La «cancelada» cantante de color Nicki Minaj reapareció este jueves ante el ojo público vestida de blanco junto al presidente Donald Trump, en una ceremonia en Washington. Esta vez no hubo micrófonos, nudismo ni bailes eróticos, sino un mensaje político: la artista se declaró “probablemente la fan número uno” del mandatario.
La imagen recorrió las redes sociales como un relámpago y reabrió debates que van mucho más allá de la música, según reportaron medios como el USA Today.
Algunos críticos afirman que Nicki, de 43 años, lo hace para conseguir indultos para su hermano y su esposo quienes han enfrentado demandas legales. El apoyo de la rapera podría, dicen algunos, ayudarlos a obtener ese indulto.

Durante años, Minaj fue vista como una voz influyente del hip-hop y una figura cercana a comunidades históricamente marginadas, como el colectivo LGBTIQ+, pero hoy, su nombre vuelve a generar titulares por su giro hacia el movimiento republicano y conservador, dejando muy atrás su pasado como inmigrante de Trinidad y Tobago llegada sin documentos a EE.UU. y posiblemente una petición en línea que exige su deportación.
La controversia no es nueva: Minaj está casada con Kenneth Petty, un agresor sexual registrado de Nivel 2, condenado en 1995 por la violación de una adolescente de 16 años en 1994, crimen que incluyó el uso de un cuchillo, según registros judiciales, citados en USA Today. La cantante ha minimizado públicamente el caso, lo que ha generado fuertes críticas de activistas, sobrevivientes y líderes comunitarios.
A esto se suma el caso de su hermano, Jelani Maraj, condenado en 2017 por violar repetidamente a una niña de 11 años y sentenciado en 2020 a entre 25 años de prisión y cadena perpetua.
Las tensiones aumentaron cuando Minaj atacó públicamente a periodistas afroamericanos como Don Lemon, que la cuestionaron por su apoyo a Trump y sus políticas conservadoras y antiinmigrantes. Fue entonces que ella recurrió a redes sociales para desacreditarlo, y él respondió defendiendo el rol del periodismo en exigir rendición de cuentas a figuras influyentes.

Para muchos críticos, ese choque simboliza una ruptura ética y cultural con la comunidad que ayudó a impulsar su carrera. Sumado a ello, la artista hizo declaraciones públicas sobre temas de género que desestiman a las personas trans, lo que generó que perdiera millones de fans en Instagram y un trend de «cancelación» en redes sociales que la llevó a ocultar su cuenta.
Nicki Minaj nació en Trinidad y Tobago y emigró a Estados Unidos cuando tenía alrededor de cinco años. En una publicación de Facebook de 2018, la propia artista afirmó que llegó al país “como inmigrante indocumentada”.
Aunque Minaj afirma que ha tenido residencia legal “por décadas”, en plataformas como Change.org circula una petición que exige su deportación, impulsada por usuarios que señalan la contradicción entre su pasado migratorio y su respaldo a un líder que ha promovido deportaciones masivas y restricciones severas a la inmigración.
Tras su aparición junto a Trump, Minaj reveló que recibió una llamada “Trump gold card”, un documento asociado a un programa gubernamental que ofrece residencia y un camino a la ciudadanía a cambio de inversiones millonarias. Según el sitio oficial del gobierno, la tarjeta exige una tarifa de procesamiento de $150,000 y una “donación” de $1 millón.
La artista mostró la tarjeta en redes sociales y celebró públicamente su relación con el presidente. No está claro si la recibió como obsequio o si inició el proceso formal, pero el gesto reforzó un paso conveniente de estrella liberal a dama conservadora.

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