Cuando las disputas entre la Unión Soviética y China, en la década de 1960, alcanzaron su máxima tensión, en diversas partes del mundo empezaron a surgir los ‘partidos pro chinos’. Mao Tse-Tung (hoy, Mao Zedong) se encontraba en el esplendor de su influencia, y la difusión de sus escritos traducidos a varias lenguas se extendía porque esos textos circulaban con cierta facilidad en muchas ciudades del planeta. Y, también, porque estaban escritos en un estilo bastante accesible y directo, sin jerigonza ni ‘retruécanos dialécticos’, y quienes los leían quizá se sentían más cerca que con los materiales de Lenin y de los de Marx, estos últimos con el agravante de que no atendían problemas de la práctica política cotidiana como los de Mao.
En Costa Rica, por ejemplo, no era extraño encontrar, en algunas librerías de San José, libros de Mao-Tse Tung en ediciones bien trabajadas y traducidas al español. Eso en el transcurso de la década de 1970. Así, el libro ‘Importantes documentos de la Gran Revolución Cultural Proletaria’, editado en español en 1970 por Ediciones en Lenguas Extranjeras, de Pekín (ahora, Beijing), no es un libro con textos de Mao, sino de otro dirigente chino, Lin Piao (hoy, Lin Biao).
Aunque es precedido el libro con una pequeña nota de Mao y varias fotografías calzadas con leyendas como: ‘Nuestro gran líder el Presidente Mao’, ‘El gran líder el Presidente Mao y su íntimo compañero de armas, el Vicepresidente Lin Piao’… Leída ahora esa brevísima nota introductoria de Mao, y contrastada con lo que China es hoy por hoy, no deja de ser curioso lo dicho y lo hecho.
Claro, en la actualidad, de Mao se sigue hablando dentro de China, pero de Lin Piao, nada, ha sido borrado. Así les toca a los defenestrados. Fue un personaje político importante, pero ya no aparece su rastro por ningún lado.
También circuló, en la década de 1970, el libro ‘Cinco tesis filosóficas’, de Mao Tse-Tung. Sin embargo, el libro titulado ‘Seis escritos militares’, siempre de Mao, es probable que haya llamado más la atención de quienes estaban impulsando la lucha armada. Y, sobre todo, el escrito titulado ‘Sobre la guerra prolongada’, que es de 1938.
En México, en Colombia, en Perú, en Chile y en Argentina los textos de Mao tuvieron amplia circulación. A inicios de la década de 1970 las ‘Obras Escogidas’ de Mao (en cuatro tomos; años después se agregaría un quinto tomo) de Mao ya estaban disponibles en español.
En El Salvador, resulta difícil rastrear las ‘lecturas’ que hubo de Mao, pero, sin embargo, sí es posible establecer quiénes se asumieron maoístas o ‘inspirados’ por sus formulaciones.
En este sentido, solo el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) podría decirse que se alineó con el Partido Comunista de China (PCCh). Esto ocurrió después del asesinato de Roque Dalton el 10 de mayo de 1975. Como la decisión de acabar con la vida de Dalton le acarreó al ERP aislamiento y repulsa dentro y fuera del país, en una fuga hacia adelante el dirigente máximo del ERP en ese momento (y hasta febrero de 1977), Alejandro Rivas Mira ―‘Sebastián Urquilla’― en un derroche de pragmatismo dio un giro de timón y se abrió a relacionarse con el PCCh.
Este capítulo político del ERP apenas si ha sido mencionado y analizado, y sin embargo constituye un momento clave que explica algunas de las conductas y las acciones del ERP entre 1975 y 1977.
En un principio, al surgir el ERP (después de febrero de 1971), su primer vínculo político internacional significativo fue con el Partido Comunista de Cuba (PCC), y eso fue posible porque su enlace era Roque Dalton, figura política e intelectual que había militado en el Partido Comunista de El Salvador, vivía en Cuba, pero desde 1970 se encontraba alejado de eso y exploraba su inserción en la perspectiva de la lucha armada que se había habilitado en Centroamérica (Guatemala, Nicaragua y El Salvador).
Eso esclarece por qué Dalton se integró y regresó a El Salvador en diciembre de 1973 bajo la carpa del ERP, y no de las Fuerzas Populares de Liberación ‘Farabundo Martí’ (FPL), la otra organización guerrillera surgida en 1970, pero que aún no había oficializado sus vínculos internacionales.
Alejandro Rivas Mira, de quien ahora solo se habla de manera brumosa, como si se tratara de un espectro, sin embargo, fue un personaje real al que es posible seguirle la pista. Y lo primero es establecer que su hermano (Alfonso Rivas Mira) era militante en la década de 1960 del Partido Demócrata Cristiano.
* Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

Deja una respuesta