Uno de los casos más repudiables que he conocido hasta ahora ocurrió en el área rural de la zona oriental, donde en 2012 un sujeto de 40 años de edad violaba sistemáticamente a sus tres hijas, cuyas edades oscilaban entre los diez y trece años. Todo fue del conocimiento público cuando embarazó a la niña mayor y fue detenido y procesado. Durante el proceso se conoció que la madre de las niñas había fallecido y que las pequeñas habían quedado bajo la custodia parental del imputado, quien comenzó a abusar de ellas bajo el criterio que él las mantenía y tenía derechos sexuales sobre ellas. Al final del juicio el juez le impuso 56 años de cárcel y las menores quedaron con ayuda psicológica y bajo custodia de parientes maternos.
Otro caso abominable, siempre en la zona oriental, en 2019 un sujeto de 50 y pico de años fue capturado porque bajo los efectos del alcohol golpeó y violó a su madre que ya superaba los 80 años. La Fiscalía General de la República (FGR) logró demostrar con pruebas irrefutables en el tribunal que cada vez que el sujeto se emborrachaba golpeaba a su madre hasta que la abusó sexualmente. Tras la vista pública el juez lo encontró culpable y le impuso 26 años y seis meses de cárcel.
Las violaciones sexuales están a la orden del día. Es raro el día en que no ocurra un caso en El Salvador. La mayor cantidad de víctimas son menores de edad, especialmente niñas. En un 90 por ciento de los casos el agresor sexual es alguien conocido por la víctima y hasta por la familia. El violador es alguien del entorno con problemas psicosexuales y que se aprovecha de la vulnerabilidad de las víctimas para cometer su agresión sexual, a veces de manera reiterativa y bajo amenazas. En muchos casos el violador está en casa.
Datos de la FGR indican que entre enero y mayo del presente año hubo 1,198 acusaciones por delitos relacionados con la libertad sexual de las personas, de esos ilícitos uno de los que más prevaleció fue el de violaciones contra menores o incapaces, ya que se dio 183 acusaciones. En ese mismo período, el año pasado, se habían dado 178 casos, es decir, la tendencia se mantiene.
En el rubro de agresiones a la libertad sexual, el que más prevaleció fue el acoso sexual ya que la FGR presentó 196 acusaciones. Casi un 100 por ciento de las violaciones contra menore o incapaces y de los acosos sexuales fueron cometidos por hombres.
A los casos de violaciones contra menores o incapaces hay que agregarle los 159 procesos abiertos por agresión sexual en menor e incapaz más 79 imputaciones por otras agresiones sexuales y 40 casos de estupro, 88 por agresión sexual en menor o incapaz continuada, 79 de otras agresiones sexuales más 58 casos de violación agravada en menor y otros delitos.
Los menores de edad son vulnerables a las malas intenciones y acciones de personas desquiciadas y perturbadas, por eso en el núcleo familiar los padres tenemos la obligación de educar y orientar debidamente a nuestros niños (as). Los menores de edad tienen que saber cuidarse y saber cuándo y a qué adulto contarle cuando sientan peligros o se perciban incomodados. En ningún lugar nuestros niños (as) están a salvo, pueden ser agredidos en caso, en el parque, en casas ajenas, en la escuela, en la iglesia, en la calle o en cualquier sitio, por eso debemos saberlos orientar y controlar su entorno.
Sobre sexualidad deben hablarles personas especializadas en las instituciones y centros escolares , así como los padres de familia responsables. El Estado, transversalmente, está obligado a brindar una sistemática campaña de prevención y orientación.
El violador puede ser cualquiera. No está enquistado en la pobreza ni en la incultura, igual puede ser violador un pudiente o una persona culta. Todos tenemos ocultamente una personalidad desconocida y tras alguien que socialmente pasa como honorable puede existir una persona deplorable e inmoral.
Un delito de moda es el acoso sexual. Per sé es el delito contra la libertad sexual con más casos en los primeros cinco meses de este 2026. Generalmente los hombres envalentonados por un poder ocasional o por su conciencia desviada de ser superior por ser ente masculino, acosa a las mujeres sin motivo alguno, más que por el placer de exteriorizar sus complejos. Las mujeres, como los hombres, merecen todo el respeto posible, para movilizarse por donde quieran sin que alguien les haga acoso sexual. Obviamente movilizarse libremente no implica exhibirse sexualmente o perturbar la tranquilidad de otros.
Un fin de semana quedamos con un amigo de vernos en el Parque Libertad del Centro Histórico capitalino, para ir a un restaurante del sector. En media hora que lo esperé pude ver fácilmente diez casos de acoso sexual y hasta uno de exhibicionismo sexual, lo que muchos han normalizado sin percatarse que es la antesala de una agresión o violación sexual posterior. No debemos normalizar el acoso, tener poder no faculta acosar ni ser hombre tolera esa conducta. Las mujeres (y los hombres) que sientan acoso debe denunciar. Eso sí, con pruebas.
Los abominables casos violaciones sexuales y los otros delitos contra la libertad sexual en general, sea contra quien sea, deben castigarse con dureza. Los padres de familia debemos educar y orientar adecuadamente a nuestros hijos (as) y cuidarlos. Somos los primeros responsables en llenarlo de valores y de cuidar a nuestros hijos y garantizarles una felicidad plena por su calidad de niños (as).
*Jaime Ulises Marinero es periodista

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