Las añoranzas de volver a lo retro

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Crecí en esa transición tecnológica, en la que todo era menos control remoto, no había zapping, todo era analógico. Mi televisor era marca Philips, blanco y negro, de tubos, de esos que parece que están embarazados. Para poder sintonizar bien los canales, mi mamá compró una antena, de las que se colocaban arriba del techo de la casa o se instalaban sujetas a un poste. ¡A la izquierda, no a la derecha! se escuchaba desde el fondo de la casa. Hasta que lográbamos sintonizar bien el canal y poder disfrutar del programa favorito.

Los mismos cantantes han puesto de moda los discos de vinilo, en redes sociales aparecen coleccionistas de long play o LP. Actualmente, con Spotify, Siri o Alexa se soluciona el deseo de escuchar a nuestro cantante o grupo favorito. Sin embargo, todos recordamos las tiendas en donde había discos. Con audífonos se lograba satisfacer la necesidad y luego hacer la compra. La tecnología y el marketing tal parece, van de la mano. Me cuenta mi esposa que le gustaba echarle una moneda a la cinquera y ver cómo se seleccionaba una canción y salía una especie de gancho, tomaba el disco y a disfrutar la canción. En algún lugar aún se observan esas máquinas.

Para disfrutar una película en casa, teníamos que ir a buscar un lugar en donde alquilasen películas para verlas en el Betamax. Algunos tenían suscripción en Blockbuster. En familia veíamos las películas. Eso fue algo inolvidable. ¿Se acuerdan de los casetes? Cuando maldecíamos al locutor por hablar cuando grabamos nuestra canción favorita en la radio.

Cuando estudié comunicaciones, las cámaras fotográficas eran con rollo. Era más complejo; si el rollo se colocaba al revés en la compuerta, las fotos quedaban veladas. En mi oficina guardo ocho rollos fotográficos; espero revelarlos, en esas fotos hay recuerdos de mis hijas y esposa.  He observado a algunos jóvenes que han comprado una mini cámara Polaroid. Les agrada ver cuando la imagen empieza a aparecer. Es interesante cuando algún familiar o amigo nos visita y le enseñamos el álbum familiar. Algunas fotos se han desteñido; otras son en blanco y negro debido a su antigüedad.

Es una experiencia religiosa tomar un disco de vinil, colocarle la aguja y que empiece a sonar una canción de The Doors. En algunas tiendas en línea se pueden comprar radiolas o aparatos en donde se puede colocar el disco y disfrutar. Recuerdo cuando trabajé en radio Stereo Club, en la cual se escucha música para adulto joven. Es la misma música, lo que cambia eran los formatos. No había computadora en la radio, todo era manual: colocar el CD, el reel, los cartuchos de los comerciales, etc. Hoy en día, alguien puede programar online su propia emisora.

Es genial, hasta los libros están volviendo a la moda. En muchas casas aún hay enciclopedias, diccionarios y libros para consultar, para aprender. Además, aún veo por las mañanas al señor que reparte los periódicos en su moto. En el sistema educativo están volviendo el papel, el lápiz y los libros.

Muchos quisieran tener una habitación al estilo retro o una especie de museo. Empero, es el teléfono inteligente el que lo quiere hacer todo; tiene cámara, lámpara, música, grabadora, Netflix, YouTube, etc. Con internet todo está al alcance. Pero, ¿por qué razón muchos quieren volver a consumir lo de la Generación X o los Baby Boomers?

Todo está volviendo a lo que era el pasado, hasta los vehículos. Era interesante ver cómo se manipulaba la radio en los camiones Land Cruiser. Eran unos botones que se tenían que apretar para escuchar dos o cuatro emisoras. Hoy en día todo es automático o controlado con inteligencia artificial.

Incluso los juegos infantiles deberían volver; ya que, los celulares y esas pantallas han hecho sedentarios a los niños. Antes, los niños no tenían celulares, no había internet. En las calles se escuchaba niños jugar, gritar. Ahora parece un silencio sepulcral en las colonias y barrios. Anteriormente, una carta de amor era la solución para conquistar a alguien. Ojalá, continué esa excelente forma de comunicarse.

A los padres de familia los invito a que experimenten con sus hijos jugar chibolas (canicas), trompo, yoyo, fabricar su propia piscucha, hacer en la tierra una pista de carros, etc. ¿Lo digital o lo análogo? ¿Jugar videojuegos o saltar y correr? Cada quien que escoja. Es asunto de gustos o tendencias. Saludos a los que añoran manipular un aparato antiguo o jugar hasta quedar extasiado.

*Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

 

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