La salud pública salvadoreña: entre la modernización y los desafíos pendientes

El comunicado oficial del Colegio Médico de El Salvador, publicado el 5 de junio, reconoce la importancia de que el país cuente con un hospital renovado y modernizado como el nuevo Hospital Nacional Rosales, aunque aclara que esta obra fortalece principalmente la atención especializada. El documento también denuncia el desabastecimiento de insumos y medicamentos en el sistema nacional de salud, expresa su rechazo a la contratación de médicos extranjeros y cuestiona las jornadas laborales de 12 horas. En su segundo párrafo concluye: “La salud pública se mide por resultados, no únicamente por edificios.”

En esencia, el Colegio Médico tiene razón. La evaluación de la salud pública no debe limitarse a la infraestructura hospitalaria, sino centrarse en los resultados sanitarios que se reflejan en la población. Desde esta perspectiva, El Salvador ha registrado avances importantes durante las últimas décadas. La esperanza de vida al nacer pasó de 44.3 años en 1950 a 72.3 años en 2024, mientras que la mortalidad infantil descendió de 101 por cada 1,000 nacidos vivos en 1950 a 9.3 en 2025. Ambos indicadores reflejan mejoras sostenidas en la supervivencia, la atención sanitaria y las condiciones generales de vida.

Sin embargo, estos avances deben analizarse junto con otros indicadores que permiten valorar con mayor precisión el desempeño real del sistema de salud: el acceso efectivo a los servicios, la calidad de la atención y la reducción de las muertes evitables.

En cuanto al acceso efectivo, El Salvador ha mostrado progresos institucionales desde la reforma sanitaria iniciada en 2009, orientada a ampliar la cobertura y fortalecer la atención primaria. No obstante, persisten limitaciones estructurales —entre ellas el financiamiento insuficiente, el desabastecimiento de insumos y las desigualdades territoriales— que impiden que dicho acceso se traduzca de manera homogénea en atención oportuna, continua y de calidad para toda la población.

La calidad de la atención médica también presenta una realidad compleja. En los últimos años se han realizado inversiones importantes en infraestructura, equipamiento, digitalización y reorganización de servicios. Sin embargo, la calidad no depende únicamente de edificios modernos o sistemas informáticos avanzados; también requiere garantizar atención segura, resolutiva, oportuna y centrada en el paciente en todos los niveles de atención.

Por otra parte, la tendencia general de las muertes evitables en El Salvador es favorable. Los datos disponibles muestran una reducción gradual de la mortalidad potencialmente evitable durante el período 2000-2024. Sin embargo, el ritmo de mejoría se ha desacelerado durante los últimos años, lo que indica que todavía existe un amplio margen para reducir fallecimientos asociados a enfermedades crónicas, factores de riesgo y barreras de acceso a servicios de salud oportunos.

Respecto al tema más debatido en la actualidad —el abastecimiento de medicamentos e insumos— la situación merece un análisis equilibrado. Mientras el Ministerio de Salud sostiene que el abastecimiento nacional supera el 95 %, sindicatos médicos, pacientes y diversos medios de comunicación han documentado un aumento de los reportes de desabastecimiento durante 2024 y 2025, particularmente en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social. La ausencia de indicadores públicos, periódicos y verificables dificulta determinar con precisión la magnitud del problema; sin embargo, la frecuencia de las denuncias sugiere que el acceso oportuno a medicamentos e insumos esenciales se ha deteriorado en algunos segmentos del sistema público.

Es evidente que el actual gobierno ha concentrado una parte importante de sus esfuerzos en la infraestructura sanitaria. El presupuesto del Ministerio de Salud pasó de aproximadamente 668 millones de dólares en 2019 a más de 1,170 millones en 2025. El proyecto emblemático de esta estrategia ha sido el nuevo Hospital Nacional Rosales, inaugurado en junio de 2026, con tecnología de alta complejidad y una capacidad proyectada de aproximadamente 1,400 consultas y 120 cirugías diarias.

No obstante, la evidencia es menos favorable cuando se examinan aspectos operativos como el abastecimiento. El propio Plan Estratégico Institucional del Ministerio de Salud estableció como meta mantener al menos un 95 % de disponibilidad de medicamentos esenciales en todos los establecimientos. A pesar de ello, entre 2024 y 2026 aumentaron las denuncias sobre faltantes de medicamentos e insumos, especialmente en el ISSS y algunos hospitales nacionales. Paralelamente, surgieron cuestionamientos relacionados con reasignaciones presupuestarias y reducciones de fondos destinados a ciertas áreas hospitalarias.

En cuanto a los resultados sanitarios, los organismos internacionales coinciden en que la mortalidad prematura potencialmente evitable ha disminuido durante las últimas dos décadas. Este dato sugiere que el sistema de salud continúa produciendo mejores resultados que en el pasado. Sin embargo, los avances recientes son más graduales y menos acelerados que los observados en períodos anteriores.

Ante el comunicado del Colegio Médico, quizás la respuesta más razonable sea reconocer que el sistema público de salud salvadoreño atraviesa una transformación importante. Las inversiones históricas en infraestructura y equipamiento, ejemplificadas por el nuevo Hospital Rosales y el incremento sostenido del presupuesto sectorial, constituyen avances innegables. Pero también es cierto que la modernización física del sistema convive con desafíos persistentes relacionados con el abastecimiento de medicamentos, la disponibilidad de insumos, la gestión del recurso humano y la sostenibilidad financiera.

En consecuencia, la verdadera medida del éxito de la reforma sanitaria no será la cantidad de hospitales construidos ni el costo de los equipos adquiridos, sino la capacidad del Estado para transformar esa inversión en servicios de salud oportunos, sostenibles y accesibles para toda la población. Al final, tanto el Gobierno como el Colegio Médico deberían coincidir en un punto fundamental: la infraestructura es indispensable, pero los resultados en salud siguen siendo el criterio definitivo para evaluar cualquier sistema sanitario.

Soy miembro del Colegio Médico y procuro contribuir al fortalecimiento del gremio mediante el estudio objetivo de la realidad del sistema de salud y de sus necesidades. Soy consciente de sus imperfecciones, como también de los avances alcanzados. Después de todo, ninguna obra humana es perfecta; lo importante es mantener la capacidad de reconocer los logros, señalar las deficiencias y trabajar constantemente para mejorar.

*El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

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