Los profetas del despeñadero

El extraño ‘nuevo intento’ de atentar contra Donald Trump (si es que ese era el objetivo), amerita que se reflexione con cuidado.

Trump, está claro, es solo un accidente en este proceso enrevesado y alucinado de llevar al planeta a un cuadro de desquiciamiento. Mañana, Vance, el actual vicepresidente, u otro personaje del fantasmagórico MAGA, podría tomar la estafeta y seguir desarrollando el libreto. Es lo de menos.

Lo que hay detrás de todo esto es a lo que resulta necesario prestarle atención: la ‘fusión comercial’ de la industria militar con algunas de las empresas tecnológicas residentes en Silicon Valley.

Muy pocos han analizado la fotografía del momento en que se realizó el juramento al ingresar a las fuerzas armadas norteamericanos de los representantes de Silicon Valley (Andrew Boz Bosworth, director de Tecnología de Meta y escudero de Mark Zuckerberg; Bob McGrew, exdirector de investigación de OpenAI y asesor en Thinking Machines Lab; Shyam Sankar, director de Tecnología de Palanti y Kevin Weil, director de Producto de OpenAI).

En un mes fueron graduados como tenientes coroneles de la Reserva del Ejército de Estados Unidos, lo que a otros les lleva décadas… Parecen inocentes ‘patriotas’ tomando sus lugares en las trincheras, sin embargo, no es así: se trata de una convergencia de intereses corporativos donde cada quien pone lo suyo. ¡Las fieras olfateando la sangre fresca!

Lo ocurrido en el hotel Washington Hilton, donde el 25 de abril se encontraba Donald Trump, es nada comparado con esta operación de fusión del complejo militar-industrial y las corporaciones tecnológicas. Sin embargo, por lo que se observa en las imágenes que han circulado segundos antes y después del ‘nuevo intento’ de atentado contra Trump al parecer  ni la seguridad del presidente (el Servicio Secreto) ni las otras agencias de seguridad ni las corporaciones tecnológicas (que dicen controlar a millones de personas en Estados Unidos y en todo el mundo por medio de Facebook, Instagram, X…) pudieron prever la incursión de Cole Tomas Allen, el supuesto tirador, en el hotel Washington Hilton.

Si es verídico este ‘nuevo intento’ de atentar contra Trump (desconfiar de un mentiroso compulsivo como Trump no es apelar a teorías de la conspiración), en realidad todo ese dispositivo de seguridad que rodea al presidente norteamericano es una ruina.

Por las imágenes que se han difundido, es posible observar lo siguiente: 1) el supuesto tirador contra Turmp (aunque se dice que hizo un único disparo a un oficial de seguridad, pero no a Trump, porque no accedió al salón donde se celebraba el cónclave con la prensa) pasó raudo frente a un control de seguridad y después de eso, se asegura, disparó; 2) Cole Tomas Allen se ‘tropezó’ (¿cómo?), pero no le dispararon aunque lo tuvieron a tiro; 3) cuando el escándalo llegó al salón donde se encontraba Trump (el supuesto tirador,  Cole Tomas Allen, de 31 años), lo que se distingue en las imágenes disponibles al público es curioso. En primer lugar, el Servicio Secreto, a quien primero evacuó es al vicepresidente Vance. En segundo lugar, la esposa de Trump, Melania, se metió debajo de una mesa. En tercer lugar, cuando los del Servicio Secreto llegaron por Trump, este estaba como alelado tratando de procesar la escena y hacía unos pocos segundos alguien había estado enseñándole algo en un papel (¿distrayéndolo?), lo levantaron de la silla y el señor casi octogenario se cayó al suelo, lo alzaron y se lo llevaron (después Trump dijo que él no se levantó porque observaba la escena, pero no es así, las imágenes lo contradicen).

En verdad, se trata de hechos extraños que, por descontado, nadie va aclarar.

Entonces, si la seguridad del presidente norteamericano es pura chapuza (¡Cole Tomas Allen era huésped del Washington Hilton!), en tanto que un ciudadano medio, harto del despelote que ha armado Donald Trump en Estados Unidos y en el mundo se decidió a ir tras el cordero, pues las cosas están muy mal en la potencia militar más poderosa en este momento.

La situación para esta administración norteamericana es complicada, porque no solo ha decrecido la simpatía por Donald Trump y el Partido Republicano con elecciones a la vista en noviembre, sino que la economía corre el riesgo de ‘la destrucción de la demanda’, como consecuencia de la guerra contra Irán, en la que Estados Unidos lleva gastados por lo menos ¡25 000 millones de dólares!

A los profetas del despeñadero les tiene sin cuidado los costos materiales y humanos que toda esta absurda guerra acarreará. Su mirada está puesta en las ganancias y en las utilidades que el desorden mundial genera.

Y para blindar esto, los nuevos tenientes coroneles de Silicon Valley están allí

*Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

 

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