Al menos 34 personas murieron tras el terremoto de magnitud 7.1 que sacudió el martes la prefectura de Kumamoto, en el sudoeste de Japón, mientras los equipos de rescate continúan las operaciones entre edificios colapsados y zonas industriales afectadas. El Gobierno japonés mantiene desplegados a miles de rescatistas en una carrera contra el tiempo para localizar sobrevivientes.
La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, confirmó el nuevo balance de víctimas, mientras el portavoz del Gobierno, Minoru Kihara, aseguró que la Policía, los Bomberos y las Fuerzas de Autodefensa seguirán con las labores de búsqueda. “La Policía, los Bomberos y las Fuerzas de Autodefensa (Ejército) continuarán realizando desesperados esfuerzos en las operaciones de rescate”, afirmó el funcionario, quien reconoció que las tareas se han convertido “cada vez más” en “una carrera contra el tiempo”.
Entre los puntos más afectados se encuentra el centro comercial Aeon Mall, en Kashima, donde una explosión registrada poco después del terremoto dejó varias víctimas mortales. Otro de los escenarios más graves fue la planta de Nippon Paper Industries, en Yatsushiro, donde el colapso de una enorme chimenea provocó múltiples fallecidos y obligó a mantener intensas labores de búsqueda con cientos de rescatistas.
El terremoto ocurrió a las 4:27 de la tarde del martes (hora local) y tuvo su epicentro a unos 10 kilómetros de profundidad bajo la prefectura de Kumamoto. El movimiento alcanzó el nivel máximo de la escala sísmica japonesa, provocó daños en carreteras, edificios e infraestructura pública, además del derrumbe de parte del histórico castillo de Kumamoto. Desde entonces se registraron centenares de réplicas, incluida una de magnitud 5.8, por lo que las autoridades mantienen la alerta ante la posibilidad de un nuevo sismo de gran intensidad.
Además del impacto humano, el terremoto interrumpió la actividad económica de Kyushu, región que Japón impulsa como su principal polo tecnológico y que concentra cerca de un millar de empresas vinculadas a la fabricación de semiconductores, componentes electrónicos y vehículos. El Gobierno informó que aún evalúa la magnitud de los daños en estas instalaciones.
“En este momento es difícil realizar una evaluación detallada sobre el impacto del terremoto en la economía nacional”, declaró Kihara. Agregó que la prioridad es “recuperar infraestructuras clave y vigilar las repercusiones en la actividad económica, en particular en las cadenas de suministro de semiconductores y automóviles”.
El mayor fabricante mundial de chips avanzados, TSMC, informó que necesitará tiempo para inspeccionar y recalibrar los equipos de su planta en Kumamoto. Otras compañías como Toyota, Sony, Fujifilm y Tokyo Electron suspendieron temporalmente sus operaciones para revisar las condiciones de seguridad de sus instalaciones, aunque hasta el momento no reportan daños estructurales de gran magnitud.
Pese a encontrarse en una de las regiones con mayor actividad sísmica del planeta, Kyushu continúa atrayendo inversiones por su abundante disponibilidad de agua, suministro eléctrico confiable, mano de obra especializada y cercanía con Taiwán, uno de los principales centros mundiales de la industria de semiconductores. Especialistas consideran que, aunque el riesgo sísmico incrementa los costos de construcción, la experiencia japonesa en infraestructura antisísmica permite que las grandes empresas recuperen sus operaciones con relativa rapidez tras este tipo de desastres.

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