La UES estudiará cómo funciona la corteza terrestre del territorio salvadoreño

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La Universidad de El Salvador (UES) empezará un ambicioso proyecto enfocado en un objetivo claro: estudiar en profundidad cómo funciona, se deforma y se mueve la corteza terrestre en el territorio salvadoreño. 

«Al final se trata de tener dominada la información de cómo se comporta la corteza», detalló el coordinador de Ingeniería Geológica, Miguel Hernández, líder de la investigación por parte de la UES. A través de la iniciativa internacional SATREPS-Tsunamis —una histórica alianza triangular con la Universidad de Kyoto de Japón y la Universidad Autónoma de México (UNAM)— el país ha recibido un moderno arsenal de instrumentos sísmicos terrestres y submarinos diseñados para decodificar las fuerzas que moldean el suelo salvadoreño.

Para comprender el riesgo sísmico salvadoreño, la ciencia debe mirar hacia la zona de subducción en el Océano Pacífico, el punto de encuentro de las placas tectónicas de Cocos y del Caribe. Hernández explicó que la placa de Cocos avanza de forma constante, «metiéndose» debajo de la placa del Caribe a una tasa aproximada de siete centímetros por año.

Este empuje continuo no es suave; genera una compresión acumulativa extrema en el borde del talud marino. De acuerdo con el especialista, la corteza sigue un ciclo implacable de «compresión, compresión, compresión y, finalmente, liberación de energía». Cada una de estas liberaciones bruscas de energía acumulada equivale a un sismo.

El proyecto busca precisamente medir los llamados «deslizamientos lentos» (movimientos casi imperceptibles de la corteza) para identificar en qué etapa del ciclo de compresión se encuentran las placas. «Toda esa sismicidad seguramente nosotros no la podemos percibir como humanos, pero los equipos de alta sensibilidad sí tienen esa posibilidad», indicó el científico, destacando que esto ayudará a simular escenarios matemáticos y a anticipar zonas de ruptura.

Además, análisis previos del catálogo sísmico nacional realizados por la UES ya permitieron detectar una «brecha sísmica» frente a nuestras costas. Se trata de una zona crítica en la que no ha ocurrido un gran terremoto en más de 100 años, lo que incrementa el interés científico por vigilarla de cerca ante la posibilidad de un desencadenamiento sísmico importante.

Misión a 5 kilómetros bajo el mar

El desafío logístico más espectacular del proyecto iniciará en abril de 2027. Con la colaboración de la Marina Nacional de El Salvador, que facilitará un buque oficial, se desplegará una campaña oceanográfica para instalar una red de seis sismómetros submarinos, conocidos técnicamente como OBS (Ocean Bottom Seismometers).

Estos aparatos serán depositados en el lecho marino, a unos 140 kilómetros de la costa de Acajutla y a profundidades que oscilan entre los cinco y seis kilómetros.

«A esa profundidad extrema la comunicación en tiempo real es imposible, por lo que los sensores pasarán un año entero anclados en el fondo marino», detalló Hernández.

Los OBS operarán continuamente gracias a una batería masiva de un año de vida útil. Transcurrido ese plazo (en 2028), los científicos enviarán comandos acústicos desde la superficie para liberar los anclajes de hierro; los instrumentos flotarán de vuelta a la superficie para ser recuperados por la Marina, permitiendo extraer la valiosa información grabada.

Miguel Hernández coordinador de ingeniería geológica de la UES. Alexander Montes

Estaciones GNSS: El «termómetro» terrestre en cuatro puntos del país

Para complementar las mediciones marinas, el proyecto contempla el monitoreo en tierra firme mediante la instalación de estaciones GNSS (Sistema Satelital de Navegación Global)** de alta precisión. Estos receptores terrestres se encargarán de medir de manera permanente y milimétrica el desplazamiento o la deformación real de la corteza terrestre.

Estas tecnologías fijas se instalarán entre septiembre y octubre de 2026 en cuatro ubicaciones estratégicas que abarcan la geografía nacional:
1. Acajutla
2. San Luis Talpa
3. Usulután
4. La Unión

Hernández señaló que estas cuatro zonas fueron seleccionadas bajo criterios de distribución territorial y debido a que cuentan con condiciones básicas de seguridad, energía eléctrica y conexión a internet para asegurar su operación continua durante un periodo estimado de 10 a 15 años.

Evitar el colapso de edificios: El estudio del «efecto de sitio»

La investigación no se limita a grandes placas; también analizará cómo reacciona el suelo urbano de El Salvador. Para ello, se emplearán cuatro geófonos portátiles de última generación donados por el programa japonés.

Estos geófonos se usarán en estudios localizados para determinar el «efecto de sitio», es decir, medir la frecuencia exacta a la que vibra el suelo de una zona específica cuando ocurre un movimiento. Esta información es de vital importancia práctica para la ingeniería civil y el desarrollo urbano.

«El suelo vibra a una frecuencia, el edificio tiene que calcularse con otra. Si vibran a la misma frecuencia, el edificio entra en resonancia y no sobrevive», explicó didácticamente Hernández

Al conocer con precisión la vibración de cada suelo, la UES podrá sugerir a las autoridades cómo diseñar y construir futuras infraestructuras para que resistan sismos.

Asimismo, los científicos universitarios trabajan activamente en el filtrado y descarte de «ruidos» ajenos a la actividad tectónica (como el tráfico pesado, las variaciones de los mantos acuíferos o la vibración volcánica) para que las bases de datos registren únicamente la vibración natural de la tierra.

El procesamiento centralizado de toda la información se ejecutará de forma ininterrumpida las 24 horas del día, los 365 días del año, en un nuevo Data Center de alta capacidad instalado en la Universidad de El Salvador. Este centro compartirá de manera inmediata sus resultados con el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) para refinar los pronósticos nacionales.

El Rector de la UES, maestro Juan Rosa Quintanilla, recalcó el valor de esta histórica cooperación triangular coordinada por la Agencia de El Salvador para la Cooperación Internacional (ESCO), la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) y la Dirección General de Aduanas, que posibilitó el ingreso de los sofisticados equipos.

«La tecnología adquiere su verdadero valor cuando los investigadores, docentes y estudiantes la convierten en soluciones concretas para salvaguardar la vida humana», puntualizó Hiromi Nai, jefa representante de JICA en El Salvador. La meta del proyecto SATREPS, que ya se encuentra en su segundo año de ejecución, es dotar al país con modelos de respuesta y evaluación de amenazas en cuestión de segundos ante la inminencia de grandes terremotos o tsunamis.

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