La diabetes es una enfermedad silenciosa que afecta a una parte considerable de la población salvadoreña. Según la doctora Jeny Mendoza, internista y diabetóloga, en El Salvador «andamos más o menos entre un 8 o 9% la prevalencia, anual, pero esto se está incrementando año con año». Debido a factores como el sedentarismo y la mala alimentación, la enfermedad ya no es exclusiva de adultos mayores, sino que se está diagnosticando en jóvenes e incluso en niños con obesidad.
Ante este panorama, una nueva tecnología médica ya está disponible en el país para cambiar radicalmente la forma en que los pacientes controlan su salud, en el sector privado: el monitoreo continuo de glucosa. Este avance tecnológico elimina la necesidad de los constantes pinchazos en los dedos, ofreciendo a cambio un seguimiento en tiempo real desde el teléfono celular.
La doctora Patricia Argueta de Cativo, especialista en salud pública, detalla que el sistema funciona mediante un pequeño sensor que se adhiere a la parte posterior del brazo. «Este es el sensor que se le aplica sin ningún dolor, se aplica fácil, es ligero, pesa lo que pesa una página de papel», explica la experta, añadiendo que el dispositivo «le está midiendo la glicemia minuto a minuto» a través de una señal Bluetooth conectada al teléfono del paciente.
Una de las grandes ventajas de esta innovación es la comodidad. El sensor tiene una vida útil de 15 días y es resistente al agua, por lo que el paciente puede bañarse, hacer ejercicio e incluso nadar sin temor a que se desprenda. «No es necesario que el paciente interrumpa su vida diaria y suspenda lo que está haciendo para buscar la lanceta, la tirita reactiva y pincharse el dedo», destaca Argueta.
A pesar de la facilidad para adquirir estos dispositivos en farmacias, las especialistas advierten que la tecnología por sí sola no es suficiente si no hay una interpretación médica adecuada. Las personas pueden comprarlo, «pero lo que pasa es que se lo ponen y de ahí qué y no saben», advierte la doctora Argueta.

Por ello, el verdadero impacto de esta tecnología radica en el servicio médico integral que la acompaña. El paciente debe registrar en la aplicación sus tiempos de comida, medicamentos y actividad física. Esto permite al médico tratante evaluar cómo reacciona el metabolismo ante alimentos cotidianos.
«No es lo mismo que ponga una porción de semita a que ponga dos o tres», señala Argueta, ya que esa especificidad le sirve al médico para entender por qué se eleva la curva de azúcar y tomar decisiones precisas.
Para la doctora Mendoza, el componente educativo es vital para evitar complicaciones graves de la diabetes como insuficiencia renal, derrames cerebrales o amputaciones. «Esta enfermedad es de educar… No es solo tenga, tómese la pastilla, haga ejercicio, camine, coma bien», reflexiona Mendoza, explicando que parte del tratamiento implica negociar las porciones de arroz o tortillas con el paciente para mejorar su calidad de vida.
Más allá de los pacientes ya diagnosticados con diabetes, esta tecnología también se está perfilando como una herramienta clave de prevención. Hoy en día, el monitoreo continuo se utiliza «para toda aquella persona que quiera saber cómo su metabolismo está funcionando», incluyendo a personas con sobrepeso, resistencia a la insulina o atletas que desean medir el impacto del ejercicio en su cuerpo.
El monitoreo de glucosa está disponible a través del número 6040-1396 en El Salvador y ofrece, además de la colocación del dispositivo, el servicio médico de educación inicial, acompañamiento por 15 días, revisión intermedia, explicación de tendencias y reporte final para el paciente y el médico tratante.
Diabetes, el enemigo silencioso en El Salvador
La alimentación alta en carbohidratos, el sedentarismo, y el riesgo de familiares con diabetes, se combinan para que más salvadoreños desarrollen esta enfermedad en diferentes estadios de la vida, a pesar que antes era considerada una, exclusiva de los adultos mayores de 50 o 60 años.
Las doctoras revelaron que en la actualidad hay un incremento preocupante de diagnósticos en adultos jóvenes de entre 30 y 40 años. Aún más alarmante es que la enfermedad se está presentando en niños y adolescentes, una situación impulsada directamente por el aumento del sobrepeso y la obesidad.
La doctora Jeny Mendoza define a la diabetes como una enfermedad «silenciosa» que puede pasar desapercibida por mucho tiempo. Esto ocurre porque la población tiende a normalizar o ignorar los primeros síntomas —como la boca seca, la sed excesiva o el aumento en la necesidad de orinar por las noches— asumiendo que se deben simplemente al calor o a que tomaron mucha agua antes de dormir.

Además, existe una barrera cultural en El Salvador: las personas no suelen hacerse chequeos médicos de rutina y solo consultan cuando ya se sienten muy mal. Por ello, las doctoras recomiendan que las personas comiencen a realizarse exámenes anuales preventivos a partir de los 20 años, especialmente si tienen sobrepeso o antecedentes familiares.
En muchas ocasiones, la diabetes se descubre de forma incidental, por ejemplo, cuando un odontólogo acucioso solicita un examen de glucosa antes de una cirugía dental, o cuando un oftalmólogo detecta daño en la retina.
Si la diabetes no se diagnostica a tiempo o si los pacientes no se apegan al tratamiento, las consecuencias para el organismo son severas. Las doctoras advierten que puede provocar daño irreversible en los riñones (que termina en diálisis), problemas cardíacos como infartos, derrames cerebrales, daños en la vista y la temida neuropatía diabética, que produce la pérdida de sensibilidad en los pies y puede desencadenar úlceras que terminan en amputaciones.
La educación es la clave
Para las especialistas, «esta enfermedad es de educar», ya que el éxito del tratamiento no consiste únicamente en recetar pastillas o insulina, sino en lograr que el paciente acepte y entienda su condición.
Señalan que el acompañamiento médico en El Salvador a veces requiere fungir hasta de psicólogo, pues los pacientes suelen deprimirse y frustrarse al tener que cambiar su estilo de vida.
En lugar de prohibir drásticamente los alimentos, el enfoque médico que recomiendan se basa en negociar y ajustar gradualmente las porciones de comidas muy arraigadas en la cultura salvadoreña, como el consumo de pan dulce, semita, arroz y tortillas. El objetivo final de toda esta educación y control no es acosar al paciente, sino garantizar que pueda disfrutar de una vejez con calidad de vida, autonomía y sin depender de otros para sus cuidados básicos.
Fuentes médicas:
Dra.Jeni Mendoza
Medicina Interna, y diabetología
Tel 76009476 y 2225-0924
Dra. Patricia Argueta de Cativo
Especialista en Salud Pública
6040-1396

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