Marta Hall: La historia no contada de las artesanías de La Palma

Ella, viajera eterna se radica en La Palma, Chalatenango, en 1970, también como migrante del norte al sur: Marta Hall Marroquín una hippie, ahora con más de 70 años.

Su aporte a las artesanías salvadoreñas vendría en poco tiempo.

La palabra «hippie» tiene su origen en el inglés «hip» y significa «vanguardista», «moderno» o «al día»; un término popularizado en el jazz y la cultura afroamericana que logra su apogeo en los años 60/70s. Los hippies rechazaban las instituciones tradicionales, el nacionalismo y la burocracia, favoreciendo comunas autosustentables, amigables con el medio ambiente.

Criticaban los valores burgueses y el materialismo, optando por el minimalismo vital y practicando la rebelión pacífica, con flores y música como símbolos de resistencia no violenta.

En ese mundo de los años 50 y 60, Marta Hall crece en un hogar de mucha prosperidad. Su padre era un abogado internacional oriundo de Guatemala, Carlos Hall Lloreda, y, su madre, María del Carmen Marroquín, de Zaragoza, colonia de españoles en Guatemala.

Sin embargo Marta crece en los Estados Unidos, estudiando en Howey Academy, en Florida, y en New Orleans. A temprana edad con 20 años, llega a El Salvador donde conocería en la UCA, a los principales impulsores de las comunas hippies en el país ubicadas en Miramundo, Los Planes de Renderos y La Palma.

En el 69 había vuelto a Guatemala, y luego va con Max Martínez, a quien había conocido en la Universidad de Luisiana, Baton Rougue, a los 17 años, a El Salvador en 1970. Aquellos jóvenes de la misma camada eran Fernando Llort, Maximiliano Martínez, Manuel Martínez, Ricardo Archer, entre otros.

Al principio, la vida en El Salvador le llevó a dar clases de inglés en el Centro El Salvador/Estados Unidos. Su vida no era de colocar estaciones fijas de residencia, por lo que viajaba a Guatemala, El Salvador, Estados Unidos.

La gente de la UCA, comenta, llegaban a la casa de quien sería su suegro, hijo del General Maximiliano Martínez, a meditar y a vivir. La casa estaba en la colonia Militar, en San Salvador. En ese periodo conoció también al mundo hippie en Guatemala, en la comuna Santiago Collado.

Durante ese periodo se casó con Max Martínez hijo, reconocido músico de la Banda del Sol, con quien tendría cuatro hijas. En medio de aquella época de fantasías, sueños y aventuras, desde 1970 hasta 1979, y ya poseedora de un innato talento por la pintura, comienza a pintar escenas de arte naif, estilo artístico caracterizado por la espontaneidad y una estética deliberadamente infantil o simplificada.

Recuerda que Fernando Llort le dijo que nunca sería pintora, sin embargo sus cuadros tenían gran demanda en la galería 123 y los vendía a 500 dólares de la época ¡cada uno!

A temprana edad cursó estudios de oleo con el maestro Joe Mass y en los Estados Unidos formó parte de la Art Colony de Howey Academy, aunque ella se ha considerado siempre autodidacta.

Recuerda Marta que el LSD y la marihuana eran sustancias psicotrópicas muy de moda en aquel entonces pero, a ella, una dosis de ácido lisérgico de apenas 1/8 de pastilla le provoco efectos durante un año, razón por la cual no volvió a probarla. La marihuana le inducia alergia.

Su mente siempre despierta, una vez establecida en la comuna de La Palma, comenzó a crear diseños diversos con los artesanos adiestrados por ella. La fama de la Palma en los años 70s era basta. Muchos extranjeros llegaban a vivir a la comuna, conocían el trabajo de los artesanos y, así, gracias a muchos contactos, comenzó su arduo trabajo de comercialización en los mercados internacionales.

Recuerda Marta que un señor vinculado a la aviación comercial, después de admirar dos cantaros de barro pintados por ella, le pidió 1,000 más para llevar a Tailandia. Ella accedió al pedido siendo este el primero de muchos encargos al por mayor.

El pedido fue entregado a tiempo, encontrándose los cantaros en El Salvador y contactando a una fábrica en Guatemala. Esta es una de las primeras hazañas de venta al por mayor de las artesanías, hechas en La Palma. Luego vendría a producir comales, macetas, regaderas, miniaturas, cajas para lustra zapatos, especieros, baúles y bordados en yute, llegando a exportar miles a Estados Unidos y diferentes partes del mundo. Todo inspirado en las escenas que ella veía en La Palma.

Hijas de Marta Hall.

Ahí en Chalatenango también creo su propia galería de arte donde vendía muchas artesanías y cuadros hechos por ella. Proveyendo también la tienda Nahanché de San Salvador. Recuerda Marta, que para el concurso de Miss Universo, realizado en el Salvador el 19 de julio de 1975, el entonces ministro de Cultura, Sr. Huezo, le ofreció stands gratis en la Feria Internacional, y ahí también colocó las artesanías de La Palma, con excelente demanda.

Marta se marcha de El Salvador de manera definitiva en 1979. Sin embargo, no abandona el comercio de las artesanías. Ya en la Palma había creado un grupo de alumnos suyos quienes dirigían y producían en grupo las demandas del mercado internacional que comenzó a desarrollar en los años siguientes. Los artesanos representaban un grupo de 150 hombres, mujeres y jóvenes.

De nuevo instalada en Guatemala continúa con la venta de productos artesanales, ampliando las líneas y diseños originales. Marta y Max fundan oficina en Houston Texas; hacían 14 ferias al año, en Dallas, Los Ángeles, Chicago, Nueva York y Atlanta. Tenían varios representantes y vendedores.

Hacían la feria de Frankfurt (Alemania) dos veces al año y mucha gente los relacionaba con la Palma. De esta manera, gracias al apoyo de la Embajada de Estados Unidos, logra acceder a 550 catálogos de ferias del rubro en Estados Unidos y luego Europa, destinos hacia los cuales envía los productos artesanales, adaptándolos a las demandas y gustos locales de cada país. «era una época de locos».

Marta Hall, hoy de 76 años.

Marta Alicia Hall Marroquín, es una mujer despierta, de mente enciclopédica, con una vasta experiencia en negocios, cultura, y anécdotas increíbles. Su legado a las artesanías de la Palma y al país ha pasado inadvertida durante años.

Sentados frente a frente en la sala de su casa en Guatemala, las horas parecen interminables. Cada anécdota nos hacer retroceder en el tiempo y nos habla de un alma libre que, pese a los malos momentos que tiene la vida, jamás dejo que el tiempo oxidara su voluntad de hierro, indomable vocación hippie y espíritu empresarial. Su nombre artístico es Martha Hall.

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