El luto invisible: la realidad médica y psicológica de la pérdida gestacional

Maritza y Rafael esperaban a su primer bebé para este año, 2026. El anuncio oficial se hizo en una reunión familiar a finales del año e incluso hubo regalos navideños para el futuro hijo. Sin embargo, a los cinco meses de gestación, Maritza fue ingresada al hospital con una emergencia médica: una incompatibilidad genética y presión alta que ponía en riesgo la vida de ambos.

Al tercer día, el bebé fue extraído y falleció. Desde entonces, el tema se manejó como un tabú en su familia, hablado en voz baja por temor a herir sentimientos, mientras Maritza dejó de hablar de su pérdida, evitó celebrar el Día de la Madre y comenzó a aislarse.

Este escenario refleja una realidad clínica y social profunda que enfrentan muchas familias en El Salvador. El psiquiatra y presidente de la Asociación de Psiquiatras Salvadoreños por la Salud Mental, Carlos Acevedo, explica que el duelo perinatal se vive a menudo en secreto, ya que es casi ignorado por la sociedad y carece de los rituales que acompañan a otras muertes.

“La muerte de un hijo en general también se considera una de las situaciones más dolorosas que provoca mucho estrés y que tiene consecuencias muy devastadoras en un ser humano cuando se experimenta”, explica a Diario El Mundo.

La mujer, al no cumplir con el rol biológico de maternidad que se le asigna culturalmente, suele experimentar una fuerte sensación de fracaso y culpa. Si este dolor no se atiende de forma adecuada y genera un aislamiento persistente, insomnio y falta de apetito, el proceso puede derivar en un duelo complicado y en un cuadro depresivo severo a largo plazo.

“Tenemos que tener mucho cuidado porque hay que buscar ayuda inmediata. A veces algunos hablan de tiempo, pero realmente en un periodo de 6 meses uno puede ir valorando si eso puede estar complicado o no, si el duelo es muy prolongado, entonces definitivamente también amerita una atención más especializada, pero de hecho cualquier duelo debería de ser acompañado psicológicamente para transitar este período tan difícil para la mujer”, añade el psiquiatra.

El galeno añadió que cuando las pérdidas gestacionales son recurrentes, estos síntomas pueden ser más intensos

A la inmensa carga emocional se suma un choque biológico abrupto. El ginecólogo Danilo Arévalo detalla que, tras una interrupción del embarazo, el cuerpo de la mujer sufre una pérdida drástica y repentina de hormonas, lo que altera su psique y la hace biológicamente más propensa a estados depresivos.

Físicamente, el cuerpo ya se estaba preparando para dar vida; dependiendo de la edad gestacional de la pérdida, la madre puede experimentar la formación de leche materna debido a la presencia de prolactina. Enfrentar la sensación física de producir leche sin tener a su bebé en brazos hace que el proceso de duelo sea una experiencia sumamente dura.

El doctor Acevedo explica que las mujeres experimentan un postparto y entre algunas dificultades que también pueden experimentar están lentitud intestinal y cambios en la capacidad pulmonar, pero que van nivelando con el paso del tiempo. El galeno señala que si se trató de un aborto séptico “también puede terminar en infertilidad”.

Desde la perspectiva clínica, aunque los problemas genéticos son una realidad que no puede prevenirse, estos representan apenas el 3% de las causas globales, frente a otros factores de mayor incidencia como la prematurez, las infecciones o las complicaciones por hipertensión.

En El Salvador, las pérdidas gestacionales también están atravesadas por deficiencias del sistema de salud, como las referencias médicas tardías o las barreras de acceso a controles prenatales oportunos.

A esto se suma que las pacientes quedan en una especie de orfandad institucional, pues no existen en el país ONG dedicadas específicamente al apoyo de este duelo, dejando a las familias apoyadas casi exclusivamente en algunos grupos religiosos.

¿Por qué ocurren las pérdidas?

El ginecólogo, Danilo Arévalo, explica que las pérdidas perinatales o gestacionales tienen diferentes causas, principalmente, la prematurez, la sepsis neonatal, asfixia neonatal, enfermedades congénitas o genéticas y los factores asociados a un mal control o inaccesibilidad de los servicios de salud.

En El Salvador, hay legislación que obliga al Estado a dar servicio de salud prenatal, sin embargo, no hay datos disponibles para comparar cuántas mujeres han tenido acceso a estos controles en la actualidad.

El doctor Arévalo indica que el estrés y los factores ambientales juegan un papel importante en la gestación; en el caso del primero porque eleva el cortisol y eso causa un estado inflamatorio. En el caso de los factores ambientales, el galeno señaló que las olas de calor extremo también suponen un peligro para el gestante. El médico indicó que hay un estudio en África en poblaciones de embarazadas donde se determinó que por encima de los 40 grados Celsius tienen mayor riesgo de perder al bebé.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que cada año ocurren cerca de 2.6  millones de muertes gestacionales y muchas pueden prevenirse, pero ocurre que muchas tampoco se registran, incluyendo a los países desarrollados.

El duelo en pareja

En medio de esta crisis, la figura del hombre suele quedar relegada al olvido. Rafael, al igual que muchos padres, enfrentó el dolor de ver sufrir a su esposa y de perder a su primogénito.

El Dr. Acevedo señala que los hombres también sufren profundamente el duelo, pero tienden a sentirse excluidos de todo el proceso y enfrentan la presión de género de «ser muy duros» y no mostrar sus emociones, lo que los lleva a reprimir su dolor.

“Aunque en los hombres no se ve o  no se reporte que sufren algún tipo de duelo, también lo pueden sufrir en menor intensidad que las mujeres, o a veces también igual que las mujeres; inmediatamente después de la pérdida, pueden volcarse con la pareja, cuidando a los otros hijos y realmente, ellos, se sienten excluidos de todo el proceso en el cual ha estado la mujer durante el embarazo. Entonces hay una presión de género también a ser más fuerte”, explica el psiquiatra.

Esta dificultad para procesar la pérdida de manera conjunta genera graves fricciones en el hogar; de hecho, hasta un 40% de las mujeres reportan problemas de relación con su pareja atribuidos a la pérdida.

El Dr. Arévalo advierte que la situación puede llevar a la búsqueda de culpables y dañar la sexualidad, uno de los pilares básicos de la relación.

El entorno

El silencio o las palabras inadecuadas del entorno pueden agravar el trauma. Manejar el tema con sigilo o utilizar frases normalizadas como «ya vas a tener otro», «todo pasó por algo» o «Dios sabrá por qué», resultan ser respuestas extremadamente dañinas que minimizan el dolor y generan más culpa en los padres.

“No podemos decirle: ‘No, no, no es nada’. No, al contrario. Debemos de saber y expresar también que estamos con ella y que el dolor es genuino y que es normal que esté sufriendo de la manera que sufre por la pérdida del bebé”, recomienda el doctor Acevedo. El médico también recomienda no presionar a la madre con frases como: “tenés que ser fuerte, seguir adelante”, cuando está pasando por un momento de quiebre.

Tampoco se debe elucubrar sobre porqué pasó: “Es que hiciste ejercicio, fue porque te caíste, te esforzaste mucho, no dejaste de trabajar”, cualquier frase que genera culpa y que resultan ser extremadamente dañinas.

La recomendación de los especialistas es no minimizar el hecho, validar genuinamente el dolor de los padres, hacerles saber que su sufrimiento es normal y brindarles un acompañamiento empático y, de ser necesario, ayuda psicológica profesional para evitar que el duelo se vuelva patológico.

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