El poder de las mujeres que recomiendan a otras mujeres

Durante mucho tiempo crecimos escuchando que entre mujeres existía competencia, comparación o rivalidad. Nos enseñaron a cuidarnos de otras mujeres en lugar de aprender a construir con ellas. Pero mientras más avanzo en mi camino profesional, más confirmo que una de las fuerzas más poderosas que existen es una mujer recomendando, impulsando y apoyando a otra mujer.

A veces creemos que el crecimiento profesional depende únicamente del talento, los contactos o las oportunidades correctas. Y sí, todo eso influye. Pero hay algo que tiene un peso enorme y pocas veces se reconoce: la confianza que otra mujer deposita en ti cuando decide tenderte la mano.

Dentro de tantas experiencias, viví una que me hizo reflexionar profundamente sobre esto. Estaba atravesando una situación complicada con un cliente. Una de esas crisis que desgastan emocionalmente, que generan dudas y que incluso hacen cuestionarte si estás manejando bien las cosas.

Como emprendedora, muchas veces una crisis no solo afecta el negocio. También golpea la seguridad personal. Porque detrás de cada proyecto hay horas de trabajo, esfuerzo, reputación y emociones invertidas.

En medio de esa situación, una colega se acercó a mí. No llegó desde el juicio, la crítica o el ego profesional. Llegó desde la empatía. Me escuchó, me orientó y compartió conmigo su experiencia y perspectiva sobre cómo manejar la situación.

Y aunque quizás para ella fue simplemente una conversación profesional, para mí tuvo un impacto mucho más grande. Porque en un momento donde fácilmente alguien pudo señalar errores o aprovechar la debilidad, ella decidió apoyar.

Recuerdo quedarme con una sensación enorme de agradecimiento. No solamente por el consejo, sino por el gesto. Porque a veces lo que más necesita una mujer emprendedora no es una solución mágica, sino sentir que no está sola enfrentando todo.

Ese momento me hizo pensar en cuántas veces las mujeres tenemos el poder de abrir puertas emocionales y profesionales para otras mujeres. Un consejo, una recomendación, una conexión o incluso unas palabras correctas pueden cambiar completamente la energía de alguien que está pasando por un momento difícil.

Ahí entendí que sí existe un poder enorme cuando una mujer decide impulsar genuinamente a otra. Y no hablo de discursos vacíos sobre sororidad. Hablo de acciones reales, silenciosas y honestas que generan impacto.Porque recomendar a otra mujer también es creer en su capacidad. Es decir “confío en tu trabajo”, “te respeto profesionalmente” o “mereces esta oportunidad”. Y en un mundo donde muchas mujeres aún luchan por validar su espacio, eso tiene muchísimo valor.

Lamentablemente, todavía existen ambientes donde se fomenta la competencia femenina disfrazada de profesionalismo. Espacios donde pareciera que solo hay lugar para una mujer destacando. Pero la realidad es que cuando una mujer crece, no le quita espacio a otra.

Al contrario, las mujeres que entienden el poder de colaborar suelen construir redes mucho más sólidas, humanas y sostenibles. Porque saben que crecer acompañadas no las hace menos fuertes, las hace más inteligentes. También creo que muchas veces subestimamos el impacto que podemos tener en la vida profesional de alguien más. Tal vez para ti una llamada sea algo pequeño, pero para otra mujer puede convertirse en el impulso que necesitaba para no rendirse.

Después de esa experiencia entendí algo importante: el verdadero liderazgo femenino no siempre hace ruido. A veces se ve en conversaciones honestas, en apoyo genuino y en mujeres que eligen ayudarse sin necesidad de competir.

Hoy más que nunca necesitamos construir comunidades donde las mujeres se recomienden entre sí, se conecten, se nombren en oportunidades y se apoyen incluso cuando no obtengan nada a cambio. Porque eso también transforma industrias, negocios y entornos profesionales.

Y quizás ahí está uno de los poderes más grandes que tenemos entre nosotras: la capacidad de recordarles a otras mujeres que sí pueden, incluso en los momentos donde ellas mismas lo han olvidado.

 

*Amanda Rodas, emprendedora y consultora de comunicaciones

 

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *