“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” fue la frase pronunciada por el presidente y político mexicano Benito Juárez, el 15 de julio de 1869, tras la victoria de la Republica sobre el Segundo Imperio Mexicano. La frase encierra una gran connotación humanitaria y encierra una filosofía de vida basada en el respeto a las ideologías y formas de ser de los demás.
Entre naciones hay que respetarse porque su soberanía y autonomía determina su forma de gobierno. Cada nación tiene el gobierno que quiere y no siempre el que merece. Pero cada pueblo es libre de decidir por si mismo a través de procesos democráticos convenidos en la dinámica de la sociedad.
Entre individuos el respeto promueve la justicia, la libertad y los derechos individuales y colectivos de las personas, los cuales deben ser sagrados y parte cotidiana del buen vivir. Con mis derechos no puedo irrespetar los derechos de los demás ni viceversa, pues en una sociedad donde impera la justicia con libertad, cada quien es libre de poseer su propia ideología y de manifestar una conducta diferente siempre que no trasgreda los valores morales y éticos que la misma sociedad impone.
El respeto al derecho ajeno es en síntesis la tolerancia en su máxima expresión. Ya en el siglo XVII el historiador, poeta, dramaturgo, escritor, abogado y filósofo francés Francois Voltaire (1694-1778) habría escrito en su “Tratado sobre la Tolerancia”: “La tolerancia no han provocado nunca ninguna guerra; la intolerancia ha cubierto la tierra de matanza”.
Voltaire vivía afanado con la tolerancia, valor que él consideraba el padre de la paz, el respeto, la libertad y la justicia, porque los abarcaba a todos. En 1906, la británica Evelyn Hall al resumir la postura filosófica de Voltaire dijo; «No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.
Voltaire y Juárez quienes vivieron en tiempos y sociedades diferentes, dictaron los valores de la sociedad para la sana convivencia, dándole al respecto y la tolerancia la ubicación y modo perfecto para una vida llena de paz y convivencia positiva enmarcada en la justicia y la libertad. Se dice que paz más tranquilidad y seguridad en todo sentido es igual a felicidad, fenómeno que es posible medir por el acceso a los servicios básicos, a la salud, a la educación, a las oportunidades laborales y a la participación ciudadana (democracia) en el sistema de Estado (y de gobierno),
Cuando en una sociedad o una nación se comienza a perder el respeto entre sus individuos e instituciones o cuando la tolerancia es sobrepasada por la intolerancia, es cuando peligrosamente se va rumbo a la inseguridad e intranquilidad que rompe peligrosamente con lo establecido como paz y pone en peligro la sana convivencia y la relación justa entre sus individuos.
Por eso los salvadoreños debemos siempre ser respetuosos, sin aceptar que nos violenten nuestros derechos, los que por su costo de sudor y sangre son sagrados. Tenemos la obligación moral y ética de aceptar a los que piensan diferentes, a los que sienten y conocen diferente. Es posible que la razón esté de nuestro lado, pero no es necesario imponerla, pues el tiempo y las causas y consecuencias estarán algún día de nuestro lado. A veces la razón no está con la mayoría, pues es la minoría la que cuentan con el favor de la lógica sapiencia, pero en un proceso democrático devenido de los acuerdos basados en el respecto y la tolerancia, siempre vamos a respetar la decisión mayoritaria, aunque respetuosamente escuchando los argumentos de las minorías.
Los salvadoreños debemos respetarnos los unos a los otros y practicar cotidianamente la tolerancia. No podemos ver como rivales o enemigos a los que difieren de nuestra ideología o forma de ser y pensar. Todos tenemos derecho a existir y ser escuchado, a ser tomados en cuenta y a construir criticas y propuestas de solución.
En una sociedad donde el voto del empresario millonario vale lo mismo que el del pordiosero desempleado, cada opinión cuenta o debe de contar. Igual toleramos al agradable que al desagradable, porque a lo mejor nosotros nos consideramos agradables, siendo en realidad los desagradables.
No podemos andar por ahí siendo irrespetuosos e intolerantes. Debemos actuar siempre con empatía y sentido de amistad. Como ciudadanos debemos ser útiles para la paz y la tolerancia. Mis necesidades son las mismas que las de los demás y puede ser que los objetivos y metas de mi vida sean similares a las de todos los que anhelamos vivir en un mundo de respeto repleto de paz y tolerancia.
*Jaime Ulises Marinero, periodista

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