Categoría: Opinión

  • La trágica ofensiva militar que nunca debió ser

    La trágica ofensiva militar que nunca debió ser

    Aquella tarde del viernes 10 de noviembre de 1989, vi por última vez a Dagoberto Aguirre Cornejo, mi compañero de estudios en el Departamento de Periodismo  de la Universidad de El Salvador (UES). A un grupo de compañeros nos llevó al cuarto oscuro de su taller de fotografía en el Alma Mater, porque nos iba a regalar unos sobrantes de rollos fotográficos.  Cuando encendió lass tratamos de no ponernos nerviosos porque en aquel cuartohabían al menos 20 fusiles, y abundante munición.

    Dagoberto nos explicó que esa misma noche esas y otras armas que estaban guardadas en otros locales de la UES iban a ser entregadas a estudiantes que se iban a sumar a la ofensiva militar del FMLN que comenzaría el día siguiente. Nos regaló los rollos y nos pidió confidencialidad total. Incluso, trató de convencernos que nos sumáramos sabiendo que nunca habíamos manipulado un arma de cualquier tipo.

    Dagoberto tenía 27 años de edad y era un tipo idealista, provenía de una familia de clase media y había estudiado filosofía en Brasil. Según él, la ofensiva guerrillera se justificaba como el único camino viable y necesario para que la clase proletaria arribara al poder para ejercer una verdadera democracia participativa y equitativa. Él estaba seguro que la ofensiva no iba a durar más de ocho días y que miles de ciudadanos se les iban a sumar en los barrios populares.

    La noche del sábado 11, ayer hace 36 años, comenzó la ofensiva final “hasta el tope”. El domingo 12, el equipo de futbol en el que yo jugaba nos presentamos a la cancha de la Hacienda Santa Bárbara, en la periferia de Olocuilta, pero el equipo rival no llegó porque la circunstancias se lo impidieron, por lo que decidimos jugar entre nosotros. Alguien tenía una radio encendida y el locutor estaba anunciando que decenas de personas entre militares, guerrilleros y civiles habían muerto. Me pareció escuchar que entre los muertos se encontraba Raúl Barahona Salamanca, un estudiante de ingeniería a quien yo conocía. En efecto, fue de los primeros que murió en Ilopango.

    Las clases se suspendieron en la UES y solo fueron reiniciadas meses después en el exilio. Desde aquel domingo me mantuve pendiente de las noticias y cuando la calma aparentemente había llegado, supo que Dagoberto había  muerto apenas inició la ofensiva. Sus sueños se acabaron y otros que sobrevivieron nunca vieron los objetivos logrados, al contrario muchos se sintieron traicionados por aquellos comandantes guerrilleros que solo los utilizaron para sus propios intereses.

    Hay quienes sostienen que la ofensiva “hasta el tope” sirvió para acelerar los acuerdos de paz, pero la ofensiva rompió un proceso de diálogo que se encaminaba al final de la guerra civil y fratricida que dejó más de 70 mil muertos y miles de desaparecidos, entre guerrilleros, soldados y civiles, más millones de dólares en pérdidas y daños materiales. Durante el conflicto armado, el país fácilmente retrocedió décadas hacia el subdesarrollo y el estancamiento, sin contar con el resentimiento social que se generó y el cual todavía mantiene secuelas vigentes entre algunos sectores.

    Las  teorías y justificaciones conspirativas sostienen o encuadran sus análisis en que fue el despiadado ataque, al  mediodía del martes 31 de octubre de 1989, contra el local  capitalino de la Federación Nacional Sindical de Trabajadores Salvadoreños (FENASTRAS), que dejó nueve muertos (entre ellos a Febe Elizabeth Velásquez) y más de 30 heridos, supuestamente ejecutado por escuadrones de la muerte, lo que dio paso a  la ofensiva; sin embargo, los mismos ex comandantes revelaron años después que la ofensiva fue diseñada y planificada en Nicaragua mucho antes de tal ataque.

    Lo más triste y lamentable de la coyuntura de la ofensiva, fue la masacre de los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Juan Ramón Moreno, Joaquín López, Amado López y Segundo Montes, así como sus colaboradoras Elba y Celina Ramos. Esta acción cometida por militares en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, la madrugada del 16 noviembre, generó el repudio internacional. Hasta la fecha todavía no se cierra la jurisprudencia en este caso.

    La ofensiva dejó muerte,  llanto, luto, dolor, resentimientos, consecuencias nefastas y una sociedad dividida. Para algunos fue necesaria, pero para la mayoría no. Fue una acción que np debe repetirse en la sociedad. Juan Pablo II en su visita al país instó a la sociedad salvadoreña a no repetir dichas acciones con aquella suplicante frase “otra guerra nuca más”.

    Y es que el conflicto civil y armado arrebató vidas valiosas, enroló a miles de personas inocentes que fueron “marionetas bélicas” de intereses ajenos. Hubo patrocinios insolidarios, los ejes políticos jugaron a una guerra fría y guerreristas, mientras los salvadoreños pusimos los muertos. El dolor fue muy nuestro y las grandes naciones continuaron sus caminos.

    El 1 de diciembre, 20 días después de haber iniciado la ofensiva, Eloy Guevara Paíz, de 27 años, otro compañero estudiante de periodismo en la UES fue asesinado. Fue acribillado por soldaos del ejército en una populosa colonia de Soyapango, mientras acompañado de su cámara fotográfica colaboraba para una agencia internacional.  La muerte de Eloy, al igual que la de Dagoberto y otros estudiantes de periodismo nos caló muy profundo. Nadie debió morir en una maldita guerra entre hermanos que nunca debió existir. Una ofensiva nunca más… Las condiciones para una guerra entre salvadoreños nunca más deben repetirse. Los salvadoreños amamos la paz.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Leer para descubrirnos: el camino hacia pensar mejor

    Leer para descubrirnos: el camino hacia pensar mejor

    Volver a leer con calma.

    Antes, leer un libro era como entrar en otro mundo. Uno abría las páginas y algo se encendía por dentro: la imaginación. Hoy, muchos jóvenes prefieren los videos cortos o las redes sociales. La tecnología es útil y puede enseñar, pero también nos distrae y nos acelera. Leer con calma un cuento o una novela nos ayuda a pensar, imaginar y sentir.

    Cuando solo consumimos contenidos rápidos, perdemos el gusto por comprender bien las cosas. La lectura profunda nos enseña a ver la vida con más claridad. No se trata de leer mucho, sino de leer mejor. Volver al papel, o leer con atención en digital, puede cambiar cómo aprendemos y cómo nos expresamos. Leer bien es pensar mejor.

    ¿Quién decide lo que vemos?

    Hoy, muchas personas leen únicamente lo que aparece en redes sociales o lo que recomiendan las aplicaciones. Pero es importante preguntarnos: ¿quién decide qué vemos y qué leemos?

    La respuesta es sencilla: los algoritmos. Son programas invisibles que observan lo que nos gusta y nos muestran más de lo mismo. Así, podemos dejar de conocer cosas nuevas. Si solo leemos frases cortas o bromas, no aprendemos a pensar más profundo. Es como comer solo dulces: llena, pero no alimenta. Por eso, es importante buscar libros, cuentos y artículos que nos hagan pensar y sentir. Leer bien no es solo seguir lo que aparece en la pantalla, sino elegir lo que alimenta la mente y el corazón.

    En El Salvador, muchas personas no leen libros porque no tienen el hábito o no saben por dónde empezar. En la escuela, a veces se lee solo para pasar un examen, no para disfrutar. Pero la literatura tiene un poder especial: nos enseña a conocer otras ideas, mejorar nuestro vocabulario y entender mejor el mundo. Los maestros, los padres y los medios pueden ayudar a despertar el gusto por leer.

    No se trata de empezar con libros difíciles. Se puede comenzar por historias cortas, sencillas, cercanas a lo que sentimos. Cuando encontramos un libro que nos toca el corazón, la lectura deja de ser tarea y se convierte en compañera.

    Leer nos ayuda a expresar lo que pensamos, a defender nuestras ideas y a respetar las de los demás. Como dice la Biblia: “La sabiduría es un árbol de vida para quienes la abrazan” (Proverbios 3:18). La lectura es una de esas ramas.

    Hoy vivimos rodeados de pantallas, mensajes rápidos y contenidos que duran apenas segundos. Las redes sociales y los libros digitales pueden ser aliados, siempre que sepamos elegir bien.

    La lectura sigue siendo una herramienta esencial para pensar con claridad y no dejarnos llevar por lo primero que aparece. Fomentar el hábito lector es una tarea familiar, escolar y comunitaria. Cuando leemos con criterio, aprendemos a preguntar, a dudar, a escuchar y a construir un mundo más consciente y humano.

    Leer es crecer.

    Leer es abrir puertas a otros mundos, entender mejor lo nuestro y descubrir quiénes somos. Cada página puede enseñarnos algo, emocionarnos y transformarnos. La lectura no solo informa: despierta la imaginación, fortalece el pensamiento y nos conecta con los demás. Leer es crecer. Y todos estamos invitados a crecer.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial.

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • El país del meme y la esperanza

    El país del meme y la esperanza

    Hay países que fabrican autos eléctricos, otros lanzan satélites, algunos descubren vacunas… y luego está El Salvador, campeón mundial en comunicación espontánea, improvisación social y chisme comunitario de alta velocidad. Somos el único país donde una noticia puede morir antes de confirmarse, pero resucita tres veces gracias a los grupos de WhatsApp. Aquí no necesitamos agencias de inteligencia: basta una señora con tiempo libre y saldo en su teléfono. El salvadoreño no se informa: se emociona informándose. El rumor es nuestro deporte nacional; la verificación, una pérdida de tiempo.

    Somos el Silicon Valley de la especulación, la capital del “me contaron”. Mientras otros países estudian inteligencia artificial, nosotros seguimos perfeccionando la inteligencia vecinal. En El Salvador, el verdadero Parlamento no queda en San Salvador Centro, sino en el grupo familiar. Allí se debaten temas de Estado, se juzga a medio vecindario y se dictan sentencias con stickers y audios de tres minutos. Nadie sabe quién es la fuente, pero todos opinan. La cadena de información nacional funciona así: un rumor inicia con “no es por meter cizaña, pero…” y termina con “te lo digo porque te aprecio”.

    Mientras tanto, los teléfonos son más importantes que los zapatos. Si se pierde la billetera, uno se lamenta; si se pierde el celular, se hace velorio. Somos una sociedad que no teme al Apocalipsis, pero sí al “sin señal”. El Wi-Fi es nuestro nuevo oxígeno, y las redes, nuestro confesor público. No hay noticiero que compita con Facebook: en la red se mezclan política, religión, drama y memes de Piolín. Es el único país donde una oración y una teoría conspirativa se reenvían con la misma fe. Nuestra juventud tiene talento, pero lo reparte en cuotas de treinta segundos.

    Si los filósofos griegos reflexionaban sobre la verdad, el joven salvadoreño reflexiona sobre su mejor ángulo. En lugar de escribir poemas, escriben estados. En lugar de buscar sentido, buscan seguidores. El conocimiento está a un clic, pero el dedo siempre se va hacia el video de gatitos. Sin embargo, sería injusto juzgarlos sin contexto. Son hijos de una era que les prometió que todo se puede, pero que pocas veces les explicó cómo. Viven en un país donde los sueños se enfrentan al salario mínimo y donde estudiar a veces cuesta más que creer. Entre la falta de oportunidades y el exceso de distracciones, la juventud flota: conectada, pero sin rumbo.

    Aun así, entre tanto ruido digital, hay destellos de genialidad. Jóvenes que emprenden, crean, enseñan y sueñan en medio del caos. Lo que necesitan no es más Wi-Fi, sino más propósito. Nadie puede negar que las telenovelas fueron nuestra primera escuela emocional. Nos enseñaron que el amor lo puede todo, que el malo se arrepiente y que la protagonista nunca muere… solo cambia de canal. Pero el problema es que aprendimos el guion, no la lección. Seguimos esperando que alguien llegue a salvarnos, que el destino cambie de capítulo o que el villano se arrepienta justo antes del final.

    El Salvador vive su propia novela diaria: el amor a la patria, la traición política, el drama económico, la comedia de promesas y la tragedia de la pobreza. El guion se repite cada año, pero nosotros seguimos viendo la serie, fieles y resignados, porque —hay que admitirlo— tiene buenos efectos especiales y un reparto entrañable. La pobreza salvadoreña ya no solo vive en los cantones. Vive en el pensamiento de muchos que se acostumbraron a esperar, a depender, a resignarse. Hay quienes tienen acceso a internet, pero no a la lectura. Hay quienes pagan Netflix, pero no sus ahorros. El país no solo necesita más empleos, sino más visión.

    Mientras los noticieros hablan de inflación, los verdaderos números preocupantes son otros: los jóvenes que dejaron de estudiar, los adultos que dejaron de soñar y los que cambiaron la esperanza por la queja. El salvadoreño es capaz de sobrevivir a cualquier crisis, pero a veces no sobrevive a su propia indiferencia. Pese a todo, este país tiene un genio escondido. Aquí se arregla un carro con un clip, se cocina con ingenio y se sobrevive con fe. Somos los reyes de la adaptación. Si el volcán erupciona, lo subimos a TikTok; si el político promete, lo convertimos en meme. Tenemos humor hasta en la catástrofe, lo cual no es malo: es señal de resistencia.

    Pero el humor debería ser trampolín, no escondite. Reírnos de nuestros problemas es saludable; quedarnos solo riendo, peligroso. Porque mientras nos entretenemos con la broma, el tiempo sigue corriendo, y las generaciones futuras podrían heredar un país que aprendió a sobrevivir, pero nunca a progresar. El Salvador tiene un potencial descomunal disfrazado de ironía. Somos alegres por naturaleza, y esa alegría podría ser nuestra revolución pacífica. Pero hay que transformarla: pasar del chiste a la chispa, del meme al milagro.

    Cuando logremos que el humor sea punto de partida y no punto final, el país dejará de ser un “reality show” tropical y se convertirá en una historia digna de contar. La tecnología no nos salvará, pero la conciencia sí. No necesitamos menos risas, sino más razones para reír de verdad. La Biblia dice en Proverbios 14:23: “En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen.” Quizá ahí está el secreto que tanto buscamos. Menos palabras vacías, más acciones verdaderas. Menos chismes, más obras. Menos tiempo mirando la pantalla, más tiempo mirando al prójimo.

    Porque un país no cambia cuando deja de reír, sino cuando aprende a trabajar con alegría, a servir con amor y a soñar con propósito. El Señor Jesucristo enseñó que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Si nuestras palabras son quejas, rumores o burlas, es porque nuestro corazón anda vacío. Pero si empezamos a hablar fe, esperanza y unidad, quizá el milagro que tanto esperamos no vendrá de arriba… sino desde dentro.

     

  • Fidel Castro y el crimen organizado

    Fidel Castro y el crimen organizado

    En unos pocos días se cumple un aniversario más de la muerte del sujeto que destruyó la República de Cuba y ha puesto en estado agónico el concepto de nación en muchos de los hijos de la mayor de las Antillas.

    No se pueden abordar las acciones criminales acontecidas en Cuba en estos últimos 66 años, muchas de ellas con graves repercusiones en varios países, sin atribuirle la exclusiva responsabilidad a Fidel Castro.

    Si no fue el primero, no hay dudas de que el caudillo cubano se encuentra a la vanguardia de los delincuentes que vincularon el crimen con la acción política.

    Castro nunca fue un idealista, un hombre con pensamiento social definido, solo un sujeto que ambicionaba el poder de forma absoluta, sin espacios para el disentimiento, tal y como se produce en los grupos fuera de la ley.

    Castro mucho antes de tomar el poder había estado vinculado a grupos delincuenciales en la Universidad de La Habana y participado en más de un asesinato. Sus inclinaciones estaban muy definidas, razón por la cual, asumió la ruta de la violencia para lograr sus propósitos más nefastos.

    Según personas que le conocieron, su intelecto sólo se enfocaba hacia el control y la manipulación de los que le rodeaban, mientras, procuraba generar acontecimientos que le favorecieran.

    Afirman, que siempre padeció de un agudo mesianismo y que se consideraba elegido para realizar misiones trascendentes y únicas.

    Apuntan antiguos compañeros que anhelaba el poder a toda costa y que su participación en los pequeños, pero poderosos grupos mafiosos de la Universidad de La Habana, era el medio que le permitía escalar posiciones y adquirir prestigio en un ambiente que se caracterizaba por la violencia y la indiferencia de la gran masa estudiantil, que sólo quería concluir sus estudios.

    A través de la historia encontramos numerosos políticos que en sus acciones públicas fueron más letales que los criminales en serie más prolíficos, pero Fidel Castro, contrario a estos, fue un criminal antes de ser político.

    Cuando Castro asumió el control del gobierno cubano el 1 de enero de 1959, era la primera vez que el país estaba regido por un criminal transformado en político. Habíamos sufrido mandatarios que eran políticos con apetitos criminales, pero nunca, un criminal que manejaba la política como herramienta para gobernar el país.

    El quiebre de todas las instituciones republicanas, particularmente Justicia, Seguridad Pública y Fuerzas Armadas y la designación al frente de esas dependencias de funcionarios incondicionales que acataban los mandatos del “jefe”, no las legislaciones previamente establecidas, conduce a considerar a esos sujetos como parte del núcleo fundacional del aparato delictivo que asociado a organizaciones del crimen internacional, ha dirigido los destinos de Cuba y de más de un país del hemisferio en las últimas décadas.

    Castro recurrió a la violencia organizada para tomar el poder y desarroló esa exitosa estrategia en todo el hemisferio americano durante décadas desde el mismo año de la victoria insurreccional.

    La subversión arropada en propuestas ideológicas para disponer cambios políticos estructurales fue otra farsa del crimen organizado que Fidel impulsaba. Los subversores, más que enfrentamientos militares, practicaron el secuestro en busca de pagos de rescate, terminando involucrados en el narcotráfico internacional en procura de riquezas y poder.

    La Cuba de los hermanos Castro presenta un prontuario criminal que abarca desde actos terroristas, espionaje, asociación con secuestradores y narcotráfico, por referir solo los más relevantes.

    El totalitarismo castrista ha espiado a todos y todo sin excepción. Cierto que Estados Unidos ha sido su principal objetivo, pero a través de sus servicios de inteligencia, incluido el desaparecido Departamento América, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Instituto de Amistad con los Pueblos (ICAP), sus espías han operado en incontables lugares, ya que los recursos provenientes del crimen organizado de que dispone el sistema siempre aparecen para tales actividades.

    El narcotráfico ha sido uno de los actos criminales más exitoso del totalitarismo castrista, tanto, que hay dos leyendas urbanas difíciles de rebatir.

    Cuentan que Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro acordaron en la primavera de 1961 que la mejor manera de destruir a Estados Unidos era convirtiendo a su juventud en adicta a las drogas y el Departamento América que dirigía el Manuel Piñeiro, cuando estaba falto de dinero organizaba redes de distribución de estupefacientes.

    *Pedro Corzo es periodista cubano. 

  • La Receta de una tragedia: Negligencia y error en el manejo de armas de fuego

    La Receta de una tragedia: Negligencia y error en el manejo de armas de fuego

    Desde la perspectiva de la criminología y la seguridad pública, los accidentes con armas de fuego no son únicamente «accidentes»; son, en su inmensa mayoría, descargas negligentes. Una  tragedia que resulta en muertos y heridos no es un evento aleatorio o inevitable, sino la consecuencia directa y predecible de fallos humanos evitables. Estos incidentes revelan una cadena de errores que, de romperse, salvaría innumerables vidas.

    Las reglas de oro con las armas de fuego 

    La historia del cine, la televisión y series fue afectada  luego de que el 21 de octubre 2021 mientras se desarrollaba el rodaje de “Rust” una película de vaqueros, el famoso actor Alec Baldwin de 63 años en aquel momento manipuló un arma de utilería en una escena efectuando disparos asesinando a Halyna Hutchins directora de fotografía de 42 años e hiriendo a Joel Souza de 48 años quien estaba de pie detrás de ella en una estructura de madera. Semanas después del incidente las investigaciones avanzaron, luego del ensayo de la escena que dejo muerta a la amiga del actor.

    Dave Halls director asistente tomó una pistola de utilería de un carro y se la entregó a Baldwin indicando incorrectamente que el arma no tenía munición real al gritar “pistola fría” segundos después era tarde, la vida de varias personas cambiaría para siempre.

    En El Salvador existe evidencia histórica, antropológica, sociológica y criminológica de la afición y preferencias por las armas de fuego en nuestra sociedad previo a la conquista, existe una preferencia por las armas cortas en especial la pistola que es conocida en el lenguaje popular como “escuadra” de hecho en Centroamérica existe una circulación de armas de fuego legales e ilegales, por lo que el tráfico de armas y la compra de estas en el mercado negro tiene alta demanda. Existe portación irresponsable de arma de fuego sin matricula legal y sin licencia de portación de arma de fuego a diario en el territorio nacional.

    El ya fallecido coronel Jeff Cooper de los Estados Unidos de Norteamérica considerado como el padre de la técnica de tiro moderno nos dejó un legado por medio de cuatro reglas básica de seguridad que son conocidas como “reglas de oro” que son sencillas, prácticas, pero poderosas, que nos permiten recordar y que tienen vigencia plena en la actualidad a tal punto que sirven como filtros a los que se deben someter el personal que formará parte de fuerzas elites técnica tácticas operativas de policías y ejércitos de prestigio en el mundo, así como de asociaciones y federaciones de tiro, esta son:

    Regla número uno: Trate todas las armas como si estuvieran siempre cargadas

    Regla número dos: No permita que su arma apunte hacia algo o alguien a quien no quiera disparar

    Regla número tres: Mantenga el dedo alejado del disparador hasta que no hay decidido disparar

    Regla número cuatro: Identifique siempre su blanco y lo que hay más allá de él

    El coronel Cooper por su experiencia tenía plena conciencia que todos los decálogos que se habían creado para la prevención de accidentes habían fallado por desaparecer de la memoria de los tiradores, de sus alumnos y que generaran accidentes, creó estos cuatro preceptos que en pleno siglo XXI siguen vigentes. De la observación y cumplimiento de estas reglas de oro no solo obtenemos la seguridad que toda aquella persona que manipula un arma de fuego lo hace bajo un protocolo, sino que protege la vida de los que se encuentran a su alrededor incluso en entrenamientos, competencias en tiro deportivo e implementadas por la International Practical Shooting Confederation-IPSC.

    Si usted manipula un arma de fuego es su responsabilidad, Alec Baldwin recibió un arma de utilería cargada con munición real de manos de un asistente Halls quien ya había sido despedido en un rodaje del 2019 donde se reportó otro disparo que no mato a nadie, y además en la grabación se encontraba una armera certificada Hannah Gutiérrez Reed, ambos manifiestan desconocer como el arma tenía “balas verdaderas”

    La semana pasada en nuestro país en el centro histórico un miembro de la Fuerza Armada de El Salvador incumplió las reglas de oro del coronel Cooper, y además los protocolos de seguridad en el manejo de armas de fuego de la Fuerza Armada provocando un homicidio culposo ya que no se puede establecer la intencionalidad de ocasionar el disparo, pero que pone en evidencia y al descubierto una cadena de errores y falta de sentido común. Pero que era totalmente evitable. Toda persona que tiene la responsabilidad de portar un arma de fuego debe de actuar con total responsabilidad y conciencia. Además de disponer de un programa de frecuente de capacitación y adiestramiento, pruebas psicológicas, programa de salud mental y física y una supervisión adecuada y frecuente. En el manejo de armas de fuego nadie se puede considerar un experto, siempre se deben respetar las reglas.

    Mis muestras de solidaridad y más sentido pésame para la familia de la señora Jessica Amanda Solis por su irreparable pérdida una tragedia que era 100% evitable, lo lamento mucho y no puedo imaginar su dolor e impotencia. que El Señor les brinde de su amor, consolación  y misericordia.

    El manejo de armas de fuego requiere de alta responsabilidad personal, pero también de conocimiento, adiestramiento, entrenamiento frecuente. Seguridad primero.

    *Por Ricardo Sosa, doctor y máster en Criminología. Instructor de tiro certificado  

  • Hospitales sin médicos: la otra cara de la salud en El Salvador

    Hospitales sin médicos: la otra cara de la salud en El Salvador

    “La medicina está en peligro porque los médicos estamos en peligro. Tenemos que sentarnos a trabajar y armonizar las posturas y acciones de quienes forman, los que conducen y los médicos”, subrayó el Dr. Martín Oliva, Ph. D., profesor de cardiología en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), en Concepción del Uruguay, Argentina, y senador provincial por Entre Ríos, quien recomendó fortalecer el recurso humano en lugar de invertir únicamente en infraestructura.

    Estas declaraciones del Dr. Oliva se sustentan en un estudio presentado en el Congreso Argentino de Cardiología, realizado en octubre de este año en Buenos Aires. Los resultados son alarmantes: solo el 52,8 % de los médicos argentinos respondió afirmativamente a la pregunta “Si pudiera elegir nuevamente, ¿estudiaría medicina?”. En contraste, 29,3 % rechazó esa posibilidad y 17,9 % no está seguro. Además, 64,5 % declaró sufrir desgaste profesional, entendido como agotamiento físico, emocional y mental derivado del estrés crónico no gestionado. Los más afectados son los residentes (más del 80 %), seguidos por especialistas en terapia intensiva, pediatría, cirugía general, neurología y clínica médica.

    En El Salvador, aunque la situación se manifiesta de manera distinta, comparte raíces similares. Nuestro país enfrenta una emergencia de salud pública derivada de la falta de personal médico a nivel nacional. Recientemente, este medio reportó que “el déficit de médicos especialistas ha provocado que las citas ginecológicas se retrasen y que las usuarias sean atendidas en menos ocasiones durante el año”.

    En el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) se estima un déficit del 40 % de médicos para atender a más de 2,1 millones de derechohabientes. El Ministerio de Salud (MINSAL), por su parte, reconoce una “grave crisis de médicos especialistas”, aunque no detalla cifras concretas.

    Según una encuesta de Comunidades de Fe Organizadas para la Acción (COFOA), el 67 % de los usuarios del sistema público espera entre 4 y 6 horas para recibir atención médica, y el resto al menos 2 horas. Además, 69 % de los pacientes incurre en gastos de bolsillo moderados o altos por la falta de insumos y medicamentos.

    A pesar de estos indicadores, el gobierno continúa priorizando la construcción de hospitales y la compra de equipo, presentando esta inversión como un salto hacia un sistema “de primer nivel”. Sin embargo, como señaló el presidente del Colegio Médico de El Salvador, Dr. Iván Solano, “estos datos matan relatos. Cuando decimos que tenemos el mejor sistema de salud del mundo, estos datos objetivos contradicen ese discurso”.

    A ello se suma un dato preocupante: la matrícula de estudiantes de medicina ha disminuido en un 25 % entre 2022 y 2024, después de casi dos décadas de crecimiento sostenido. Esto sugiere que, frente a una crisis de personal médico, el sistema educativo tampoco está respondiendo con la urgencia que el país necesita.

    Si no se toman medidas inmediatas para estimular la formación médica, mejorar las condiciones laborales y reconocer el valor humano de la profesión, el déficit actual podría transformarse en una crisis estructural de largo plazo.

    No basta con construir hospitales si no habrá médicos que los atiendan. La verdadera inversión en salud debe comenzar por rescatar la vocación, dignificar el ejercicio profesional y garantizar un entorno donde los médicos puedan servir sin agotarse ni perder la esperanza y con una remuneración justa y que responda a su rol fundamental en el desarrollo social de nuestro país.

     

     

     

  • Volvamos al libro, papel y el lápiz en las escuelas

    Volvamos al libro, papel y el lápiz en las escuelas

    El año escolar ha terminado en el sistema público salvadoreño y no podemos cerrar el cuaderno y dejar de escribir sobre la importancia que tiene la educación. Es pertinente analizar los resultados satisfactorios que se obtienen en los alumnos que leen y escriben. En ese proceso en donde un estudiante aprende, hay distractores como los teléfonos inteligentes.

    En las escuelas en Francia e Italia han prohibido el uso de los celulares en los salones de clases, ello porque corroboraron que esos aparatos estaban perjudicando la concentración de los estudiantes y, por ende, el proceso de enseñanza-aprendizaje. En Suiza, algunos padres de familia solo permiten el uso del celular a sus hijos un par de horas al día.

    En otro contexto, ¿saben qué es el FOMO? Es el miedo a perderse algo, es cuando existe la ansiedad de estar conectados a las redes sociales. Si hay prohibición del uso del celular en las escuelas, por lo menos, en esas horas no existirá esa adicción. Bien diría Marx en estos tiempos, el teléfono inteligente es el opio del pueblo.

    ¿Es mejor el aprendizaje con libros físicos y escribir las clases en un cuaderno? Sí, ya se ha comprobado. Es importante volver a una educación en donde no existía celulares, tablets o laptops. No me refiero a una educación bancaria, en donde el profesor depositaba sus conocimientos hacia sus estudiantes. Simplemente, es mejor el aprendizaje cuando un estudiante tiene su cuaderno y copia las clases. Se comprueba que tienen mejor comprensión lectora y aprendizajes significativos.

    Le exhorto a la ministra de Educación, que prohíba el uso de los celulares en las escuelas. Los alumnos deben dejar en un compartimiento su celular antes de entrar a la escuela. El uso fuera del aula es responsabilidad de cada estudiante. Sería una gran alegría para muchos, especialmente para los padres, quienes están conscientes de que sus hijos aprenden menos con el uso de los celulares.

    Un niño en etapa escolar aprende más usando cuaderno y lápiz, copiando; aprende más leyendo libros, aprende más cuando le dictan. Un niño aprende comprensión lectora cuando lee y escribe. Sin duda alguna, el acto de dibujar y escribir a mano ayuda a las habilidades motoras finas, escribir fomenta la creatividad e imaginación. Escribir en un cuaderno ayuda a la concentración y memoria; los niños y jóvenes tienen mejor pensamiento crítico.

    Es tan perjudicial el celular que ya sabemos los resultados catastróficos de unas pruebas internacionales realizadas por los alumnos. Es importante que los maestros no tengan distractores, que preparen bien un tema y que los pongan a escribir a los alumnos en las pizarras, que escriban un ensayo, que exhorten un discurso, etc.

    Es oportuno que en las escuelas se lean cuentos, leyendas y que los libros sean los protagonistas. Las tecnologías ayudan mucho; sin embargo, si es para perder el tiempo, no se cumple el objetivo de aprendizaje.

    Qué mejor ver a alguien leyendo un libro en un parque, en un bus o en un centro comercial. Es un deleite para el cerebro sentarse en una mesa, tomar un café y tener en las manos un libro y leerlo. Lógicamente, eso ya pocas personas lo hacen. Prefieren perder el tiempo en los celulares con sus trivialidades.

    ¿Por qué debemos volver al papel y el lápiz? Porque el alumno aprende más, se concentra, no hay distractores, comprende la lectura, tiene mayor retención del aprendizaje, tiene un mejor pensamiento crítico, se comunica mucho mejor, adquiere nuevas palabras. Al escribirlas, el cerebro trabaja mucho mejor.

    Padre de familia que lee siempre mis escritos, por favor, haga un experimento, léales a sus hijos cuentos antes de dormir y usted verá que eso les brindará una gran ayuda a ellos. Además, usted debe hacer que lean libros. No cometa el error de darles un celular desde temprana edad.

    Antes, las bibliotecas estaban más llenas; ojalá que los maestros fomenten el hábito de la lectura. Por lo tanto, es imprescindible que en las escuelas vuelvan los libros, que se use el cuaderno y el lápiz.

    *Fidel López Eguizábal, docente e investigador Universidad Nueva San Salvador fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

  • La integración regional y su vigencia

    La integración regional y su vigencia

    A la integración centroamericana no le corren buenos vientos. Son tiempos difíciles.

    ¿Pero por qué tanta necedad con la integración regional, si ninguno de los ocho países del SICA parece realmente quererla? El Salvador es el único que aporta sus ideas.

    Justificación. Es deseable el integrarse en naciones federadas o en naciones de amplio territorio,  porque permite hacer economías de escala en campos diversos y a nivel internacional el peso e influencia aumentar.

    Si examinamos la historia, notaremos que países inclusive insulares como el Japón o Inglaterra, han guerreado, a veces fraticidamente como en los EEUU o como en Europa entre países disímiles, para levantar naciones o comunidades de éstas, mejorando así además, los niveles de eficiencia productiva y eficacia distributiva.

    La Centroamérica original de 5 estados no fue la excepción. El que no se haya integrado como lo hizo la federación americana (EEUU) -donde todavía hay tensiones valga decir, lo hemos visto últimamente- a mi juicio se debe tanto a la manipulación de algunas poderosas familias anti integracionistas o amigas del vasallaje y a la geografía. Centroamérica territorialmente es la mitad de Colombia o Bolivia por ejemplo, pero a diferencia de éstas, que tienen tendencia geográfica circular, Centroamérica es alargada, lo que a los niveles tecnológicos del Siglo 19, era un problema.

    Nicaragua y la Costa Rica fronteriza con la Panamá colombiana, quedaban demasiado lejos para integrarlas correctamente e inclusive para que influyeran en el conflictivo norte. Sin embargo, en diversas ocasiones, destacándose la gran gesta centroamericana contra el filibusterismo norteamericano, que bien recoge el principal monumento patrio de Costa Rica, los centroamericanos hemos demostrado capacidad para luchar unidos reconociendo un origen y este servidor quisiera pensar, un destino común.

    La incorporación de Panamá al proceso integracionista cae por su propio peso. La de Belice y la República Dominicana, por méritos propios, enriquece multidimensionalmente al SICA, además de que estrecha lazos con el Caribe.

    Según el chatgpt, unidos somos 64 millones de seres humanos, viviendo en 570 mil kilómetros cuadrados, con un PIB nominal bruto de 515 millardos (miles de millones) de dólares, con un 15% de su comercio dirigido a si misma, pero en áreas claves para su empleo y diversificación económica. El comercio total asciende a unos 231 millardos de dólares, sin incluir servicios.

    Podría ser que algún país se sintiera capaz de integrarse al mundo en lo comercial por ejemplo, prescindiendo del resto de Centroamérica, lo que en el corto plazo puede funcionar, pero difícilmente a largo plazo como estrategia de incorporación mundial.

    Suiza, Noruega, Islandia o Singapur por ejemplo, lo han podido hacer, por situaciones muy especiales que en Centroamérica no se dan. Inclusive, hay que pensar que los países que compiten con Costa Rica, la RD y Panamá en sectores como la producción de semiconductores, son países mucho más grandes que los centroamericanos (i.e. Malasia, Tailandia, Indonesia, Taiwan, etc). Estratégicamente, habrá que pensar con mayor visión regional.

    Historia. En 1951, en condiciones políticas muy difíciles, los 5 estados hermanos engendrados al calor de la Capitanía General de Guatemala, suscriben la Carta que dio origen a la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), carta qué, en mucho mejores condiciones políticas, en 1991 fue redimensionada mediante el llamado Protocolo de Tegucigalpa a la carta de la ODECA. Dicho protocolo dio el marco legal  para la creación del SICA o detalladamente… Sistema de la Integración Centroamericana.

    Fiel a su nombre, funciona o debería funcionar (no opinaremos al respecto en este momento) como sistema o sea un conjunto de partes interdependientes motivados por logros comunes, que para efectos del SICA se agrupan en subsistemas  (económico, socio-cultural/ educativo (mi nomenclatura), ambiental   y político, de gran vigencia este último, porque el relacionamiento político siempre lo es, aunque la aspiración a la integración política, actualmente no esté cercana, ni siquiera en el horizonte.

    SICA. El SICA construye una integración holística o sea integral, como es en verdad la realidad: no se puede pensar en integración económica por ejemplo, sin tomar en cuenta la necesidad de ir homologando realísticamente la política social de los países o dándole forma a una ambiental común.

    Así mismo, lo que sucede en un país, más que no, afecta a los otros y se requiere de tratamiento. Como ejemplo, enumero a continuación algunas de las áreas que son parte del SICA: cooperación política, seguridad, economía, producción, comercio y emprendeduría; educación y cultura; política social en general, infraestructura, comunicaciones, energía y transporte; salud, gestión ambiental, gestión de desastres naturales, vivienda, equidad de género y minorías, migración, turismo y así sucesivamente.

    Muy a como se han concebido la Unión Americana (EE.UU.), la Mancomunidad canadiense y la Unión Europea, la integración debe de darse en donde se puedan aprovechar mejor las oportunidades o enfrentar desafíos, en función a economías de escala o promoviendo la homologación entre los países.

    Perspectivas. El Secretario General del SICA debe  tener presente que es un secretario general, no un presidente de sistema. Su labor está delimitada por la voluntad de la membresía.

    Más que crear tensiones entre el SICA y sus países miembros, la secretaría general del SICA, debe  promover y facilitar el fortalecimiento institucional y sistémico, consolidando enlaces con las instancias correspondientes en los países miembros y extra regionalmente, con la clara visión de que el SICA llegue a funcionar como un reloj suizo, por la vía de la integración posible: obras y actividades que integren, políticas regionales claras en el área ambiental, en la educativa, en la gestión de desastres o el estudio serio pensando en una concreción bajo los cánones modernos de las alianzas público-privadas, de un ferrocarril regional que quizás algún día todavía lejano, se convierta en parte de un ferrocarril desde Bahía  Blanca, Argentina podría ser, hasta Ciudad del Cabo en Sud África (ya se habla de eso).

    Necesitamos proyectos ambiciosos en que todos estemos de acuerdo y que nos unan. ¡No más “nadaditos de perro”! Personalmente le tengo ilusión a la Región centroamericana: hay que construir laCentroamérica posible “desde ya”.

    *Carlos Manuel Echeverría Esquivel, fue embajador de Costa Rica en El Salvador y SICA y fue asesor del SG SICA.

  • El pulpo

    El pulpo

    No hablaré del animal definido como un “molusco cefalópodo dibranquial, octópodo, que vive de ordinario en el fondo del mar y a veces nada a flor de agua”; este, “muy voraz” pero “comestible”, “se alimenta de moluscos y crustáceos”. Tampoco mencionaré a Juan Gualberto Fernández Rivera, aquel legendario deportista nacido en Honduras quien fuera guardameta en diversos e históricos equipos de la primera categoría del fútbol salvadoreño –cuando acá realmente había fútbol respetable– e integrante de la selección nacional clasificada a los Juegos Olímpicos de 1968, en los que fue protagonista; este arquerazo, bautizado desde cipote como “el Pulpo”, también cuidó las redes del “equipo de todos” durante las épicas jornadas en la contienda por participar en el Mundial de 1970 celebrado en México; pese a ser el titular en dicha eliminatoria, épica además por todo lo que se tejió alrededor de la “guerrita” con Honduras en julio de 1969, no jugó ni un minuto en el Estadio Azteca durante dicho torneo.

    Me encantaría recordarlo, pero no. Mejor hablaré de una real y tremenda “especie devoradora”; una de esas que tragan con ansiedad desmedida, sin freno y con apetito del todo insaciable. En su caso, el plato servido y apetecido es el poder político y económico dentro de esta nuestra parcela centroamericana. Y los “tentáculos” de tal versión “novedosa” de un pulpo que navega en estas intranquilas aguas ya atraparon también, de hecho, hasta la regencia oficial del mencionado “deporte de las mayorías”; el “deporte rey” desde hace ratos venido bastante a menos en El Salvador.

    No digo que antes alcanzó niveles de excelencia, no obstante destacadas y rutilantes figuras que surgieron en el campo de juego; ciertamente tuvo, además, momentos de brillantez regional en el ámbito de “clubes” y selecciones. Pero ahora, solo el fútbol guanaco puede presumir dos penosos “récords” universales: aquel marcador con el que Hungría derrotó al equipo nacional en 1982 y el no haber asistido desde entonces a una “justa mundialista”. Sumando la que tendrá lugar en América del Norte el 2026, se cumplirán 44 años de esa prolongada ausencia que cala en lo más profundo de la ‒por no llamarla de otra forma‒ “noble afición”.

    A esta, ansiosa huérfana de triunfos y satisfacciones de otro tipo en el ámbito deportivo, hoy quieren encasquetarle una fantasía “bukeleana” para embaucarla una vez más. A menos que Dios baje el dedo para ordenar que no se realice, es un hecho consumado la toma de la Federación Salvadoreña de Fútbol dentro de unas pocas semanas por parte del pulpo oficialista que no se cansa de justificar sus desmanes con la misma cantaleta: hoy todo es posible en el “país más seguro del hemisferio occidental”, de la mano de su omnipresente e inigualable “líder” siempre acuerpado por su “clan” familiar de cuyo interior ya fue escogido y prácticamente ungido el futuro presidente de la entidad rectora del balompié salvadoreño: el hermano de Nayib, quien es o era el mandamás de la Federación Salvadoreña de Baloncesto y del Instituto Nacional de los Deportes de El Salvador.

    Al contemplar esa puesta en escena, no queda más que volver la vista a lo ocurrido en Nicaragua donde Daniel Ortega, Rosario Murillo y familia –instaurada como la nueva dinastía que nada debe envidiarle a la somocista– finiquitaron el secuestro del entretenimiento más popular en ese país vecino: el béisbol. Para ello había que “darle en la nuca” a otro “histórico” y muy cuestionado, por turbio, dirigente político sumamente cercano a dicha camarilla hasta hace poco: el nada sencillo Bayardo Arce, capturado por el régimen dictatorial el recién pasado junio. Este era el poderoso dirigente de la liga profesional de dicha actividad deportiva, desmantelada hace poco para crear la llamada Asociación Profesional de Béisbol Nicaragüense bajo el absoluto control de la familia presidencial.

    Para ello, la jaranera “Chayo” ya movió hábilmente sus tentáculos. Así garantizó que el excomandante mochado no le estorbara en su camino hacia la toma del trono dinástico, que aspira ocupar cuando su marido se haya despedido de este mundo. Y en esa puesta en escena, ya le cayeron al “deporte rey” chocho. Pareciera que una conjura similar está por completarse acá en El Salvador, para manipular las frustraciones futboleras de nuestro pueblo en función de los intereses oficialistas y sus jugosos negocios. Así se mueven estos “dioses del Olimpo” centroamericano que, como parte de su desenfrenada ambición de poder, no pueden negar lo que está a la vista: sin vergüenzas de por medio, terminan hermanados en sus enfermizas y lucrativas  confabulaciones en medio de las cuales no sobresalen ni el honor ni la lealtad.

  • Cuando la tranquilidad en las calles choca con la angustia en los hogares

    Cuando la tranquilidad en las calles choca con la angustia en los hogares

    Es cierto que la seguridad ha mejorado sustancialmente en nuestro país. Aquí en oriente, donde vivo, se puede salir tranquilamente a cualquier hora del día, con una seguridad cercana al 100% de no estar expuesto a ningún tipo de delito o peligro, lo que genera gran tranquilidad para las familias y fomenta la convivencia ciudadana.

    Sin embargo, también es cierto que la seguridad física de la ciudadanía no está en sintonía con la seguridad económica familiar. Actualmente, es evidente que existe una discrepancia entre seguridad y economía. Esta situación no solo es percibida por la ciudadanía, sino que también está reflejada en los índices económicos.

    El último reporte del Banco Central de Reserva, publicado la semana pasada, señala que la deuda pública de nuestro país está progresivamente alcanzando al producto interno bruto (PIB). La deuda pública actualmente suma $32.2 billones de dólares, lo cual equivale al 88% del PIB, de los cuales al menos el 25% vence en un plazo de uno a cinco años. Y para hundir nuestras expectativas aún más, hace dos semanas se confirmó que El Salvador tiene la tasa de crecimiento económica más baja de la región Centroamericana, con proyecciones futuras que auguran males mayores. Además, es uno de los países menos atractivos para la inversión extranjera directa y ocupa el último lugar de la región en términos de acumulación de capital.

    Crecimiento bajo, salarios estancados, inflación en bienes básicos. ¿Qué significa para el ciudadano de a pie que la deuda pública este en esa magnitud hoy?

    Se sigue dando prioridad a la seguridad y al orden. Cada día se nos exhiben sus logros: “Cero homicidios en tantos días”, nos dicen. Sin duda, es un logro que se agradece. Pero ¿no será que otras dimensiones del desarrollo nacional están siendo desplazadas?

    Temas como la participación ciudadana, la transparencia o el pluralismo político parecen haber quedado en segundo plano. Toda información relacionada con los contrapesos en el país está bajo “reserva” por muchos años venideros. Solo conocemos lo que el gobierno quiere que conozcamos. Incluso mandos medios de importantes instituciones públicas, como el Ministerio de Salud, carecen de acceso a información esencial. Navegan un barco a ciegas, haciendo tanteos a diestra y siniestra con la intención de tomar decisiones acertadas para el bien de la población. Pero así no se gerencia una empresa, así no se dirige una institución, y mucho menos así se gobierna un país.

    A menos, claro, que el objetivo sea concentrar el poder en una sola persona o partido político; aumentar la corrupción y la impunidad —basta recordar la reciente publicación de El Faro sobre las compras de insumos para el Ministerio de Salud durante la pandemia—; controlar el relato público y difundir propaganda gubernamental; debilitar el Estado de derecho; y desmovilizar a la ciudadanía. En otras palabras, debilitar profundamente nuestra democracia.

    Es cierto: este gobierno cuenta con un apoyo popular sin precedentes. Pero también la Revolución Cubana gozó de una euforia similar hasta mediados de los años sesenta. En la década de los setenta comenzó la represión del disenso y la emigración masiva de críticos y de las clases medias. En los noventa, el apoyo popular se desplomó, y para 2021 el rechazo al régimen cubano era generalizado, con una economía nacional completamente en bancarrota.

    Hoy, nuestro país ha aprobado reformas constitucionales que permiten la reelección indefinida del presidente, extienden el mandato a seis años y socavan cada vez más los controles institucionales. ¿Cuáles son los riesgos a largo plazo a los que se expone nuestro país?

    Quiero ser honesto: he apoyado el plan de seguridad de este gobierno, y lo sigo apoyando. No deseo un regreso a la violencia de años anteriores. Sin embargo, al observar la situación económica de la población, los presuntos casos de corrupción y la impunidad que se perciben a flor de piel, así como las millonarias inversiones en infraestructura que no se traducen en mejoras reales en educación o salud, me cuesta ver un verdadero desarrollo social en nuestro país.

    Y aunque me siento más seguro en las calles, el futuro, sinceramente, me angustia.