El Salvador es uno de los países latinoamericanos con mayor vulnerabilidad financiera debido a débiles marcos macroeconómicos, destaca el informe macroeconómico de América Latina y el Caribe 2026, publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Para medir la resiliencia de las economías de la región, el BID se auxilió del Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI), del banco estadounidense JP Morgan, lanzado en la década de 1990 para medir la capacidad de pago de los países.
Según el BID, las economías de América Latina y el Caribe muestran una heterogeneidad “significativa”. Por un lado, está el grupo de países con marcos macrofinancieros más sólidos, que muestran respuestas contenidas del EMBI y sugieren que se trata de mercados más resilientes, como, Jamaica, México, Panamá o Uruguay.
Por el otro extremo están los países con “fundamentos más débiles”, una lista encabezada por Argentina, seguido de República Dominicana, Bolivia y El Salvador. Esto refleja una “credibilidad de política económica limitada, una necesidad de financiamiento elevada y un acceso restringido al mercado”, señala el documento.
El BID indica que la credibilidad macroeconómica es esencial para mantener la resiliencia de las economías ante los ciclos financieros globales porque ayuda a conservar la confianza de los inversionistas.

Confianza del mercado
El texto señala que la credibilidad de los países influye de manera considerable en los resultados macroeconómicos de las economías emergentes cuando se enfrentan a eventos de riesgo mundial.
De esta manera, las economías con perfiles de EMBI más resilientes experimentan recesiones menos profundas o saldos fiscales más estables porque la confianza de los inversionistas mantiene el acceso al mercado, mientras que los países vulnerables enfrentan un “ajuste más duro”.
“Con un margen fiscal limitado y unos costos de endeudamiento crecientes, estos países se ven a menudo obligados a aplicar una política fiscal procíclica en la fase más baja del ciclo, lo que agrava la contracción y retrasa la recuperación”, indica el informe.
Para el BID, el diferencial del EMBI refleja el riesgo soberano y actúa como un mecanismo de amplificación, traduciendo los cambios en el apetito de riesgo mundial en tensiones financieras internas.
Incluso los ciclos de inflación difieren entre los grupos, añade el BID. En las economías con menor vulnerabilidad se mantiene contenida la dinámica de precios, frente a los países con mayores riesgos, donde predomina la desinflación impulsada por el colapso de la demanda interna.

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