Experiencia y escritura

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¿La vida de un autor está siempre en sus ficciones? A veces, y en algunos casos de modo inconsciente. Aunque en otras ocasiones la vida del autor es por completo ajena a los acontecimientos que ocurren en esas ficciones. Lo cierto es que la fuerza creativa no respeta estatutos vitales. Además, todo lo que en una ficción se narra puede ser cierto o falso, inventado.  O también presentarse en lo cierto y en lo imaginado, en proporciones arbitrarias. Lo que, de algún modo, resulta irrelevante, porque el fabulador lo que persigue no es contar sus miserias o sus alegrías, sino mostrar el decurso de personajes arrastrando sus cosas en una historia específica. 

De El jugador podrían algunos decir (y lo han dicho) que es una suerte de escrito autobiográfico, y alegan, con cierta razón, que ahí están las cartas que Fiódor Dostoievski le escribió en 1868 a su segunda esposa, en el marco del ‘episodio vicioso’ que tuvo el autor al sumergirse en el juego de ruleta. Y esto, que parece una denuncia de la falta de ‘originalidad’ de un autor, en verdad es la evidencia de cómo es que un escritor procesa su vida (y también otras vidas) y las lleva al territorio de la literatura. Dostoievski no necesita construir al vicioso del juego, sino observarlo en el espejo de su propia vida. Porque esa pulsión del jugador empedernido no es cualquier asunto que está a la vuelta de la esquina. Es un secreto, es un misterio, es ‘un destino’. 

Las fuentes de la ficción, para quien escribe, en ningún caso están restringidas a sí mismo. Aunque lo parezca. Y es que toda ficción, hasta la que parece un calco de la realidad, es un laboratorio. Ya no digamos las ficciones fantásticas, de las que rastrear sus génesis es una aventura de ‘otro mundo’.

¿Qué mueve o empuja a quien escribe a lanzarse sobre ‘un motivo’? Por increíble que parezca, no se sabe a ciencia cierta. El resultado (el cuento, la novela…) es el que nos es mostrado. A efectos del asunto literario ¿será decisivo saber si tal o cual cosa se ha vivido o es toda la cuestión una maquinación mental? En realidad, la discusión en esos términos no tiene mucho provecho, porque se trata de posiciones extremas. Entre ambas hay una multitud de combinaciones que siempre se dan en la producción de una ficción. 

En una novela X, que un autor ha proyectado escribir (y que puede tenerla ‘atrapada’ en apuntes o andar, durante algún tiempo, en su mente), no es extraño que suponga (sin saber descifrarlo) que se va a divertir mucho escribiendo esa novela. Hay mujeres y hombres que escriben que al ser abordados sobre tal o cual libro de su autoría dicen que ‘lo han sufrido’. Pero este escritor de marras que trae en mente esa novela X, la compara con otra novela Y, siempre escrita por él, pero años atrás. Y podría decir para sí este escritor que en su novela Y, el personaje principal R existió en la vida real, el escritor lo conoció, lo trató, incluso, pero hay algunos momentos y algunos otros personajes que sí concurrieron a los hechos que se narran en la novela, pero todo lo que dicen y hacen es una absoluta invención. En cambio, en la proyectada novela X, el único hecho ‘real’ es ‘una visita’ que ocurrió un día (un 12 de octubre, por ejemplo, de un año concreto (cualquier año de los últimos 25 años del siglo XX le puede servir), en un lugar específico (de aquí, de allá o de acullá). El hecho ‘real’ solo es un pinchazo, no es el líquido narrativo que fluirá por las venas y las arterias de la novela X. 

¿Y por qué son tan distintas la novela X y la novela Y? ¿Y que no es el mismo autor? Una respuesta posible es porque la experiencia vital que el autor quiere trasladar en cada caso es distinta. En la novela Y se siente más cercano a los hechos, casi podría decirse que está involucrado, pero en la novela X, ve desde una atalaya, no le ‘chispean’ los hechos. Y esto hace que ambas novelas tengan estructuras narrativas, personajes y mecanismos discursivos diferentes, y hasta que parezca que son dos personas distintas las que las han escrito. 

La novela Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, los exégetas de siempre han querido verla como un mero fresco autobiográfico. Y algunos escritores aludidos o que se creen aludidos (y que aparecen con otros nombres en el texto) han llegado a decir que ‘Yo no soy ese que dice las cosas que pone Bolaño en su novela’. Declaraciones patéticas de escritores que han olvidado lo que es una ficción, y sus posibilidades.

Durante algún tiempo, hace unas décadas, hubo sesudas elucubraciones para descifrar la identidad real del personaje la Maga, de Rayuela, la novela emblemática de Julio Cortázar. Algunos atrevidos llegaron a decir que era Alejandra Pizarnik.

La verdad es que no importa eso. Los personajes son siempre aleaciones de muchas cosas. Lo decisivo es la experiencia que se fabula y la escritura que se fragua.

Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

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