A 40 años de la tragedia: “Está temblando, no corran”

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Tristemente nos remontamos al viernes 10 de octubre de 1986 a las 11:49 de la mañana, todos con planes para el fin de semana, los niños a punto de salir de clases, el tráfico de viernes apenas empieza y muchos en las oficinas empiezan a cerrar sus escritorios, ya que en 10 minutos saldrán a almorzar; es cuando se da la violenta sacudida de un terremoto de 7.0 grados según fuentes internacionales y de 5.7 según el SNET (Servicio Nacional de Estudios Territoriales).

El epicentro del terremoto se dio en los Planes de Renderos con una profundidad de 10.9 kilómetros y a tan sólo 7 kilómetros del centro de San Salvador, la intensidad de IX en la escala Mercalli refleja lo violento del sismo que duró 10 segundos, que parecieron eternos.

Casa Ambrogi.

El terremoto dejó alrededor de 2,000 víctimas fatales, más de 10,000 heridos, 288,000 damnificados y una pérdida neta estimada de 1,031 millones de dólares en infraestructuras y bienes materiales.

El impacto psicológico del evento fue enorme con 2,745 réplicas entre el 10 de octubre y el mes de mayo de 1987, más de 700 sentidas, algunas con magnitud de 4.5.

Los daños fueron inimaginables, pero el evento más doloroso fue el desplome parcial del Centro Escolar Católico Santa Catalina, ubicado en la Avenida Cuba del Barrio San Jacinto, provocando el fallecimiento de 42 niñas.

Gran Hotel San Salvador.

Otro evento que provocó muchas víctimas fue el colapso del Edificio Rubén Darío ubicado frente a la Plaza Hula Hula, causando la muerte de al menos 300 personas y la desaparición de un número indeterminado; afortunadamente fueron rescatadas de entre los escombros alrededor de 150 personas.

A consecuencia del terremoto, la capacidad de la red hospitalaria se vio reducida a un 40 % y la demanda de servicios médicos de emergencia aumentó exponencialmente.

También el patrimonio histórico se vio afectado y provocó un duro golpe al ánimo de la población, al ver la imagen del Divino Salvador del Mundo por los suelos, hecha varios pedazos.

Monumento Salvador del Mundo también colapsó.

Los periódicos nacionales calificaron el evento como HECATOMBE, como lo vemos en la portada de un matutino y otro mostraba fotos del drama humano del evento telúrico: LOS RESCATES Como siempre, el salvadoreño no se queda de brazos cruzados ante el dolor de sus hermanos; ejército, cuerpos de socorro y sobre todo gran cantidad de particulares, empezaron a escarbar en los escombros a mano, en busca de sobrevivientes y también cadáveres.

La ayuda internacional

La comunidad internacional envió 12.5 millones de dólares en asistencia inicial, Estados Unidos otorgó inicialmente 325,000 dólares para rescate y días después su Congreso aprobó 50 millones para infraestructura. En 1988 la AID aportó 105 millones para reconstruir hospitales, escuelas, viviendas y servicios básicos.

España inició formalmente su cooperación con El Salvador a raíz de la emergencia, mediante el envío de suministros, equipos y expertos; esta asistencia sentó las bases del primer Convenio Básico de Cooperación Científico-Técnica, firmado en 1987.

Daños estructurales.

Durante los primeros días llegaron 42 equipos extranjeros de atención médica y rescate, entre ellos brigadas voluntarias como los “topos” mexicanos, cuya participación se presentó como retribución a la solidaridad salvadoreña tras el terremoto de México de 1985.

Suiza también envió equipos que colaboraron en el rescate de desaparecidos, suministro de agua potable y distribución de medicamentos.

Curiosamente, la cantidad de ayuda extranjera generó dificultades de identificación, clasificación y almacenamiento; también se registraron disputas entre algunas brigadas internacionales por coordinar zonas exclusivas y atender los edificios colapsados más emblemáticos de la capital.

Edificio Rubén Darío. Al fondo, edificio de El Telégrafo.

El drama familiar y el miedo

Debido a la cantidad de réplicas, el pueblo entero con temor a la caída de paredes y muros obligó a muchas familias a dormir a la intemperie en tiendas de campaña improvisadas, sin servicios básicos, a oscuras, sin agua y con problemas para alimentarse.

Nuevamente surgió el corazón del salvadoreño, vecindarios completos se organizaron para recolectar víveres, ropa y agua para los damnificados, entregándolas directamente a los más afectados o en los centros de acopio.

Edificio Dueñas.

El terremoto de 1986 se originó en la corteza superior de la Placa de Cocos, a lo largo de una falla de 30 kilómetros que va desde el volcán de San Salvador hasta Los Planes de Renderos; fue más letal que los sismos del 13 de enero y 13 de febrero de 2001, en especial porque la onda fue de tipo oscilatorio.

El movimiento sísmico fue sentido en todo el país como lo muestra el mapa publicado por Obras Públicas por medio del Centro de Investigaciones Geotécnicas: Lo que no se había dado a conocer, es que hace 1,500 años, cuando la caldera de Ilopango hizo erupción, una enorme nube de ceniza blanca cubrió cientos de kilómetros a la redonda en todo el territorio centroamericano; esta ceniza llamada Sascab o Saskab (del maya-tierra blanca), polvo formado por algo parecido a la piedra pómez molida; en algunas zonas esta capa de ceniza alcanzó varios metros de grosor, posteriormente cubriéndose con tierra y vegetación con el pasar de los siglos.

Rescatistas.

Sobre esta tierra se construyeron las ciudades y ahora se sabe que estas capas tienen efecto acelerante e inestable ante las ondas sísmicas.

Otro dato a tomar en cuenta es la permanencia de edificios en San Salvador y zonas aledañas, que sufrieron daños en terremotos anteriores y no fueron demolidos ni reparados adecuadamente; otro más grave era la existencia de construcciones hechas con adobe que fueron fácilmente derribadas por los terremotos.

Rescate

Esto trajo como consecuencia la creación de organismos y normas que regulan la construcción como:

  • En 1988: Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador (OPAMSS).
  • 1989: Reglamento de Emergencia de Diseño Sísmico de la República de El Salvador; con la consecuente prohibición de reparaciones superficiales cosméticas en edificios y estructuras dañadas.
  • 1994: Reglamento para la Seguridad Estructural de las Construcciones de El Salvador (RESESCO); bajo este marco se introdujo la Norma Técnica para Diseño por Sismo (NTDS).

También se prohibió la construcción con adobe (bloques de tierra cruda, arcilla, arena y fibras naturales secados al sol, siendo un método tradicional, económico pero poco seguro) y también el diseño de plantas bajas no flexibles, ya que la rigidez de las plantas bajas provocó el colapso de edificios completos.

Daños.

Reconocimiento, 40 años después

Nunca es tarde para reconocer la labor silenciosa de cientos de personas, que desinteresadamente ayudaron a nuestros hermanos salvadoreños y extranjeros afectados en el terremoto: cuerpos de socorro, ejército, particulares, médicos, enfermeras y a cada salvadoreño que dio tiempo, dinero, víveres, agua y arriesgó su vida por los demás e incluso a los que fueron apoyo emocional para los afectados en estos difíciles momentos; también a los países amigos que dieron su ayuda económica y técnica.

Edificio Rubén Darío.

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