¡Las «buenas épocas» fueron un engaño!

¡Alto ahí con la nostalgia barata! Esas «buenas épocas» de los 60-80 que tanto alaban abuelos en pupuserías –con boleros lacrimógenos y cumbias alegres– no fueron paraíso. Hubo dictaduras, pobreza y pupusas a 25 centavos que dolían en el bolsillo. Pero, disruptivamente, sus canciones han salvado el orgullo salvadoreño, inyectando raíz emocional a generaciones Z y millennials que crecieron con remixes en TikTok. ¿Engaño o genio cultural? Veámoslo.

En plena Guerra Fría (1945-1991), radios como Circuito YSR transmitían «El plebeyo» de Aventura Mexicana o la balada de Álvaro Torres, «Soy yo soy». No eran solo hits; eran bálsamo. Jóvenes de entonces, como mi padre en San Jacinto, bailaban «El Son Guanaco» de Lito Barrientos en fiestas, o “La Bala” de los Hermanos Flores, mientras esquivaban reclutamientos. ¿Buenas épocas?

Hoy, sus hijos –criados en diáspora o maras– redescubren esas melodías vía Spotify. Un estudio de la UCA (2024) reveló que el 70 % de salvadoreños menores de 30 tararean boleros heredados, asociándolos a «identidad fuerte».

El impacto en nuevas generaciones es brutal. Crecí oyendo «Bésame mucho» en casetes; ahora, veo cómo un verso de Los Panchos desarma jóvenes en talleres. «¡Eso es de viejitos!», dicen, pero terminan cantando «Contigo en la distancia» con lágrimas. Humorísticamente, ¿por qué un reggaetón no genera eso? Porque las «buenas épocas» nos enseñaron orgullo sin filtros: amor patrio en «Salvadoreña mía», resiliencia en baladas post-terremoto 2001.

Estas canciones son orgullo nacional vivo. En el Festival de la Pupusa o conciertos de fiestas patronales, millennials fusionan boleros con trap, creando «cumbia-bolero» viral. La diáspora las exporta: en Washington, pandillas se reúnen por karaoke de «Quizás, quizás, quizás». No es nostalgia tóxica; es ancla.

Claro, las «buenas épocas» engañaron al romantizar pobreza, pero sus canciones no. Han forjado salvadoreños emocionales, orgullosos de pupusas con soundtrack. Jóvenes: escuchen, bailen, remixeen. El futuro no borra el pasado; lo samplea.

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