Categoría: Opinión

  • Ha muerto Alasdair MacIntyre, el último provocador moral

    Ha muerto Alasdair MacIntyre, el último provocador moral

    El nombre de Alasdair MacIntyre todavía no tiene el protagonismo que merecería su imponente actividad intelectual, de ahí que su fallecimiento, el pasado 21 de mayo a los 96 años, haya pasado prácticamente inadvertido para el gran público.

    Lo interesante es que las ideas de este pensador de excepción –nacido en Glasgow, Escocia, en 1929– probablemente irán ganando peso con el correr de los años hasta convertirlo en eso que ya muchos le reconocieron hace décadas: ser uno de los mejores exponentes de la filosofía moral y política, en lengua inglesa, de todos los tiempos.

    Formado en la Universidad de Manchester, tuvo como profesora a la carismática Dorothy Emmet (1904-2000), figura clave de los autodenominados “Filósofos de la Epifanía”, un grupo muy heterogéneo que durante la segunda mitad del siglo XX protagonizaron algunos de los más encendidos debates académicos sobre la relación entre ciencia y tradición religiosa.

    Alasdair MacIntyre fue toda su vida lo que podría llamarse un catedrático “errante”. En calidad de profesor de Filosofía, Historia de las Ideas, Artes y Ciencias, Ética y Política, peregrinó por las aulas de Oxford, Yale, Vanderbilt, Notre Dame, Princeton, Essex, Leeds, Duke y Wellesley College, entre otras, residiendo a partir de 1971 en Estados Unidos pero sin dejar de visitar con frecuencia Gran Bretaña.

    De su juventud marxista conservó MacIntyre una mirada crítica hacia la moral e individualismo modernos, pero advirtiendo de que el materialismo cojeaba al pretender ofrecernos una jerarquía axiológica (de valores) despojada de una mirada trascendente del ser humano. Para él, la grosera reducción de la realidad a la sola materia vuelve imposible la justificación coherente de una vida ética.

    Este asunto es fundamental en filosofía, porque uno de los grandes retos del ateísmo consiste en otorgar sentido al buen comportamiento humano a pesar de no tener ninguna “obligación” –religiosa o espiritual– para ello. En otras palabras, si las decisiones morales que tomamos vienen a ser, única y exclusivamente, productos derivados de nuestras meras funciones biológicas, ¿por qué habríamos de tener límites para actuar bajo el dictado de nuestros antojos? Si entre un vacío y otro –es decir, entre el nacimiento y la muerte de una persona– existe este singular paréntesis de espacio-tiempo al que llamamos vida, ¿por qué deberíamos tratar de vivir asemejándonos más a una madre Teresa de Calcuta, por ejemplo, que actuar como lo haría un Adolfo Hitler? ¿Acaso no da lo mismo, puesto que vamos a terminar en el mismo agujero negro de la absoluta inexistencia?

    Este tipo de planteamientos obsesionaron a MacIntyre no solo como pensador sino también como ser humano. Su itinerario espiritual fue tan fascinante como lo fue su viaje intelectual. En la década de 1940 aspiró a ser pastor presbiteriano, para luego abrazar el anglicanismo y terminar declarándose incrédulo en los años sesenta. En esa época ganó celebridad su afirmación de que él era “ateo católico romano”, porque, a su juicio, “solo los católicos adoran a un Dios digno de ser negado”.

    Finalmente en 1983, a los 55 años de edad, luego de largas y meditadas lecturas de Tomás de Aquino y Agustín de Hipona, decidió convertirse al catolicismo, con muchas dudas sobre si aquella mutación sería la última. Apenas dos años antes había publicado el libro que le consolidaría como un genial renovador de la ética aristotélica: Tras la virtud, obra intensa que señala el fracaso del pensamiento moral moderno por abandonar la teleología (los fines o causas últimas de las cosas) y pretender sustituirla por un abanico de preferencias, actitudes y sentimientos que no son sino puro “emotivismo” (término acuñado por él).

    En opinión de MacIntyre, el rechazo de las verdades objetivas y el vacío que impone la falta de razones para buscar acuerdos alrededor de valores universales destruyen toda posibilidad de obtener consensos mínimos para alcanzar la paz, pues ni la justicia ni la concordia pueden subsistir allí donde la subjetividad se convierte en la brújula moral de los individuos.

    Como se puede adivinar, estas ideas constituyen un aldabonazo en términos políticos, pues justo en este terreno nuestros “representantes” parecen carecer de las virtudes que nosotros, los ciudadanos, consideramos indispensables. Comentando a MacIntyre, el politólogo Ted Clayton, de la Universidad Central de Michigan, dice: “Cuando los filósofos han hecho su trabajo correctamente, la filosofía que articulan refleja su sociedad; y debido a que los filósofos están excepcionalmente capacitados para ver la sociedad en su conjunto, estarán en una posición única para señalar inconsistencias, proponer nuevas ideas congruentes con las antiguas que, sin embargo, son mejoras de esas ideas, y mostrar por qué las cosas que parecen triviales son en realidad cruciales para la sociedad, y viceversa”.

    No me cabe duda alguna de que Alasdair MacIntyre será uno de esos filósofos cruciales en el debate cultural, social y político que se avecina.

  • La importancia de estudiar una carrera universitaria

    La importancia de estudiar una carrera universitaria

    Algunos creen que estudiar una carrera universitaria en El Salvador no vale la pena. Sin embargo, los profesionales que en verdad se esfuerzan y son resilientes logran superarse y hasta sacar de la pobreza a sus familiares.

    En esta oportunidad tomo de ejemplo el caso de Elena Noemy Díaz Villalta, quien es de Armenia, Sonsonate.

    No fue fácil para la joven universitaria; ya que, el obstáculo más grande en su vida fue cuando se graduó de noveno grado. La adolescente fue criada por una mamá soltera, ella trabajaba más de 12 horas, de lunes a sábado, para sostener los gastos del hogar y así pudo criarla a ella y a su hermana.

    Fue así; que su hermana y ella lograron estudiar, gracias a que el gobierno había implementado el programa de útiles escolares, uniformes y zapatos, así como alimentos en la escuela, pero hasta ese entonces aplicaba hasta noveno grado (2010).

    Gracias a su esfuerzo y disciplina se graduó con honores. En ese momento atravesó un duro golpe; ya que, su mamá habló con ella y le dijo que no podría ayudarle más con los estudios del bachillerato. Eso la deprimió mucho, porque, aunque ella trabajaba desde los 14 años en un “ciber café”, eso no sería suficiente para los gastos de estudio y porque también vio su entorno y las opciones, no le sacarían de la pobreza.

    Un día, tomó sus diplomas y reconocimientos, junto con su título de educación básica, y fue a pedirle ayuda a su papá. Le suplicó que le ayudase a seguir estudiando y el padre no aceptó, pues él, tiene ideas muy machistas y no apoya la idea de que las mujeres sean profesionales. Como siempre, impera el machismo de muchos salvadoreños. Gracias a Dios, apareció un ángel en el camino de Elena; el esposo de una de sus tías le ofreció comprar todo lo necesario para el bachillerato. Él, sin saber la situación, le cambió la vida. El camino hacia la universidad tampoco fue fácil, pero la determinación y resiliencia son clave en el proceso.

    Elena estudió la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Francisco Gavidia. Se decantó por la carrera porque disfruta mucho leer y el pensum le ofrecía una variedad de opciones. Es una carrera multidisciplinaria y que requería utilizar un segundo idioma, lo cual sería muy útil en el campo laboral.

    Elena, una joven humilde, le dedica sus triunfos a su mamá. Ella es una mujer que con trabajo duro las sacó adelante a su hermana y a ella. Y siempre le apostó a la educación. La madre de Elena no tuvo la oportunidad de terminar sus estudios. Sus triunfos también se los dedica a su hermana, quien ha sido su mejor amiga y con la que han pasado los mejores y peores momentos. Cada triunfo se lo dedica a toda su familia. Ella ha sido un ejemplo y modelo a seguir para sus primos mayores.

    Elena, ¿tiene algún consejo para los que declinan seguir estudiando? Mi consejo sería que no pierdan de vista el objetivo, que no se dejen caer ante la primera adversidad, que nunca pierdan la fe y que den el 150% en el estudio, pues es un privilegio en este país.

    ¿Qué oportunidades encuentra estudiar Relaciones Internacionales? La carrera abre muchas puertas si uno sabe aprovecharlas. Hay opciones en política, economía, diplomacia, cooperación internacional, etc. Es muy importante continuar preparándonos y especializándonos, así como aprender un tercer idioma para ser más competitivos en el campo laboral.

    Para Elena, estudiar le cambió la comprensión de la realidad. También le dio la oportunidad de tener más información y de poder generar espacios de discusión. Exhortó a que una carrera abre puertas en lo profesional y es un reto académico y personal. Actualmente, es asistente administrativa legal para una firma de migración de Estados Unidos.

    • Fidel López Eguizábal, docente Investigador Universidad Francisco Gavidia
    flopez@ufg.edu.sv

  • ¿De qué me acusarán?

    ¿De qué me acusarán?

    ¿De ser hijo de Roberto Emilio Cuéllar Milla, secretario general de la Universidad de El Salvador durante el rectorado del también abogado Napoleón Rodríguez Ruiz? A ambos los apalearon, encarcelaron y torturaron en la Policía Nacional durante la toma violenta de nuestra alma mater ordenada ‒iniciando septiembre de 1960‒ por el teniente coronel José María Lemus, derrocado días después.

    ¿De ser hijo del síndico municipal en la primera administración del alcalde José Napoleón Duarte, de 1964 a 1966, cuando la democracia cristiana realmente era oposición? ¿De ser el cuarto vástago, entre seis, de uno de los fundadores de ese partido? ¿De permanecer nueve meses en el vientre de la maravillosa doña Lydia, hace más de 69 años? Si es por algo de eso, estoy orgulloso de haberlo vivido y de permanecer fiel al legado de mis progenitores.

    ¿Me achacarán ser hermano de Roberto Joaquín, fundador y director del Socorro Jurídico Cristiano cuya encomiable labor inició en el Externado de San José ‒colegio jesuita‒ días después de la masacre del 30 de julio de 1975 ocurrida en sus alrededores? ¿Me señalarán porque él y sus colegas fueron llamados en marzo de 1978 por el cuarto arzobispo de San Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, para acompañar su inquebrantable defensa de las víctimas pues eran ‒en sus palabras‒ “un equipo honrado de abogados y de estudiantes de derecho”? ¿Me imputarán complicidad con Beto mientras dirigió por años el Instituto Interamericano de Derechos Humanos desde Costa Rica o, en ese mismo país hermano y el nuestro, la Oficina de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura?

    ¿De andar siguiendo a José María Cabello –jesuita español y “temido” profesor de Química– en “La Tutunichapa» y otras “zonas marginales”, como las llamaban? ¿De impulsar la organización popular en “La Fosa”, “La Nicaragua”, “La Quiñonez”, “Las Palmas” y demás bastiones de la Unión de Pobladores de Tugurios? ¿De manifestarnos gritando a todo pulmón “¡U, U, UPT!”? ¿De tener algún protagonismo en la marcha de la Coordinadora Revolucionaria de Masas el 22 de enero de 1980 o en el funeral de monseñor Romero el 30 de marzo del mismo año, ambas gestas reprimidas por la tiranía?

    ¿Por autoexiliarme a finales de 1983, al no ser “bien visto” por uno y otro bando ya en guerra? ¿Por ser cofundador del primer organismo de la Orden de Predicadores dedicado a defender y promover los derechos humanos en México? ¿Por capitanear allá el “Vitoria”, integrado por queridos frailes dominicos y un laicado comprometido, desde noviembre de 1984 hasta diciembre de 1991?

    ¿Querrán incriminarme por retornar al terruño para dirigir el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, el IDHUCA, días antes de la firma del “Acuerdo de Chapultepec”? ¿O por ocupar ese cargo más de dos décadas, hasta el 31 de enero del 2014? Quizás me culparán de acompañar víctimas en casos sonados como el de la violación y el asesinato de Katya Miranda junto al de la muerte violenta de Adriano Vilanova, culminado con el encarcelamiento –creo que por primera vez‒ de varios integrantes del entonces nuevo y no tan maleado cuerpo policial.

    ¿Peligraré por apoyar a la madre y el padre de Ramón Mauricio García Prieto hasta lograr acá la condena de dos de sus ejecutores materiales junto a la del Estado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al no investigar la autoría intelectual del crimen? ¿Por conseguir que se enjuiciara y sentenciara a El Salvador en ese tribunal regional debido a la desaparición forzada de mi prima Patricia Cuéllar, su papá y Julia Orbelina Pérez?

    ¿O por inventarnos el Festival Verdad y traer al mismo personajes como Robert White ‒embajador estadounidense cuando martirizaron a nuestro santo‒ y al juez Baltazar Garzón, entre tantas figuras dignas de ser aplaudidas por su compromiso con la verdad y la justicia. ¿Porque vinieran Luis Eduardo Aute, el Quinteto Tiempo, Los Guaraguao, Daniel Viglietti, Panteón Rococó, Adrián Goizueta, los hermanos Mejía Godoy y más artistas solidarios a los conciertos de ese evento? ¿Me querrán joder por impulsar el Tribunal internacional para la aplicación de la justicia restaurativa en El Salvador, creado ante el hasta ahora inaceptable desprecio oficial de las víctimas de antes y durante la guerra?

    ¿Me perseguirán quizás por acompañar y proteger familiares de víctimas de las maras como pasó cuando fue asesinada atrozmente la adolescente Alisson Renderos, campeona estudiantil regional de lucha olímpica? ¿Se acuerdan? ¿Por agruparnos junto a otras víctimas demandantes? En fin, no sé si me quieran fregar. Ojalá no. Pero quienes intentamos defender derechos humanos en El Salvador estamos hoy, sin duda, en libertad condicional.

  • Todo germina en nosotros, para bien o para mal

    Todo germina en nosotros, para bien o para mal

    Me uno a esas gentes que perseveran en la búsqueda de la concordia, que no cesan en su empeño y que sueñan cada día en hacer realidad un orbe más habitable, donde resida la paz sustentada en el abrazo sincero, con el auténtico afecto siempre en guardia.

    Unirse y reunirse en son de quietud es prioritario, así como mostrar actitudes de apoyo hacia esas personas comprometidas con un mundo más seguro, llegando a arriesgar cada día su propia existencia. Al fin y al cabo, todo germina en nosotros. Negar la evidencia es estar ciegos y sordos. En el planeta, hay millones de personas sufriendo un daño inmenso provocado por los conflictos. No tiene sentido darnos desaliento en vez de aliento, aislarnos y levantar muros en lugar de crear comunidad y comunicación. A mi juicio, repensarlo es vital.

    Ciertamente, todo surge y resurge en nuestro propio interior, que nos pone en movimiento para bien o para mal; de ahí, la necesidad de no contradecirnos a la hora de tomar horizontes sensatos que nos fraternicen. En efecto, ha sido capital globalizarse, sentirse parte de esa pulsación armónica. Ahora lo que tenemos que hacer, es cultivar el espíritu donante, en un contexto de autenticidad y lucidez. Conciliar latidos y reconciliar pulsaciones es básico para regenerarnos, dejando a un lado los intereses económicos y financieros. Sin embargo, el amor, conjugado con el amar es por su naturaleza creativo e indaga en el modo y en la manera de entregarse a la causa, sin otro desvelo y afán, que fraternizarse. Por ello, cultivarlo ha de ser tan real como la vida misma.

    Simpatizar entre nosotros nunca ha sido fácil; por ello, el establecimiento del acuerdo es una tarea complicada, al que hay que sumarle en la actualidad, el cúmulo de tensiones ocasionadas en parte por las políticas internacionales. Las pugnas son más complejas y prolongadas, también más crueles, ya que muchos grupos armados tienen acceso a una tecnología moderna potente, a lo que hay que sumarle la información falsa y la desinformación en otras ocasiones, lo que causa asimismo más violencia e inseguridad. Quizás, hoy más que nunca, debamos contribuir a evitar las rivalidades que nos colisionan, impidiéndonos marchar tranquilos, lo que debe hacernos suscitar recursos dialogantes y respaldar los procesos democráticos. Activemos, pues, la calma a la hora de atendernos y entendernos.

    Tomar el camino de la mansedumbre es hacerse cargo más que de uno mismo, de los otros, de los que transitan a nuestro lado deshechos y que requieren de nuestra ayuda para rehacerse. El poder mundano nada resuelve, genera más bien batallas absurdas de destrucción y muerte, lo que nos convoca a promover los derechos humanos, dotando a las instituciones públicas de representantes ecuánimes, convencidos de que el sosiego empieza conmigo. La cuestión radica en no desfallecer, en aprender a reprendernos, antes de que se propague en nuestro obrar un fatídico compromiso hereditario de revancha. Por desgracia, la furia se vuelve a poner de moda y se reviste incluso de la coraza de la firmeza. Por tanto, no popularicemos como normal lo que es anormal: La barbarie.

    Es verdad que el ser humano está hecho para combatir al humano ser, y aunque la hostilidad pueda parecernos inevitable, es una exigencia natural destronar de nuestro entorno la carrera de armamentos. Tras la devastación de dos guerras mundiales, se apostó por la creación de las Naciones Unidas, genial. En este preciso momento, es además necesario instaurar la universalidad de un deber ciudadano, que no es otro que desmembrarnos de las armas para asociarnos entre sí a las níveas almas, desposeídos del dominio, bajo la jurisdicción vinculante del verso y la palabra, síntesis de la benigna convivencia. No olvidemos, que la alianza es posible, si se labora. Desde luego, es nuestra gran obligación. Una revelación que nos impulsa a ser poetas de corazón.

  • Religión y pensamiento económico

    Religión y pensamiento económico

    Hace pocas semanas conversé con un amigo estadounidense sobre el papa León XIV. Me contó que en su país existe cierto recelo ante un pontífice que, quizá, se involucre en asuntos económicos y políticos “ajenos” a la espiritualidad. Pero esta idea pasa por alto una realidad fundamental: desde la Antigüedad, las grandes religiones han construido marcos éticos y normativos para justificar y regular la actividad económica.

    En el mundo antiguo, la religión y la economía iban de la mano. En Egipto, los papiros de Anastasi y Wilbour registraban mercancías, precios y prestaciones laborales bajo supervisión de los templos, cuyos sacerdotes legitimaban el cobro de tributos y fijaban tarifas. En la Grecia clásica, el templo de Delfos no solo era un centro espiritual, sino también un banco sagrado donde se depositaban ofrendas y se otorgaban préstamos bajo la garantía de Apolo. Estos ejemplos ilustran cómo la religión moldeaba las reglas del intercambio, velaba por el cumplimiento de los contratos y protegía los derechos de propiedad.

    Otras religiones aún vigentes como el islam o el hinduismo también han influido en la economía al establecer como un deber sagrado la generosidad, la limosna, o el condenamiento de la usura. En La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber demostró que el calvinismo impulsó la disciplina, el ahorro y la reinversión al interpretar la prosperidad económica como señal de gracia divina. En el oriente, otros autores también han destacado la influencia del confucianismo en la cultura empresarial actual de China, Corea y Japón mediante valores como la lealtad y la reputación corporativa.

    La tradición católica también ha tenido influencia en cuestiones económicas desde sus primeros siglos. Padres de la Iglesia como San Agustín y San León Magno defendieron la igualdad ontológica de todos los seres humanos y rechazaron la esclavitud como contraria al designio divino. En la Edad Media, los teólogos escolásticos —aún hoy presentes en los cursos de pregrado sobre pensamiento económico— desarrollaron la noción de “precio justo” y subrayaron la responsabilidad social de comerciantes y artesanos.

    Con la modernidad, los pronunciamientos papales recogieron estos principios y los adaptaron a nuevos contextos. En 1839, Gregorio XVI condenó el comercio de esclavos y la servidumbre de “indios, negros y otros pueblos”. Ante las condiciones laborales extremas de la Revolución Industrial, León XIII publicó en 1891 la encíclica Rerum Novarum, defendiendo el derecho de los trabajadores a organizarse, denunciando el trabajo infantil y reclamando la intervención del Estado para corregir injusticias.

    En 1961, Juan XXIII publicó la encíclica Mater et Magistra, en la que instó a los países desarrollados a colaborar más activamente con los más pobres mediante la transferencia de tecnología y la ayuda al desarrollo. Al mismo tiempo, criticó tanto el estatismo absoluto como la creciente pauperización de las zonas rurales. Tres décadas después, en 1991, Juan Pablo II conmemoró el centenario de la Rerum Novarum con la encíclica Centesimus Annus, en la que advirtió sobre los peligros del colectivismo totalitario y del capitalismo sin frenos, reafirmando que la libertad económica debe estar siempre subordinada al bienestar humano integral. Ya en el siglo XXI, el papa Francisco incorporó la dimensión ecológica con la encíclica Laudato Si’(2015), subrayando que la producción debe respetar la creación y evitar generar “externalidades” que afecten a los pobres y a las generaciones futuras.

    Así, diversas religiones —incluyendo la católica— han desempeñado un rol clave en la historia y pensamiento económico. Tanto teóricos como Santo Tomás de Aquino, cuyos conceptos fueron retomados más adelante por economistas, como figuras emblemáticas de la jerarquía eclesiástica, han puesto de relieve la interdependencia entre ética y economía.

    Ciertamente, habrá personas que simpatizarán más o menos con los textos o mensajes religiosos; así como hubo quienes en su momento oyeron con agrado o desagrado los mensajes condenando la esclavitud de los pueblos indígenas, el trabajo infantil, o los abusos característicos de países totalitarios. Hoy, frente a la revolución de la inteligencia artificial y sus efectos en el empleo y la distribución de la riqueza, el liderazgo católico seguramente ofrecerá de nuevo a sus fieles una brújula moral.

  • Maldito alcoholismo

    Maldito alcoholismo

    La noche del domingo 18 del mes en curso, Dilcia Alejandra Navarro Umaña, de 37 años de edad. fue capturada en flagrancia por la Policía Nacional Civil (PNC) acusada de un doble homicidio en perjuicio de Marvin Obdulio Castro Cedillos, de 38 años; y de José Israel Lara Gutiérrez, de 41 años. El primero su actual pareja y el segundo su excompañero de vida.

    Según el informe policial los tres estaban consumiendo bebidas alcohólicas cuando por motivos de celos iniciaron una acalorada discusión que llevó a la mujer a atacar con un cuchillo a sus acompañantes. En el lugar falleció Marvin, mientras que José falleció en el Hospital San Juan de Dios, de San Miguel.

    El hecho trágico sucedió en la colonia Villa Satélite, en San Miguel, donde al parecer la mujer solía embriagarse con sus víctimas. El informe de la Fiscalía General de la República (FGR) señala que se cuenta con suficientes evidencias y testigos que incriminan a la mujer. La mujer enfrentará la justicia y si es encontrada culpable recibirá un mínimo de 50 años de cárcel, a razón de 25 años por cada muerte.

    El alcoholismo es ingrato, convierte a las personas en imbéciles e idiotas. Dos hombres jóvenes, padres de familia, murieron y sus hijos han quedado a la deriva. Una mujer-madre pasará el resto de su vida encarcelada, mientras que sus hijos, sus padres, hermanos y demás seres queridos vivirán las nefastas consecuencias de su conducta criminal. Estoy seguro que en sobriedad la discusión hubiese sido menos tensa y la consecuencia final no hubiese sido el doble homicidio. Maldito alcoholismo.

    Las muertes de Marvin y José no aparecerán en los registros de la Organización Mundial para la Salud (OMS) como producto de la ingesta alcohólica y aparecerán como resultado de la violencia común, sin embargo ambas muertes deben registrarse como producto del alcoholismo, esa enfermedad mental que transforma al ser humano en ignorante, indolente, inhóspito, insoportable, iracundo, irresponsable, inmoral, intolerante, irreconocible, incapaz, irrespetuoso, insensible, irrelevante, impotente, incontrolable, insensible, inconsciente, inseguro, inane, inconsecuente, infeliz, inútil, irrisorio, indispuesto, inservible, injusto, irrazonable, ilógico, ingrato, idiota e imbécil.

    Tampoco aparecerá registrada la muerte de Juan Velázquez, de 51 años, quien un día antes del doble homicidio en Villa Satélite, fue asesinado por su hermano José Leonel Velázquez, de 49 años. Ese sábado los hermanos Velázquez habían trabajado juntos como albañiles en la zona rural de Polorós, departamento de La Unión, cuando comenzaron a consumir bebidas alcohólicas hasta que se embriagaron y comenzaron una acalorada discusión que culminó con la muerte a machetazos de Juan. Con toda seguridad en la familia han quedado rencores y a partir de ese homicidio las “buenas relaciones familiares” se han distorsionado. Un hermano muerte y el otro preso, como secuela de la intolerancia y la ingratitud que genera el consumo de bebidas embriagantes. Maldito alcoholismo.

    En Jiquilisco, Usulután, un hombre de 43 años de edad, al que las autoridades identificaron como Carlos Castro Rivas, fue asesinado en el cementerio municipal, por tres hombres que eran sus “amigos” y con los que consumía cervezas. Ya en estado de ebriedad los sujetos atacaron con objetos contundentes a la víctima hasta que le quitaron la vida. La PNC, contando con el relato de testigos logró la captura de los sospechosos Oscar Orlando Morales Gaytán, Víctor Manuel Ayala Iraheta y Juan José Castro Trejos. Carlos aparece como un caso de violencia común y no como producto del alcoholismo que lleva a muchos a la pérdida del control de su vida hasta convertirlos en bazofia de la sociedad. Los tres sospechosos, de ser encontrados culpables, pasarán muchos años tras las rejas meditando sobre su estúpido e irracional crimen, pero serán sus hijos, su esposa, padres y seres queridos quienes vivirán agobiados por la acción criminal. Literalmente los seres queridos de estos sujetos vivirán avergonzados y probablemente con desequilibrio emocional. Este crimen fue cometido el 9 de mayo pasado. La mamá de Carlos ingratamente recibió como regalo de Día de la Madre la muerte de su hijo. Maldito Alcoholismo.

    Recientemente, Valentina, una joven de 26 años murió víctima del alcoholismo en el barrio San Jacinto de San Salvador, dejó huérfanas a sus tres niñas que ahora injustamente han quedado bajo la irresponsabilidad de la abuela. A la joven, muy bonita, se le miraba en la Avenida Cuba, en las cantinas próximas al mercado municipal. En Alcohólicos Anónimos (AA) se intentó ayudarle, pero ella rechazó la ayuda y manifestó sus deseos de morir en el vicio, que en ella ya se había convertido en una grave enfermedad mental que minó su capacidad de razonar y que llevó a sus emociones a la insensibilidad, ni siquiera pensaba en sus hijas, Maldito alcoholismo.

    El fin último del alcoholismo es la muerte, la cual llega producto de la ingesta alcohólica o como secuela o consecuencia de ese consumo. Los borrachos mueren encunetados en las calles, las zonas públicas, las cantinas, los hospitales o cualquier sitio. También mueren como producto de suicidios, homicidios, accidentes viales, enfermedades derivadas de la embriaguez constante. Empero, antes de acabar con la vida del alcohólico, el vicio letal ha matado la felicidad de su hogar al haber llevado dolor y angustia a sus padres, esposa (o), hijos y demás seres queridos. Mató ilusiones y generó vergüenzas y tristezas en los suyos que, sin culpa alguna, tienen que sufrir las consecuencias del ingrato borracho que dejó de aportar espiritualidad y materialidad al hogar y, al contrario, es parte de la injusta infelicidad. Las madres, padres, hijos, esposas (os) sufren a diario por la incertidumbre y errática la vida del alcohólico.

    Se requiere aceptar que el alcohol es un destructor de vidas que arrasa con todos y todo porque todos cabemos en él. Se necesita de un Poder Superior para un proceso de recuperación cargado de humildad, tolerancia y aceptación. Hay muchos caminos para llegar a la sobriedad y evitar tragedias lamentables e irreversibles, uno de ellos es a través de Alcohólicos Anónimos (AA), una institución de hombres y mujeres dispuestos a ayuda a quienes aún sufren por la enfermedad del alcoholismo la cual es progresiva, insidiosa y de fatales consecuencias. Maldito alcoholismo.

    • Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Recuerdos atesorables

    Recuerdos atesorables

    En el desarrollo infantil, específicamente en el emocional y psicológico, existen tantos aspectos ambientales como particulares de cada niño, los cuales van definiendo la manera de reaccionar o de ver la realidad. En esta etapa se cimientan los patrones conductuales que nos acompañaran por toda la vida; ciertamente, con el devenir de los años y experiencia podemos y debemos revisarlos con el fin de corregir y mejorar.

    La escritora de ciencia ficción Úrsula K. Le Guin, decíaque un adulto creativo era un niño que había sobrevivido. Pienso que tenía mucha razón.

    En esa etapa de la vida, la niñez, descubrimos sin juzgar, observamos y cuando la imaginación circundaba nuestra cabeza, creábamos y magnificábamos esos lugares que ni el paso del tiempo logra borrar. Unos grabamos mentalmente personas, escenas, olores y colores para instituir un universo personal, que siempre está allí cuando lo evocamos y al hacerlo, nos hace sentir mejor, como un refugio ante lo adverso.

    Y es que al definir un concepto de felicidad siempre se relaciona con el de bienestar; no constituyendo un estado como tal, sino, como extractos de momentos que reconocemos y sentimos verdaderos, por lo menos así lo he llegado a comprender y aún más, los he atesorado como prueba que si bien la vida puede ser difícil, también es menester apreciar y agradecer lo que se ha tenido.

    Cuántas veces he vuelto a la calma al rememorar esas mañanas de sábado, mirando los posters de Menudo, Enrique y Ana y de los Parchís pegados en la pared del cuarto de la casa donde crecí junto a mis hermanos; eso me recuerda la ilusión de un día a comenzar, con la luz del sol entrando en la ventana, prometiendo que hay comienzos esperando y que se presentan ante nosotros así, a veces con música, con claridad. O, al escuchar a mama Locha silbandosentada en el patio, como perdonando el calorabrasador del mediodía que va mermando y que llega con brisa suave al final de la tarde; esa escena la interpreto en mi vida como todo aquello que sucede bueno y no tan bueno pero que al final, siempre vendrá un descanso, una pausa donde contemplamos lo que queda. Viene a mi mente la ternura con la que Claudita, mi primera amiga, decía en diminutivo también mi nombre. Con que inocencia creíamos que su cochera cerrada era un sótano tenebroso, que el aroma y sabor del arrayán todavía me provoca bienestar, tanto como cuando lo tomaba en casa de ella, del árbol en su casa. Ahora nada de lo anterior existe físicamente, los lugares desaparecieron, personas partieron de este plano y distancias dan virajes a las vidas que no podemos cambiar o forzar.

    En el ayer, mis recuerdos se desarrollaron tal cuales, encima de inestabilidades de toda índole; pero no por eso dejarían de ser trocitos de felicidad que ahora voy y busco, los agito en ese envase que es mi universo personal y me rectifica que la vida pasa con nuestro asentimiento o no; que los tesoros no son físicos sino aquellos que llevamos dentro del corazón y que nadie puede arrebatárnoslos. Que no hay felicidad plena y absoluta, pero si valiosos retazos.

    • Ivette María Fuentes es Lic. en Ciencias Jurídicas.

  • Sarampión, una enfermedad que no debería estar ocurriendo

    Sarampión, una enfermedad que no debería estar ocurriendo

    En el pequeño Condado de Gaines, en Texas, una zona rural al oeste del estado con una importante población menonita, todo transcurría con calma. El mes de marzo anunciaba la huida del invierno y la llegada de la primavera. Una comunidad homogénea, todo el mundo se conocía, los médicos conocían a sus pacientes por sus nombres. Un lugar idóneo y lleno de niños donde la paz y la tranquilidad reinaban. Pero un día, todo cambio.

    Lucas, un niño de 6 años, regreso con su familia de unas vacaciones en el extranjero. parecía resfriado: tos seca, ojos llorosos, fiebre. Al tercer día, una erupción roja comenzó a aparecer detrás de sus orejas, extendiéndose rápidamente por su cara y cuerpo. Su madre, alarmada, lo llevo al centro de salud. El médico, al ver las manchas de Koplik y el exantema, sospecho de inmediato: sarampión. ¿Estaba vacunado? Pregunto la enfermera jefa. La madre bajo la mirada, no…respondió, decidimos no vacunarlo. Teníamos miedo de los efectos secundarios.

    En el condado de Gaines, las coberturas de vacunación habían decaído después de la pandemia. Rumores en redes sociales, miedo infundado y desinformación habían convencido a padres de familia de no vacunar a sus hijos.

    En los días siguientes, surgieron mas casos, 13 de ellos, en su mayoría niños de edad escolar, fueron hospitalizados, y muchos de ellos necesitaron cuidados intensivos. Uno de ellos, falleció.

    ¿Qué es el sarampión?
    El sarampión es causado por un virus altamente contagioso que infecta las vías respiratorias y se extiende por todo el cuerpo, provocando fiebre y una erupción cutánea. En sus casos graves, puede causar complicaciones como la ceguera, neumonía, encefalitis, que pueden ser mortales. Los niños menores de 5 años, las mujeres embarazadas, los adultos mayores de 20 años y las personas con sistemas inmunitarios debilitados son los que tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones por el sarampión.

    En 2025, el sarampión experimenta un aumento significativo a nivel mundial, con brotes en múltiples regiones y un incremento sostenido de casos en comparación con años previos. Esta tendencia esta asociada principalmente a la caída de coberturas vacunales tras la pandemia de COVID-19 y a la persistencia de grupos poblacionales no inmunizados. La tendencia global de la enfermedad es ascendente desde el 2023, año en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporto 10 millones de casos y mas de 100 mil muertes por sarampión, mayoría en niños menores de 5 años.

    En la región de las Américas, entre la semana epidemiológica 1 y 16 de 2025, se confirmaron 2.325 casos, incluyendo cuatro defunciones. Países que reportaron casos de sarampión durante ese periodo en nuestra región incluyen, Argentina, Belice, Bolivia, Brasil, Canadá, México y Estados Unidos. Este total representa un aumento de 11 veces en comparación con los 205 casos de sarampión notificados en el mismo periodo de 2024. En otras regiones del mundo también se han experimentado aumento en las notificaciones de la enfermedad. Europa enfrenta al mayor numero de casos en 25 años. Rumania y Kazajistán son los países más afectados, con brotes intensos y varias muertes, especialmente en menores de 5 años. En África, Somalia y Mali tienen las tasas más altas de incidencia y mortalidad por sarampión a nivel mundial.

    ¿Qué nos esta pasando a nivel mundial con el sarampión?
    Los factores claves del aumento de la incidencia de esta enfermedad son básicamente tres: la caída en las tasas de vacunación infantil tras la pandemia ha dejado a millones de niños sin protección contra el sarampión. La difusión de información falsa sobre la seguridad de las vacunas ha contribuido a la disminución de la inmunización. Finalmente, el aumento de viajes internacionales facilita la importación y diseminación del virus en regiones previamente libres de esta enfermedad.

    ¿Esta nuestra población, especialmente los menores de 5 años, en riesgo?
    En El Salvador, la cobertura de vacunación infantil ha experimentado fluctuaciones en los últimos años, influenciada por diversos factores, incluida la pandemia de COVID-19. El MINSAL reporto para el 2019, una cobertura nacional de vacunación infantil del 85%, reflejando un sistema de inmunización robusto, pero insuficiente para alcanzar la inmunidad colectiva, la cual requiere de una cobertura del 95%.

    En el 2020, con el inicio de la pandemia la cobertura descendió al 74% debido a interrupciones en los servicios de salud y restricciones de movilidad. En el 2021, la cobertura aumento de nuevo al 85%, sin embargo, disminuyo de nuevo en el 2022, aunque no se especifica el porcentaje exacto. Estos datos nos indican que, aunque El Salvador ha mostrado capacidad para recuperarse de los descensos en cobertura vacunal, persisten desafíos para mantener y mejorar estos niveles.

    Juzgue usted amigo lector, si nuestra población está en la actualidad realmente protegida contra el sarampión.

  • Mi Nueva Escuela: La Inversión en futuro que desarma la violencia

    Desde este espacio en donde la criminología y la prevención de la violencia se desarrollan, la reciente noticia del gobierno por medio del presidente Nayib Bukele, anunciando la construcción de dos escuelas por día como parte del proyecto «Mi Nueva Escuela» es un refuerzo a todas las nuevas instalaciones ya inauguradas y en proceso, se fortalece y acelera lo expuesto posterior a la pandemia por el Covid-19 desde este misma columna semanal, resuena no solo como una promesa de infraestructura, sino como una estrategia silenciosa, pero poderosa, en la lucha contra la criminalidad. Es una apuesta de largo aliento, una inversión que va más allá del cemento y el ladrillo; es una inversión en la desconstrucción de la violencia desde sus cimientos más tempranos.

    Demasiado a menudo, la seguridad se discute únicamente en términos de mano dura, de fuerza policial, de cárceles, de armas poderosas, de sistemas de comunicación y más. Y si bien la reacción ante el delito es vital, la verdadera batalla se gana en la prevención y en resolver las causas estructurales de la delincuencia, en la construcción de oportunidades que desincentiven a nuestros jóvenes de elegir el camino de la delincuencia. Aquí es donde la escuela, especialmente la escuela pública, se convierte en un arma fundamental.

    La Teoría de la Anomia, que tanto hemos estudiado y explicado por años en diferentes espacios de opinión y congresos mundiales de criminología, nos enseña que la criminalidad florece en aquellos espacios donde existe una profunda brecha entre las aspiraciones legítimas de los individuos y los medios reales para alcanzarlas.

    Describe un estado social en el que las normas y valores sociales son débiles o ausentes, lo que lleva a un sentimiento de desconexión entre los individuos y la sociedad Cuando un joven en El Salvador tenía en su pensamiento que su único camino hacia el «éxito» pasaba por la pandilla, la delincuencia o el crimen organizado, estábamos ante un fracaso sistémico. Una escuela digna, equipada, con docentes motivados y un currículo pertinente, ofrece precisamente esos medios legítimos y esas oportunidades que combaten la anomia.

    Cada nueva aula, cada equipamiento, accesorios, equipos, cada laboratorio y cada biblioteca que se construye, no es solo un espacio físico. Es un centro de control social informal, de esos que la criminología nos ha demostrado que son esenciales. Un ambiente escolar ordenado, cuidado y activo envía un mensaje claro a la comunidad y a los potenciales delincuentes: «Aquí hay orden, aquí hay futuro, aquí se invierte en nuestras niñas, niños, adolescentes». Rompe con esa señal de deterioro y abandono que la violencia, en su manifestación más cruda, ha sembrado en tantos rincones.

    Además, esta iniciativa tiene un impacto directo en la victimología preventiva. Al fortalecer la educación, estamos brindando a nuestros niños y adolescentes herramientas para desarrollar pensamiento crítico, para aprender a gestionar conflictos de manera pacífica, para construir resiliencia. Esto los hace menos vulnerables a ser captados por estructuras criminales y menos propensos a convertirse en víctimas o victimarios en el futuro. Es una protección activa a través del conocimiento y las habilidades para la vida.

    Por supuesto, construir escuelas modernas y pertinentes en sus instalaciones no ha sido el primer paso, ni único paso. El Mineducyt ha trabajado incansablemente desde la misma pandemia por impulsar todo este sistema educativo innovador y modelo ya en Hispanoamérica. Las verdaderas transformaciones ocurren dentro de sus paredes: la calidad de la enseñanza, la seguridad del entorno, la pertinencia de los programas educativos (como la integración de IA y robótica con ARK Educate, que prepara para un futuro tecnológico). Es una oportunidad para formar ciudadanos críticos, éticos y productivos que puedan construir un El Salvador diferente.

    El presidente Bukele ha demostrado y confirmado su firme voluntad política con la educación desde la primera infancia, el gobierno ha puesto la piedra fundamental, el Mineducyt ejecuta magistralmente y con pasión de servicio, los docentes han hecho y continúan haciendo un gran esfuerzo y apoyo, los padres de familia apoyando y validando. Y las estrellas, las y los estudiantes poniendo en práctica el conocimiento y la tecnología que han aprendido.

    Ahora, la sociedad, las comunidades, los padres y los propios educadores debemos asegurar que estas nuevas «fortalezas del saber» cumplan su promesa. Porque al final, la verdadera lucha contra el crimen no se gana solo con fuerza, sino con la inteligencia, la esperanza y las oportunidades que germinan en cada Nueva Escuela. Una inversión en educación es, sin duda, la mejor estrategia de seguridad pública a largo plazo.

    *Por Ricardo Sosa

    Doctor y máster en Criminología

    Docente certificado en Educación Superior

  • Luces y sombras en la República

    Luces y sombras en la República

    El sistema totalitario castrista ha causado a la nación cubana profundos y vastos prejuicios, entre ellos, el abandono de nuestros acontecimientos patrios más relevantes, incluido el 20 de mayo, día que proclamamos la independencia nacional.

    Es de suponer que las fechas patrias para algunas personas no tengan importancia, no obstante, esos términos son los puntales fundamentales de la historia de toda nación, razón por la cual los exiliados cubanos recordamos con devoción el 10 de octubre, el 24 de febrero y el ya mencionado 20 de mayo entre otras efemérides a tener presentes.

    El 20 de mayo último Cuba cumplió formalmente 123 años de República, aunque solo tenemos 57 años de vida republicana puesto que perdimos la República hace más de 66 años cuando Fidel Castro y sus acólitos, establecieron las bases para imponer en nuestro país un régimen totalitario.

    Destruir los valores republicanos y eliminar la convivencia democrática fue un objetivo de rápido cumplimiento, que demostró lo poco enraizado que estaban entre muchos de nuestros conciudadanos, esos conceptos.

    Hace unos días recordábamos que la sede del congreso nacional fue la sede de una feria ganadera a los pocos meses del triunfo de la insurrección sin que tal atrocidad motivara protestas firmes y categóricas de parte de la ciudadanía, mientras ocurrían a lo largo y ancho del país otras tropelías de las cuales ha de sentirse vergüenza.

    Cierto que no vivíamos en el paraíso. En nuestro país había muchas injusticias, eran necesarios ciertos cambios sociales y políticos y la sustitución de un importante sector del liderazgo nacional, sin embargo, estábamos situados entre los países con mejores índices sociales y económicos de toda América Latina.

    Es justo reconocer que, aunque distábamos mucho de ser un estado modelo disfrutábamos de ventajas y progresos a los que la mayoría de los países del hemisferio no tenían acceso.

    En solo poco más de cinco décadas y media llegamos a tener, 1958, 12 universidades de las cuales tres eran públicas. Lastimosamente solo el 77.9% de los cubanos sabían leer y escribir, sin embargo, ocupábamos la tercera posición en América Latina, después de Argentina y Uruguay en esa capacidad.

    Padecíamos de una corrupción política y administrativa muy severa y sufríamos de bandas de delincuentes que se hacían pasar por actores políticos para justificar sus numerosos asesinatos, pero lo que es peor, muchos de estos delincuentes estaban al servicio de algunos de los políticos más notables del país y también de algunos profesores universitarios.

    Confrontábamos numerosos problemas, sin embargo, se habían resueltos más de los que se enfrentaban, aunque desde mi perspectiva, el golpe militar del 10 de marzo de 1952 que rompió el ritmo constitucional, propició un desequilibrio que afectó gravemente a la Nación y facilitó la irrupción del totalitarismo en nuestro país.

    Cierto que la Constitución de 1940 fue restablecida en 1955, no obstante, el clima político y la convivencia no volvieron a ser los mismos a pesar de los progresos económicos.

    El periodo previo al triunfo de la insurrección la situación económica y social estaban en franco proceso de mejora.

    El doctor Salvador Vila, en su libro, “Cuba, Cenit y Eclipse”, afirma, “muchos de nosotros mismos ignorábamos hasta qué punto llegaba el grado de desarrollo alcanzado en comparación con el resto de América Latina y el mundo y es preciso conocerlo y recordarlo con orgullo.”.

    Contábamos con amplias libertades económicas y una notable movilidad social. Las inversiones extranjeras eran importantes y la legislación laboral era significativamente positiva, aunque no se cumpliera en su totalidad.

    La Constitución de 1940, elaborada en asamblea pública por todas las fuerzas políticas del país, incluidos los comunistas, establecía la división de los poderes públicos y la independencia de los mismos junto a prerrogativas sociales y económicas mucho más avanzadas que la mayoría de otras legislaciones del hemisferio.

    Salarios mínimos, fijada por comisiones paritarias de patronos y obreros. Prohibición de hacer descuento de los salarios o sueldos de los trabajadores; el estipendio de los trabajadores tenía que ser saldado en dinero no en mercancías; seguro social obligatorio, incluida la invalidez y la vejez; derecho a jubilación por antigüedad y pensión por causa de muerte, siendo Cuba el primer país del mundo que otorgó este derecho a los trabajadores agrícolas.

    El experimento totalitario castrista ha resultado ser un rotundo fracaso. Los cubanos están en la actualidad en muchas peores condiciones económicas, políticas y morales que el primero de enero de 1959.

    Pedro Corzo es periodista cubano.