Quitá d’iahi

La Federación Internacional de Fútbol Asociación, la FIFA, nació el 21 de mayo de 1904 en París, capital de Francia. De los países europeos practicando entonces dicho deporte, fue desde este que se convocó para crearla y establecer las reglas iniciales que regirían en adelante dicho deporte en el ámbito profesional. Desde entonces y hasta 1920 la presidieron tres hombres. En realidad, ninguna mujer lo ha hecho. El primero, lógicamente, fue un francés. Le siguieron un inglés y un holandés; este último interinamente, para que el también francés Jules Rimet asumiera el cargo en 1921 y durara en este hasta 1954. Luego, hay que recordar primero a sir Stanley Rous; este caballero londinense la lideró de 1961 a 1974. Le siguió Joao Havelange, el brasileño que permaneció ocupándolo hasta 1998.

Con Rous se realizaron las dos primeras copas mundiales que recuerdo, por haber visto algunos partidos. Diferidos unos cuantos de la de 1966 efectuada en Inglaterra, cuya selección se coronó campeona dejando dudas sobre su pulcritud. Y ya con cobertura televisiva global en directo cuatro años después, de la celebrada por primera vez en México; este país ‒convulsionado por la violencia política‒venía de unos Juegos Olímpicos llevados a cabo por primera vez en América Latina y precedidos por la matanza del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco.

Según el periodista deportivo tico Everardo Herrera, al carioca “lo persiguió la sombra de una enorme corrupción a lo largo de su mandato en el ente rector del balompié mundial”. “El crecimiento desmedido” de la institución –continuó– generó “millones y millones de dólares en ganancias para Havelange y su entorno”, a partir de “la entrega casi que a dedo de derechos de patrocinio y comercialización de todo lo relacionado con el fútbol”. “El primer signo visible de este aumento en el poder de la FIFA ‒agregó Herrera‒ fue el crecimiento de su primer evento: el Mundial”. Hasta el celebrado en 1978 dentro de Argentina y aprovechado por su dictador de entonces, general Jorge Rafael Videla, con el beneplácito y los elogios de Havelange aún participaron dieciséis equipos; cuando lo organizó España en 1982, la cantidad de contendientes sumó 24.

Este corrupto de marca mayor dejó de estar al frente de la organización seis años después; a la fecha, únicamente Rimet lo supera en su paso al frente de la misma. No se sabe a ciencia cierta a cuánto ascendió su fortuna pero, según la fiscalía suiza, con su yerno Ricardo Teixeira –presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol en ese entonces– aceptaron sobornos por más de 40 millones de francos suizos y otro montón de dinero agregado ingresó a sus arcas por comisiones ilícitas recibidas. Dejó el cargo a sus 82 años de edad pero vivió cien, así que “gallina que come huevos…”

Lo reemplazó otra “fichita”: el suizo Joseph “Sepp” Blatter, quien venía de estar al frente del hockey en su país natal. Llegó al trono de la FIFA en medio de señalamientos sobre sobornos y otras irregularidades financieras. Este se mantuvo a la cabeza del organismo rector del fútbol hasta el 2015, cuando se postuló para un quinto periodo. Y lo logró. Pero rápidamente debió renunciar, en medio de otro escándalo mayúsculo de corrupción dentro del organismo planetario que fue conocido como el “fifagate”. Fue inhabilitado ocho años, aunque después redujeron la sanción a seis. En ese despelote se vieron involucrados Michel Platini, el mítico capitán de la selección francesa, y hasta un salvadoreño poquitero.

Hay que tener cuidado siempre y no decir, en medio de las arenas movedizas de la corrupción, esto es el colmo. Porque siempre habrá quienes tengan la capacidad de superar al anterior; no importa que tan alto haya dejado el techo, siempre habrá quien diga sin vergüenza “quitá d’iahí”. Esta expresión ‒según el Diccionario Dialectal de Paraleda de la Mata, Cáceres, España‒ es “usada para pedirle a alguien que se aparte o que se mueva de donde está”.

Eso está logrando el actual mandamás de la FIFA desde el 2016. Gianni Infantino lleva, pues, una década en el cargo y para mal del fútbol tiene futuro al frente de esta por dos razones: sus 56 años de edad y su servilismo, sumisión o lameculismo ‒llámenlo como quieran‒ ante Donald Trump. Pero para hablar más sobre Infantino, mejor espero el final del evento futbolero en marcha pues seguramente habrá más razones para hacerlo pedazos, aunque sea desde este modesto espacio de opinión.

Finalmente, me pregunto: por ser el fútbol una “minita de oro”, ¿en El Salvador ya lo atraparon manos similares a las del personaje llamado “el 88 uñas” de la serie animada de Los Picapiedra?

 

 

 

 

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *