Según parece indicar un sector de la población cubana, tanto dentro, como fuera de la Isla, está confrontando una severa crisis de identidad nacional, situación que se evidencia por la presencia activa de quienes están a favor de que Cuba retorne a ser parte del reino de España y otros, que promueven anexar la tierra de José Martí y Antonio Maceo a la Unión americana.
Estas tres corrientes han estado presentes en mayor o menor grado en nuestra historia nacional, aunque podemos afirmar con orgullo que la vertiente independentista siempre ha sido mayoritaria porque ha contado indefectiblemente con una pléyade de hombres y mujeres listos a darlo todo para alcanzar sus ideales.
Si creemos vehementemente en que “La libertad es el derecho de todo hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía” Jose Marti, estamos obligados a respetar los derechos de quienes promueven ideas completamente opuestas a los valores que defendemos y obligados, a investigar qué factores políticos, sociales y hasta económico han conducido a estas personas a inducir propuestas contrarias a la historia de Cuba.
Por otra parte, que respetemos otras ideas y propuestas, no significa que abandonemos las nuestras y que no luchemos por el progreso de lo que creemos. Tolerancia y respeto no significan contemplación.
La formación de un pensamiento nacional cubano se inició con el padre Félix Varela y se fue concretando a través de todo el siglo XIX, llegando a su culminación con la obra de vida de José Martí, que, aunque fue un hombre universal, fue y será por siempre el más cubano de todos los cubanos.
Tal vez Cuba sea uno de los pocos países en el que partes connacionales disientan del advenimiento de la Independencia, 20 de mayo de 1902, pero eso no pone en riesgo el sentido de nación, todo lo contrario, los que adversan esa fecha arguyen que el país no arribó a la soberanía plena a la que tenía derecho, por los 30 años que lo mejor de los cubanos consumieron en la lucha por la independencia.
La nación está por encima de la propia independencia, puesto que esta es consecuencia de la formación de ese concepto.
Nuestra comunidad nacional según Lydia Cabrera “era mestiza profunda y esencialmente afrocubana” para Marti, nación es sinónimo de independencia y para Fernando Ortiz la cubanidad y la nación son un proceso dinámico de transculturización, un mestizaje cultural constante, definido metafóricamente como un «ajiaco», de componentes europeos y africanos, considerando, que la cubanidad es una mezcla cambiante y la «cubanía» es la voluntad consciente de ser cubano.
La realidad es que propuestas anexionistas e integristas, que creíamos extintas, han resurgido con relativa intensidad, al extremo, que los mismo que le entregaron la soberanía de Cuba a la desaparecida Union Sovietica, los que concedieron la nación al Kremlin por tal de conservar el poder, los hermanos Castro y los moncadistas, están mostrando preocupación por el surgimiento de corrientes contrarias a nuestros valores como nación.
El órgano oficial del castrismo, Granma, que como afirma el escritor Jose Antonio Albertini, es un monumento a la memoria del ministro preferido de Hitler, Joseph Goebbels, ya que cuenta con una infinita capacidad para mentir y tergiversar la verdad, ha publicado un trabajo que muestra preocupación por la presencia de personas que expresan abiertamente su apoyo a otras alternativas en detrimento de la cubanía, sentir que los propios gestores del libelo traicionaron.
Los únicos responsables de que la cubanía esté en conflicto son los que instauraron en la Isla el sistema totalitario. Los Castro y sus secuaces pretendieron refundar la Nación y el Estado, arrasaron con nuestras tradiciones más arraigadas, iniciaron una campaña de descrédito contra los valores más trascendentes, desmontaron la obra y vida de la mayoría de nuestros patricios y hasta denostaron de todas las religiones. Por último, instituyeron en la población un sentimiento de indefensión ante el poder totalitario, extinguiendo así las esperanzas de una vida libre.
El castrismo ha sido un enemigo acérrimo de la nación cubana. La represión como parte fundamental del sistema totalitario ha afectado la iniciativa de la mayoría ciudadana y robado la capacidad de imaginar una vida mejor por propias acciones, lo que potencia la afirmación de que, si la “cubanía” está en peligro, es responsabilidad de Fidel Castro.
*Pedro Corzo es periodista cubano

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