Un estudio vincula la contaminación atmosférica con alteraciones cerebrales en zonas clave para el Alzheimer

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La exposición prolongada a contaminantes del aire comunes está asociada a cambios estructurales en regiones del cerebro especialmente vulnerables al desarrollo del Alzheimer, reveló un estudio liderado por el Instituto de Neuroimagen e Informática de la Universidad del Sur de California (EE. UU.) y publicado en la revista NeuroToxicology.

La investigación evaluó a 1,484 adultos sin demencia mediante resonancias magnéticas, cruzando sus datos con las estimaciones de contaminación en sus zonas de residencia durante los tres años previos. En concreto, se analizó el impacto del dióxido de nitrógeno (NO2), generado por el tráfico de vehículos, y las partículas finas PM2.5, procedentes de la quema de combustibles y de incendios.

«La contaminación atmosférica no se correspondió con un único patrón de estructura cerebral en todos los participantes. Los resultados contrastantes sugieren que la respuesta del cerebro a la contaminación podría cambiar a lo largo del proceso de envejecimiento», explicó Lauren Salminen, autora principal del estudio y profesora de Neurología.

Diferencias por edad y sexo: adelgazamiento vs. inflamación

El análisis reveló dos respuestas biológicas marcadamente distintas en los grupos estudiados:

  • Mujeres mayores (promedio de 78 años): una mayor exposición a contaminantes se relacionó de forma clara con el adelgazamiento de la corteza cerebral en áreas vinculadas a la memoria. Cada microgramo adicional por metro cúbico de PM2.5 equivalió a un envejecimiento cerebral de 13 meses, mientras que cada parte por mil millones de NO2 representó un desgaste equivalente a tres meses de envejecimiento.

  • Hombres más jóvenes (promedio de 62 años): la exposición a la contaminación se asoció inicialmente con un mayor grosor de la corteza cerebral en las mismas áreas del Alzheimer. No obstante, este grosor se fue reduciendo de forma paulatina entre los 55 y 64 años, volviéndose negativo a partir de los 65 años.

Los científicos advierten que una corteza más gruesa en edades tempranas no implica un cerebro más sano, sino que podría ser una respuesta inflamatoria inicial, hinchazón celular o acumulación de proteínas nocivas previa a la neurodegeneración.

Impacto global en la salud cerebral

El estudio demostró que los daños por partículas PM2.5 no se limitan solo a las zonas asociadas a la pérdida de memoria, sino que provocan el adelgazamiento del tejido en 23 de las 34 regiones cerebrales analizadas, afectando a los cuatro lóbulos del cerebro.

Ante estos hallazgos, los expertos enfatizaron la necesidad de realizar un seguimiento a largo plazo a los mismos pacientes para confirmar si la inflamación inicial se transforma con los años en el daño acumulado que desencadena el Alzheimer.

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