Etiqueta: Salvador Cañas Huguet

  • A 40 años de la tragedia: “Está temblando, no corran”

    A 40 años de la tragedia: “Está temblando, no corran”

    Tristemente nos remontamos al viernes 10 de octubre de 1986 a las 11:49 de la mañana, todos con planes para el fin de semana, los niños a punto de salir de clases, el tráfico de viernes apenas empieza y muchos en las oficinas empiezan a cerrar sus escritorios, ya que en 10 minutos saldrán a almorzar; es cuando se da la violenta sacudida de un terremoto de 7.0 grados según fuentes internacionales y de 5.7 según el SNET (Servicio Nacional de Estudios Territoriales).

    El epicentro del terremoto se dio en los Planes de Renderos con una profundidad de 10.9 kilómetros y a tan sólo 7 kilómetros del centro de San Salvador, la intensidad de IX en la escala Mercalli refleja lo violento del sismo que duró 10 segundos, que parecieron eternos.

    Casa Ambrogi.

    El terremoto dejó alrededor de 2,000 víctimas fatales, más de 10,000 heridos, 288,000 damnificados y una pérdida neta estimada de 1,031 millones de dólares en infraestructuras y bienes materiales.

    El impacto psicológico del evento fue enorme con 2,745 réplicas entre el 10 de octubre y el mes de mayo de 1987, más de 700 sentidas, algunas con magnitud de 4.5.

    Los daños fueron inimaginables, pero el evento más doloroso fue el desplome parcial del Centro Escolar Católico Santa Catalina, ubicado en la Avenida Cuba del Barrio San Jacinto, provocando el fallecimiento de 42 niñas.

    Gran Hotel San Salvador.

    Otro evento que provocó muchas víctimas fue el colapso del Edificio Rubén Darío ubicado frente a la Plaza Hula Hula, causando la muerte de al menos 300 personas y la desaparición de un número indeterminado; afortunadamente fueron rescatadas de entre los escombros alrededor de 150 personas.

    A consecuencia del terremoto, la capacidad de la red hospitalaria se vio reducida a un 40 % y la demanda de servicios médicos de emergencia aumentó exponencialmente.

    También el patrimonio histórico se vio afectado y provocó un duro golpe al ánimo de la población, al ver la imagen del Divino Salvador del Mundo por los suelos, hecha varios pedazos.

    Monumento Salvador del Mundo también colapsó.

    Los periódicos nacionales calificaron el evento como HECATOMBE, como lo vemos en la portada de un matutino y otro mostraba fotos del drama humano del evento telúrico: LOS RESCATES Como siempre, el salvadoreño no se queda de brazos cruzados ante el dolor de sus hermanos; ejército, cuerpos de socorro y sobre todo gran cantidad de particulares, empezaron a escarbar en los escombros a mano, en busca de sobrevivientes y también cadáveres.

    La ayuda internacional

    La comunidad internacional envió 12.5 millones de dólares en asistencia inicial, Estados Unidos otorgó inicialmente 325,000 dólares para rescate y días después su Congreso aprobó 50 millones para infraestructura. En 1988 la AID aportó 105 millones para reconstruir hospitales, escuelas, viviendas y servicios básicos.

    España inició formalmente su cooperación con El Salvador a raíz de la emergencia, mediante el envío de suministros, equipos y expertos; esta asistencia sentó las bases del primer Convenio Básico de Cooperación Científico-Técnica, firmado en 1987.

    Daños estructurales.

    Durante los primeros días llegaron 42 equipos extranjeros de atención médica y rescate, entre ellos brigadas voluntarias como los “topos” mexicanos, cuya participación se presentó como retribución a la solidaridad salvadoreña tras el terremoto de México de 1985.

    Suiza también envió equipos que colaboraron en el rescate de desaparecidos, suministro de agua potable y distribución de medicamentos.

    Curiosamente, la cantidad de ayuda extranjera generó dificultades de identificación, clasificación y almacenamiento; también se registraron disputas entre algunas brigadas internacionales por coordinar zonas exclusivas y atender los edificios colapsados más emblemáticos de la capital.

    Edificio Rubén Darío. Al fondo, edificio de El Telégrafo.

    El drama familiar y el miedo

    Debido a la cantidad de réplicas, el pueblo entero con temor a la caída de paredes y muros obligó a muchas familias a dormir a la intemperie en tiendas de campaña improvisadas, sin servicios básicos, a oscuras, sin agua y con problemas para alimentarse.

    Nuevamente surgió el corazón del salvadoreño, vecindarios completos se organizaron para recolectar víveres, ropa y agua para los damnificados, entregándolas directamente a los más afectados o en los centros de acopio.

    Edificio Dueñas.

    El terremoto de 1986 se originó en la corteza superior de la Placa de Cocos, a lo largo de una falla de 30 kilómetros que va desde el volcán de San Salvador hasta Los Planes de Renderos; fue más letal que los sismos del 13 de enero y 13 de febrero de 2001, en especial porque la onda fue de tipo oscilatorio.

    El movimiento sísmico fue sentido en todo el país como lo muestra el mapa publicado por Obras Públicas por medio del Centro de Investigaciones Geotécnicas: Lo que no se había dado a conocer, es que hace 1,500 años, cuando la caldera de Ilopango hizo erupción, una enorme nube de ceniza blanca cubrió cientos de kilómetros a la redonda en todo el territorio centroamericano; esta ceniza llamada Sascab o Saskab (del maya-tierra blanca), polvo formado por algo parecido a la piedra pómez molida; en algunas zonas esta capa de ceniza alcanzó varios metros de grosor, posteriormente cubriéndose con tierra y vegetación con el pasar de los siglos.

    Rescatistas.

    Sobre esta tierra se construyeron las ciudades y ahora se sabe que estas capas tienen efecto acelerante e inestable ante las ondas sísmicas.

    Otro dato a tomar en cuenta es la permanencia de edificios en San Salvador y zonas aledañas, que sufrieron daños en terremotos anteriores y no fueron demolidos ni reparados adecuadamente; otro más grave era la existencia de construcciones hechas con adobe que fueron fácilmente derribadas por los terremotos.

    Rescate

    Esto trajo como consecuencia la creación de organismos y normas que regulan la construcción como:

    • En 1988: Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador (OPAMSS).
    • 1989: Reglamento de Emergencia de Diseño Sísmico de la República de El Salvador; con la consecuente prohibición de reparaciones superficiales cosméticas en edificios y estructuras dañadas.
    • 1994: Reglamento para la Seguridad Estructural de las Construcciones de El Salvador (RESESCO); bajo este marco se introdujo la Norma Técnica para Diseño por Sismo (NTDS).

    También se prohibió la construcción con adobe (bloques de tierra cruda, arcilla, arena y fibras naturales secados al sol, siendo un método tradicional, económico pero poco seguro) y también el diseño de plantas bajas no flexibles, ya que la rigidez de las plantas bajas provocó el colapso de edificios completos.

    Daños.

    Reconocimiento, 40 años después

    Nunca es tarde para reconocer la labor silenciosa de cientos de personas, que desinteresadamente ayudaron a nuestros hermanos salvadoreños y extranjeros afectados en el terremoto: cuerpos de socorro, ejército, particulares, médicos, enfermeras y a cada salvadoreño que dio tiempo, dinero, víveres, agua y arriesgó su vida por los demás e incluso a los que fueron apoyo emocional para los afectados en estos difíciles momentos; también a los países amigos que dieron su ayuda económica y técnica.

    Edificio Rubén Darío.
  • Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte 3)

    Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte 3)

    Todos los días decenas de miles de vehículos recorren los 2.1 kilómetros del boulevar Los Próceres sin que casi nadie repare en que esa cinta de asfalto que hoy respira gasolina y prisa fue, apenas seis décadas atrás, tierra de labranza; los terrenos que ocupa formaron parte de dos fincas Palermo y Guadalupe, según recoge la tradición oral que circula entre cronistas y vecinos de la zona.

    Lee la parte 1 aquí.

    La UCA: del salón parroquial al campus de Antiguo Cuscatlán

    Un poco más adelante, siempre hacia poniente, el bulevar Los Próceres bordea el campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), que con justicia suele describirse como la primera universidad privada de El Salvador. Fue fundada por un grupo de jesuitas y de católicos laicos el 15 de septiembre de 1965, aunque las clases no comenzaron ese mismo año, sino a inicios de 1966, y no en el campus actual, sino en locales cedidos por los salesianos en la Iglesia Don Rúa, con un primer contingente de 357 estudiantes.

    Cuando los salesianos reclamaron esas instalaciones, la universidad se trasladó por un tiempo breve al Externado de San José, hasta que en 1969, con algo más de mil estudiantes (1,031, según su propia historia institucional), se instaló definitivamente en los terrenos de Antiguo Cuscatlán que ocupa hasta hoy.

    La editorial universitaria, UCA Editores, nació el 1 de mayo de 1975, según la propia universidad, que en 2025 celebró el cincuentenario de ese sello, bajo el cual se han publicado ya más de 400 títulos de autores salvadoreños e internacionales.

    Masacre de los sacerdotes jesuitas de la UCA.

    La noche del 16 de noviembre de 1989

    Ese mismo campus fue escenario, la madrugada del 16 de noviembre de 1989, de uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente de El Salvador: un pelotón del Batallón Atlacatl irrumpió en la residencia de los jesuitas y asesinó a seis sacerdotes; Ignacio Ellacuría, rector de la universidad; Ignacio Martín-Baró, vicerrector académico; Segundo Montes, director del Instituto de Derechos Humanos; Juan Ramón Moreno, director de la biblioteca de Teología; Amando López, profesor de Filosofía, y Joaquín López y López, único salvadoreño entre los seis religiosos y uno de los fundadores de la universidad, junto con dos colaboradoras que se encontraban en la casa esa noche, Elba Ramos, empleada doméstica, y su hija Celina Mariceth Ramos; un crimen que, décadas después, sigue siendo estudiado en tribunales y en las propias aulas de la UCA como uno de los símbolos más crudos de la violencia estatal de aquellos años, y que conviene tener presente cada vez que se recorre, sin mayor reflexión, ese tramo del bulevar Los Próceres.

    Un documento de asfalto

    Contado así, de oriente a poniente, el bulevar Los Próceres deja de ser solamente una vía rápida para el tráfico capitalino y se revela como una suerte de palimpsesto donde se sobreponen la tierra agrícola de dos fincas cuyo rastro documental todavía se nos escapa, la ingeniería vial de mediados del siglo XX, el homenaje cívico a los próceres de la Independencia, el drama migratorio de varias generaciones de salvadoreños y la memoria, todavía abierta, de un crimen que marcó al país entero; quien lo recorra de aquí en adelante quizá ya no vea solamente semáforos y rótulos de comida rápida, sino los distintos estratos de una historia que, como toda historia bien contada, admite matices, exige verificación y, en más de un punto, todavía espera que alguien termine de escribirla del todo.

  • Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte 2)

    Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte 2)

    Todos los días decenas de miles de vehículos recorren los 2.1 kilómetros del boulevar Los Próceres sin que casi nadie repare en que esa cinta de asfalto que hoy respira gasolina y prisa fue, apenas seis décadas atrás, tierra de labranza; los terrenos que ocupa formaron parte de dos fincas Palermo y Guadalupe, según recoge la tradición oral que circula entre cronistas y vecinos de la zona.

    Lee la primera entrega aquí.

    Hermano Lejano que volvió a casa

    Caminando por el bulevar de oriente a poniente, el primer gran hito que encuentra quien lo recorre es justamente ese monumento, coronado por un paso a desnivel de un solo carril que lo atraviesa por encima: se levantó en 1994 con el respaldo del entonces alcalde de San Salvador, Armando Calderón Sol, quien un año después sería elegido presidente de la República, y su nombre original, Hermano Lejano, respondía a la vocación con que fue concebido: rendir homenaje a los salvadoreños que habían dejado el país durante la guerra civil y los años de posguerra en busca de trabajo en el extranjero.

    Ese nombre se cambió en 2002 por el actual, Hermano Bienvenido a Casa, en un gesto que desplazaba el énfasis de la distancia hacia el regreso, hacia la bienvenida a quienes volvían de visita o de manera definitiva; su ubicación no es casual, pues señala el tramo donde el boulevard se conecta con la vía que lleva al aeropuerto, de modo que es de los primeros paisajes urbanos que ve quien llega desde fuera del país.

    La autoría suele atribuirse, en reportajes de prensa y publicaciones de divulgación, al artista Fernando Llort (1949-2018), uno de los mayores nombres del arte salvadoreño contemporáneo; se trata de una atribución extendida y verosímil, coherente con el momento y el estilo de su obra, aunque no logramos cotejarla contra una fuente enciclopédica de primer orden, así que la dejamos anotada con esa misma reserva.

    Monumento «Hermano, Bienvenido a Casa», con trazos del artista Fernando Llort.

    La Torre Democracia, que cambió tres veces de nombre

    La torre que nació como Torre Democracia en 1989, pasó a ser Torre Cuscatlán en 1998, Torre Citi en 2007 y volvió a llamarse Torre Cuscatlan en 2016.

    Antes de llegar al campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), quien camina el bulevar hacia poniente se topa con otro hito, este de vidrio y concreto en lugar de acero: la torre de 79 metros y diecinueve niveles que el arquitecto salvadoreño Ricardo Jiménez Castillo levantó entre 1988 y 1989, aunque algunas fuentes sitúan el arranque de la obra a finales de 1987, con el ingeniero estructural Fredy Herrera Coello a cargo del cálculo, y que nació, según registran varios archivos fotográficos de la época, con el nombre de Torre Democracia, pensada originalmente para alojar oficinas de gobierno; conviene precisar, de paso, que las fuentes consultadas identifican a Jiménez Castillo como arquitecto del proyecto y no como ingeniero, distinción que en el gremio de la construcción no es menor, aunque es frecuente que la prensa y la memoria popular usen ambos títulos de manera intercambiable.

    Torre Democracia. Efectos de ataque guerrillero.

    Su año de conclusión, 1989, coincidió con uno de los momentos más violentos del conflicto armado salvadoreño, el de la llamada Ofensiva Hasta el Tope en noviembre de ese año, cuando la guerrilla del FMLN tomó por asalto buena parte de la capital, y las mismas fuentes documentan que la Torre Democracia, por su condición de edificio gubernamental, sufrió numerosos ataques e intentos de derribo durante esos años de guerra que dejaron buena parte de su fachada de vidrio destrozada; una fotografía de archivo que circula como material histórico sitúa, en efecto, uno de esos ataques en 1989.

    La torre permaneció bajo control estatal hasta 1998, año en que fue adquirida por el Banco Cuscatlan y rebautizada Torre Cuscatlan, nombre que conservó hasta julio de 2007, cuando Citibank compró el banco y la rebautizó Torre Citibank El Salvador, o Torre Citi, como terminó por conocerla la gente.

    La historia, sin embargo, no se detuvo ahí, porque en 2016, cuando el grupo hondureño Terra adquirió las acciones de Citigroup en la región, el edificio recuperó el nombre de Torre Cuscatlan, el que lleva hasta hoy, un vaivén de bautizos que, a su manera, resume tan bien como los bustos y el propio bulevar esa costumbre salvadoreña de rebautizar sus monumentos cada vez que cambian de dueño.

     

    Torre Democracia.
    Torre Citi.
    Torre Cuscatlan.
  • Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte I)

    Lo que no te han contado del bulevar Los Próceres (Parte I)

    Todos los días decenas de miles de vehículos recorren los 2.1 kilómetros del bulevar Los Próceres sin que casi nadie repare en que esa cinta de asfalto que hoy respira gasolina y prisa fue, apenas seis décadas atrás, tierra de labranza; los terrenos que ocupa formaron parte de dos fincas Palermo y Guadalupe, según recoge la tradición oral que circula entre cronistas y vecinos de la zona.

    De la Autopista Sur al 438 aniversario de la ciudad

    Lo que sí puede afirmarse con más seguridad es que la construcción de la vía comenzó en la década de 1960, obedeciendo a una lógica muy propia del urbanismo modernizador de la época: dotar a San Salvador de una segunda ruta hacia Santa Tecla, distinta de la antigua carretera que subía por San Jacinto y Planes de Renderos, y abrir de paso una salida más directa hacia el que sería, años más tarde, el aeropuerto internacional de Comalapa, hoy Aeropuerto Internacional San Óscar Romero.

    Bajo esa doble vocación (descongestionar el tráfico hacia el poniente y proyectar al país hacia una infraestructura aeroportuaria moderna) la vía recibió su primer nombre, mucho menos solemne que el actual: Autopista Sur, denominación que conservó durante casi dos décadas y que todavía perdura en la memoria de quienes vivieron esos años.

    Vista aérea de la intersección del bulevar Los Próceres y la autopista a Comalapa, en San Salvador.

    El 28 de septiembre de 1984 la autopista dejó de llamarse así para convertirse en el bulevar Los Próceres, bautizo que la crónica local hace coincidir con el 438 aniversario del título de ciudad otorgado a San Salvador; la aritmética, al menos, no engaña: la villa de San Salvador recibió ese título el 27 de septiembre de 1546, de modo que 1984 fue, en efecto, año del 438 aniversario, dato que convierte el cambio de nombre casi en un acto de celebración cívica antes que en una simple decisión administrativa de tránsito.

    Ahora bien, respecto de quién firmó ese decreto conviene ser prudentes: la versión que circula atribuye la decisión y la colocación de diez bustos de próceres a lo largo de la vía, al entonces alcalde Alejandro Duarte (alcalde entre 1982 y 1985).

    Monumento Hermano Lejano, posteriormente llamado Bienvenido a Casa, antes de las primeras remodelaciones.

    Remodelaciones del boulevar y ampliaciones.

    Los bustos que el tiempo no perdonó

    Los bustos, en cambio, sí tienen un nombre asociado con algo más de solidez histórica: el del escultor salvadoreño Valentín Estrada Domínguez, nacido en Soyapango en 1902 y fallecido en 1986, autor reconocido de piezas en piedra, madera y bronce sobre temas prehispánicos e identidad nacional, entre ellas varios bustos de personalidades salvadoreñas realizados a lo largo de su carrera; que esas diez cabezas de piedra sembradas en 1984 a lo largo del bulevar salieran de su taller resulta plenamente coherente con su trayectoria y con el calendario.

    Algo que sí documentan reportajes recientes es el destino de esas esculturas: hoy, más de cuatro décadas después, ya no cuentan siquiera con placas que permitan identificar a los próceres retratados, y buena parte de ellas se ha deteriorado o desaparecido sin que las autoridades municipales las hayan restaurado; la cifra de que sólo cinco de los 10 bustos originales sobreviven resulta, a la luz de ese abandono documentado y de remodelacionesde la vía.

    El escultor salvadoreño Valentín Estrada (1902-1986).
  • Invitan a recorrido fotográfico por plazas del Centro Histórico de San Salvador

    Invitan a recorrido fotográfico por plazas del Centro Histórico de San Salvador

    El experto en la historia del Centro Histórico de San Salvador, Salvador Cañas Huguet, invita al público en general a un recorrido fotográfico virtual por las plazas emblemáticas que dieron origen a la ciudad capital, este sábado 18 de abril a las 3:00 de la tarde, acompañados de su guía con información y datos relevantes.

    Cabe mencionar que Huguet ha documentado fotografías e información de San Salvador durante los últimos 50 años, un material único que comenzó a compartir con la serie de libros «Historia visual del Centro Histórico de San Salvador», cuyo primer tomo fue lanzado en diciembre, enfocado en la «Plaza Libertad y Alrededores».

    La exposición será en la Plaza Universitaria y el acceso es libre y gratuito, para que los interesados puedan conocer mucho más de los tres puntos principales del casco urbano: Plaza General Gerardo Barrios, Plaza Libertad y Plaza General Francisco Morazán. ¡No te lo pierdas!

  • El historiador Salvador Cañas Huguet invita a serie de encuentros

    El historiador Salvador Cañas Huguet invita a serie de encuentros

    El salvadoreño Salvador Cañas Huguet ha documentado fotografías e información de la ciudad de San Salvador durante los últimos 50 años, un material único que comenzó a compartir con la serie de libros «Historia visual del Centro Histórico de San Salvador», lanzado en diciembre con el primer tomo «Plaza Libertad y Alrededores».

    Este material ha dado paso a paso a conferencias, redes socoiales para compartir este contenido y exposiciones al aire libre como la que está disponible estos días junto al Teatro Nacional de San Salvador, donde se muestran imágenes de edificios y momentos históricos de la capital.

    Es así como este viernes 27 de febrero el historiador ofrecerá una conferencia en el Casino Santaneco a las 6:00 p.m., acerca de la fundación de San Salvador y la plaza Libertad, incluyendo la presentación de su libro.

    Bajo la misma temática, Huguet tendrá una charla el jueves 12 de marzo en el Círculo Deportivo Internacional (CDI), en San Salvador, para miembros y sus invitados.

    Y para el sábado 28 de marzo, en la Biblioteca Nacional de El Salvador (Binaes), el experto tendrá un recorrido fotográfico de las plazas emblemáticas del Centro Histórico capitalino, a las 3:00 p.m. La participación en este recorrido es abierta y gratuita para el público en general.

     

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  • Historia del centro de San Salvador se resume en libro de Salvador Cañas Huguet

    Historia del centro de San Salvador se resume en libro de Salvador Cañas Huguet

    El libro «Historia visual del Centro Histórico de San Salvador, Plaza Libertad y alrededores» es un fascinante viaje por los cimientos de la capital de El Salvador, sus edificios y personajes que construyeron toda una línea del tiempo que ha sido documentada y resumida por el historiador Salvador Cañas Huguet.

    En pleno resurgimiento del Centro Histórico, el experto salvadoreño lanzó esta primera entrega de una saga de siete tomos que saldrían eventualmente a la luz, de acuerdo con la recepción del público, y que recogen una investigación desarrollada a lo largo de 50 años con fotografías, ilustraciones y datos que hoy emergen en un libro ilustrado de pasta dura, a todo color y alta calidad bibliográfica.

     

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    Como el título lo adelanta, este primer material se centra en la Plaza Mayor, luego conocida como parque Dueñas y actualmente Plaza Libertad; el cabildo, la iglesia El Rosario, los portales, la Compañía Salvadoreña de Café y la Primera Casa Presidencial, entre otros edificios, leyendas y sus protagonistas, así como reseñas de costumbres y tradiciones.

    «Mi objetivo es perpetuar la historia y dejar un documento escrito que usted pueda consultar y tener a la mano cuando quiera, con fotos legítimas, porque no estoy usando inteligencia artificial en ninguna de ellas ni cambiando colores ni animaciones», afirma el autor, que describe su estilo narrativo como historias completas y fáciles de leer.

    El libro ya está disponible en el Museo Marte y en las Librerías UCA con un valor de $65, pero también puede adquirirse a través del número 7886-4686. Sin duda, este documento es indispensable para todo amante de la historia de El Salvador y de su ciudad capital.

  • Por esta razón llamamos «pan francés» al pan tradicional de El Salvador

    Por esta razón llamamos «pan francés» al pan tradicional de El Salvador

    En El Salvador llamamos pan francés al pan de harina de trigo más tradicional y simple que acompaña las comidas, a veces como sustituto de la tortilla. Hay de diferentes formas y tamaños; del tradicional (alargado o redondo), corriente (polveado) o de galleta (con pequeños orificios encima), pero muy pocos conocemos por qué le llamamos francés.

    De acuerdo con el historiador salvadoreño Salvador Cañas Huguet, que hoy comparte contenidos en su cuenta de TikTok, este nombre tuvo su origen en el Hotel Nuevo Mundo, en el Centro Histórico de San Salvador, hoy conocido sólo a través de fotografías que lo muestran en la esquina junto al Palacio Nacional, donde hoy se ubica la Plaza Centroamérica.

    «Había un cocinero francés muy famoso que atendía a los huéspedes, y como tenía muchos ratos libres, le dedicó ese tiempo a hacer pan para venderle al público y a la gente que pasaba, así que todo el mundo llamaba que qué bueno era el pan del francés, que terminanos llamando al final pan francés», cuenta Cañas Huguet en un reciente video.

    Aunque no precisa el nombre de este personaje europeo, queda claro que una sencilla pero importante iniciativa marcó a toda una ciudad y posteriormente a todo el país, donde la cultura del pan sin azúcar honra a un francés.

    Cabe mencionar que Salvador Cañas Huguet, quien ha dado múltiples conferencias de historia de El Salvador, está próximo a lanzar su libro «Historia Visual del Centro Histórico de San Salvador», que incluye imágenes de antaño, especialmente de la Plaza Libertad y sus alrededores. La cita será dada a conocer en sus redes sociales.

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