El reencuentro de la promoción 1984

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En 1984, un grupo de jóvenes entusiastas y pueblerinos egresamos de noveno grado de la Escuela Urbana Mixta Unificada “José Martí”, en Tacuba, Ahuachapán.  Cuando escuchamos la palabra reencuentro, creemos que se refiere solo cuando los grupos musicales vuelven a reunirse después de muchos años.

El 2 de agosto, después de 42 años, ese grupo de jóvenes nos volvimos a ver. Quizá, nuestra reunión fue peculiar en esta ocasión, ya que no fue en Tacuba el reencuentro sino en La Unión. Sí, la idea surgió debido a que un compañero de esa ciudad del oriente de El Salvador, Luis Águila Ávila, está enfermo. Una compañera tuvo la idea de visitarlo.

Mientras cada uno preparaba tamales de viaje, de elote, sándwiches, etc., unos compañeros de la diáspora que viven en Estados Unidos, Guillermo Granados, Ricardo Sandoval y Mauricio Flores, aportaron el pago del microbús. La misión principal era darle palabras de ánimo a Luis; sin embargo, fue él quien nos exhortó a través de un Culto palabras de aliento. La palabra de Dios se hizo presente cuando todos sentados le escuchamos. Yo le compuse un corrido, nunca olvidaremos cuando sus padres echaron a llorar.

Volviendo a los años 80, por causas del conflicto armado en El Salvador, la familia de Luis se afincó por un tiempo en Tacuba. Pues, fuimos compañeros con él y su hermana Carolina en la escuela José Martí, la única que había en el pueblo. Luis, con personalidad extrovertida, paseaba por el pueblo en su camioneta color amarillo Land Cruiser. Esos años en ese pueblo anclado cerca del bosque El Imposible, le marcaron a él y a su familia.

El tiempo pasó y, cada uno, igual que cualquier promoción, el destino lo tuvimos que ir edificando. Casi la mayoría emigró a Estados Unidos, los que nos quedamos tuvimos que luchar para salir adelante. Todos sabemos que en un país tercermundista no es fácil progresar. Mientras tanto, algunos nos graduamos, otros siguieron su rumbo. Lo mejor es que comprobamos que cada uno formó su familia, unos hasta ya son abuelos. Es que rondar los 60 años hace que muchas cosas sucedan.

En una mañana, yo estaba sentado en el parque de Tacuba, un pueblo que tiene más historia que cien pueblitos juntos. Conversé con René Rosales y se nos vino la idea de crear un grupo de WhatsApp. Ahí empezó todo. Soledad Saldaña me escribió y exhortó que tenía la idea de ir a ver a Luis. La idea dio frutos y nos atravesamos todo El Salvador. Es pequeño, pero es justo y necesario hacer unas paradas y contemplar las maravillas que tenemos. Nos bajamos en el puente Cuscatlán y nos tomamos la primera foto del reencuentro.

Lo mejor fue cuando Luis, vestido formalmente, nos esperaba con un gran regocijo. Los abrazos y palabras de afecto se hicieron presentes. Ese reencuentro nos estremeció, ese viaje fue inolvidable. Luis empezó a abrir los regalos y una camisa de promoción que le mandamos a hacer fue la que le hizo recordar cuando era joven. Rápido se identificó él y a su hermana. Lo mejor estaba por venir el padre de Luis y su hermana Sonia se prepararon para el culto. El minuto de silencio se hizo presente; ya que, de esos 41 egresados, tres partieron al más allá. Cada uno tuvo la oportunidad de decir unas palabras, casi todos al unísono, deseándole pronta salud al compañero. Aunque el unionense nos sorprendió con su carisma, habilidad de la palabra y la forma de dar el mensaje bíblico.

Luis, desde pequeño, despertaba cada mañana a ayudar a su padre a ordeñar el ganado. Con los años, fue capitán de un barco y luego, ya que su padre es pastor evangélico, él siguió sus pasos. Dios quiera que pronto nos volvamos a reunir. Este viaje nos hizo ser más resilientes, humanos y solidarios.

*Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

 

 

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