La presbicia, conocida popularmente como «vista cansada», es un proceso fisiológico inevitable vinculado al envejecimiento del cristalino y la pérdida paulatina de su capacidad de acomodación. Afecta al 100% de la población mayor de 40 años en algún momento de su vida y, aunque no constituye una patología, repercute directamente en actividades cotidianas como leer, utilizar dispositivos móviles o aplicar maquillaje.
Históricamente, la corrección de este defecto refractivo se ha limitado al uso de anteojos de lectura, lentes multifocales, lentes de contacto o intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, el mercado oftálmico salvadoreño cuenta con una opción farmacológica no invasiva: el uso de gotas tópicas a base de pilocarpina al 1% (bajo marcas comerciales como Nearlea).

El Dr. Rodrigo Quezada, médico oftalmólogo con más de 20 años de experiencia, destaca que estas fórmulas —aprobadas previamente por la FDA— permiten mejorar la profundidad de foco del ojo.
«Las estadísticas señalan que entre un 64% y un 70% de los pacientes candidatos pueden mejorar hasta tres líneas de visión próxima. Se trata de una aplicación diaria que brinda un efecto útil de entre 8 y 10 horas de nitidez», explica el especialista Quezada.

Candidatos y el riesgo de la automedicación
A diferencia de las gafas, la opción farmacológica abre alternativas tanto para uso cotidiano como para actividades ocasionales (deportes, eventos sociales o conducción). Según el Dr. Quezada, el producto ha mostrado una notable aceptación en el segmento femenino debido a la facilidad que aporta en tareas de precisión personal como el automaquillaje.
Por otro lado, el especialista advierte sobre los riesgos de adquirir gafas «pregraduadas» o lupas comerciales en farmacias y mercados sin prescripción. Esta práctica genera distorsiones ópticas, fatiga severa y acostumbra al ojo a un efecto de magnificación desmedido, lo que complica la adaptación posterior a correcciones personalizadas.

Deja una respuesta