La intervención de aproximadamente 40,000 plantas presuntamente de coca en Honduras en julio de 2025 confirma el fuerte crecimiento de su cultivo en Centroamérica, advirtió la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) en su informe anual presentado en Viena. El organismo señala un “aumento significativo” del arbusto en una región históricamente utilizada como corredor del narcotráfico.
“En julio de 2025, las fuerzas armadas de Honduras incautaron aproximadamente 40,000 plantas presuntamente de coca en el municipio de Olanchito”, indica el documento.
Además, cita un estudio publicado en 2024 en la revista ‘Environmental Research Letters’ que estima que el 47 % del norte de Centroamérica —Belice, Guatemala y Honduras— posee condiciones biofísicas “adecuadas” para el cultivo de hoja de coca.
Por su ubicación estratégica entre los grandes centros de producción en Sudamérica y los mercados de consumo en Norteamérica y Europa, Centroamérica ha sido durante décadas un punto clave de tránsito. La JIFE destaca a Panamá como espacio estratégico, ya que hasta el 40 % de la cocaína colombiana con destino al norte cruza por su zona económica exclusiva, utilizando rutas marítimas y el flujo comercial del Canal de Panamá.
Honduras es descrita como “país de tránsito clave” para la cocaína que se dirige hacia Estados Unidos y Europa.
El informe señala que en 2024 continuó el uso de lanchas rápidas y la participación de organizaciones criminales transnacionales como el cártel de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, el Tren de Aragua y el Clan del Golfo, en colaboración con pandillas locales como la MS-13 y Barrio 18.
Guatemala también figura como territorio de paso para cargamentos terrestres procedentes de El Salvador y Honduras, así como para envíos marítimos desde Colombia y Ecuador.
El documento advierte, además, una diversificación hacia drogas sintéticas. Guatemala reportó aumentos en decomisos de precursores químicos y el desmantelamiento de dos laboratorios clandestinos.
En cuanto al consumo, la cocaína representa el 49.2 % de los casos en tratamiento en la región, seguida del cannabis con 43.5 %, los opioides con 2.6 % y el uso no médico de sedantes y tranquilizantes con 2 %.

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