Trump afirma que Cuba está “a punto de caer” tras corte de petróleo venezolano

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este martes que “Cuba está a punto de caer” debido a que ya no recibe petróleo de Venezuela desde que Nicolás Maduro fue depuesto del poder en ese país. La declaración fue hecha ante la prensa antes de un mitin en el estado de Iowa.

Trump aseguró que Cuba dependía en gran medida del crudo y los ingresos provenientes de Venezuela, pero que ese apoyo ahora ha cesado.

“Cuba está a punto de caer. Cuba es una nación que está muy cerca del colapso”, dijo el mandatario estadounidense.

El presidente agregó que Venezuela, con “las mayores reservas de petróleo del mundo”, ahora cuenta con una “presencia muy fuerte” de Estados Unidos y dijo que su gobierno trabaja de forma “excelente” con la administración interina de Delcy Rodríguez, quien asumió tras la captura de Maduro.

Trump afirmó además que “ahora les irá mejor que nunca” y que Estados Unidos obtendrá beneficios tanto para Venezuela como para su propio país mediante la cooperación energética. Según el presidente, la relación con los líderes venezolanos se mantiene fuerte y seguirá así.

El mandatario estadounidense atribuye el presunto debilitamiento económico de Cuba al fin del suministro de petróleo venezolano, un aliado histórico de La Habana. Tras la intervención militar estadounidense en Venezuela el pasado 3 de enero, que culminó con la captura de Maduro y su traslado a Nueva York, Washington considera que la interrupción de los envíos de crudo podría provocar un cambio de régimen en Cuba.

El Gobierno cubano ha rechazado las afirmaciones de Trump, calificando la intervención estadounidense en Caracas como un “acto de terrorismo” y advirtiendo que no tolerará amenazas ni intimidaciones. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, declaró que “no hay rendición ni claudicación posible” y que Cuba no aceptará concesiones políticas bajo coerción, asegurando que ese tema “jamás estará en una mesa de negociaciones” con Estados Unidos.

La tensión entre Washington y La Habana se agrava en el contexto de una profunda crisis económica en Cuba, marcada por la escasez de combustible y otros suministros básicos, así como por un significativo descenso en la actividad turística y dificultades energéticas que afectan a la población.

 

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