Autor: Alvaro Cruz

  • Descarrilamiento ferroviario en España deja 39 muertos y más de 100 heridos

    Descarrilamiento ferroviario en España deja 39 muertos y más de 100 heridos

    El descarrilamiento de dos trenes este domingo en Adamuz, al sur de España, dejó un saldo preliminar de 39 personas fallecidas y más de un centenar de heridos, en lo que ya se considera uno de los peores siniestros ferroviarios ocurridos en Europa en lo que va del siglo XXI.

    La tragedia tuvo lugar en la localidad cordobesa, ubicada en la comunidad autónoma de Andalucía. Las autoridades continúan con las labores de rescate y confirmaron que la cifra de víctimas podría aumentar debido a la gravedad de varios lesionados.

    Este accidente remite al más trágico registrado en España en las últimas décadas: el del 24 de julio de 2013, cuando un tren Alvia que cubría la ruta Madrid-Ferrol se descarriló en Angrois, cerca de Santiago de Compostela, provocando la muerte de 80 personas y dejando 130 heridos.

    A nivel europeo, el peor siniestro de las últimas décadas ocurrió el 3 de junio de 1998 en Eschede, al norte de Alemania. Un tren de alta velocidad que viajaba a 200 kilómetros por hora impactó contra un pilar de puente, dejando 98 muertos y 120 heridos.

    Desde el año 2000, Europa ha sido escenario de varios accidentes ferroviarios letales:

    22 de julio de 2004 (Turquía): 38 muertos tras el descarrilamiento de un tren de alta velocidad en Pamukova, cuando se dirigía de Estambul a Ankara.
    23 de enero de 2006 (Montenegro): 46 fallecidos y 135 heridos, entre ellos 75 niños, al descarrilar un tren cerca de Podgorica por una posible falla en los frenos.
    12 de octubre de 2010 (Ucrania): 43 personas murieron en un paso a nivel no vigilado, donde una locomotora colisionó con un autobús en Márganets.
    12 de julio de 2016 (Italia): 23 muertos tras la colisión de dos trenes regionales que circulaban en vía única entre Andria y Corato, en Apulia.
    8 de julio de 2018 (Turquía): 24 personas murieron y 73 resultaron heridas en un descarrilamiento cerca de Sarılar, en la línea que conecta Edirne con Estambul.
    España vuelve a ser epicentro de una de las mayores tragedias ferroviarias de Europa, mientras las autoridades investigan las causas del nuevo desastre ocurrido en Adamuz.

     

  • La intolerancia social y los homicidios intencionales en El Salvador 

    La intolerancia social y los homicidios intencionales en El Salvador 

    Al cerrar el balance de seguridad pública y delictivo del año 2025, El Salvador se enfrenta a una paradoja criminológica interesante y a la vez preocupante. Mientras el país celebra, con justa razón, el desmantelamiento de las estructuras criminales que nos asfixiaron por décadas, las salas de emergencia, escenas del delito, las morgues, y de manera pública en las redes sociales de la PNC reportan una tipología de asesinatos que no es novedosa, pero que ahora resalta ante el combate efectivo a las pandillas criminales. Ya no es el homicidio instrumental aquel ordenado por una clica por territorio, extorsión o por absurdos de las pandillas, sino el homicidio expresivo: el crimen nacido de la intolerancia social.

    En El Salvador, donde caminar por la calle es seguro y real, demostrable, el peligro parece haberse trasladado a la intimidad de la convivencia. La intolerancia social, en nuestro contexto actual, se define como la incapacidad colectiva para gestionar la frustración sin recurrir a la violencia y agresión física. Es el salvadoreño que lo conocemos como «mecha corta» contexto cultural que ha quedado expuesta una vez que la marea de los asesinatos de las pandillas bajó y se encuentran erradicados.

    Para entender por qué nos seguimos matando, aunque ya no sea por rifarse el «barrio», debemos diseccionar tres factores criminógenos precipitantes que han marcado la pauta en el año 2025:

    La cultura etílica como detonante: Las estadísticas de 2025 son claras. Un porcentaje alarmante de homicidios y lesiones graves ocurre durante los fines de semana y en contextos de ocio aun en días que no son fines de semana o asuetos. El alcohol en nuestra sociedad no es solo un lubricante social, es un desinhibidor de una agresividad latente. La mezcla de alcohol con una cultura que valida el «no dejarse de nadie» convierte una discusión de cantina, bar, tiendita o en la comunidad en una escena del crimen.
    El estrés vial y la territorialidad urbana: Ante la reconfiguración urbana y el aumento del parque vehicular, el tráfico se ha convertido en una olla de presión. El vehículo se percibe como una extensión del cuerpo y el espacio privado; invadir ese carril se interpreta como una ofensa al honor. Hemos visto casos donde una pequeña colisión vehicular termina en golpes, lesiones leves o graves con arma blanca un fenómeno de pura impulsividad criminal.
    La normalización de la violencia como resolución: Décadas de conflicto armado y violencia pandilleril nos dejaron una secuela psicológica: la validación de la fuerza. Aunque el ciudadano promedio detesta al pandillero, ha interiorizado su método: el conflicto se resuelve eliminando al oponente, no dialogando. Es una violencia reactiva, no planificada, pero igualmente letal. Con raíces en el machismo y cultura patriarcal.
    La estrategia de seguridad del gobierno ha sido impecable en la represión del crimen organizado. Sin embargo, el reto para este 2026 es la prevención primaria y secundaria. La criminología moderna nos dicta que, para combatir la intolerancia, debemos intervenir en la cognición social. Necesitamos campañas masivas de salud mental y desarticulación de la «masculinidad frágil» que asocia la negociación con la debilidad. Necesitamos mecanismos de justicia de paz que sean más rápidos que la ira de un ciudadano armado. Como resolución alterna de conflictos, mediación y los facilitadores judiciales en las comunidades.

    El Salvador sigue ganando la guerra contra las pandillas, pero ahora enfrenta la batalla contra la intolerancia social, la falta de amor, empatía y respeto por el más próximo. La seguridad pública ya no depende solo del gobierno, sino de la capacidad de cada salvadoreño de respirar hondo, hacer una pausa y entender que ninguna ofensa verbal vale una vida. Si no desactivamos el gatillo de la intolerancia, seguiremos llorando muertos, esta vez, a manos de nosotros mismos. De los 82 homicidios intencionales registrados en el 2025, 43 corresponden a intolerancia social y 31 a intolerancia familiar. Esto significa que el 90.2% de esos homicidios en El Salvador ya no son producto del crimen organizado, sino de la incapacidad ciudadana para gestionar conflictos de manera pacífica.  Para disminuir la tasa de homicidios en el año 2026 debemos como sociedad colaborar y contribuir de lo contrario será imposible llegar a una tasa de homicidios inferior a uno por cada 100,000 habitantes.

    • Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología  @jricardososa 

  • Orden sin deliberación: cuando la eficacia reemplaza a la democracia

    Orden sin deliberación: cuando la eficacia reemplaza a la democracia

    En sociedades cansadas del conflicto, la promesa de orden tiene un poder casi hipnótico. Orden significa previsibilidad, seguridad, normalidad. Frente al caos —real o percibido—, cualquier autoridad que ofrezca resultados rápidos suele recibir un amplio margen de confianza. El problema comienza cuando esa confianza se transforma en cheque en blanco y la eficacia se usa como argumento para prescindir de la deliberación democrática.

    En El Salvador, el discurso del orden ha ganado centralidad. Se presenta como una solución técnica a problemas históricos: crimen, ineficiencia estatal, corrupción, lentitud institucional. El mensaje es claro y seductor: menos discusión, más acción. Sin embargo, toda política que reduce el espacio para el debate público no elimina los conflictos; simplemente los desplaza fuera de la conversación.

    La democracia, por definición, es lenta. No porque sea ineficiente, sino porque incorpora voces distintas, intereses contradictorios y procesos de control. La deliberación no es un defecto del sistema democrático: es su mecanismo de corrección. Cuando se la reemplaza por decisiones verticales justificadas en la urgencia o en la popularidad, se abre una puerta difícil de cerrar.

    La eficacia, en sí misma, no es un valor negativo. Un Estado incapaz de ejecutar políticas públicas pierde legitimidad. Pero cuando la eficacia se convierte en el único criterio, se vuelve peligrosa. Un gobierno puede ser eficaz encarcelando sin debido proceso, silenciando opositores o concentrando poder. La historia latinoamericana ofrece numerosos ejemplos de regímenes que “funcionaron” durante un tiempo y dejaron, a largo plazo, instituciones debilitadas y sociedades fragmentadas.

    El problema no es el orden, sino el orden sin reglas compartidas. Cuando las normas se subordinan a la voluntad del poder, dejan de ser garantías y se transforman en instrumentos. Hoy se aplican contra “los otros”; mañana pueden aplicarse contra cualquiera. La excepcionalidad, una vez normalizada, deja de ser excepción.

    Otro rasgo preocupante es la confusión entre popularidad y legitimidad. Un gobierno con amplio respaldo electoral no está exento de límites. Las mayorías no sustituyen a la Constitución ni a los derechos fundamentales. Sin embargo, en el discurso público contemporáneo se insinúa con frecuencia que cuestionar decisiones del poder es ir en contra de la voluntad popular, como si el voto autorizara cualquier medida posterior.

    Este razonamiento erosiona uno de los pilares de la democracia: el control ciudadano permanente. Elegir gobernantes no equivale a renunciar a la crítica. Por el contrario, una ciudadanía madura es aquella que apoya cuando corresponde y cuestiona cuando es necesario, incluso —y sobre todo— cuando el poder goza de altos niveles de aprobación.

    La reducción del debate también tiene consecuencias culturales. Se instala una lógica binaria: a favor o en contra, patriota o enemigo, orden o caos. En ese esquema, el matiz desaparece y la complejidad se percibe como debilidad. Pero los problemas estructurales no se resuelven con consignas; requieren diagnósticos incómodos y soluciones imperfectas, discutidas colectivamente.

    Además, el silenciamiento no siempre adopta formas explícitas. No hace falta censura abierta cuando basta con deslegitimar la crítica, ridiculizar al disidente o saturar el espacio público con una narrativa única. La autocensura suele ser más eficaz que la represión directa, porque no deja huellas visibles.

    El riesgo mayor de este modelo es su fragilidad. Un sistema sostenido únicamente por la eficacia inmediata carece de amortiguadores cuando las cosas salen mal. Sin instituciones fuertes, sin prensa crítica, sin espacios de deliberación, los errores se acumulan hasta volverse crisis. Y entonces, paradójicamente, el orden prometido se vuelve insostenible.

    Defender la deliberación no es defender el desorden. Es defender la idea de que el poder debe explicarse, justificarse y someterse a límites. Que la rapidez no sustituye a la legalidad y que la popularidad no reemplaza a la ética pública.

    El verdadero desafío para El Salvador no es elegir entre orden o democracia, sino comprender que sin deliberación no hay orden duradero. Lo demás es eficacia momentánea, políticamente rentable, pero institucionalmente costosa. Y la factura, como suele ocurrir, no la paga el poder: la paga la sociedad.

  • La violencia no puede gobernar a Guatemala

    La violencia no puede gobernar a Guatemala

    La oleada de violencia desatada por las pandillas este fin de semana en Guatemala marca uno de los episodios más graves y dolorosos de los últimos años. El asesinato coordinado de nueve agentes de la Policía Nacional Civil, los ataques directos a las fuerzas de seguridad y los motines simultáneos en centros penitenciarios constituyen no solo crímenes atroces, sino un desafío frontal al Estado de derecho y a la convivencia democrática.

    No se trata de hechos aislados ni de estallidos espontáneos. Lo ocurrido revela una estrategia deliberada de intimidación, terror y represalia por parte de estructuras criminales que, al verse acorraladas por operativos estatales, responden con violencia extrema. Atacar a quienes garantizan la seguridad pública es un mensaje claro: las pandillas buscan sembrar miedo, paralizar al país y presionar al Estado para recuperar privilegios que nunca debieron tener, tal como sucedió en El Salvador y que la política de seguridad decidida de la administración Bukele quebró con fuerza.

    Ante esta realidad, la declaración del estado de sitio por 30 días es una decisión grave, excepcional y polémica, pero también comprensible en el contexto de una amenaza directa contra la institucionalidad. Ninguna democracia recurre a la suspensión de garantías sin razones de peso. Ocho policías asesinados en un solo día, motines en cárceles de alta seguridad y la capacidad de coordinación mostrada por los grupos criminales constituyen, sin duda, una emergencia nacional.

    El combate al crimen organizado debe ser firme. Es necesario reconocer el sacrificio de las fuerzas de seguridad. Los policías asesinados cumplían con su deber en circunstancias de alto riesgo, enfrentando a organizaciones criminales que durante años se fortalecieron al amparo de la corrupción, la impunidad y la debilidad institucional. Su muerte no puede quedar en estadísticas ni en discursos; exige justicia, memoria y un compromiso real para desmantelar las redes criminales que operan dentro y fuera de las cárceles.

    La violencia de las pandillas no solo mata policías: fractura comunidades, paraliza la economía, amenaza la justicia y erosiona la esperanza. Guatemala no puede permitir que el miedo dicte su rumbo. Como afirmó el presidente, no se negocia con criminales ni se toleran acciones terroristas. Pero esa firmeza debe ir acompañada de una visión de largo plazo: depuración institucional, reforma penitenciaria, fortalecimiento del sistema de justicia y políticas de prevención que ataquen las raíces sociales del crimen.

    Hoy más que nunca, la sociedad guatemalteca necesita unidad, claridad moral y rechazo absoluto a la violencia criminal. El Estado debe recuperar el control, sí, pero también la confianza ciudadana. Porque la seguridad no se construye solo con fuerza, sino con justicia, legalidad y un compromiso inquebrantable con la vida.

  • Accidentes de tránsito ya cobran la vida de más de 60 personas en 2026

    Accidentes de tránsito ya cobran la vida de más de 60 personas en 2026

    En los primeros 18 días del año, al menos 68 personas han fallecido en accidentes de tránsito en El Salvador, un promedio de cuatro personas fallecidas al día, según datos del Observatorio Nacional de Seguridad Vial. La cifra representa un incremento del 36% con respecto al mismo periodo del 2025.

    La madrugada del jueves 18 de enero, dos mujeres perdieron la vida tras un fuerte choque entre una camioneta y un pickup en el kilómetro 28 de la carretera Troncal del Norte, a la altura de Guazapa. El impacto, ocurrido a las 3:30 a.m., también dejó cinco personas lesionadas, quienes fueron trasladadas a centros asistenciales por equipos de socorro.

    Las estadísticas oficiales también reflejan un preocupante incremento de accidentes. Entre el 1 y el 17 de enero de 2026 se contabilizaban 1,103 accidentes. En el mismo período de 2025 se habían registrado 788 incidentes, lo que representa un aumento de casi 300 percances más en el presente año, es decir un crecimiento porcentual de 40%.

    Además, hasta el 18 de enero de 2026, se reportaron 694 personas lesionadas por siniestros viales y además, 102 detenidos por conducción peligrosa.

    Las principales causas identificadas por las autoridades siguen siendo la distracción al conducir, invasión de carril contrario, no guardar distancia entre vehículos, irrespetar señales de tránsito y la velocidad excesiva.

     

  • Guatemala bajo estado de sitio: Nueve policías asesinados reavivan pulso entre Arévalo y pandillas

    Guatemala bajo estado de sitio: Nueve policías asesinados reavivan pulso entre Arévalo y pandillas

    La masacre de nueve agentes de la Policía Nacional Civil de Guatemala el pasado domingo y la ola de motines simultáneos en tres cárceles han encendido una nueva escalada de tensión entre el gobierno de Bernardo Arévalo y las pandillas, particularmente la temida estructura criminal Barrio 18.

    En respuesta, el mandatario guatemalteco decretó estado de sitio la noche del mismo domingo, una medida que se prolongará durante 30 días y que permite a las fuerzas de seguridad detener a sospechosos sin necesidad de una orden judicial.

    La confrontación directa entre el Gobierno y las estructuras criminales se remonta a julio de 2023, tras una masacre en una funeraria de la capital donde sicarios de Barrio 18 asesinaron a siete personas que velaban a un supuesto pandillero rival de la Mara Salvatrucha. El ataque motivó al Ejecutivo a trasladar a cabecillas de ambas pandillas a una prisión de máxima seguridad conocida como “Renovación I”.

    Entre los reos trasladados figura Aldo Ochoa, alias «El Lobo», líder de Barrio 18 condenado a más de 80 años por asesinato. Según el Ministerio del Interior, Ochoa habría liderado uno de los motines del fin de semana como protesta por la eliminación de privilegios en prisión, como aire acondicionado, camas amplias y comida a domicilio.

    Expertos consideran que el repunte de violencia responde a intereses políticos en un año clave para la justicia guatemalteca, marcado por el relevo en mayo de la fiscal general Consuelo Porras, sancionada por Estados Unidos y la Unión Europea. Los amotinados habrían solicitado incluso una sublevación popular contra Arévalo, una postura respaldada por actores políticos también sancionados.

    “Sabemos quiénes están detrás: grupos que se benefician de la corrupción y que buscan infundir terror porque este año Guatemala recuperará su sistema de justicia”, advirtió el presidente, refiriéndose a los cambios previstos en la Fiscalía y la Corte de Constitucionalidad.

    El estado de sitio activado por el Ejecutivo es la antesala al estado de guerra, la medida más severa contemplada en la legislación guatemalteca. Durante su vigencia, el Gobierno puede realizar capturas inmediatas contra sospechosos de terrorismo o sedición, mientras se prepara una ofensiva más amplia para capturar a los responsables del crimen que ha conmocionado al país.

     

  • Venezuela, Trump y la geopolítica

    Venezuela, Trump y la geopolítica

    En la gran mayoría de los análisis que circulan sobre la extracción de Nicolás Maduro, poco espacio se otorga a la observación de esta radical acción desde la perspectiva de la seguridad nacional de Estados Unidos. Y en parte es lógico que así sea. Además de la inveterada narrativa antinorteamericana, tan arraigada en el continente, el régimen venezolano supo ocultar por largo tiempo el hecho de que su territorio era la base de extranjeros peligrosos para su vecino del norte.

    Aunque Chávez y Maduro insistían en negarlo, igual que la dictadura cubana, era conocido que militares procedentes de la Isla desarrollaban diversas actividades en Venezuela. Ahora no tuvieron más remedio que admitirlo. Pero mucha mayor importancia dio Washington a la detección de amenazadores elementos rusos, chinos e iraníes, en particular tras el golpe propinado a plantas nucleares de estos últimos en junio de 2025. El pasado 3 de enero, el mismo día que se descabezaba a la tiranía chavista, se cumplían exactos seis años del mortal ataque con drones a Qasem Soleimani, el general iraní que comandaba la división de inteligencia de los Guardianes de la Revolución Islámica, ejecución también ordenada por Trump.

    Hoy se entiende mejor por qué el aparatoso despliegue marítimo estadounidense no podía limitarse a atacar pequeñas embarcaciones de supuestos narcotraficantes. Se trataba de algo más significativo, incluyendo cortar el flujo de uranio, tritio y otros ingredientes estratégicos hacia Irán, cuyo Gobierno teocrático aún no abandona su deseo de contraatacar a EE UU. De este preciado objetivo, por cierto, la Casa Blanca se guarda de hablar mucho.

    Se sabe que Hugo Chávez ya trasegaba estas codiciadas materias primas desde el año 2005, si no antes. A ello debe sumarse la disposición del dictador bolivariano a alinear esfuerzos operativos con Rusia, China y otras naciones adversarias de Estados Unidos. Bajo estos términos –los de la defensa táctica–, el prendimiento de Maduro estaba tan lejos del radar de Trump como podía estarlo de Barack Obama el ajusticiamiento de Osama bin Laden.

    En la dirección de disputar la creciente influencia china en América, Trump también envía un mensaje claro a su homólogo en Pekín, consistente en hacerle ver el riesgo que supone apostar sus recursos en países americanos de naturaleza inestable. La expansión geopolítica del gigante asiático se encuentra de pronto con una línea pintada en el piso, haciéndole prescindir del crudo que sacaba mensualmente de Venezuela.

    Sin embargo, para dar más fuerza al argumentario “antiimperialista”, ciertas posturas se enfocan en repetir y repetir que el gran propósito de EE UU detrás de su ataque es el petróleo venezolano. Esta afirmación carece de sentido práctico por varias razones. La primera es que ese país posee suficiente petróleo en su propio subsuelo. Texas por sí solo puede producir cinco millones de barriles diarios de crudo, muy por encima de los 3,7 millones de barriles que Venezuela llegó a extraer al día, allá por 1997, cuando todavía el chavismo no barría con todo.

    En segundo lugar, la debacle bolivariana ha reducido tanto la producción de crudo, que hoy apenas llega (y con serias dificultades) a menos de un millón de barriles diarios. Rehabilitar esta industria destrozada podría requerir, de acuerdo a los expertos, más de 100.000 millones de dólares en inversión sostenida por una década, contando además con las garantías políticas, jurídicas y fiscales que la vuelvan atractiva. Aunque lo vocifere desde el Salón Oval, Trump no tiene forma de garantizar eso a ninguna compañía petrolera, ni siquiera de su país. Esto explica por qué los grandes consorcios productores siguen sin entusiasmarse con la idea de aventurarse en Venezuela, aunque saliven las refinadoras en el golfo de México.

    Pero incluso si las realidades anteriores no supusieran en sí mismas un desafío titánico, ¿quién es capaz de predecir el comportamiento del petróleo en el mercado internacional? Cuando se especula sobre el control del precio del combustible como el incentivo real detrás de la maniobra militar en Caracas, suele ignorarse la cantidad de factores que Trump tendría que dominar para que tal cosa fuera posible, a saber: influir en las votaciones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), dirigir el tránsito del crudo (por mar y tierra) en todo el globo, eliminar el mercado negro, evitar y sofocar las crisis políticas y económicas mundiales, y, de paso, ejercer un control cuasi divino sobre el clima. Absurdo.

    Siendo entonces el petróleo un objetivo más bien circunstancial, hay que preguntarse con seriedad si en el horizonte geoestratégico de Trump, aparte de la neutralización de Irán y China, existe la opción de democratizar Venezuela. Y en este tema, como en todos los que salen de su boca, debemos ir siempre más allá de las palabras del republicano, que no se distingue precisamente por ser un hombre de sólidos principios democráticos.

    En la mente de alguien como Trump, ¿existen incentivos suficientes para quebrar lanzas en favor de la recuperación del Estado de derecho, la separación de poderes y la prosperidad de Venezuela? La respuesta es sí. La estabilidad en la tierra de Bolívar tiene el potencial de ser un triunfo político en toda regla, exhibe el fracaso del multilateralismo burocrático y promete un legado perdurable. La única condición es hacerlo bien. ¿Cómo? Veremos más adelante cuáles son las opciones.

  • Flick lamenta derrota del Barça y señala falta de suerte

    Flick lamenta derrota del Barça y señala falta de suerte

    El entrenador del FC Barcelona, Hansi Flick, expresó su frustración tras la derrota 2-1 sufrida el domingo ante la Real Sociedad, en un partido marcado por errores defensivos y decisiones arbitrales que generaron controversia en Anoeta. A pesar del resultado, el técnico alemán valoró el estilo de juego mostrado por sus dirigidos.

    “No estoy contento ahora mismo porque perdimos tres puntos, pero la manera en la que jugamos al fútbol es la que queremos. Jugamos bien, aunque cometimos dos errores en defensa. Hoy no tuvimos suerte, algunos días son así, no sabes por qué pierdes. Tenemos que centrarnos en el siguiente partido”, afirmó Flick en conferencia de prensa.

    El árbitro Gil Manzano volvió a estar en el centro de la polémica, esta vez por decisiones discutidas en el VAR. Tras el encuentro, Frenkie de Jong criticó su actitud y lo tildó de arrogante. Al respecto, Flick evitó profundizar.

    “No estoy decepcionado con el árbitro porque sé que es así. Todo el mundo lo vio, no quiero gastar energía en él. Tenemos que centrarnos en nosotros. Tuvimos oportunidades, pero no marcamos. Eso es lo decepcionante”, señaló.

    El técnico respaldó a De Jong, quien funge como capitán del equipo, por reclamar sin obtener respuesta. “De Jong tiene razón. Quiere hablar con el árbitro y no hay posibilidad. Tampoco se puede hablar con el cuarto árbitro. Tenemos que aceptarlo, aunque no es agradable”, añadió.

    Flick cerró su intervención destacando el rendimiento ofensivo, pero subrayó que el equipo debe mejorar en defensa. “Creamos situaciones de gol, jugamos buen fútbol. No debemos gastar energía en el árbitro, sino en mejorar. El gol que recibimos tras empatar nos afectó. Esto es lo que tenemos que trabajar”, puntualizó, recordando que el equipo ya vivió polémicas similares en Anoeta la temporada pasada.

     

  • Mbappé se reencuentra con Mónaco en su lucha por la Champions

    Mbappé se reencuentra con Mónaco en su lucha por la Champions

    Kylian Mbappé vivirá un nuevo capítulo especial en su carrera el martes19 cuando enfrente al Mónaco, el club que lo catapultó al estrellato y que ahora se cruza en su camino hacia el gran reto pendiente: ganar la Champions League.

    El delantero francés, que debutó profesionalmente con el Mónaco a los 16 años, buscará reencontrarse con su mejor versión en un Real Madrid que no ha logrado despegar colectivamente pese a sus 30 goles en 26 partidos y una ‘Bota de Oro’ que lo sitúa entre los mejores del planeta.

    En medio de la tensión por los resultados irregulares del equipo blanco y tras la destitución de Xabi Alonso como técnico, Mbappé se mantiene como la figura más salvada por la afición del Santiago Bernabéu. En este contexto, aparece el Mónaco como su próximo rival en la Liga de Campeones, en un duelo cargado de recuerdos.

    Fue en el club del Principado donde Mbappé se ganó la comparación con Thierry Henry, no solo por su dorsal 29, sino por su impacto inmediato. Llegó con apenas 14 años a la cantera y a los 16 años y 347 días debutó en primera división el 2 de diciembre de 2015 ante el Caen, convirtiéndose en el futbolista más joven en hacerlo en Francia.

    En su primera temporada completa, la 2016-17, Mbappé marcó 29 goles y dio 16 asistencias en 60 partidos. Su actuación fue clave para que el Mónaco conquistara la Ligue 1, destronando al PSG y alcanzando las semifinales de Champions. Fue también el año en que ganó el premio ‘Golden Boy’ y fue elegido el mejor jugador joven de Francia.

    Con compañeros como Radamel Falcao, Bernardo Silva, Fabinho, Thomas Lemar y Bakayoko, Mbappé brilló especialmente en la Liga de Campeones: marcó en los dos partidos ante el Manchester City, anotó un doblete en la ida contra el Borussia Dortmund y volvió a marcar en la vuelta. Solo la Juventus pudo frenar el sueño del Mónaco en semifinales.

    Ese desempeño lo llevó al PSG en una cesión con compra obligatoria por $180 millones, pero no sin antes dejar huella: 15 goles en liga y un título nacional que el club no ganaba desde hacía 17 años.

    Desde su salida, Mbappé ha enfrentado al Mónaco en 12 ocasiones y les ha marcado 10 goles. Hoy, con 25 años y en plena carrera por el Balón de Oro, el delantero francés necesita reencontrarse con su mejor versión para devolver al Real Madrid al protagonismo europeo y consolidarse en los puestos de privilegio del torneo.

     

     

  • Este lunes se sortearán los cuartos de final de la Copa del Rey

    Este lunes se sortearán los cuartos de final de la Copa del Rey

    El FC Barcelona, Atlético de Madrid, Athletic Club, Real Sociedad, Real Betis, Valencia CF, Deportivo Alavés y Albacete Balompié conocerán este lunes sus rivales en los cuartos de final de la Copa del Rey MAPFRE, en el sorteo que se celebrará a las 13:00 horas en el salón Luis Aragonés de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, en Madrid.

    La antepenúltima fase del certamen contará con siete equipos de LaLiga EA Sports y un único representante de LaLiga Hypermotion: el Albacete, que dio la sorpresa tras eliminar al Real Madrid con un histórico 3-2 en el estadio Carlos Belmonte. Los merengues, dirigidos por el debutante Álvaro Arbeloa en este torneo, eran los actuales subcampeones.

    Como único equipo de Segunda División, el conjunto manchego será el único cabeza de serie condicionado: jugará como local su cruce de cuartos de final. El resto del sorteo se desarrollará sin restricciones, por lo que podría producirse un duelo entre gigantes como un Barcelona-Atlético o incluso un atractivo derbi vasco.

    En la ronda de octavos de final, el Barcelona superó con autoridad al Racing de Santander (0-2), mientras que el Atlético de Madrid sufrió para eliminar al Deportivo La Coruña (0-1). El Athletic Club avanzó en tiempo extra tras derrotar 3-4 a la Cultural Leonesa. Por su parte, la Real Sociedad selló su pase en penales frente a Osasuna (2-2, 4-3).

    El Valencia venció 0-2 en su visita al Burgos, el Real Betis eliminó al Elche (2-1) y el Deportivo Alavés se impuso 2-0 al Rayo Vallecano.

    Los partidos de cuartos de final se disputarán entre el martes 3 y el jueves 5 de febrero, todos a partido único. Las semifinales, que se jugarán a doble encuentro, están previstas para los días 10-11 de febrero y 3-4 de marzo.