Un juicio o procedimiento abreviado se realiza cuando la parte acusada está dispuesta a declarase culpable o aceptar los cargos para recibir como condena la pena mínima o una reducción de la pena, la cual es acordada con la Fiscalía General de la República y avalada por el tribunal que realiza el referido juicio. Desde luego esto está regulado en el Código Procesal Penal y el aceptar la culpabilidad debe estar sustentado por pruebas periféricas en un debido proceso.
El lunes pasado, después de seis meses, el Juzgado de Instrucción de San Juan Opico, La Libertad, llevó a cabo la audiencia preliminar en la que autorizó y realizó el juicio abreviado contra doce aficionados fanáticos del Alianza F. C. por el delito de desórdenes públicos agravados y les impuso una condena de dos años de prisión sustituidos por trabajos de utilidad pública. Por el delito de daños agravados, los acusados (o mejor dicho, sus familiares) conciliaron con el dueño del autobús y pagaron el costo de los daños causados.
Las jornadas de utilidad pública y otras medidas sustitutivas serán determinadas por un Juzgado de Vigilancia Penitenciaria y Ejecución de la Pena de Santa Tecla, que entre otras medidas puede imponerles la prohibición de asistir a un estadio de fútbol. Contra otros dos procesados el juicio se realizará el lunes próximo.
Resulta que la tarde del sábado 25 de octubre del año pasado un grupo de fanáticos del Alianza, algunos en estado de ebriedad, atacó con piedras un autobús en el cual se dirigía aficionados del FAS hacia el Estadio Oscar Quiteño de Santa Ana donde se desarrolló en horas de la noche el partido entra FAS y Alianza. El hecho ocurrió en la carretera a Santa Ana, cerca del desvío a San Juan Opico.
Algunas de las víctimas captaron videos de los hechos y de los atacantes. Instantes después la Policía Nacional Civil (PNC) capturó a 20 sospechosos de desórdenes públicos y de haber perpetrado el ataque contra los aficionados fasistas y los daños materiales contra el autobús. Todos los detenidos fueron presentados como los responsables de los delitos, sin embargo, solo contra 14 de ellos se requirió en los tribunales; es decir que seis fueron detenidos injustamente y presentados ante la sociedad salvadoreña como delincuentes. Luego fueron liberados.
Estos doce fanáticos se pasaron seis meses presos por una actitud imbécil. De manera estúpida e intolerante atacaron a aficionados rivales poniendo en riesgo a mujeres y niños que se transportaban en el autobús atacado. Afortunadamente nadie respondió al ataque porque si la situación hubiera avanzado en violencia quizás hasta muertos se hubieran contabilizado.
Esos seis meses presos fueron una tonta e innecesaria experiencia. Ojalá les haya servido de lección para saber alejarse de los problemas propios de su conducta. La intolerancia ni las matonerías llevan a nada bueno. Esta vez terminaron presos y han tenido la suerte de recibir una condena mínima, la próxima vez pueden terminar con una condena mayor o resultar con consecuencias irreversibles… dolorosas.
Algunos de los doce condenados perdieron sus trabajos e hicieron gastar a sus familias en el pago de abogados, sin contar la angustia que vivían sus padres, madres, hermanos, hijos, esposas y demás seres queridos. Con su mala conducta solo demostraron que poco o nada les importa los demás. Ojalá que el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria y Ejecución de la Pena también les imponga el sometimiento a un proceso de adaptación social a través de cursos con especialistas.
Por su parte la Federación Salvadoreña de Futbol (FESFUT) debe, con la condena en mano, prohibir de por vida o por varios años, el ingreso a los estadios de fútbol a las personas condenadas, mientras que los equipos “profesionales” de las ligas salvadoreñas debe cortar cualquier vínculo con las barras de aficionados y ellos por su cuenta crear una especie de base de datos donde se registre a los fanáticos problemáticos, ya sea para prohibirles su ingreso o para mantener un estricto control sobre ellos.
Las responsabilidades son individuales, pero los equipos, las ligas y la FESFUT deben poner coto a estas situaciones, con decisiones y acciones rígidas y legales. Ya no es posible que a ciertos juegos se les nomine como de “alto riesgo” porque sus “aficiones” se odian y casi siempre hay desórdenes dentro de los estadios, en sus alrededores o en las carreteras.
Se sabe de directivas de equipos que les dan dinero para la compra de pólvora, para las entradas y hasta para transportarse. Algunas de esas “aficiones organizadas” son dañinas para el mismo equipo y para el fútbol en general. Nuestro fútbol es malo, a nivel de selección nacional estamos entre el abismo y el fondo. Nuestra primera división es pésima y aburrida y poco a poco los estadios se van quedando solos por lo malo de nuestros equipos y porque acudir a un estadio es exponerse a la barbarie de algunos pseudo aficionados violentos.
Recientemente un bolerito, de unos 10 o 12 años de edad, del Alianza F. C. fue exhibido mostrando una conducta violenta contra jugadores rivales. Los aficionados en general en las redes sociales atacaron al menor de edad, la FESFUT y Alianza anunciaron que el recoge bolas quedaba vetado, pero no hubo ninguna instancia que ofreciera darle tratamiento psicológico al menor. Hubo atrevidos que hasta pidieron que al menor lo llevaran directo al Centro e Confinamiento de Terrorismo (CECOT), otros inventaron historias del contexto del menor. A gritos quedó evidenciado que el “muchachito” lo que necesita es apoyo profesional especializado, como muchos niños y adolescentes salvadoreños.
Así como el bolerito hay muchos aficionados que requieren ayuda. Los equipos, la liga y la FESFUT pueden hacer mucho para aminorar o desaparecer la violencia alrededor del fútbol. No basta con plena seguridad, sí no se genera conciencia de lo que representa ser un verdadero aficionado y un ser tolerante y respetuoso de los demás.
*Jaime Ulises Marinero, periodista

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