Orlando del Cid, un empresario estadounidense de origen salvadoreño, nacido en el cantón El Capitán, La Unión, es el candidato presidencial por el partido Fraternidad Patriota Salvadoreña (FPS), no duda en apoyar el régimen de excepción y los proyectos de infraestructura desarrollados por el gobierno actual y, aunque cree que la reelección presidencial indefinida es legal, cree en la alternancia presidencial.
Es ciudadano estadounidense desde 2010 o 2011, y está consciente de que debe renunciar si su candidatura presidencial avanza. «Claro», dice, a la pregunta si está dispuesto a renunciar a la ciudadanía estadounidense.
Luego de vivir los primeros siete años de vida en La Unión emigró a Estados Unidos junto a su madre y creció en Houston, Texas, en donde estudió desde primer grado. «Por eso tengo un poquito de acento. Quisiera hablar perfectamente español, cuando yo fui no había clases bilingües», sostiene.
A la pregunta sobre quién lo patrocina, responde «Nadie, Dios». Sostiene que participar en las elecciones «es sagrado». «Yo quiero que nuestros hijos digan: “Un día yo quiero ser alcalde, un día yo quiero ser diputado”, y decirlo con honor». No quiero que nuestros buenos talentos digan: “No quiero nada que ver con la política porque es sucia”, indica.
¿Quién es Orlando del Cid y cómo decidió ser candidato a presidente?
Me he formado aquí en El Salvador. Los primeros 7 años tuvieron un gran impacto porque cuando uno es niño hay mucha alegría en lo que vive. Yo vivía en un cantón, El Capitán, un lugar donde las casas eran de adobe, mi casa no tenía electricidad, no tenía luz, no tenía nada. Nos bañábamos en un río. Me crecí así, con hondillas, cazando iguanas —sé que ahora ya no se puede—, garrobos, conejos y todo eso.
Empecé a ir a la escuela en El Capitán. Una vez una maestra me dejó encerrado; «lockeó» las puertas y dejó a unos cuantos encerrados porque decían que no poníamos atención. Para un niño eso es traumático. En esos momentos se oía mucho de la guerra, se decía que iban a reclutar a niños… Había mucho movimiento y tenía familiares que estaban en «la militar», ellos también nos daban información. Mi papá ya estaba en Estados Unidos. En 1987 decidió que mi mamá emigrara para allá y así fuimos. Nos fuimos con mi mamá, pasamos por México, rápido, llegamos a Texas, donde ya estaba mi papá. Allí me crecí, en Houston.
Yo fui desde el primer grado hasta que me gradué de bachillerato, comencé la universidad, preferí áreas técnicas, me fui desarrollando en negocios y empresas. Estudié varias cosas, fui al Instituto de Arte de Houston, me gustaban mucho las áreas creativas y la tecnología. Después, tomé las clases básicas que enseña la universidad y luego me especialicé en bienes raíces, agarré registraciones para construcción, desarrollo e inversiones.
¿Cómo decide regresar a El Salvador?
No fue por ninguna otra razón más que por ayudar a personas que estaban cumpliendo una función. Me casé con una mujer hermosa del Brasil y cada año los viajes a Brasil son bien largos, cada año tomábamos la decisión de ir una o dos veces a Brasil. Mi vida estaba organizada entre Estados Unidos, diferentes lugares de Estados Unidos y Brasil. Buscábamos industrias en Brasil, en qué invertir. Varias nos llamaron la atención.
Eso era el plan. Pero también nosotros nos hemos dedicado al servicio, levantamos una fundación que tiene como propósito ayudar a la comunidad. Fuimos a una de las comunidades más afectadas por la violencia y el crimen y allí mismo nos estacionamos, porque creíamos que la única manera de que esa área iba a cambiar era con el poder de Jesucristo. Nos unimos con aproximadamente 24 a 30 pastores, nos fuimos todos directamente a esa área y comenzamos a trabajar. Ahora, gracias a Dios, esa área se transformó.
Un pastor vino a mí y me dijo: “Mira, yo ando en temas de misiones por todo el mundo. Me gustaría que nos hagas un favor y nos dones una oficina”. Le pregunté para qué necesitaba la oficina y me dijo ‘para hacer misiones’… Yo dije ‘bueno, te vamos a donar la oficina’ y lo hicimos. Él estaba muy agradecido, entonces, me dijo un día ‘oye, yo voy para El Salvador, a un Congreso para todo el país, ¿quieres ir con nosotros?’. Yo nunca había venido a El Salvador de esa forma, siempre que venía, iba directamente del aeropuerto a La Unión, a El Capitán. Nunca había salido a San Miguel o ningún otro lugar. Cuando me invitaron, dije que era una oportunidad muy bonita para conocer un poquito más El Salvador.
Vine con él, anduvimos en reuniones de alto nivel con muchas personas de influencia aquí en el país. Cada persona con quien hablábamos me decía que tenía una fundación con niños, yo tampoco entendía lo que estaba pasando en el país, cuando ellos me decían: “Queremos que vayas a verlo”. Pero yo solo había venido por tres días. Les dije: “Mire, yo mañana me voy. ¿Qué les parece si regreso al fin del mes?”. Todos dijeron que sí, pero con tristeza porque pensaban que no iba a venir. Les dije que iba a regresar al fin del mes, pero con una condición, les propuse que rentáramos un bus y una casa, y que todos los que decían tener proyectos para niños fuéramos a conocer los proyectos de cada uno. Yo quería que todos miráramos el trabajo colectivo que se estaba haciendo en la nación. Y así fue, vine al fin de ese mismo mes, el 28 de octubre de 2024. Fue esa noche donde Dios puso en mi corazón que yo podía servir aquí en el país y trabajar en un área específica en la política.
Desde ese momento le hice un compromiso a Dios: “Yo no conozco el país, voy a ir cada mes y voy a conocer el país”. En ese entonces yo pensaba que las próximas elecciones eran en 2029. No sabía que iba a existir lo que hay hoy, que se puede elegir sin límites. Eso todavía no existía en ese momento.
¿En ese momento ya pensaba ser candidato a Presidente?
En ese momento sentí que Dios puso en mi corazón que podía servir en esa área, por lo que había visto y porque en 2029 iban a haber otras elecciones. Para poder llegar a ese punto tenía que prepararme todo ese tiempo.
¿Alguien se lo propuso?
Nadie. Fue un sentir de Dios. Algo que yo tengo es que yo no me muevo por lo que me propone la gente. Me muevo si siento que es un llamado directamente de Dios a mi vida.
¿Quién lo patrocina?
Nadie. Dios. Primeramente Dios, por lo que él me permitió hacer en Estados Unidos, porque antes de eso hay preparación. Yo no he aceptado un centavo de nadie. De nadie, porque yo no quiero deberle nada a nadie más que a Dios. Mi compromiso es con Dios. Cuando le dije a Dios “voy a ir cada mes”, así lo he cumplido. No he fallado una sola vez. Cada vez que venía iba a un nuevo departamento, a un nuevo municipio, a un nuevo distrito, con el fin de conocer la realidad de nuestro país.
Fui por todo el país conociendo familia por familia, hablando y escuchándolos. Encontré que la gente está agradecida por la seguridad que tenemos y que tiene un concepto bueno de lo que ha pasado.
Eso me animó mucho. Pude escuchar a fondo cuáles eran las necesidades verdaderas del pueblo. He visitado los 14 departamentos, 44 municipios y más de 140 distritos de los 262.
¿Está de acuerdo con el régimen de excepción?
Claro que sí, porque ha traído un gran cambio a familias y yo creo que eso se tiene que reconocer. Inclusive, creo que el régimen debe ser permanente para que los mareros y todas las personas que son terroristas no tengan una vía para salir de allí. Creo que todavía no hemos terminado el trabajo, tenemos que ir a buscar a los que andan huyendo en otros países, compartir información con esos países y traerlos de regreso.
Yo me crecí en una estructura en Texas donde ley y orden es lo que manda. Allá hay cárcel perpetua para personas que matan y también existe la pena de muerte. No estoy diciendo que haya que traer la pena de muerte; solo digo que vengo de un lugar muy estricto. Pude ver cómo personas que cometían crímenes no podían simplemente ir a un juez y estar fuera a los tres días, porque eso pasaba antes. Los mareros podían ir y salir rápido.
Esos mareros, racias a Dios, dentro del sistema algunos han encontrado fe, han visto que sus acciones no fueron buenas. Yo sé que Dios y la misericordia de Dios los va a alcanzar allí donde están. Pero, si ellos estuvieran fuera y no estuvieran allí, ahorita ya estuvieran muertos, matando, violando mujeres, haciendo extorsiones y poniendo rentas.
Yo escuché la historia de un muchacho que iba en un bus, se durmió y llegó a un lugar donde no vivía. Los mareros vieron su DUI, lo sacaron y lo mataron. Yo no estoy de acuerdo con nada de eso. No podemos regresar a eso. Eso tiene que quedar claro para cualquier persona que esté corriendo para una oficina pública: no podemos permitir que eso suceda.
¿Cómo garantizaría que no se le violen derechos a personas que son inocentes?
¿Tú crees que hay gente inocente en la cárcel? Si el mismo presidente dice que hay un margen de error, ¿por qué un ciudadano no puede saber si hay? Es que nadie sabe.
Ni el presidente, ni tú ni yo sabemos si hay gente inocente en la cárcel. Por eso hay un proceso que se debe llevar a cabo y ese proceso debe ser respetado.
Creo que las leyes generales deben aplicarse a aquellos que están violando algo sagrado como la vida de otro. No podemos permitir que la gente ande corriendo, matando y todo eso. Eso tiene que ser duro. Creo que robar, debe tener una penalidad fuerte en el país.
¿Cuál es su propuesta de seguridad?, ¿mantener el régimen de excepción?
Tenemos que mantener el régimen. Creo que la Asamblea Legislativa, el presidente y todos aquellos que están involucrados en esto han hecho lo que han podido.
No digamos que es perfecto, no digamos que fue la única opción, pero esto es lo que tenemos y creo que todo gobierno tiene que trabajar las cosas despacio, en el sentido de que no puede hacer movimientos en algo que está funcionando.
La confianza internacional va a estar si hay orden en el país. Hemos visto cómo esta confianza que se tiene ahora en El Salvador es respetada por todo el mundo, cómo otros gobiernos quieren aplicar lo mismo.
Va a ser muy difícil para muchos gobiernos aplicar lo que hemos hecho acá, porque para que ellos cambien la Constitución en sus países va a ser diferente pero tenemos que seguir lo que está funcionando, la seguridad. El régimen de seguridad no es algo casual, sino algo que ha venido a ayudar. Creo que tenemos que darle crédito a eso que se ha hecho.
¿Es constitucional o inconstitucional la reelección presidencial indefinida?
Si está aprobado, está permitido, no voy a hablar de la legalidad de ello. En mi caso, he pasado la mayoría de mi tiempo en Estados Unidos, donde los límites de los términos son dos y eso es saludable para una nación. Creo que un límite de términos es bueno para una nación.
Creo que el problema que tenemos en El Salvador es que queremos crucificar a todo político que entra. La administración del presidente Bukele tal vez ha visto eso y dice: ‘Si entra otro partido, ¿qué van a venir a hacer? A buscar excusas para meterlos a la cárcel. Van a buscar excusas para dañarnos”.
Y va a ser que su administración no va a ser de la gente, sino de cómo podemos llevar a juicio a tal persona. Yo no creo en nada de eso. Eso es la locura que nos ha dividido por muchos años. Creo que la gente que puede servir en política lo debe hacer con amor y con propósito.
Eso es algo que aprendí en Estados Unidos: hay respeto entre administración y administración. Se pueden pelear, pero después de que se quitan las cámaras se van a hablar, a conversar y todo tranquilo. Es como un show que se pone para las cámaras para que digan: “Hay oposición”, pero no es verdadero. Cuando las cámaras no están allí, todos están tranquilos hablando. Es un respeto que creo que necesitamos traer a El Salvador.
Tenemos que traer sanidad. Hemos pasado una guerra civil, hemos pasado por las pandillas y ahora por el régimen de excepción, donde muchas familias desafortunadamente han experimentado dolor, hay que ser sinceros con esa parte. Pero eso no quiere decir que no pueda llegar un momento donde El Salvador tenga tranquilidad y paz para seguir adelante y enfocarnos en lo que verdaderamente importa aquí, que es el costo de vida.
¿Considera saludable la alternancia presidencial?
Sí, claro. Creo que es saludable porque cada administración va a traer nuevas ideas. La gente dice ‘no digas nuevas ideas’… Aquí tenemos algo: no podemos ni tomarnos fotos con un amigo que es de otro partido político. Si nos tomamos fotos, ya estamos en contra de esto y de aquello. No. Somos salvadoreños. Creo que los salvadoreños tenemos que reconocer que somos hermanos y que no debemos ver división. Si nosotros estamos divididos, lo único que vamos a producir es odio.
Cuando veas los comentarios de esta entrevista, van a comenzar con comentarios negativos, negativos, sin conocer a la persona. Así era el racismo en Estados Unidos: miraban el color de tu piel y, si eras morena, te odiaban. No querían saber qué tenías que decir ni por qué lo decías.
Aquí en El Salvador tenemos una costumbre de ponernos abajo el uno al otro: “El burro, tú nunca vas a hacer nada”. Tenemos que cambiar eso. Nosotros como nación tenemos que amarnos el uno al otro.
Esta nación puede estar en desacuerdo con ideas, pero que termine ahí: el desacuerdo con ideas. ¿Para qué tengo que atacar a la persona o el carácter de la persona si no la conocemos?
¿Cuál es su propuesta para llevar oportunidades económicas al interior del país?
Una propuesta que, si no se hace de esa forma, va a ser muy difícil llegar a tocar el interior del país.
Miremos bien, la diáspora tiene sus retos pero también tiene opciones en Estados Unidos, sus hijos van a la escuela y todavía tienen empleo, aunque están con temor de ir a los empleos pero tienen.
Aquí se tienen que crear nuevas oportunidades. Traigo un plan junto con todos aquellos que estamos trabajando de introducir cuatro columnas para el país.
La primera columna ya existe. Esos 10,000 millones de dólares que se están agendando anualmente para gastos del gobierno y operaciones, eso ya existe, ya está gastado todo ese dinero y ya se sabe para dónde va.
Esos proyectos especiales que están ahorita —la expansión del aeropuerto, el nuevo aeropuerto de La Unión, la expansión del puerto de Acajutla, echar a andar el puerto de La Unión, expandir las carreteras— ya están en orden y se están haciendo, no se deben tocar porque eso ayuda al turismo y a las personas que están viniendo y a la confianza de los inversionistas que quieren traer nuevas ideas, de nuevo, a este país.
El costo de vida ahora es diferente. Lo que comprabas antes con $25 ahora te cuesta $100, pero tu sueldo no sube. La realidad es que esto no viene de esta administración, viene desde 2001, cuando se hizo el cambio del colón al dólar.
Por ejemplo, si en 2001 tu casa valía 100,000 colones, cuando se hizo ese cambio ahora valía $100,000. Nunca se hizo un ajuste a la vivienda. La persona que tal vez ganaba 800 colones ya no gana 800 colones; gana, por ejemplo, $400. Entonces el costo del trabajo de cada persona se mantuvo en colones mientras otras cosas se mantuvieron en dólares.
Por eso ves empresas grandes como Walmart y McDonald’s que han venido acá. Ellos no son estúpidos, ellos están operando en una economía de dólares. Yo compro aquí en Walmart un producto y me sale un poquito más caro que en Estados Unidos. ¿Por qué? Porque importamos todo y no exportamos en cantidades masivas como ellos lo hacen.
Tenemos una cultura de importación, de compra, compra, compra, pero nunca producir, producir, producir.
¿Qué pasaría si se aumentaran los salarios por ley de manera inmediata? Si decimos: “Vamos a crear una ley ahorita mismo para cambiar el salario de todas las personas que están en esta economía”, habría más de un millón de personas desempleadas inmediatamente. ¿Por qué? Porque la señora que antes tenía un asistente que apenas gana 20 o 30 al día ya no va a poder pagarle a ese asistente. Entonces, va a despedirla.
¿Entonces qué haría?
Tenemos que crear la segunda economía del país. Esta economía tiene que tener una infusión, te voy a decir la cantidad: 100,000 millones de dólares inmediatamente, que van a entrar en los 14 departamentos al mismo tiempo, con objetivos específicos en cada departamento.
¿Cómo así? Esta economía va a ser creada intencionalmente. Vamos a invitar a diferentes industrias para que vengan a El Salvador. Esas industrias vienen con una condición: no pueden pagar menos de $7 la hora a sus empleados. Esto va a generar casi 700,000 nuevos empleos en esta nueva economía.
El desempleo ahora es bien bajo, casi como el 4%, el problema no es el desempleo, sino la cantidad que cada persona gana. No se va a tocar nada de lo que existe. No se va a poner ninguna ley contra lo que existe. Lo nuevo que venga va a traer nuevas industrias, por ejemplo, ensamblaje de carros y producciones así. Tenemos propuestas de traer hospitales móviles. La fabricación de esos hospitales móviles se haría acá, pero ninguna de estas nuevas industrias podría pagar menos de $7 la hora.
¿Qué incentivos les va a dar a las empresas para que acepten?
Claro que sí. Las empresas están acostumbradas a pagar buenos salarios a la gente, $7 la hora es como una risa para ellos, como una burla. Inclusive ni es suficiente, pero lo estoy dejando de una manera donde todavía es súper atractivo. La diferencia entre pagarle $80 la hora a un empleado y pagarle $7 la hora es grande. Las empresas están listas para hacer esto. Lo que pasa es que nosotros queremos justificar nuestras acciones diciendo lo que otros no pueden hacer, y sí lo van a hacer.
¿Cuál es su propuesta para reformar el sistema de pensiones?
Ya no podemos estar tomando de las pensiones. No podemos estar gastando dinero que está reservado para un sector de nuestra población que ya ha trabajado y que ya tiene mucho invertido en el sistema.
Creo que poner un «paro» es lo primero. Ya no podemos seguir prestando de allí. Sé que queremos hacer otros proyectos y cumplir con otras obligaciones, pero hay muchas áreas donde podemos cortar que no va a afectar el progreso que llevamos en El Salvador y en la economía.
Esa área tenemos que verla profundamente, estudiarla y tener expertos que nos digan cómo podemos revertir esto que se está haciendo.
Creo que en la nueva economía va a haber una oportunidad para traer nuevos talentos al sector de trabajo que van a ayudar a agregar impulsos que tal vez en el pasado no se pudieron.
Es como la seguridad abrió tantas nuevas puertas y creo que la seguridad nos va a llevar a la prosperidad. Cuando hay un flujo de dinero y de ingresos, eso va a ayudar a empujar mucho de lo que ahora no se puede.
Yo estoy hablando de 100,000 millones. La gente puede decir: “Qué locura. ¿Cómo vamos a poder traer 100,000 millones?”.
El petróleo crudo, que se puede importar, hay lugares como Venezuela que su petróleo es muy fuerte y no muchas refinerías lo pueden tocar pero en Houston invirtieron billones más para asegurarse que ellos puedan refinar ciertos tipos de petróleo. Aquí en el país tenemos que hacer refinerías para nuestros combustibles, para el gas, para el diésel, para tener asfalto, para muchas cosas plásticas y combustibles para aviones. Aquí tenemos que producir eso y eso es parte del plan que traemos para una nueva economía fuerte. Me estoy enfocando en lo que va a permanecer.
No podemos hacer locuras de empleos que van a desaparecer en dos años porque la inteligencia artificial viene a tomar muchos trabajos y eso es algo que tenemos que calcular. Hoy podemos estar levantando centros y mañana esos centros ya no se pueden utilizar. En Estados Unidos están despidiendo miles de ingenieros porque ya no los necesitan y nosotros queremos poner esperanza en cosas que todavía no generan o producen.
Una de las columnas de mi plan, la cuarta columna, es de tecnologías nuevas. Las tecnologías nuevas no producen dinero inmediatamente, sino que consumen dinero. Todos los grandes como Facebook, ellos perdieron dinero año tras año tras año, hasta que ellos fueron públicos, porque ese era el modelo, de quemar dinero. Nosotros dijimos ‘hay que traer grandes industrias de nuevas tecnologías’, hay que hacerlo pero saber que se va a gastar e invertir dinero y que no va a ser un regreso para la economía inmediatamente.
Entonces, ¿promovería el uso de la Inteligencia Artificial?
Claro. Tenemos que entender que ese sector no produce dinero inmediatamente. Eso es lo que estoy diciendo. Pero tenemos que tenerlo porque nos prepara para lo que viene, para desarrollar sistemas nuevos. Todo eso es parte de la transición, pero tenemos que tener un presupuesto para esa área.
Si vamos a invertir 20 billones, el salvadoreño no puede decir: “Mañana vamos a producir 20 billones de dólares” (en IA). Tenemos que saber que es una inversión de largo plazo.
Hay que hacerlo y hay que estudiar cómo hacerlo mejor para no quedarnos atrás.
Taiwán ha crecido porque hace chips de una calidad determinada. Corea del Sur se levantó de la nada para convertirse en una potencia. No tienen petróleo crudo, pero lo refinan. Saben cómo utilizarlo y cómo venderlo. Nosotros no tenemos que tener todo, solo cómo tomar lo que tenemos y transicionarlo.
«Creo que las elecciones son sagradas. Participar es sagrado. Yo quiero que nuestros hijos digan: “Un día yo quiero ser alcalde, un día yo quiero ser diputado”, y decirlo con honor». No quiero que nuestros buenos talentos digan: “No quiero nada que ver con la política porque es sucia”.
¿Se mantendrá en la carrera presidencial?, es decir, ¿no está pensando en desistir en algún momento y respaldar otra fórmula en coalición u ocuerdo?
Yo vengo a exponer ideas y a mantenerme firme hasta el último día. Esa es mi convicción. De nuevo, he sentido de parte de Dios que es un área donde puedo servir.
Yo no he andado buscando partidos ni nada de eso. No fui a tocar la puerta de este, aquel y aquel. Tuve una conversación con un solo partido adicional antes de tomar la decisión con el partido en el que estoy, pero eso fue todo.
Cuando yo fui a California, hablé con el licenciado Óscar Lemus (presidente de la FPS). Hablamos por siete horas y escuchaba a este hombre hablar y decía: “Las convicciones de él son las mismas que yo tengo”, un hombre de fe, un hombre que pone a Dios primero, un hombre que no está avergonzado de lo que está haciendo, un hombre que no está buscando beneficio propio, un hombre que en lo privado me está hablando de los ciudadanos. Me gustó mucho eso.
Como nación tenemos que sanar. Tenemos muchos jóvenes que están en depresión y que están pensando en suicidio. Muchas circunstancias los llevan a eso. Creo que es tiempo de que tomemos una decisión de ser fuertes sobre nuestra fe. Las iglesias tienen un papel muy fuerte que jugar en todo lo que está haciendo. No pueden ignorar que ellos son llamados para participar y ser parte del proceso para sanar a nuestra sociedad. Ya no podemos tener odio en contra de las autoridades.
Estábamos con unos pastores y estaba el niño allí. Le preguntamos: “¿Y tú qué quieres ser?”. Él dijo: “Yo quiero ser abogado”. Cuando se fue el niño, nos dimos cuenta de que su papá había sido llevado en este proceso del régimen.
Un día, ese niño vio unos policías y los otros niños estaban saludando a los policías. Él les dijo: “No los saluden porque ellos son malos”. En el corazón de ese niño, el policía era malo. El niño no sabía que su papá tal vez había matado a alguien o cometido un crimen, él lo que vio es que una autoridad se llevó a su papá y nosotros tenemos que tener sensibilidad como cristianos y como una nación que profesa a Jesucristo como el señor y salvador, tenemos que ser abiertos acerca de cómo nuestras convicciones pueden llevar a sanar a muchas personas que están heridas, yo no vengo a esconder mi fe, no vengo a esconder que soy un seguidor de Cristo.
Que no se le prive a los niños de poder decir “Dios te bendiga” o tener interacciones en la escuela con personas de fe. Creo que, si un niño quiere leer una Biblia, debería estar disponible. Creo que eso es sano y no lo quiero tomar a la ligera. Vengo de un lugar donde ya vi lo que hizo sacar a Dios de la escuela. Fue un desastre. No necesitamos repetir eso aquí en El Salvador.

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