La incorporación de inteligencia artificial (IA) en las aulas plantea oportunidades para transformar la enseñanza, pero también riesgos para la autonomía de los docentes, la equidad educativa y el vínculo humano con los estudiantes, según un análisis del Departamento de Estudios Sociales (DES) de Fusades publicado en junio de 2026. El estudio sostiene que la tecnología debe permanecer subordinada a las decisiones pedagógicas y no sustituir el criterio profesional del educador.
El documento, elaborado por el investigador Manuel Menjívar, examina cuatro dimensiones vinculadas con el avance de la IA en la educación: la redefinición de la identidad docente, la tensión entre autonomía y dependencia tecnológica, la equidad en el acceso y uso de estas herramientas y los desafíos éticos derivados de una enseñanza cada vez más mediada por algoritmos.
Uno de los principales retos identificados es la preparación de los profesores.
El análisis recoge un estudio realizado en Ecuador, Honduras, México, Panamá y Perú, según el cual solo el 27 % de los docentes evaluados reportó al menos un nivel básico de competencias digitales para el uso pedagógico de la tecnología. La proporción llegó al 29 % en ciudadanía digital y al 40 % en desarrollo profesional. A su vez, datos de TALIS 2024 indican que el 36 % de docentes de Costa Rica no considera necesario utilizar IA en la enseñanza.
Las dificultades van más allá del conocimiento sobre las herramientas. El gráfico sobre TALIS 2024 incluido en el estudio muestra que el 66 % de los docentes costarricenses consultados considera que su escuela carece de la infraestructura necesaria para utilizar IA, mientras otro 66 % afirma no poseer los conocimientos ni las habilidades necesarias para enseñar con estas tecnologías. El 20 % señala que integrar IA a la enseñanza le resulta abrumador.
Brechas representan un desafío para El Salvador
En el caso salvadoreño, Fusades retoma el Diagnóstico de Preparación Digital en El Salvador 2024-2025, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Secretaría de Innovación, para advertir que todavía existen desafíos estructurales en infraestructura digital.
Estas limitaciones afectan especialmente a comunidades rurales, hogares de bajos ingresos y mujeres, y podrían provocar que el acceso a las ventajas educativas de la IA se concentre entre quienes ya poseen mejores condiciones tecnológicas.
El análisis advierte, además, que disponer de internet y dispositivos no garantiza por sí mismo un aprovechamiento adecuado de la inteligencia artificial. Los docentes necesitan desarrollar capacidades para verificar la fiabilidad de los contenidos generados por estas herramientas, detectar sesgos, evaluar las recomendaciones de los sistemas y tomar decisiones pedagógicas sin delegar su criterio profesional a un algoritmo. De lo contrario, la dependencia tecnológica podría convertir a la IA en sustituto de la planificación docente en lugar de utilizarla como complemento.
Fusades también identifica riesgos vinculados con la privacidad, la vigilancia y el tratamiento de datos de docentes y estudiantes.
El documento señala que El Salvador se encuentra en una clasificación de preparación digital denominada “Sistemático”, lo que significa que el país ya cuenta con leyes y políticas iniciales, aunque todavía necesita consolidarlas y aplicarlas de manera efectiva. Frente a estos desafíos, plantea que los sistemas automatizados deben mantenerse como herramientas de apoyo y no desplazar la responsabilidad humana en decisiones educativas.
Entre sus recomendaciones, el análisis propone fortalecer la autonomía y formación de los docentes, garantizar su participación en la implementación de nuevas tecnologías, invertir en conectividad y dispositivos para sectores vulnerables y establecer mecanismos que permitan detectar sesgos algorítmicos.
También plantea reglas claras para la protección de datos y una mayor coordinación entre el Gobierno, la academia y el sector privado.
La conclusión del estudio es que el mayor riesgo no está en la IA por sí misma, sino en incorporarla sin criterios pedagógicos, éticos y de equidad que preserven el vínculo humano en la educación.

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