Serie: Los grandes de la Criminología. El paradigma de David Canter: hacia una cuantificación empírica del perfil criminal

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Para un profesional, estudiante, lector o espectador promedio, la elaboración de perfiles criminales está ligada a la imagen del «perfilador de Hollywood o de series»: un agente atormentado que, tras pisar la escena del crimen y cerrar los ojos, experimenta una revelación que le revela el rostro del asesino. Como criminólogo, siempre he visto esta romantización con profundo escepticismo, pues el análisis del comportamiento criminal no es un acto de clarividencia. Es, y debe ser, una ciencia. Es aquí donde honro la figura de David quien nació el 5 de enero de 1944 en Londres, Reino Unido. Reconocido psicólogo británico, considerado el pionero y principal desarrollador de la psicología investigativa y el perfilamiento geográfico criminal, disciplinas aplicadas en la criminología y la resolución de delitos complejos.

Se erige como un pilar fundamental, siendo el artífice de una revolución que despojó a la perfilación de su aura esotérica para dotarla de un rigor estadístico irrefutable.

David Canter ha dejado un extraordinario legado a la criminología y a las ciencias de la conducta criminal, en mi opinión su mayor aporte a la criminología no provino de la psiquiatría forense tradicional, sino de un campo aparentemente inconexo: la psicología ambiental. Antes de sumergirse en las mentes de los asesinos o violadores en serie, Canter estudiaba cómo las personas interactuaban con su entorno, los edificios y los espacios físicos. Su genialidad radicó en aplicar esta misma premisa a los agresores. Para Canter, el criminal no es un «monstruo» errático y ajeno a las leyes de la sociedad; es un individuo que se mueve, habita y opera dentro de una zona de confort espacial. Esta perspectiva desmitificadora cambió para siempre las reglas del juego.

La cristalización de su teoría ocurrió en 1986, con el tristemente célebre caso del «Violador del Ferrocarril» en Londres. Mientras Scotland Yard se encontraba en un callejón sin salida procedimental, Canter no recurrió a la intuición, sino a los datos. Mapeó geográfica y temporalmente la distribución de los ataques. Su análisis espacial concluyó que el agresor debía residir en una zona específica, tener conocimientos avanzados del sistema ferroviario y poseer un historial personal particular. Cuando John Duffy fue capturado, el informe de Canter coincidió en trece de los diecisiete rasgos predictivos. No hubo magia; hubo cartografía del comportamiento.

Este hito fundó lo que hoy conocemos como «Psicología Investigativa». La aportación teórica central de Canter fue transformar el análisis criminal en una disciplina eminentemente cuantitativa y contrastable. Mientras que el modelo tradicional del FBI (la Unidad de Ciencias del Comportamiento) se basaba en gran medida en la experiencia cualitativa de sus agentes y en entrevistas a reclusos, Canter introdujo el uso sistemático de bases de datos, análisis estadístico y la validación de hipótesis.

Canter postuló el principio de «consistencia del comportamiento»: la premisa de que la forma en que un delincuente comete un crimen es un reflejo directo de sus interacciones cotidianas no criminales. Es decir, las acciones de un sujeto en la escena del crimen son un eco de su personalidad en la vida diaria, y sus áreas de ataque están ancladas a sus mapas mentales rutinarios (sus rutas al trabajo, su hogar o sus zonas de ocio).

Desde una perspectiva criminológica, el legado de David Canter es incalculable. Nos enseñó que el análisis de la conducta criminal exige el mismo rigor metodológico que la recolección de evidencia de ADN. Nos legó las bases del «perfilamiento geográfico», una herramienta técnica que hoy es indispensable en las agencias de inteligencia y seguridad de todo el mundo para acotar zonas de búsqueda y optimizar recursos policiales.

David Canter sacó a la perfilación criminal de las sombras de la especulación subjetiva y la llevó a la luz de la ciencia empírica. Hoy, en la era del Big Data, inteligencia artificial, y los algoritmos predictivos aplicados a la seguridad pública, su enfoque pionero es más relevante que nunca. Nos recuerda cada día, con contundencia científica, por medio de evidencia, que los criminales dejan un rastro mucho más revelador que una huella dactilar: dejan la huella indeleble de su propia cotidianidad plasmada en el espacio que vulneran. El doctor Canter continúa siendo en agosto del 2026 una figura muy activa y respetada en el ámbito académico y de la criminología, ostentando el título de Profesor Emérito de Psicología en la Universidad de Liverpool. Además, continúa dirigiendo el Centro Internacional de Investigación en Psicología Investigativa en la Universidad de Huddersfield. Es de alta relevancia trabajar a diario con los investigadores, policías, fiscales y criminólogos el desarrollo del sentido común y habilidades blandas.

*Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / @jricardososa / www.ricardososa.net

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