Raúl Castro, de general a reo

Confieso que pocas situaciones me complacerían más que ver a Raúl Castro vestido con el uniforme color naranja de los prisioneros comunes de Estados Unidos y cumpliendo, la sanción que le fuera impuesta en una cárcel de mayor rigor, aunque dudo, que una cárcel estadounidense de esas características sea más severa que las prisiones castristas menos malévolas.

Durante estos sesenta y siete años no han faltado cubanólogos que afirmen enfáticamente que el verdugo menor de los Castro era el más organizado, familiar y hasta condescendiente en comparación con su hermano, el mayor criminal de la historia de Cuba, por suerte, ya desaparecido, y aunque no tengo elementos para refutar la mayoría de los calificativos que le endilgan, sí puedo asegurar que de tolerante no tiene ni pizcas porque recuerdo con diáfana claridad que una de las primeras fotos de este sujeto publicada en los primeros días de enero de 1959, lo muestra ahorcando a un campesino en plena Sierra Maestra en los días de la insurrección.

Después ordenó cientos de fusilamientos, incluida la masacre de la Loma de San Juan, Santiago de Cuba, a once días del triunfo insurreccional, en la que resultaron fusilados 71 hombres en una sola noche de forma expedita. Hasta bulldozers usaron al mejor estilo hitleriano.

Raúl fue sin dudas el más fiel servidor de Fidel. Cierto, que no han faltado historias de desavenencia entre ambos autócratas, pero, aún habiendo sido ciertas, los intereses comunes de la pareja primaron para la mayor desgracia de los cubanos.

Raúl Castro, el asesino en serie Ernesto “Che” Guevara y el “Carnicero de Artemisas”, Ramiro Valdés, escogieron desde los primeros días de la victoria revolucionaria asumir el rol de ser los más intransigentes en la defensa del proceso que comandaba Fidel Castro. Esta sangrienta triada, encabezada por el delincuente de Raul, fueron los jerarcas que acatando las órdenes del máximo líder dirigieron la destrucción espiritual y material de un país, que, con todos sus defectos, estaba a la vanguardia de muchos de los rubros mas importantes del desarrollo de America Latina.

Confieso que no tengo la más remota idea de cómo puede desarrollarse el proceso contra el hombre que dio la orden para derribar dos aviones desarmados que volaban en aguas internacionales con el único objetivo de salvar vidas en peligro, el exministro de Defensa de Cuba dijo, “Yo decía bueno, túmbenlo en el mar cuando se aparezcan y no consulten”, una expresión muy similar a la de Guevara que recomendaba a sus esbirros, “Mátalo, después preguntas” u otra más institucional del asesino en serie: “Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria», de Ramiro Valdés, no hay expresiones, solo asesinatos.

Desgraciadamente los crímenes más numerosos y horrendos del totalitarismo castrista han sido contra el pueblo cubano de intramuros, pero esos, deben ser juzgados por sus propios conciudadanos cuando la situación política del país cambie, de momento tenemos que recibir con satisfacción que el actual gobierno de Estados Unidos decida actuar judicialmente contra un asesino confeso como Raúl Castro, tal y como hizo contra el narcotraficante Nicolás Maduro, crimen que también le pueden imputar al segundo al mando en la destrucción de Cuba.

Raúl Castro, según un artículo del Miami Herald, se reunió con narcotraficantes colombianos en 1980 y les autorizó a usar puertos cubanos en su trasiego de drogas a Estados Unidos a cambio de que facilitaran armas y municiones a las guerrillas del M-19. Años más tarde se reunió con uno de los hombres de Manuel Antonio Noriega para mediar en una disputa que el general panameño sostenía con narcotraficantes colombianos.

Manuel de Beunza, quien fuera mayor de los servicios de inteligencia del régimen castrista, testificó en una audiencia del Senado en Washington, que Raúl ordenó sustituir a Generoso Escudero como jefe de la unidad naval de Cienfuegos, porque se negó a colaborar en el desplazamiento de lanchas rápidas que transportaban cocaína hasta la costa sur de Cuba, aun más, John Jairo «Popeye» Velásquez, muy próximo a Pablo Escobar Gaviria, manifestó que el general prófugo sostenía una estrecha relación con el cartel de la cocaína de Medellín y que protegió los embarques de droga que pasaban por Cuba rumbo a la costa sur de la Florida.

Raúl Castro, tiene muchos crímenes por los que puede ser juzgado por Estados Unidos.

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