Las elecciones locales y regionales celebradas la semana pasada en Reino Unido dejaron un escenario político más fragmentado que nunca, con el avance de partidos independentistas en Escocia, Gales e Irlanda del Norte, tres de las cuatro naciones que conforman el territorio británico.
En Gales, el partido nacionalista Plaid Cymru logró una victoria histórica al convertirse por primera vez en la fuerza más votada de la región, rompiendo más de un siglo de dominio laborista. La agrupación obtuvo 43 escaños en el Parlamento galés, conocido como Senedd, además del 36 % de los votos totales.
Mientras tanto, en Escocia, el Partido Nacional Escocés (SNP) consiguió mantenerse en el poder por quinto mandato consecutivo tras alcanzar 58 escaños, aunque perdió seis diputados respecto a la elección anterior y quedó lejos de la mayoría absoluta. Sin embargo, una eventual alianza con los Verdes Escoceses, que consiguieron 15 asientos, permitiría mantener el control del bloque independentista en el Parlamento de Holyrood, en Edimburgo.
A este panorama se suma Irlanda del Norte, donde desde febrero de 2024 la principal fuerza política es Sinn Féin, partido de izquierda que impulsa la reunificación con la República de Irlanda y que históricamente fue considerado el brazo político del extinto IRA.
El profesor de política de la Universidad de Strathclyde, John Curtice, explicó a EFE que las elecciones dejaron un mapa político “profundamente fragmentado” y cuestionan la continuidad del tradicional sistema bipartidista británico.
No obstante, Curtice considera que los resultados no representan necesariamente un cambio drástico en el apoyo ciudadano hacia la independencia. Según el académico, factores como el Brexit, el descontento con el gobierno laborista de Keir Starmer y los cambios demográficos han influido en el fortalecimiento de los movimientos nacionalistas regionales.
Kieran Reape, portavoz de los Verdes Escoceses, afirmó a EFE que el resultado electoral refleja que muchas personas en Escocia y Gales “están hartas de no ser tenidas en cuenta en Londres”. También sostuvo que el independentismo escocés se ha “democratizado” al existir más de un partido impulsando esa agenda política.
El actual ministro principal escocés, John Swinney, del SNP, reiteró durante la campaña que buscará exigir un nuevo referéndum independentista para 2028. Sin embargo, Curtice considera “muy poco probable” que Londres autorice una nueva consulta soberanista, ya que además del respaldo del Parlamento escocés, también sería necesaria la aprobación del Parlamento británico.
El politólogo también prevé que el independentismo podría fortalecerse de cara a las elecciones generales de 2029, especialmente en un escenario donde ningún partido consiga mayoría absoluta en Westminster y los nacionalistas puedan negociar apoyo parlamentario a cambio de avanzar en demandas soberanistas.
Curtice añadió que el acercamiento entre el gobierno laborista y la Unión Europea tras el Brexit podría dificultar parte del discurso independentista escocés. “Cuanto más se acerque el Reino Unido a la Unión Europea, más difícil será defender la causa independentista”, señaló.
En Gales, sin embargo, algunos dirigentes consideran que el debate soberanista todavía no es prioritario. “Esta no es una elección de independencia. No es nuestra prioridad número uno”, declaró a EFE el excandidato de Plaid Cymru Llyr Williams.
“Primero construyes una nación, comunidades y servicios públicos más fuertes, y después empiezas a tener un debate sobre el futuro constitucional galés”, agregó Williams.
Finalmente, Curtice sostuvo que aunque movimientos como el escocés o galés podrían compartir ideas con otros casos europeos, como Cataluña o el País Vasco, existe una diferencia fundamental: la Constitución española considera indivisible al país, mientras que el sistema británico sí contempla la posibilidad de separación si existe respaldo popular.

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