Las advertencias de Fews Net, el Programa Mundial de Alimentos y expertos internacionales tristemente no son simples proyecciones técnicas. Lo que describen es una amenaza concreta para miles de familias salvadoreñas que ya viven al límite: menos lluvias, cosechas débiles, empleos agrícolas reducidos y alimentos cada vez más caros.
El informe de Fews Net confirma una realidad que desde hace años golpea silenciosamente al área rural salvadoreña: el campo se ha vuelto cada vez más vulnerable y menos rentable. La situación es especialmente grave porque ya no se trata solo de sequías aisladas o de ciclos climáticos impredecibles.
El fenómeno se combina con un incremento constante en los costos de fertilizantes, combustibles y transporte, lo que termina encareciendo la canasta básica y reduciendo aún más la capacidad de compra de las familias más pobres. Cuando el maíz y los frijoles comienzan a convertirse en productos difíciles de adquirir para sectores vulnerables, el problema deja de ser agrícola y se convierte en un problema social.
El Salvador necesita una estrategia nacional de adaptación agrícola, manejo hídrico y protección de comunidades rurales.
La crisis climática dejó de ser un debate ideológico o un asunto exclusivo de países industrializados. Hoy afecta directamente la salud, el empleo y la alimentación de millones de personas. Que expertos vinculados a la OMS pidan considerar el cambio climático como una emergencia sanitaria mundial debería encender alarmas en todos los gobiernos del mundo.

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