar al interno mediante programas de tratamiento, pero al devolverlo a la comunidad, se encuentra con un total muro de rechazo absoluto. Cuando el cuerpo social le niega al liberado, al que cumplió su pena completa, sin ningún beneficio penitenciario, la posibilidad de redención, le despoja de su derecho a una nueva identidad post-condena.

La persona deja de ser un ciudadano en pleno ejercicio de sus derechos rehabilitados para convertirse, de forma permanente, en el prisionero de sus errores pasados y una etiqueta que no se la puede quitar.

Exigir el estricto cumplimiento de la ley es un pilar democrático ineludible, y el expresidente Saca ha cumplido la pena impuesta por la autoridad judicial, en su totalidad, ni un  día menos, completando el ciclo punitivo diseñado por nuestro Estado de Derecho. Si como sociedad nos negamos a aceptar que el cumplimiento total de una condena extingue la culpabilidad penal, estamos admitiendo tácitamente que no creemos en absoluto en nuestro propio sistema de justicia ni en el mandato constitucional de la resocialización y reincersión.

La salida del centro penitenciario de  Elías Antonio Saca  tras cumplir su pena  es el cierre de un capítulo judicial en El Salvador, que tiene el componente de haber sido expresidente de la República, también nos sirve como espejo que refleja la ausencia de madurez cívica y cuanto nos falta como sociedad para dejar de criticar, juzgar y condenar. Mientras sigamos ejerciendo la victimización terciaria como un tribunal moral sin fecha de caducidad, a la perpetuidad, nuestros centros penitenciarios seguirán siendo  bodegas humanas de castigo.

La verdadera justicia requiere no solo que el infractor pague su condena, sino que la sociedad tenga la capacidad civilizatoria de extenderle un recibo de saldo cancelado. Como criminólogo por más de veinticinco años he llevado este mensaje de necesidad de cambio y transformación y que la etapa que menos se cumple en El Salvador y América Latina es la reincersión. Ya que la persona que pago condena paso por el sistema penitenciario, las secuelas de la prisionización, el desarrollo, la estigmatización social, entorpece el proceso de su reinserción a la sociedad.

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