El jueves de la semana próxima, con el duelo entre México y Sudáfrica en el estadio Azteca, inicia la Copa Mundial de la FIFA 2026 con la participación de 48 selecciones nacionales, lo que personalmente me parece un exceso, pero que nos mantendrá a muchos entretenidos. A los salvadoreños nos mantendrá lamentando por no participar y quejándonos del mal nivel de nuestro “fútbol profesional”.
Siendo locales Canadá, Estados Unidos y México, de antemano tenían la clasificación directa, lo que daba la posibilidad que la CONCACAF metiera hasta ocho selecciones en el magno evento. Al final solo fueron seis, pues además de las naciones anfitrionas, se clasificaron Panamá, Curacao y Haití. Surinam y Jamaica no pudieron con sus sendos repechajes y quedaron eliminados.
Creo que no volveremos a estar en ningún otro Mundial de fútbol, pues no se volverá a tener una mejor oportunidad. En 2030 dicha gesta deportiva se disputará en España Portugal, Marruecos, Uruguay, Paraguay y Argentina, lo que dará menos cupos a la CONCACAF con la situación que Estados Unidos, México y Canadá tendrán que sumarse a la disputa de los boletos. No hay que ser pesimistas, pero si realistas, y hasta 2030 no habremos avanzado nada y otra eliminación temprana nos espera. Hablar de las probabilidades para asistir a los siguientes mundiales es un chiste de pésimo gusto.
Es visible como Nicaragua, un país de tradición pugilística y beisbolera, ha avanzado de tal manera que ya están al nivel o mejor que El Salvador en materia futbolística. Panamá Surinam y algunas islas del Caribe está mejor en su desarrollo futbolístico que El Salvador, donde siempre ha imperado el desorden, la desorganización, la falta de planificación, la incapacidad y los intereses particulares de quienes se hacen llamar dirigentes o dueños de equipos.
El Mundial está a la vuelta de la esquina y nosotros seguimos viviendo del pasado. De los dos mundiales acumulados (México 70 y España 82) donde ciertamente fuimos últimos. En España recibimos la peor goleada en la historia de los mundiales (10-1 ante Hungría) y en México no se anotó ningún gol. Seis partidos mundialistas, seis derrotas.
Clasificamos a México 70 cuando solo participaban 16 países y a España 82 cuando el área tenía asignada dos plazas. Tuvimos la dicha de tener dos generaciones espontáneas, para México fuimos con una selección que apenas dos años antes había participado en los Juegos Olímpicos y que contaba con grandes figuras como Juan Ramón Martínez, Mauricio Rodríguez Lindo, Salvador Mariona, Salvador Flamenco, Sergio Méndez, Mauricio Manzano, Raúl Magaña, Alberto Villalta y otros. Mientras que a España fuimos con figuras espontáneas (como Norberto Huezo, Jaime Rodríguez, Ramón Fagoaga, Ricardo Guevara Mora, Francisco Jovel, José Luis Rugamas y otros) que junto a Jorge “mágico” González (el mejor jugador salvadoreño y centroamericano de todos los tiempos) nos dieron la enorme alegría de acudir a un Mundial. Literalmente fuimos a esos dos mundiales por méritos de los jugadores que se impusieron a toda adversidad, comenzando por la dirigencial hasta llegar a las carencias y condiciones de una país tercermundista en todo sentido.
A partir del jueves 11 de junio los salvadoreños seremos simples espectadores de un Mundial que nos parece lejano, demasiado lejano. Casi imposible. Imposible. El fútbol nos apasiona tanto y nos duele muchísimo haber tocado fondo por culpa de todos. Algunos son más culpables que otros, pero todos tenemos nuestro aporte de mediocridad. La empresa privada dejó el fútbol en segundo o tercer plano y ya no les interesa patrocinarlos como debe ser, los dirigentes sin formación solo buscan figurar y cubrir sus intereses particulares (a veces hasta políticos), los aficionados nos hicimos malinchistas y estamos más interesados en equipos europeos que en los nuestros, el Estado borró la formación del deporte en el sistema educativo, los futbolistas están más interesados en la moda, en sus tatuajes y en las redes sociales que en su propio desarrollo profesional y la mayoría de periodistas deportivos se fanatizaron o simplemente se limitan a coberturas de forma o a obedecer cuando callar.
A otro mundial ya no iremos, porque no hay procesos. En las selecciones menores sigue prevaleciendo el “amiguismo” y la burocracia. Las “ruedas de caballitos” no van para ningún lado y ni siquiera salimos de las fronteras cuando regresamos humillados. El dirigente habla de procesos y acumular experiencia y nos hacemos longevos con experiencia para el fracaso.
Actualmente se tiene contratado a un técnico para la Selecta que fue muy bueno en su momento y ahora vive del pasado. Habla de procesos y con su retórica y su perorata rayana repite lo mismo para endulzar el oído de aficionados, dirigentes y periodistas deportivos. Es cierto que fue cuatro veces como técnico a sendos mundiales, pero en el futbol como en toda actividad humana, hay que actualizarse y vivir según las condiciones del contexto. El fútbol ha cambiado mucho, literalmente es más rápido, más táctico, más estratégico, más físico, más de conjunto, más atlético, más profesional en todo aspecto.
Más allá de un juego el fútbol es orgullo, pasión, tristeza, alegría, identidad, patriotismo, talento, formación, diversión, responsabilidad, profesionalismo, amor filial, ilusión, deseo, sueños y mucho más. Como dice el comentarista chileno Luis Omar Tapia “el futbol es el deporte más hermoso del mundo” y nosotros seremos simples espectadores del Mundial de Fútbol… Así nos toca ahora y (quizás) siempre nos tocará así.
*Jaime Ulises Marinero es periodista

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