Categoría: Opinión

  • A mi padre y a mis maestros con cariño

    A mi padre y a mis maestros con cariño

    Dios me dio el privilegio y la bendición de tener a un padre a todo dar. Mi papá, Julio Antonio Marinero, fue mi héroe y el hombre más honesto y honorable que he conocido. El 13 de diciembre de 2006 Dios se lo llevó al cielo y desde entonces lo extraño todos los días. A veces quisiera tenerlo a mi lado para que me siguiera aconsejando y para darle fuertes abrazos y decirle cuán orgulloso estoy de él y cuánto lo amo y lo respeto.

    En nuestro país cada 17 de junio se celebra el Día del Padre, para rendir homenaje a esos hombres responsables y amorosos que se convierten en una guía de luz para conducir a sus hijos y que por amor a su familia se esmeran en cada día en ser mejores seres humanos y seres valiosos para la sociedad.

    El mejor consejo que alguna vez me dio mi padre fue cuando comencé la universidad y él con esa su sapiencia que da el amor, la fe y la experiencia, me dijo que estudiara a conciencia por amor a mis hijos que todavía no conocía, porque cuando yo fuera papá me iba a dar cuenta del verdadero amor. Era una forma de expresarme cuanto me amaba y prepararme para mi futura familia. Yo así lo entendí.

    Mi papá era un tipo muy humano. Por cada uno de sus hijos estaba dispuesto a dar la vida. Un día, cuando los tiempos fueron críticos en el hogar, lo vi llorar, pero nunca bajó los brazos y por amor a la familia se mostró valiente y decidido a salir adelante. Ninguna crisis o mal tiempo iba a impedir que él se esforzara para sacar adelante a su familia. Y lo logró.

    Lo volví a ver llorar cuando junto a mi madre me abrazaron fuerte y ufanos el día que me recibí de licenciado en Periodismo de la Universidad de El Salvador. Estaban felices y orgullosos por un triunfo mío que en realidad era producto del sacrificio y la responsabilidad de ellos. Fueron lágrimas de felicidad producto de su fe y apoyo incondicional.

    Mi papá era muy servicial, siempre procuraba ayudar a los demás porque tenía claro que en la vida debemos ser seres útiles a la familia, a la sociedad y a la patria. Le encantaba leer y a cada hijo nos inculcaba a ser buenos lectores. “La gente que lee no es manipulable” solía decir, mientras leía en una hamaca. Mi papá solía ser muy jovial, bromista, de buen sentido del humor y buen amigo, muchos de sus amigos los conservo y los respeto. Algunos de los que fueron amigos de mi papá, todos de la tercera edad, saben congraciarse conmigo cuando me dicen que me parezco mucho a mi padre. Me siento honrado.

    Definitivamente gracias Dios por el padre que me diste, porque me siento un privilegiado y anhelo ser, aunque sea, un poco como él. Mi papá es mi ejemplo a seguir, fue mi mejor consejero, mi protector, mi héroe, el hombre que amó a mi madre, mi apoyo… el hombre más bueno que jamás conocí. Te amo papá.

    Mi papa fue mi gran maestro en la vida y sus enseñanzas me sirven para valorar la vida, al igual que todos los conocimientos que me brindaron cada uno de los maestros que tuve en mi formación académica, desde mis profesores de kínder hasta los que me formaron en mi educación profesional.

    En nuestro país cada 22 de junio se celebra el Día del Maestro Salvadoreño como una manera de honrar a los educadores y reconocer su dedicación en la formación de las futuras generaciones. Esa fecha se escogió para rendir homenaje al general Francisco Menéndez, quien falleció el 22 de junio de 1890 y es reconocido como el principal impulsor de la educación en El Salvador.

    En la víspera de la magna fecha quiero agradecer y felicitar a todos aquellos maestros que tuvieron la paciencia y la vocación suficiente para ser parte trascendental en mi formación y la de mis compañeros con quienes compartimos aulas, juegos, experiencias, travesuras y sueños de niños, adolescentes y jóvenes.

    En el Kindergarten Nacional de Olocuilta tuve como profesoras a una jovencita Mabel Canizalez y a Gladys Mira, quienes me enseñaron a jugar y compartir con otros niños y me inculcaron valores que con la inocencia de la edad asimilé porque eran reforzados por mi madre y mi padre. En mi educación primaria en la Escuela Urbana Mixta Alberto Masferrer, de Olocuilta, fueron mis profesores Marilú Esperanza, Florencia Morales, Margarita Espinoza, Helen Rivera Piche, Otilia Romero de López, Morena García, Bernarda Ayala, Franco Armando Choto, Salvador Pérez, Luis Claros, Humberto De Jesús y Gregorio García Torres.

    Cada uno de ellos era especial. Choto nos generaba confianza y nos permitía que lo tratáramos de vos, García Torres era celoso de la enseñanza y me advirtió que yo sería periodista, Salvador Pérez era el profesor correcto y disciplinado que nos orientaba con sentido paternal, Otilia de López era la elegante profesora y una excelente orientadora y amiga de cada alumno, Helen Rivera era la hermosa maestra disciplinada y amiga que se la pasaba aconsejándonos. En fin, todos fueron valiosos en nuestra formación.

    En el Colegio Divino Salvador tuve destacados maestros, así como en mis estudios superiores. Con todos ellos vivo eternamente agradecidos y los recuerdo con mucho cariño. Espero que mis alumnos universitarios algún día me recuerden con regocijo y que lo poco que les he enseñado les sirve de mucho en su vida profesional.

    Recientemente los estudiantes que en 1981 cursamos noveno grado en la Escuela Urbana Mixta Unificada Alberto Masferrer de Olocuilta, quienes formamos lazos de amistad sempiternas ligadas por las experiencias cargadas de inocentadas y travesuras en las aulas y las vivencias e ilusiones de nuestra niñez y adolescencia, nos hemos dado a la tarea de reunirnos y reencontrarnos con nuestros maestros inolvidables. Algunos ya partieron hacia el cielo y a otros los hemos encontrados sintiendo por ellos un profundo cariño y una nostalgia por nuestros años maravillosos.

    Cada maestro (a) que nos inculcó amor por el saber vive en nuestros corazones y de cada uno de ellos tenemos gratos recuerdos. Su sacrificio, su vocación, su empeño, sus consejos, su fortaleza espiritual, su orientación y sus principios fueron y son parte de nuestra esencia como seres humanos.

    Gracias maestros por sus enseñanzas y porque ustedes son parte vital en la sociedad. Gracias al pan del saber que nos brindaron junto a nuestros padres, hoy somos ciudadanos procurando el bien común y el bienestar de nuestras familias, tratando de ser valiosos aportes para la patria. ¡Gracias papá y mamá, gracias maestros!

    • Jaime Ulises Marinero es periodista

  • BLA BLA BLA

    BLA BLA BLA

    La trama de corrupción destapada ya de forma amplia en España y que implica, entre otros, al No. 3 (el secretario de organización) del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Santos Cedrán, constituye un buen ejemplo de lo que ocurre en la administración pública de España y, sin duda, en otras partes del mundo.

    En las declaraciones de la vocera del gobierno español y en la reciente carta de Pedro Sánchez ―el presidente del gobierno― a la militancia del PSOE se rechaza y se encapsula y se restringe este caso de corrupción en los tres personajes señalados, y en algunos momentos se usa un lenguaje «clínico’, sugiriendo que la corrupción es un «mal» (como una enfermedad), y no lo que es, una conducta política. Y a eso no hay que darle muchas vueltas.

    Esa carta de Sánchez intenta aplacar inquietudes entre propios y aliados, y desvincula de ese caso a la gestión política que encabeza, y de cualquier otro. Sin embargo, resulta que dos de los señalados, Cedrán y Ábalos no eran personajes marginales en el PSOE. Ábalos fue ministro de Fomento (de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana) y además secretario de organización del PSOE. Y Cedrán era, hasta ayer, el secretario de organización del PSOE. Esto es, se trata de elementos clave dentro de la estructura de poder político que el PSOE comporta. Y se hallaban bajo la sombrilla política de Pedro Sánchez.

    Podría ser que el señalamiento de Sánchez sea cierto, en cuanto a que se trata solo de estos tres personajes. Pero resulta increíble que el No. 3 del PSOE (Cedrán), sin ser parte de la administración pública, haya podido incidir como lo hizo. Para eso se necesita la complicidad de una cadena de actores sin la que es imposible concretar este tipo de hechos delictivos.

    Este no es el fin de la investigación de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, sino el inicio. El informe correspondiente de la UCO así lo deja establecido. De ahí que exista la posibilidad de que vayan apareciendo los eslabones necesarios para esclarecer lo de «las mordidas» de que se acusa a Cedrán. Es cuestión de esperar.

    En la carta a la militancia del PSOE, el secretario general (Sánchez) tira dardos ―sin nombrar― al Partido Popular (PP). Y, eso, es un recurso un tanto demagógico porque los implicados en esto son dos sucesivos secretarios de organización del PSOE. El PP, en su afán un tanto desquiciado por aprovechar cualquier resquicio ha exigido la dimisión de Sánchez y la convocatoria inmediata a elecciones. Lo cierto es que esta trama en la que están involucrados altos cargos del PSOE no es una invención del PP. Esto se ha hecho desde las propias entrañas del PSOE. Lo que no quiere decir que el PP no tenga sus cruces que cargar.

    En esa carta a Sánchez le falta un «sinceramiento» político de la realidad del PSOE. Este partido ha pasado desde su fundación, el 2 de mayo de 1879, por varias etapas. Ya no es el mismo PSOE de la guerra civil. Ni es tampoco el PSOE de la transición posfranquista.

    Este gobierno que Pedro Sánchez encabeza se suponía que venía a combatir y corregir la herencia corrupta dejada por varios gobiernos del PP, de los que hay causas judiciales concretadas.

    Que el No. 3 del PSOE aparezca enlodado en esto de lo que se le acusa es un indicio de que el dispositivo anticorrupción diseñado (si es que hubo algo así; por cierto, Sánchez no lo declara) dejó abierto varios flancos.

    Es obvio que los aliados del PSOE estén inquietos y preocupados, porque este destape podría, a su vez, destapar más cosas que destapen otras más… O sea, una matrioska de la red de corrupción dentro de la administración pública podría salir a la luz.

    Si un señor (Cedrán) que no era titular dentro de la administración pública ha podido hacer esto que le señalan del cobro de «mordidas» por la asignación de obras públicas (entre otras incriminaciones), habría que pensar qué cosas pueden hacerse (y se hacen) siendo figuras clave de la administración pública.

    Pedro Sánchez es claro que día a día está ganando tiempo, mientras se prepara dentro del PSOE y dentro del Gobierno, para intentar pasar a la ofensiva, porque en este momento está contra las cuerdas.

    En principio ha dicho que no renunciará y que no adelantará las elecciones previstas para 2027. El PP, acechante, por su lado, no se anima a impulsar una moción de censura, no porque esté fuera de sus planes sino porque no le cuadran los números. Por ahora.

    En este momento hay una calma chicha, como antes de un huracán. Y también hay mucho bla bla bla.

  • Nueva Ley de Sostenibilidad Fiscal. Fortalezas y debilidades del nuevo instrumento para la gestión de las finanzas públicas.

    El martes 10 de junio de 2025 se aprobó en la Asamblea Legislativa la nueva Ley de Sostenibilidad Fiscal para el Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, que tiene por objetivo controlar el endeudamiento público y contribuir al saneamiento delas cuentas del Estado.

    La normativa, aprobada con 59 votos a favor, surge en el contexto de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que exige al país mayor disciplina en la administración de sus finanzas públicas.

    Con una deuda pública de 87.2 % del PIB al mes abril, el gobierno se ha comprometido mediante la ley, a tomar medidas que contribuyan a una trayectoria de reducción gradual de ese nivel de endeudamiento. La ley fija metas a largo plazo: que la deuda del Sector Público No Financiero – incluyendo las obligaciones previsionales- no supere el 80% del PIB en 2030, el 75% en 2035 y llegue al 70% en 2045. En otras palabras, establece un “techo” a la deuda e intenta frenar su crecimiento descontrolado de años recientes. Este es un paso que puede ser visto como una señal de seriedad por parte de los inversionistas y organismos internacionales, buscando fortalecer la estabilidad económica a mediano y largo plazo.

    La nueva ley reinstaura una regla fiscal formal en El Salvador, algo que se había perdido cuando la anterior Ley de Responsabilidad Fiscal quedó suspendida durante la emergencia por el COVID-19. Ahora se retoma la idea de imponer límites al endeudamiento. Establecer un objetivo cuantitativo –como ese techo de deuda del 70% del PIB a largo plazo– da un direccionamiento a la política fiscal. Esto es positivo porque reduce la incertidumbre sobre el rumbo de las finanzas públicas y muestra la intención de evitar que la deuda siga creciendo rápidamente y sin control. En comparación con estándares internacionales, contar con una norma que guíe el nivel de deuda es un primer paso fundamental para mantener la sostenibilidad fiscal y la confianza de los acreedores.

    Las metas de deuda se escalonan en el tiempo (2030, 2035, 2045), lo que le da cierta flexibilidad al Gobierno para ajustar las cuentas de manera gradual para mitigar la afectación en crecimiento económico en el corto plazo. La gradualidad está en línea con buenas prácticas que sugieren realizar ajustes fiscales de manera dosificada para minimizar impactos sociales.

    Además, la ley incluye cláusulas de escape en caso de eventos excepcionales: si el país enfrenta una crisis grave –como una recesión económica profunda, una emergencia por desastre natural o sanitaria– se podrá suspender temporalmente la meta fiscal.

    Estas excepciones, siempre y cuando se usen con responsabilidad, son consideradas saludables en marcos fiscales modernos, ya que permiten responder a choques imprevistos sin violar la ley. Eso sí, la normativa exige que si ocurre una de esas situaciones, el Ministerio de Hacienda emita un informe técnico y lo publique, justificando la necesidad de pausar la regla. Esta mezcla de firmeza en las metas pero con flexibilidad ante crisis refleja un equilibrio recomendado internacionalmente para que una regla fiscal sea sostenible en el tiempo.

    Uno de los aportes más destacados de la ley es el énfasis en la transparencia y la planificación a mediano plazo. La legislación obliga al Ministerio de Hacienda a publicar cada año, antes del 31 de mayo, un Marco Fiscal de Mediano Plazo actualizado: básicamente un plan quinquenal con proyecciones de ingresos, gastos, balance fiscal y niveles de deuda esperados, mostrando cómo se va cumpliendo en el camino la regla fiscal.

    También deberá presentar un informe anual de cumplimiento que detalle si se están alcanzando las metas fiscales proyectadas y qué medidas se tomarán para corregir desviaciones en caso sea necesario. Así, mes a mes, Hacienda deberá colocar información en el portal de transparencia fiscal sobre cuánto le debe el Gobierno a sus proveedores de bienes y servicios, el saldo de deuda flotante y de letras del tesoro (LETES) pendientes de pago, entre otros datos. Esta apertura de información permitirá conocer mejor el manejo de las finanzas públicas por parte de las autoridades. En comparación con las buenas prácticas internacionales, esta medida de publicación periódica y de planificación plurianual están alineadas con lo que organismos como el FMI o el Banco Mundial acostumbran recomendar para mejorar la credibilidad presupuestaria.

    A diferencia de algunas normativas limitadas solo al Gobierno Central, esta ley abarca al Sector Público No Financiero en su conjunto, incluyendo empresas públicas, municipalidades e instituciones autónomas, e incorpora explícitamente la deuda relacionada con las pensiones. Esto es una fortaleza porque evita “ocultar” obligaciones fuera del balance: toda la deuda relevante entra bajo el control de la ley. En muchos países, la evasión de las reglas fiscales ocurre trasladando gastos o deudas a entes no cubiertos por la ley; al abarcar casi todo el sector público, la normativa salvadoreña sigue una práctica internacional acertada de ser lo más amplia posible para asegurar que el esfuerzo de sostenibilidad sea real y no solo contable.

    Detrás de esta ley está el impulso del acuerdo con el FMI, que condicionó un financiamiento de aproximadamente $1,400 millones a la adopción de reformas para ordenar las finanzas. El hecho de que la ley haya sido concebida en coordinación con organismos financieros internacionales le da cierto sello de calidad técnica. Las autoridades salvadoreñas buscan con esto no solo cumplir un requisito para acceder a fondos, sino también enviar la señal de que van en serio con la consolidación fiscal. Si se implementa correctamente, la ley podría ayudar a mejorar la calificación de riesgo del país y disminuir costos de financiamiento a futuro, beneficiando a la economía en general.

    Pese a sus virtudes, la normativa recientemente aprobada contiene algunas debilidades que podrían afectar su efectividad. Una de ellas es lo distante de las metas temporales. Si bien fijar un techo de 70% del PIB da una dirección y traza una ruta, ese objetivo está planteado para el año 2045, casi dos décadas en el futuro. Incluso la primera meta intermedia – la de 80 puntos del PIB– se establece para 2030. Esto significa que el gobierno actual y el siguiente no enfrentan un límite estricto de manera inmediata sino que lo que existe es un compromiso de ir reduciéndola gradualmente.

    En la práctica, los mayores esfuerzos de ajuste podrían quedar para futuros gobiernos. Comparado con estándares internacionales, las metas podrían considerarse poco ambiciosas: organismos recomiendan de referencia un 60% de deuda con respecto al PIB, nivel que El Salvador no alcanzaría en 20 años según esta ruta. Esto plantea la pregunta de si la lentitud del ajuste será suficiente para devolver la confianza plena en la sostenibilidad fiscal del país.

    Otra preocupación es la ausencia de mecanismos de sanción o fiscalización independiente. La efectividad de una ley de responsabilidad fiscal no depende solo de lo que esté escrito, sino de que eso realmente se cumpla. Por ejemplo, la ley anterior de 2016 se incumplió y luego se dejó sin efecto cuando resultó inconveniente, sin mayores consecuencias. La versión actual, aunque más completa en términos de transparencia, no establece sanciones si no se logran las metas o existe un retraso con presentar los informes a tiempo.

    A diferencia de países donde existen consejos fiscales independientes o reglas que automáticamente gatillan recortes de gasto si se exceden los límites, acá el monitoreo recae sobre las mismas autoridades que manejan el presupuesto. Sin un árbitro independiente –por ejemplo, un ente supervisor o al menos un escrutinio más fuerte por parte de la Asamblea Legislativa ante desviaciones de las metas establecidas en la normativa–, la ley podría terminar siendo “letra muerta”. El desafío será, por tanto, crear una cultura de disciplina fiscal donde las propias instituciones –las entidades multilaterales prestamistas, la Asamblea Legislativa, la Corte de Cuentas– soliciten el cumplimiento de lo establecido.

    Otra debilidad se centra en la deuda como porcentaje del PIB, pero no aborda otras variables clave de manera explícita en la ley, como límites al déficit fiscal anual o al crecimiento del gasto corriente. La experiencia internacional muestra que reglas integrales suelen incluir techos al déficit o al gasto público. La ley sí menciona que Hacienda debe mantener control del balance primario (los ingresos menos gastos antes del pago de intereses) y reportar el “gasto tributario” (lo que el Estado deja de percibir por exoneraciones y beneficios fiscales), lo cual es positivo. No obstante, queda a discreción del Ejecutivo cómo ajustar año con año para lograr la trayectoria de deuda, sin parámetros legales sobre el déficit anual. Esto implica que el éxito de la estrategia dependerá de la voluntad de realizar ajustes fiscales sostenidos –tales como controlar el crecimiento de los gastos y buscar más ingresos– más que de un automatismo legal.

    La nueva Ley de Sostenibilidad Fiscal ofrece importantes fortalezas: reencauza al país hacia una disciplina presupuestaria de largo plazo, contribuye a la transparencia en el manejo de las finanzas estatales y muestra un compromiso con prácticas responsables que organismos internacionales suelen aplaudir. Estas características sientan las bases para recuperar la estabilidad macroeconómica y, en última instancia, liberar recursos que puedan destinarse a inversión pública y programas sociales en beneficio de la población. Sin embargo, las debilidades identificadas sugieren que la ley por sí sola no será una solución mágica.

    Su efectividad real dependerá de la implementación fiel y de la consistencia de las políticas fiscales en los próximos años. Será fundamental que el Gobierno cumpla con las medidas de ajuste prometidas (reduciendo gastos innecesarios, mejorando la recaudación sin ahogar la economía y reformando áreas como pensiones) para que la trayectoria de deuda trazada en la normativa recientemente aprobada se traduzca en resultados concretos.

    * Rommel Rodríguez es director del Área Macroeconómica de Funde

  • Colombia en crisis

    Colombia en crisis

    Colombia ha sido sin duda alguna el estado más acosado por los extremismos políticos y el crimen organizado, dos factores cismáticos que afectan profundamente el desarrollo humano,

    aunque es obligado reconocer que, a pesar de las profundas crisis, la alternabilidad democrática no ha sido quebrantada y no por falta de malas intenciones de algún que otro gobernante.

    Son muchos los factores que se han complotado contra la democracia colombiana. Sujetos y entidades que siempre han sido conscientes que sus operaciones subversivas o de tráfico de drogas, para asegurar su éxito, tienen que estar vinculados a activos extranjeros.

    La violencia en Colombia como en el resto de los países del hemisferio es una especie de plaga, pero la situación en ese país sudamericano se agravó, después del triunfo de la insurrección castrista en Cuba y el incremento del cultivo, fabricación y tráfico de narcóticos en el territorio nacional.

    La transnacionalización en la ejecución y preparación de estos actos delictivos tienen una mayor garantía de triunfo cuando factores extranjeros inciden en los mismos, de ahí la importancia de la dictadura de Nicolas Maduro en Venezuela y el totalitarismo de Miguel Diaz Canel en Cuba. Tanto Caracas como La Habana ejercen una gran influencia sobre los grupos delictivos colombianos porque son factores importantes en las gestiones del crimen organizado a la vez que representan modelos de autoridad, no de gobierno, que inspiran a los aspirantes a déspotas.

    El país, como consecuencia de la voracidad de diferentes sectores de la sociedad, nunca ha podido ser pacificado por completo. Los grupos irregulares son numerosos y no solo confrontan al estado sin importar quien lo dirija, sino que luchan entre si en procura de la mutua destrucción conduciendo a la nación a la indefensión.

    El reciente intento de asesinato contra el senador y candidato presidencial del Centro Democrático, Miguel Uribe Turbay, baleado dos veces, el sábado 7 de junio en un mitin en Bogotá, es parte esencial de una escalada criminal que busca someter a Colombia a los intereses de estos criminales, suceso, al que se deben sumar los hechos ocurridos este martes con un saldo de 19 atentados que causaron la muerte de al menos cinco civiles y tres policías, más decenas de heridos, incluidos menores de edad.

    Es importante hacer notar que hay denuncias de que el esquema de seguridad del senador Uribe fue alterado, lo que facilitó la acción del sicario, un adolescente, según diversas informaciones.

    La situación del país es tan complicada que la exalcaldesa de Bogotá, también aspirante a la presidencia, Claudia López dijo que lo sucedido son hechos inadmisibles que solo demuestran que el país tiene una política de seguridad caótica donde se negocian ceses del fuego que generan impunidad.

    La antigua alcaldesa al usar el término impunidad ha repetido las denuncias de los grupos políticos y sociales que se opusieron a las concesiones que se le hicieron a las FARC en los titulados acuerdos de Paz de La Habana,2016, en los que los guerrilleros que dejaran las armas consiguieron beneplácitos que la mayoría del pueblo colombiano rechazo en referendo.

    Las llamadas disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, remanentes de los irregulares que en los diálogos de La Habana entre funcionarios del gobierno de Juan Manuel Santos y las susodichas FARC, no se acogieron a la paz y han seguido delinquiendo en el país, al igual que las unidades del Ejército de Liberación Nacional, ELN.

    La situación es grave en todos los aspectos. La inestabilidad presente es una seria amenaza para los comicios del próximo año, marzo, y amplios sectores del país responsabilizan al presidente Gustavo Petro de todo lo que acontece.

    Conversé con varios colombianos quienes me afirmaron que Petro ha demostrado ser un inepto en toda la extensión del concepto, que su estilo de gobernar ha impulsado la histórica ineficiencia gubernamental e incrementado la crispación en toda la sociedad, incluida dentro del propio gobierno ya que con su modo deletéreo ha propiciado la indisciplina y la mala conducta social.

    • Pedro Corzo, es periodista cubano

  • Cuando la salud cuesta demasiado: El drama de las familias salvadoreñas ante el gasto médico

    Cuando la salud cuesta demasiado: El drama de las familias salvadoreñas ante el gasto médico

    Raquel, es una mujer de la costa oriental de El Salvador. Se paso su vida cuidando sus siete hijos, mientras su marido pescaba.Tulio se llamaba. Un buen hombre que finalmente murió de insuficiencia renal, después de muchos años de padecimiento.Pasaron hambre y sufrimientos, me cuenta, pero ella y sus hijos lograron sobrevivir. Ahora a sus 65 años, vive de las remesas que dos de sus hijos que emigraron a los Estados Unidos le mandan mes a mes. Sufre diabetes, hipertensión arterial y depresión.

    Aunque esté bajo control médico en una clínica particular en Santa Rosa de Lima y tomando medicamentos para sus males, al menos una vez por año se descompensa requiriendo muchas veces hospitalización. Durante el ultimo episodio grave tuvo que ser llevada de emergencia a un hospital privado de Santa Rosa de Lima. El médico tratante después de examinarla sugirió a sus familiares que la acompañaban, que doña Raquel necesitaba ser ingresada en el hospital. Siete días sugirió el galeno. Tres días de estancia en el hospital y 4 mil dólares de gastos médicos -según me cuenta ella- sus familiares decidieron que no podrían mantenerla por 4 días más, por lo que solicitaron el alta. Doña Raquel regresó a su casa, junto al mar, y lentamente se recuperó.

    En El Salvador, los hogares asumen una parte significativa de los gastos en salud, el llamado “gasto de bolsillo”. Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), publicado en octubre de 2024, los salvadoreños cubren el 26.7% del gasto total en salud con recursos propios. En otras palabras, por cada $100 dólares de gasto médico, casi $27 dólares son cubiertos por el paciente y su familia.

    El gasto de bolsillo en salud se refiere a los pagos directos que los hogares realizan para acceder a servicios, medicamentos y tecnologías sanitarias, sin reembolso posterior. En El Salvador, este gasto sigue siendo una de las principales fuentes de financiamiento del sector salud, especialmente en la adquisición de medicamentos y otros insumos esenciales. Es por todos conocido la ausencia crónica de medicamentos en el sector publico de salud. Ausencia crónica digo, pues es un problema de años y años, de gobiernos de izquierdas y derechas, centristas y extremistas. Y cada año electoral se promete, con slogans bonitos y sofisticados, que esto va a mejorar, que no seremos los mismos de siempre. Que finalmente tendremos un sistema de salud del primer mundo. Pero, llegamos a la clínica y nos llenamos de esperanza al verla toda bonita y pintadita. A lo mejor y es cierto, piensa uno. Pronto nos damos cuenta, que la clínica está llena, que el periodo de espera es superior a las dos horas, y que luego de una rápida entrevista, donde medio me pasaron el estetoscopio, el medicamento recetado tendría que comprarlo en la farmacia del pueblo.

    Al final, el ciudadano salvadoreño sigue financiando, además de con sus impuestos, con el gasto de bolsillo, el funcionamiento del sector salud. Lo interesante es que el sector pobre (4to y 5to quintil) desembolsa más del 70% de su gasto del hogar en salud en medicamentos, mientras que los sectores que percibe mayores ingresos únicamente desembolsan el 41% de su gasto del hogar en salud en medicamentos. Esto puede llevar a que familias pobres, ante una enfermedad, caigan en situación de pobreza o profundicen su condición, ya que deben destinar recursos que normalmente serían para alimentación u otras necesidades básicas.

    En cuanto a la inflación médica, los precios relacionados con la salud en El Salvador han aumentado a un ritmo mas acelerado que el promedio de otros productos desde agosto de 2023. Por ejemplo, en febrero de 2024, la inflación interanual en el sector salud fue del 2.62%, mientras que la inflación general se situó en 0.8%. Este incremento se observa en áreas como consultas médicas, procedimientos en el sector privado u costos de hospitalización.

    El gasto de bolsillo sigue siendo una pesada carga para las familias salvadoreñas, especialmente para las más vulnerables, como lo ilustra la historia de doña Raquel. A pesar de los esfuerzos y promesas de los distintos gobiernos, la ausencia crónica de medicamentos y la insuficiencia de los servicios públicos obligan a muchos a recurrir al sector privado, asumiendo costos que pueden ser catastróficos. La experiencia de doña Raquel es un reflejo de la realidad de miles de salvadoreños: la salud, lejos de ser un derecho garantizado, sigue siendo un privilegio condicionado por la capacidad de pago y la solidaridad familiar.

  • La migración en Estados Unidos: ¿un chivo expiatorio?

    La migración en Estados Unidos: ¿un chivo expiatorio?

    Desde las grandes migraciones prehistóricas hasta los flujos contemporáneos de refugiados y trabajadores económicos, el ser humano se ha desplazado constantemente en busca de seguridad y oportunidades.

    A lo largo de esos milenios, las percepciones sociales sobre los migrantes han oscilado entre la hospitalidad y la hostilidad, reflejando siempre los intereses económicos, culturales y políticos del momento.

    Hoy, la migración vuelve a ocupar el centro del debate político en Estados Unidos, donde ha sido utilizada por la administración Trump para canalizar el descontento de la clase trabajadora ante el estancamiento de los salarios reales y el alza del precio de la vivienda.

    Sin embargo, diversos estudios en Estados Unidos, confirman los efectos positivos de los migrantes en la economía, lo que significa que, en realidad, existen otros factores causales detrás del estancamiento que percibe la clase trabajadora.

    Las posturas antiinmigrantes no son cosa del siglo XXI. Por ejemplo, la civilización romana bajo el emperador Diocleciano promulgó leyes para proteger migrantes que fueran artesanos cualificados y restringir la entrada de otras personas sin autorización.

    Incluso nosotros salvadoreños prohibimos en 1933 la entrada de inmigrantes «turcos» en aras de mantener la «unidad nacional».

    También han ocurrido casos inversos. Por ejemplo, durante el período clásico maya, ciudades como Tikal, Calakmul o Palenque recibían a comerciantes, artesanos o prisioneros para repoblar barrios destruidos por las guerras.

    A cambio, los recién llegados debían sobrevivir pruebas de iniciación que comprendían peregrinaciones a cenotes donde debían pasar noches en vela, sudatorios, ayunos, e incluso recibían lecciones sobre mitos fundacionales sobre las que eran posteriormente examinados.

    Si aprobaban los exámenes, estas personas podían optar a quedarse en las ciudades tras prestar un juramento ante la élite gobernante, además de comprometerse a pagar tributos.

    Otro caso famoso ocurrió en Europa, donde a finales del siglo XVII cerca de 200,000 hugonotes (protestantes franceses) huyeron de Francia en búsqueda de protección religiosa y económica.

    Tras ser rechazados por varios países europeos, los hugonotes fueron acogidos abiertamente por Prusia, donde se les ofreció libertad de culto, exención de impuestos y tierras.

    Según estimaciones modernas, estos refugiados contribuyeron a reactivar la manufactura prusiana luego de que esta quedara devastada tras la Guerra de los Treinta Años ocurrida entre 1618 y 1648.

    El papel central de las personas y la fuerza de trabajo en el crecimiento económico también ha sido reconocido por la teoría económica desde los tiempos de los economistas clásicos en el siglo XVIII hasta la actualidad.

    Dado que dos terceras partes de los migrantes son personas en edad laboral, según la Organización Internacional para las Migraciones, sus efectos en las economías de destino asemejan los de una expansión en la fuerza de trabajo.

    El mecanismo es relativamente sencillo: la llegada de inmigrantes aumenta la oferta laboral, presionando a la baja los salarios de los trabajadores locales con los que compiten en el mercado de trabajo.

    Esta reducción inicial en los costos laborales ocasiona una disminución en los precios de los bienes y servicios para los consumidores, aumentando el consumo y las ganancias de los empresarios.

    Esas mayores utilidades, a su vez, alimentan nuevas inversiones y atraen a más emprendedores, generando un efecto multiplicador.

    Además, dado que los migrantes no solo trabajan, sino que también consumen diversos bienes y servicios en la economía local, generan un aumento en la demanda agregada, ocasionando otro efecto multiplicador que genera un crecimiento de la demanda de trabajo, aumentando el nivel salarial que se tenía antes de recibir migrantes.

    Por supuesto, estos efectos pueden tardar demasiado o incluso dejar de ocurrir si las economías de destino enfrentan altas tasas de desempleo o informalidad, pues la llegada de trabajadores podría agravar las carencias del mercado laboral.

    Este no es el caso en Estados Unidos, con una tasa de desempleo promedio de solamente el 3.8 % desde 2022 y un sector informal que contribuye con menos del 3 % del PIB, según información del Banco de Reserva Federal de St. Louis.

    Por eso, no extraña que los datos y la evidencia empírica sustente efectos generalmente positivos de la migración en la economía estadounidense, como un aumento de los salarios promedios de la población nativa en zonas con mayor proporción de inmigrantes, o una mayor propensión de los migrantes a emprender y producir patentes que la población nativa.

    ¿Entonces, por qué triunfó de manera tan aplastante el discurso antiinmigrante en las últimas elecciones estadounidenses?

    Después de todo, según el último censo, la proporción de 8.4 migrantes por cada mil habitantes que ahora existe en Estados Unidos es inferior a la que se tenía a principios del siglo XX, cuando habían 10.4 migrantes por cada mil habitantes.

    La razón es que hay efectos paralelos a la migración –pero relativamente ocultos del debate político– que han debilitado el crecimiento de los salarios y generado una sensación de debilitamiento del poder adquisitivo, como un rol menos preponderante de los sindicatos y de la negociación colectiva, así como un alza generalizada en los precios de la vivienda.

    Esto es evidente al observar que la sindicalización del sector privado pasó de superar el 30 % entre 1945 y 1960, a solo alcanzar el 9.4 % en 2022.

    Por otro lado, el precio medio de la vivienda en Estados Unidos aumentó un 177 % desde el año 2000, mientras que los ingresos familiares ajustados por la inflación para la familia estadounidense media solo subieron un 8.5 %.

    Así, a pesar de que la migración es generalmente buena para la economía, algunos grupos han tomado ventaja de otros fenómenos económicos coincidentes con la migración para buscar un culpable que alimente su base política y posibles creencias racistas.

    El auge de estos grupos pudo evitarse con un aprovechamiento más eficaz del recurso productivo que año con año llega a los países más ricos.

    Esto pasa por la generación de instituciones que regulen el alza desmesurada del precio de la vivienda y que fortalezcan la capacidad de negociación de los trabajadores para que estos aprovechen de mejor manera los beneficios de la migración.

    Gabriel Pleités, Ph. D. en economía de la Universidad de Utah.

  • Cuando la salud cuesta demasiado: El drama de las familias salvadoreñas ante el gasto médico

    Cuando la salud cuesta demasiado: El drama de las familias salvadoreñas ante el gasto médico

    Raquel, es una mujer de la costa oriental de El Salvador. Se paso su vida cuidando sus siete hijos, mientras su marido pescaba.Tulio se llamaba. Un buen hombre que finalmente murió de insuficiencia renal, después de muchos años de padecimiento.Pasaron hambre y sufrimientos, me cuenta, pero ella y sus hijos lograron sobrevivir.

    Ahora a sus 65 años, vive de las remesas que dos de sus hijos que emigraron a los Estados Unidos le mandan mes a mes. Sufre diabetes, hipertensión arterial y depresión.

    Aunque esté bajo control médico en una clínica particular en Santa Rosa de Lima y tomando medicamentos para sus males, al menos una vez por año se descompensa requiriendo muchas veces hospitalización. Durante el ultimo episodio grave tuvo que ser llevada de emergencia a un hospital privado de Santa Rosa de Lima. El médico tratante después de examinarla sugirió a sus familiares que la acompañaban, que doña Raquel necesitaba ser ingresada en el hospital. Siete días sugirió el galeno. Tres días de estancia en el hospital y 4 mil dólares de gastos médicos -según me cuenta ella- sus familiares decidieron que no podrían mantenerla por 4 días más, por lo que solicitaron el alta. Doña Raquel regresó a su casa, junto al mar, y lentamente se recuperó.

    En El Salvador, los hogares asumen una parte significativa de los gastos en salud, el llamado “gasto de bolsillo”. Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), publicado en octubre de 2024, los salvadoreños cubren el 26.7% del gasto total en salud con recursos propios. En otras palabras, por cada $100 dólares de gasto médico, casi $27 dólares son cubiertos por el paciente y su familia.

    El gasto de bolsillo en salud se refiere a los pagos directos que los hogares realizan para acceder a servicios, medicamentos y tecnologías sanitarias, sin reembolso posterior. En El Salvador, este gasto sigue siendo una de las principales fuentes de financiamiento del sector salud, especialmente en la adquisición de medicamentos y otros insumos esenciales. Es por todos conocido la ausencia crónica de medicamentos en el sector publico de salud. Ausencia crónica digo, pues es un problema de años y años, de gobiernos de izquierdas y derechas, centristas y extremistas. Y cada año electoral se promete, con slogans bonitos y sofisticados, que esto va a mejorar, que no seremos los mismos de siempre. Que finalmente tendremos un sistema de salud del primer mundo. Pero, llegamos a la clínica y nos llenamos de esperanza al verla toda bonita y pintadita. A lo mejor y es cierto, piensa uno. Pronto nos damos cuenta, que la clínica está llena, que el periodo de espera es superior a las dos horas, y que luego de una rápida entrevista, donde medio me pasaron el estetoscopio, el medicamento recetado tendría que comprarlo en la farmacia del pueblo.

    Al final, el ciudadano salvadoreño sigue financiando, además de con sus impuestos, con el gasto de bolsillo, el funcionamiento del sector salud. Lo interesante es que el sector pobre (4to y 5to quintil) desembolsa más del 70% de su gasto del hogar en salud en medicamentos, mientras que los sectores que percibe mayores ingresos únicamente desembolsan el 41% de su gasto del hogar en salud en medicamentos. Esto puede llevar a que familias pobres, ante una enfermedad, caigan en situación de pobreza o profundicen su condición, ya que deben destinar recursos que normalmente serían para alimentación u otras necesidades básicas.

    En cuanto a la inflación médica, los precios relacionados con la salud en El Salvador han aumentado a un ritmo mas acelerado que el promedio de otros productos desde agosto de 2023. Por ejemplo, en febrero de 2024, la inflación interanual en el sector salud fue del 2.62%, mientras que la inflación general se situó en 0.8%. Este incremento se observa en áreas como consultas médicas, procedimientos en el sector privado u costos de hospitalización.

    El gasto de bolsillo sigue siendo una pesada carga para las familias salvadoreñas, especialmente para las más vulnerables, como lo ilustra la historia de doña Raquel. A pesar de los esfuerzos y promesas de los distintos gobiernos, la ausencia crónica de medicamentos y la insuficiencia de los servicios públicos obligan a muchos a recurrir al sector privado, asumiendo costos que pueden ser catastróficos. La experiencia de doña Raquel es un reflejo de la realidad de miles de salvadoreños: la salud, lejos de ser un derecho garantizado, sigue siendo un privilegio condicionado por la capacidad de pago y la solidaridad familiar.

    • El Dr. Alfonso Rosales es médico, epidemiólogo.

  • La Selecta: Un latido de esperanza que trasciende la cancha

    Desde esta cancha de letras, donde la pasión por el fútbol se une a la reflexión sobre el alma de nuestro país, hoy vibramos con una noticia que nos llena de un orgullo inmenso: ¡La Selecta está en la fase final de la clasificación para el Mundial 2026! Los ecos de la clasificación, los gritos, los abrazos, la explosión de alegría que unió a cada salvadoreño, dentro y fuera de nuestras fronteras, todavía resuenan en nuestros corazones. Es la confirmación de que, cuando unimos fuerzas, cuando creemos hasta el final, lo impensable se vuelve posible, hasta lo inmerecido en lo deportivo y administrativo. Algunos escépticos hablan de un verdadero milagro, pero hace unas horas el nombre de El Salvador estuvo en los bombos de las mejores doce selecciones de la región.

    Esta clasificación no es solo un logro deportivo; es un gol a la anomia, una patada a la desesperanza. En un país que ha luchado tanto, que ha enfrentado desafíos enormes, el fútbol, la Selecta, se convierte en un símbolo poderoso de lo que somos capaces de lograr. Nos recuerda que la persistencia, el trabajo en equipo y la fe inquebrantable son ingredientes vitales no solo en la cancha, sino en la construcción de una nación. Ver a nuestros jugadores de azul y blanco competir al más alto nivel, defendiendo la camiseta con alma y vida, es un espejo de la resiliencia que caracteriza a nuestro pueblo y que nos debe llenar de esperanza, una vez más.

    La euforia de la victoria es dulce, pero esta columna es también un llamado a la reflexión sobre el apoyo incondicional. ¿Qué significa realmente apoyar a la Selecta? No es solo celebrar en los triunfos; es estar en las derrotas, en las rachas difíciles, en la reconstrucción, en este proceso que se encuentra el fútbol salvadoreño, con una intervención de la FIFA. Es comprender que el camino al éxito rara vez es lineal y que la paciencia es tan vital como el aliento en el estadio.

    La afición salvadoreña es única, apasionada, ruidosa, en muchas ocasiones irreverente y esa energía es el jugador número doce, es increíble y hasta inaudito que selecciones de afuera no quieren venir a jugar al Cuscatlán, hay temor a ese apoyo incondicional, pero algunos sectores en nuestro país no creen en nuestra selecta. Sin embargo, en ocasiones, esa misma pasión puede volverse impaciente, olvidando el proceso y exigiendo resultados inmediatos, ahora es una obligación llegar al mundial, otros dirán esta fase es nuestro verdadero mundial contra Guatemala, Surinam, y Panamá.

    Ahora, con la fase final de las eliminatorias por delante, el verdadero reto comienza. Los partidos serán más duros, los rivales más experimentados, la presión más intensa, los partidos de fogueo y recursos de otras selecciones podrán ser mejores para otros combinados, pero es precisamente en este escenario donde nuestro apoyo incondicional debe brillar con más fuerza que nunca. Es el momento de ser el viento que empuja sus velas, el grito que les da fuerza cuando las piernas flaquean. No solo en los partidos clave, sino en cada convocatoria, en cada entrenamiento, en cada pequeño avance. Se trata de esperanza contra esperanza. Como salvadoreños debemos creer y confiar, apoyar con todas nuestras fuerzas.

    La Selecta nos ha dado una lección invaluable de esperanza. Nos ha demostrado que la camiseta azul y blanco puede ser un estandarte de unidad, un antídoto contra las divisiones que a veces nos aquejan como sociedad. El apoyo de los equipos de la primera división al facilitar a los jugadores, el rol de la FESFUT de cambiar al cuerpo técnico anterior, el apoyo de la prensa deportiva mayoritariamente, el presidente ad honorem del INDES se debe de destacar y agradecer está metido con todo en apoyo y en creer en la selección. Ahora nos toca a nosotros, la afición, ser el apoyo constante, la fe inquebrantable, no silbidos, no abucheos, una conducta ejemplar y responsable. Porque el camino a la Copa del Mundo no es solo de los once que saltan a la cancha, sino de los millones que creemos en ellos.

    Sigamos soñando, sigamos apoyando, y que estos meses antes de ese 24 de septiembre 2025 que el gorgorito indique el inicio del primer partido frente a Guatemala apoyemos en todo tiempo el proceso. Que la Selecta nos inspire a creer en nuestra propia capacidad de alcanzar grandes metas, dentro y fuera de la cancha. Son momentos de unidad y de concetrarnos en el objetivo de llegar a la fase final de la Copa del mundo 2026.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología

    Experto en seguridad

  • Integración regional como imperativo

    Integración regional como imperativo

    Preámbulo. No podemos hoy en día sentirnos al menos aturdidos, los que tuvimos la fortuna de ser testigos del ambiente que se vivía a fines de los ochenta y principios de los noventas con la pacificación bélica de Centroamérica, así como los planes de paz y de desarrollo que culminaron para empezar a empezar con el Protocolo de Tegucigalpa, que planteó la idea del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

    Éste con su secretaria general (S.G. SICA) y sus subsistemas, el económico (SIECA), con su secretaría general de integración económica (SG SIECA), el ambiental Subsistema de la Integración Centroamericana en materia de Ambiente y Desarrollo (SISAD) con su órgano principal la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), el encargado de la educación y la cultura Subsistema Educativo de los Estados del Istmo Centroamericano (SEDUCA), cuyo principal órgano operativo es la Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana (CECC/SICA) y finalmente el subsistema político que la propia SG SICA coordina, todos con su desarrollo sectorial. Tuvimos la ilusión de que, con un Protocolo de Tegucigalpa, flexible y realista, avanzaríamos hacia una mayor cooperación política al menos.

    El Estado de la Región 2025 es crítico del estado del SICA. Menciona como hallazgos las siguientes deficiencias: Estancamiento institucional, déficit de transparencia y rendición de cuentas, persistencia de desigualdades y pobreza, así como retroceso democrático y “autocratización”.

    Justificación. Países pequeños como los nuestros, deben tener clara la necesidad de desarrollar economías de escala, que solo con mayor volumen geográfico y demográfico se puede lograr. La Región SICA, compuesta por 8 países consta en cifras redondas de medio millón de kilómetros cuadrados y algo más de 50 millones de Habitantes.

    El hablar de integración política, por la que los EEUU libraron una cuenta guerra en el Siglo XIX y los europeos luchan hoy en día por consolidarla como nación, es en Centroamérica una quimera.

    Lo que conviene es el seguir promoviendo una visión estratégica, con la esperanza de que poco a poco vayan los países miembros estabilizándose internamente de acuerdo a los valores del SICA. Así, que vuelvan a visualizar la integración de la que el SICA es un andamiaje de mucho valor, como un camino facilitador y complementario de los esfuerzos nacionales, que es conveniente armonizarse con los que la economía de escala posible, favorece su implementen a nivel regional de SICA.

    La integración posible.Lo que conviene es trabajar la integración posible, o sea, impulsar aquellas áreas de acción, donde los países vean valor y que no sean vistas como amenazas. Esto no quiere decir que la SG SICA por ejemplo, ha de desistir de promover en Centroamérica la consolidación “de la democracia y fortalecer las instituciones “sobre la base de la existencia de gobiernos electos por sufragio universal libre y secreto, y del irrestricto respeto a los DDHH”, dice el Protocolo de Tegucigalpa, que le encarga al SICA como “objetivo fundamental la realización de la integración de Centroamérica para constituirla como Región de Paz, Libertad, Democracia y Desarrollo.”

    Fortalecimiento sistémico. Ergo, en esta etapa de un proceso que nunca ha de terminar, pues siempre hay espacio para mejorar, que la realidad permanentemente cambiante acentúa, la SG SICA, en congruencia con el mandato que reciba de la Reunión de Presidentes y el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores, debería esmerarse en el marco de la integración posible de fortalecer el sistema, lo que incluye asegurar una gestión de “primer mundo”. Esmerarse en que las secretarías subsistémicas y sectoriales derivadas funcionen asertivamente, que se comuniquen entre sí para aprovechar el planteamiento sistémico, que se da cuando partes separadas, fundidas en un mismo propósito, funcionan como “un todo”.

    Paralelamente, es fundamental trabajar el articulamiento con las instancias locales en cada punto del sistema, sin dejar de mantener en lugar de indiscutible privilegio, el asegurar la frecuencia mínima y operabilidad de todas las reuniones políticas de aquel, de la Reunión de Presidentes y Jefe de Estado de Belice para abajo, prestando especial importancia al Comité Consultivo, órgano de enlace con la sociedad civil regionalizada.

    Grandes temas. Promover temas en que la economía de escala favorezca a todos. Son muchos los temas con potencial y ya algunos se trabajan, pero obviamente sin S.G SICA, andan desarticulados. Destaco algunos: el MERCOMUN, la joya especial del SIECA, que nunca ha dejado de funcionar y que da vida a la integración; seguir consolidándolo, ojalá con mayor visión hacia afuera. La seguridad. La temática de manejo ambiental y de conservación, que no conoce fronteras, al igual que la prevención y el manejo de desastres. La salud desde una perspectiva integral. La temática cultural y educativa, que nos debe unir más que separar. Los temas energéticos y de infraestructura que impulsen la integración. El turismo.

    A nivel político, mantener el diálogo sin entrar en temas complejos que desagraden a los países; cada país debe encontrar su camino hacia los ideales del SICA. Una dimensión favorable es la coordinación hacia afuera en foros y el de la cooperación extra regional.

    Duele que Nicaragua no haya podido suplir a su nacional el secretario general renunciante ante su gobierno. Se ha perdido mucho. Las ternas presentadas por el gobierno de Nicaragua, por una u otra razón, no han presentado candidaturas aceptables para todos los países. Nicaragua ha partido de una premisa errónea: el que los demás países están obligados a aceptar lo que se les proponga y no es así. Todos son responsables del nombramiento.

    No quiero alargar este artículo. Quiero que sea leído; largo, no lo sería. Quizás lo más importante es apelar a las raíces comunes y la fraternidad centroamericana. Apelar a que prive la cordura y el sentido común para llevar adelante la agenda de la integración posible.

    • Carlos Manuel Echeverría Esquivel, exembajador costarricense en El Salvador, fue miembro de la comisión preparatoria del SICA.

  • Más fuerte que la hiedra

    Más fuerte que la hiedra

    La Universidad de Harvard fundada en 1636 es la más antigua de los Estados Unidos, y debe su nombre al clérigo puritano John Harvard, quien dejó su herencia material a una pequeña casa de estudios situada en un pequeño pueblo de Massachusetts, quien adoptó el nombre de su inesperado benefactor, y posteriormente se trasladó a la villa de Cambridge, que hoy podría situarse como parte integrante del área metropolitana de Boston.

    Por supuesto no comenzó como universidad, sino como un simple y necesario College, que fue solo en 1780 cuando se convirtió en Universidad.

    Hoy en día, o quizás deberíamos decir hasta hace algunos pocos días, Harvard University y ser egresado de Harvard University, así fuere por haber asistido a unos pocos seminarios extracurriculares, era suficiente para encabezar cualquier curriculum vitae profesional, y asegurarse una discreta reverencia

    Y no era para menos, siglos de exigencia académica, comportamiento y resultados enmarcados en un conservadurismo conceptual (no era para menos dado su origen calvinista) se veía acompañado de sus altas exigencias monetarias para costear la matricula anual, aparte del primer filtro de ingreso que, según se asevera, no logró sortear el actual presidente de los Estados Unidos; dicho éste que atribuyo más a una leyenda urbana, que a la verdad.

    La realidad es que Harvard University es una institución académica altamente conservadora, o lo fue, de donde egresan profesionales listos a integrarse a la cadena productiva nacional en los diversos campos del conocimiento humano, a través de sus doce facultades que van desde la de Derecho y Ciencias médicas, hasta la de Teología y Ciencias aplicadas.

    De igual forma integra un grupo de universidades privadas del noreste de los Estado Unidos con igual nivel académico, económico y abolengo histórico, conocido como la “Yvy League” (liga de la hiedra); esto en alusión a la planta trepadora que se adhiere a las paredes de los edificios de los campus universitarios, a la manera de las casas inglesas; y liga (Yvy) porque nació en el hecho competitivo deportivo, entre ellas.

    Son ocho situadas en Nueva Inglaterra: Columbia, Cornell, Brown, Dartmouth, Harvard, Pensilvania, Princeton y Yale. Y todas ellas han sido sometidas recientemente a serios cuestionamientos que terminaron con la separación de sus cargos rectorales en cuatro de ellas, entre las cuales se encontraba la de Harvard.

    Podríamos preguntarnos que sucedió con esas universidades, que de repente se convirtieron prácticamente en las enemigas de la sociedad norteamericana, de sus valores tradicionales y entramado legal, propio de un país federado, sustentado en apenas siete artículos de su Constitución de 1789.

    Podríamos señalar, sin temor a equivocarnos que, en primer lugar fue fruto de la natural evolución de la historia, de las civilizaciones que ha obligado a una mayor interrelaciones de los habitantes de un mismo país y de ellos, con habitantes llegados de diferentes puntos y culturas del orbe; no necesariamente ha sido un choque sino un encuentro cultural beneficioso para todas las partes, coincidente en esas prestigiosas universidades.

    No obstante, quizás pudiéremos arbitrariamente, situar un cambio inducido externo e interno también, que se comenzó a gestar de una manera natural a partir de la caída del muro de Berlín en 1989 y la desaparición de la Unión Soviética el 25 de diciembre de 1991, con la renuncia de Mijail Gorbachov. Y detrás de ella, la desaparición del modelo comunista soviético estatista, incapaz de competir con la libertad de mercado occidental y sus sistema de libertades ciudadanas y económicas, que llevó al académico Francis Fukuyama, egresado de la Universidad de Harvard y catedrático de la Universidad John Hopkins de Washington DC, escribir en 1992 su comentado libro “El fin de la historia y del último hombre”.

    Algo que no sucedió, simplemente la historia se fragmentó, y comenzaron a emerger en el orbe realidades humanos y estructurales, que iban más allá del enfrentamiento de dos modelos económicos y políticos dominantes hasta ese entonces. En Occidente, situémoslo así, no todos los países miembros de la ONU, o no, las democracias no fueron suficientes para alcanzar la convivencia equilibrada entre sus integrantes, y no solo la economía de mercado y el ejercicio del voto, fue suficiente para alcanzar la paz y desarrollo social compartido.

    Tampoco en los antiguos países bajo la orbita soviética estatista, no euroasiáticos, han logrado alcanzar la paz social, a lo menos los situados en el llamado Tercer Mundo. Lo cierto que a partir de esas rupturas históricas comenzaron a emerger propuestas aparentemente igualitarias o nuevos derechos individuales elementales pero vigentes pero no totalmente tolerados, como el feminismo radical, la inclusión social, el movimiento LGTB, el wokismo, la transexualidad y el derecho al aborto bajo la aspiración de una sociedad centralizada, estatista como el Socialismo del Siglo XXI o el Kirchnerismo de Argentina, hoy en franca decadencia pero presente en la violencia.

    ¿Y dónde entra entonces, la actual crisis de las universidades de élite de los Estados Unidos con lo narrado en las líneas anteriores?. En la sigilosa, paciente y persistente estrategia de penetrar para reformular los objetivos originales fundacionales, cual fue la excelencia académica y profesional, forjadora de líderes sociales y económicos de la nación norteamericana.

    Es muy complejo poder enumerar, evidenciar y narrar la raíz y el momento en el cual se produjo ese cambio de perspectiva, que se exteriorizó a raíz de la actual guerra palestino-israelita, iniciada el 7 de octubre de 2023, cuando en el amanecer de esa mañana un comando invadió el territorio de Israel, y asesinó a mas de 1200 jóvenes civiles no combatientes, mujeres violadas y exibídas en medio de vítores y disparos al aire, cual si fueren trofeos de caza; además de secuestrar a 240 judíos de todas las edades y sexo, ancianos y lactantes, muchos de los cuales han sido asesinados y otros permanecen aún bajo secuestro.

    Ante la necesaria, esperada y contundente respuesta del gobierno de Israel, atacando los puntos sensibles donde se ocultaban y despachaban los terroristas del Hamas, bajo tierra y en la superficie, estudiantes nacionales y extranjeros de estas universidades de élite, instigados por sus autoridades académicas salieron a la calle portando banderas palestinas, cubriendo sus cabezas o terciándolas sobre sus hombros los Kufiyas, modelo Arafat, para evidenciar su compromiso, sino a un territorio a un ideal político-religioso; quemaron banderas de Israel y los Estados Unidos, expresando consignas antisionístas.

    Se supo de inmediato que muchos profesores y, sobre todo en cuatro de estas universidades, sus rectoras justificaban abiertamente la actuación de los estudiantes, bajo diversos y confusos argumentos que sorprendieron al mundo.

    La respuesta del gobierno fue inmediata, respaldada por el Congreso que citó a las rectoras promotoras y encubridoras de tales manifestaciones a favor de un movimiento declarado terrorista por el Gobierno, como lo es la organización Hamas de Palestina y, la comisión del delito de odio expresado en el antisemitismo vociferante de los estudiantes nacionales y extranjeros que salieron a la calle a respaldar la masacre del siete de octubre.

    El desvarío conceptual llegó a tales límites que Harvard, argumentado por su rectora y bajo el manto de la “inclusión”, determinó separar los días de graduación en razón de la raza y la preferencia sexual. Así, un lunes se graduaban los de raza negra, otro día, los homosexuales y transexuales, otro los latinos (llamados latinx), otro los blancos, y finalmente los árabes.

    Es obvio que hay una contradicción entre la inclusión social vociferada y la separación de los graduandos según su especie. Pero allí, en esos hechos, tal como lo hacen los socialista del Psoe y de Podemos en España, está la aspirada disolución de la actual sociedad occidental.

    Por supuesto la reacción, fue la esperada. El gobierno suspendió el aporte sustancial monetario que aportaba anualmente a la Institución; dictó la medida expulsión del país a los estudiantes extranjeros participantes en actos de violencia (entre ellos el delito del odio), para finalmente cerrar la posibilidad que extranjeros puedan inscribirse o continuar sus estudios en estas universidades élite. Causando, eso sí, un daños generalizado e irreparable a inocentes, solo por el hecho de ser extranjeros.

    Cabe señalar que muchos países del Medio Oriente, como Catar y Arabia Saudita son países que aportan importantes donaciones a estas universidades de élite, no solo por el intercambio estudiantil, sino a manera de donación.

    Las medidas tomadas por el gobierno fueron drásticas, determinantes, injustas e inadecuadas muchas de ellas, que si se conjugan con la crisis inmigratoria (indocumentados) penetrada igualmente por bandas criminales internacionales, es obvio que el gobierno ha tenido que reaccionar como lo hizo al inicio; las más de las veces, de una manera desmedida que ha generado una crisis institucional entre los poderes públicos y entre la ciudadanía, no superada aún.

    Se ha creado un efecto reflejo donde todos los males sociales han venido a recaer en la inmigración, sin distingo de quienes legítimamente aspiran a regularizar su estatus migratorio (muchos de ellos habiendo obtenido una protección temporal) y quienes han sido inducidos o no, a emigrar a los Estados Unidos.

    Esta nación, como cualquier nación o estado del orbe tiene el derecho a defenderse con todos los medios frente a una fuerza invasora que coloca en situación de peligro la paz social y los valores que la sustentan.

    Venezuela en su momento tuvo necesidad en los años 80 de intentar regularizar, cuantificar a los llamados indocumentados por razones elementales de seguridad y planificación nacional; casi todos provenientes de Colombia y los países andinos, que llevó al presidente Herrera a proponer un Censo de Indocumentados, que fracasó ante el temor que el censo serviría para su deportación, lo cual no fue la intensión, sino la planificación, y el derecho de conocer quien está en su territorio y qué hace.

    Hoy esa tímida y elemental propuesta ha sido sustituida por una virtual ocupación consentida y alentada desde el poder público. Extranjeros que han llegado, que han sido invitados, no para incorporase a nuestra economía, cultura y gentilicio, sino para implantar un modelo político antidemocrático y contrario a los valores occidentales, de la cultura judeocristiana, que pasa por la democracia, el derecho a elegir y ser elegido, el respeto a los derechos humanos y el control social en función del bien público.

    Ya no son andinos, colombianos, del cono sur, alemanes, portugueses o españoles, sino militantes bajo las órdenes de Cuba, Irán, Palestina que han sido invitados, en un proyecto ideológico global de dominación. Tendrán que salir en su momento.

    Estados Unidos está invadido no por campesinos, médicos venezolanos, músicos, venezolanos, mexicanos, brasileños, salvadoreños, guatemaltecos, chilenos, ecuatorianos, empresarios venezolanos, maestros, ingenieros, oftalmólogos, chefs, ingenieros, abogados, mecánicos, estudiantes, amas de casa, abuelos, periodistas, escritores, actores, que han llegado a aportar y vivir en seguridad jurídica. Pero se encuentra invadido igualmente, por criminales políticos del Medio Oriente, por criminales venezolanos enviados por el Cartel del crimen organizado instalado en Miraflores y Fuerte Tiuna, que han dañado no solo a la nación estadounidense con sus delitos horrendos sino el gentilicio tan particular de la venezolanidad.

    Las banderas de Hamas no solo ondearon en Harvard, actualmente también aparecen en Buenos Aires en las manifestaciones del kirchnerismo junto a antiguos montoneros ante la prisión decretada a Cristina Fernández de Kirchner (aliada de Chávez y luego de Maduro) por desviación de fondos públicos a su favor (miles de millones de dólares) también han ondeado en Harvard y ahora en Los Angeles en las manifestaciones de los inmigrantes, donde igualmente encapuchados ondean banderas mexicana, retando a las fuerzas del orden y lanzando bombas molotov. Encapuchados como los que tuvimos en Venezuela en los años sesenta y setenta destruyendo buses, autos, vidrieras de negocios, que ahora aparecen en California, bajo la excusa de reclamar derechos inmigratorios.

    Por cierto, este portar banderas mexicanas en actos de violencia destructiva contra la ciudad y las fuerzas del orden público, no tiene nada que ver con los migrantes por necesidad, ellos han rechazo este esquema violento, tienen décadas sus organizaciones reconocidas y funcionales de protección, por lo que es fácil de inferir que los violentos son elementos extranjeros que han invadido el territorio nacional de los Estados Unidos para desestabilizarlo, y deben ser rechazados y tratados como fuerza invasora. El gobierno de México debe actuar para desentenderse de ellos.

    En conclusión, la humanidad atraviesa por una crisis existencial civilizatoria. Es normal, es la historia, la evolución del hombre organizado en comunidad, acompañado por la tecnología, los descubrimientos científicos y el conocimiento humanista, donde la religión, la filosofía, el conocimiento de las causas y efectos, tienen presencia e influencia.

    Mas no se puede perder el objetivo final: la paz, la convivencia, los derechos y obligaciones sociales e individuales, el disfrute de los bienes de la tierra y el equilibrio de: a cada uno lo suyo. Cada descubrimiento, cada avance, cada clarificación de nuestra ignorancia nos hace crecer como individuos y como unidad cósmica. Por ello el derecho, la obligación de defenderse de fuerzas destructivas, sometedoras de la libertad del hombre, debe ser combatida en cualesquiera de sus manifestaciones. Mientras, respetemos respetemos las normas y costumbres de los países que nos acogen. Y asumamos que la primera obligación de un gobernante, es garantizar la seguridad de sus gobernados.