Alza del diésel elevó el costo de los alimentos para las familias, según estudio de la UES

El encarecimiento de los costos logísticos, impulsado por el aumento en los precios del diésel, obligó a las familias salvadoreñas a pagar más por los alimentos durante el primer trimestre de 2026, concluyó un análisis del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad de El Salvador (UES).

El boletín revisó cómo la inestabilidad geopolítica en Medio Oriente —que estalló con los ataques de EE. UU. e Israel contra Irán el 28 de febrero— provocó un aumento drástico en los precios de los combustibles en El Salvador, que, al ser un importador neto, traslada casi de inmediato ese choque al mercado nacional.

Una característica del mercado salvadoreño es que no cuenta con una refinería local desde el cierre de operaciones de RASA, en Acajutla en 2012, por lo que depende de las importaciones de combustibles ya procesados y listos para el consumo.

Según el análisis, el diésel actúa como motor del aumento en los canales logísticos y de transporte, lo que genera un efecto en cascada sobre el costo de la distribución de alimentos, el abastecimiento de los mercados, el transporte colectivo y los procesos productivos.

«Por ello, cuando el diésel registra aumentos significativos, el efecto no se agota en el precio pagado en las estaciones de servicio, sino que se propaga hacia los costos logísticos y, posteriormente, hacia los precios de bienes finales», señala el informe.


Asimismo, señala que un mayor costo de los combustibles genera una transmisión indirecta al presupuesto alimentario de los hogares salvadoreños.

De esa manera, la canasta básica alimentaria (CBA) pasó de $250.82 en enero de 2026 a $252.66 en febrero y $254.64 en marzo, lo que representó un aumento acumulado de $3.82 durante el primer trimestre.

Ese incremento fue mayor hasta mayo, ya que la Oficina Nacional de Estadísticas y Censos (Onec) reportó que la CBA llegó a $258.21.

Los datos del informe muestran que la división de alimentos es el canal más sensible ante este choque de oferta. Existe un coeficiente de transmisión de aproximadamente 0.42; esto significa que por cada 1 % de aumento en los costos de transporte, los precios de los alimentos aumentan aproximadamente 0.42 %.

El documento señala además que el consumo de combustibles mantiene una trayectoria creciente, pese a la volatilidad de los precios. Para ello, detalla que en 2021 la demanda era de 980.52 millones de galones, una cifra que aumentó a 1,151.73 millones en 2025, equivalente a un crecimiento de 17.46 %.

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