Categoría: Opinión

  • El escudo contra el Crimen Organizado: La relevancia de la nueva Ley Especial contra el lavado de dinero

    El escudo contra el Crimen Organizado: La relevancia de la nueva Ley Especial contra el lavado de dinero

    El viernes pasado en el marco del dictamen favorable de la «Ley especial para la prevención, control y sanción del lavado de activos, financiamiento al terrorismo y de la proliferación de armas de destrucción masiva», por parte de la Comisión de Seguridad Nacional y Justicia de la Asamblea Legislativa, marca un paso fundamental y urgente en la estrategia de seguridad del país. Esta no es una simple actualización de una ley que se había quedado desfasada y sin aplicación para el 2025 y años subsiguientes; es la construcción de un muro legal moderno contra las estructuras financieras que alimentan el crimen organizado y la amenaza global.

    Desde una perspectiva criminológica, el delito de mayor impacto social no es el homicidio o el robo, sino aquello que los sostiene: la capacidad financiera. El crimen organizado es, ante todo, un negocio. El narcotráfico, la trata de personas, la corrupción y el tráfico ilegal de armas y personas dependen de mecanismos sofisticados para blanquear sus ganancias ilícitas y reinsertarlas en la economía formal. Sin la capacidad de lavar su dinero, estas estructuras se asfixian y colapsan, no hay negocio.

    La relevancia de esta nueva ley radica en dos pilares. Primero, la actualización a estándares internacionales. Los marcos legales previos se volvieron obsoletos ante la vertiginosa evolución tecnológica, especialmente con la aparición de criptomonedas y otros activos digitales que ofrecen nuevas vías para el anonimato y la transferencia transfronteriza de fondos. Una ley moderna garantiza que nuestro sistema financiero, fiscalía, policía y judicial puedan rastrear, congelar y decomisar estos activos, cerrando las «autopistas» digitales del dinero sucio según las herramientas que la misma ley proporcione.

    Segundo, y quizás lo más crucial, es la inclusión explícita y robusta de la proliferación de armas de destrucción masiva (PADM). Este componente eleva el riesgo de inacción de una amenaza nacional a un imperativo de seguridad global. Al tipificar y sancionar el financiamiento a la PADM, el país refuerza su compromiso con la estabilidad internacional y minimiza el riesgo de ser utilizado como plataforma para actividades de alta peligrosidad. Es una medida preventiva que trasciende el ámbito penal doméstico.

    Serán sujetos obligados de la nueva ley antilavado en El Salvador:

    1. Instituciones financieras: Bancos comerciales o estatales constituidos en El Salvador o con oficinas en el extranjero y sus subsidiarias. Bancos de Inversión. Las sociedades que integran los conglomerados financieros. Las instituciones administradoras de fondos de ahorro provisional. Las asociaciones de seguros, nacionales e internacionales. Las bolsas de valores, corredoras de bolsa. Bancos y sociedades de ahorro y créditoCooperativas y sociedades de ahorro y crédito y bancos cooperativos. Sociedades operadoras de sistemas de pago y liquidación de valores. El Fondo Social para la Vivienda y Fonavipo. Casas de cambio de monedas extranjeras. Personas jurídicas que operan envíos o recepción de dinero. Sociedades proveedoras de dinero electrónico. Las titularizadoras. Las gestoras de Fondos de Inversión.

    2. Sociedades de ahorro y crédito y cajas de crédito y las reguladas en el Código de Comercio.

    3. Personas naturales o jurídicas que se dedique a otorgar préstamos dentro o fuera del país.

    4. Casinos.

    5. Personas o empresas que se dediquen a bienes raíces.

    6. Comerciantes de metales y piedras preciosas.

    7. Abogados, notarios, contadores y auditores que realicen para sus clientes: Compra y venta de bienes inmobiliarios. Administración del dinero, valores u otros. Administración de las cuentas bancarias. Coordinación para la contribución y creación de empresas. Compra y venta de entidades comerciales.

    8. Personas naturales o jurídicas que se dediquen al transporte de dinero.

    9. Proveedores de servicios de activos digitales.

    10. Partidos políticos.

    Sin embargo, el éxito de la ley no reside únicamente en su texto. Dependerá críticamente de la capacitación y la coordinación. Necesitamos que las Unidades de Investigación Financiera (UIF) FGR, los fiscales especiales, los jueces, policías de investigación y, fundamentalmente, el sector privado (bancos, notarios, inmobiliarias, auditores y contadores) estén perfectamente alineados y equipados para identificar los patrones de comportamiento sospechoso. La ley debe ser acompañada de inversión en tecnología con efecto forense y sistemas de alerta temprana.

    En conclusión, el dictamen favorable de esta ley, fechada en este trascendental viernes 3 de octubre de 2025, representa un salto cualitativo. Es un reconocimiento de que la lucha contra el crimen moderno se libra y se gana también con una ley moderna deteniendo el flujo de capital mucho antes de que se manifieste en violencia en las calles. Es el escudo necesario para proteger la integridad de nuestra economía y la seguridad de nuestra sociedad. Felicitaciones al señor fiscal general de la República, a su equipo de trabajo y asesores, así como el apoyo de la PNC.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología

    @jricardososa

  • Los mercenarios del castrismo

    Los mercenarios del castrismo

    De nuevo leemos y escuchamos que jóvenes cubanos mueren en tierras extranjeras por responsabilidad del régimen totalitario castrista impuesto hace más de 66 años por los hermanos Fidel y Raúl Castro, principales artífices de la destrucción de la nación, no solo de la República.

    Mercenarios cubanos operan en Ucrania a favor de Rusia y del coronel de la KGB, Vladímir Putin. Según la inteligencia ucraniana, han muerto 39 isleños vistiendo el uniforme ruso, se desconoce la cifra de heridos o desaparecidos, destacando que se supone que otros 20,000 están prestando servicio al Kremlin. Algunos medios señalan que estos jóvenes han sido engañados con falsas promesas de trabajos en la construcción y almacenes, con salarios bien remunerados en base a la miseria que devengaban en Cuba, mientras, que ignoraban que iban a participar en una guerra imperialista.

    Sin embargo, no descarto, conociendo al castrismo, que muchos estén participando voluntariamente como ocurrió en el pasado. La dictadura es muy hábil en venderle a la población sueños que son en realidad horribles pesadillas.

    Fidel y Raúl enviaron a decenas de miles de cubanos a servir en África. Muchas de estas personas fueron presionadas por el régimen, amenazados de diferentes maneras sin alternativas de actuar en base a su conciencia, pero otros, no pocos, fueron voluntariamente. Estaban convencidos de la consigna, “el futuro es del socialismo”, por lo que asumían el riesgo para lograr una cómoda posición en la utopía de mañana.

    Solamente a Angola viajaron en uniforme cerca de medio millón de cubanos y se puede asegurar que muchos, pero muchos, no tuvieron que ser amenazados para servir en el último ejercito imperialista de habla hispana, el de Fidel Castro, porque estaban imbuidos de aquel “internacionalismo proletario” que proclamaba el asesino en serie Ernesto “Che” Guevara, quien introdujo a Cuba en las guerras africanas con el beneplácito de los hermanos todopoderosos.

    El totalitarismo castrista no cesaba de atacar a Estados Unidos por su participación en la guerra de Vietnam, sin embargo, el régimen de la isla envió, proporcionalmente, en base a las respectivas poblaciones, más efectivos a servir en Angola que Washington al país asiático.

    El imperialismo de los hermanos Castro se extendió por todo el continente como tratando de imitar a las colonialista naciones europeas del siglo XIX. Fidel Castro, pretextando la hipócrita solidaridad entre los trabajadores, envió miles de soldados, las cifras se sitúan entre doce mil a diecisiete mil efectivos, incluido aviadores, más de 350 tanques y baterías de artillería a Etiopía, para apoyarle en una guerra territorial.

    Los Castro satisfacían así un pedido de ayuda de otro tirano, el nuevo amo de la antigua Abisinia, el amigo y aliado, también servidor de Moscú, Mengistu Haile Mariam, que estaba en guerra con Somalia por la región de Ogaden, un conflicto bélico poco recordado en la Isla porque como relata el periodista independiente Luis Cino, es una forma de borrar de la historia al general Arnaldo Ochoa, quien sirviera a sus amos con mucha fidelidad durante largos años.

    Es muy cierto que en Cuba hay mucha sangre africana como consecuencia de la esclavitud, pero es posible que ningún otro pueblo latinoamericano haya derramado más sangre en África que el cubano como consecuencia de los conflictos creados por el totalitarismo.

    La voluntad mercenaria de tantos cubanos es parte de la devastación moral causada por la dictadura. La sustitución de valores en la población ha sido escalonada, metódica, pero no menos espantosa, siendo lo peor la pérdida del sentido de nación y la falta de civilismo de una gran parte de la sociedad, por suerte, no faltan reductos de decoro en los que está la simiente de una nación, aunque en el presente están presos o padeciendo un destierro interno, son partes de la imprescindible reserva de la Patria.

    El castrismo, para servir a la política hegemónica de la extinta Unión Soviética vituperó de nuestros valores más trascedentes en un intento de refundación nacional que alteró negativamente la conciencia ciudadana. Atacó la Iglesia, falseó la historia, mientras, forjaba nuevos paradigmas a hechura y semejanza de las propuestas del tirano, toda la gestión del totalitarismo ha motivado una pasión materialista que se caracteriza de servir a quien mejor paga.

    Los cubanos que han servido como mercenarios del castrismo no son siempre víctimas de la dictadura, a veces, han sido victimarios.

    *Pedro Corzo es periodista cubano.  

  • Leer o desaparecer: la crisis silenciosa de la lectura

    Leer o desaparecer: la crisis silenciosa de la lectura

    Sí, Alfonso, tengo varios libros en mi casa, aunque para serle sincero, están acumulando polvo. ¿Y eso, por qué? Le pregunte a mi amigo, quien vive en San Miguel. En realidad, no leo libros, me dijo, sino solamente sus resúmenes que encuentro en el internet. Pero entonces lo que usted lee es la interpretación del autor del libro por otra persona, le contesté, no hay una comunicación directa entre usted y el escritor, lo cual me parece una verdadera lástima.

    A nivel global, las tendencias recientes muestran un declive en la lectura por ocio en muchos países, con un promedio aproximado de 6 libros por persona al año (en un rango plausible de 4 a 8). En Latinoamérica —incluyendo Centroamérica— el promedio anual oscila entre 3 y 5 libros, por lo que un valor razonable para toda la región podría situarse alrededor de 4 libros por persona. En el caso específico de Centroamérica, aunque no existen datos recientes y sólidos que abarquen todos los países, es probable que el promedio se ubique en la parte baja del rango (2 a 4 libros al año), debido a factores como el menor acceso a materiales, las bajas tasas de lectura habitual y otros condicionantes.

    En contraste, países con una tradición lectora más consolidada, como España, registraron en 2023 un promedio de 10.2 libros leídos por persona de 14 años o más. En ese mismo grupo, alrededor del 64–65% declaró leer libros por placer en su tiempo libre.

    En lo personal, me apasiona la lectura: sentir su música y su ritmo, grabar en mi mente lugares, personajes, sentimientos y emociones. Leer es viajar con la imaginación a otras épocas y culturas, en un vuelo de letras que despiertan la mente. Suelo leer cada tarde, a veces acompañado por una copa de vino tinto, añejo y profundo, de sabores y colores nacidos en la Ribera del Duero. Sabor, música y color: qué deliciosa es la lectura.

    ¿Por qué es importante la lectura?

    Los sabios y pensadores coinciden en que la lectura es fundamental para el desarrollo humano. Escritores como Umberto Eco y Pablo Neruda, así como pensadores como Joseph Addison, han resaltado sus múltiples beneficios para el crecimiento personal y la comprensión del mundo. Leer fortalece las conexiones neuronales y mantiene la mente activa, lo que ayuda a prevenir el deterioro cognitivo. En una población que envejece, como la salvadoreña, la lectura debe convertirse en una herramienta esencial para mantener la mente del adulto mayor ejercitada y despierta.

    La lectura también mejora la concentración y la memoria; amplía la capacidad crítica al enfrentarnos con distintas ideas y perspectivas, y potencia el análisis al comparar y reflexionar. Al mismo tiempo, enriquece el vocabulario, mejora la ortografía y refuerza la gramática. Leer bien se traduce en escribir y hablar mejor.

    Pero la lectura no solo impulsa el desarrollo cognitivo, también estimula el desarrollo emocional y la empatía. Al entrar en la mente de otros personajes o culturas, el lector comprende mejor las emociones y perspectivas ajenas.

    A nuestros políticos —con su evidente falta de cultura y su profundo énfasis en el dorianismo del buen vestir y los lujos— les convendría leer un poco más. Es evidente, por su forma de pensar y debatir, por su léxico y su discurso frenético, que su promedio de lectura está por debajo de la media nacional.

    La lectura, amigos políticos, fomenta el pensamiento crítico y democrático, al mismo tiempo que promueve la tolerancia. Es una lástima que el debate político en nuestro país se reduzca con frecuencia a insultos y descalificaciones mutuas. Leamos más, señores, y transformemos el discurso hacia uno constructivo, por el bien de El Salvador.

    “La lectura no solo enseña a pensar, sino a sentir y a ser libre.”

    Recuerdo mi niñez observando a mi héroe con un libro entre las manos. Mi padre, desde muy temprana edad, fomentó en mí el hábito de la lectura. Aún guardo en la memoria las páginas de Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne, con su enigmático y misantrópico capitán Nemo. Cómo olvidarlo. Mi padre me rodeó del autor francés y sus obras, y a través de ellas viajé a lugares insospechados, llenándome de sus miedos, aventuras y emociones, hasta volverme un adicto a la música de las letras.

    El hogar, la escuela y la comunidad son los espacios donde se cultiva el hábito de leer. Ahora que contamos con un nuevo liderazgo en el Ministerio de Educación, sería importante formular estrategias y planes concretos para fomentar la lectura entre nuestros niños y jóvenes. Es una tarea esencial para el desarrollo intelectual y cultural de nuestro país.

  • Halloween: el disfraz de las maldiciones espirituales

    Halloween: el disfraz de las maldiciones espirituales

    Cada 31 de octubre el mundo entero celebra con entusiasmo una de las fiestas más difundidas de la cultura moderna: Halloween. Las calles se llenan de niños disfrazados, luces naranjas, calabazas talladas y un aire de aparente inocencia. Pero detrás de esa fachada colorida y comercial se oculta una realidad espiritual que pocos se atreven a reconocer: Halloween no es una fiesta inofensiva, sino una estrategia de las tinieblas para activar maldiciones espirituales bajo el disfraz de tradición y cultura. El apóstol Pablo advirtió que Satanás “se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:14)

    Y precisamente en ello radica su astucia: hacer pasar por inocente lo que tiene raíces en la oscuridad. Halloween proviene del antiguo festival celta “Samhain”, dedicado a honrar a los muertos y a celebrar la supuesta conexión entre el mundo espiritual y el terrenal. Con el paso del tiempo, esa conmemoración se mezcló con otras prácticas paganas y fue absorbida por la cultura occidental. Lo que alguna vez fue un ritual de invocación se transformó en una “fiesta infantil”, pero su esencia permanece intacta: abrir puertas espirituales a fuerzas contrarias al Señor Jesucristo.

    La Biblia enseña que las maldiciones no llegan sin causa: “Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa” (Proverbios 26:2). Cuando una persona se asocia con símbolos, prácticas o celebraciones que exaltan la muerte, el miedo o la brujería, se alinea con los valores del reino de las tinieblas. Esa alineación —aunque parezca trivial o cultural— crea un punto de contacto espiritual que otorga legalidad al adversario para operar. Deuteronomio 18:10-12 es contundente al advertir que toda forma de hechicería, adivinación o invocación de muertos es abominación para Dios. No existe versión “inofensiva” del ocultismo.

    El enemigo, sin embargo, ha logrado vestir el mal de cultura, el pecado de diversión y la idolatría de entretenimiento. Así, muchos padres, sin mala intención, permiten que sus hijos participen en esta festividad, creyendo que es un simple juego, cuando en realidad están introduciendo sus hogares en una atmósfera de tinieblas. Las maldiciones operan en distintos planos. Primero, contaminan la mente, porque todo acto simbólico tiene una repercusión espiritual. El que se disfraza de demonio o de muerto no solo adopta una imagen, sino que asume temporalmente una identidad simbólica contraria a la de un hijo de Dios.

    En el ámbito espiritual, esa identificación concede terreno al enemigo, pues lo que el hombre celebra, termina modelando su espíritu. En segundo lugar, las maldiciones pueden arraigarse generacionalmente. Cuando los padres normalizan la oscuridad, sus hijos crecen creyendo que lo macabro es divertido y lo sagrado es aburrido. El Señor advirtió en Éxodo 20:5 que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que le aborrecen. Esa herencia no es solo moral, sino espiritual. Introducir Halloween en el hogar es sembrar semillas de confusión que pueden florecer en formas de temor, depresión o fascinación por lo oculto.

    Finalmente, las maldiciones también se manifiestan a nivel territorial. Cada año, mientras muchos celebran sin discernimiento, en diversas partes del mundo los grupos satánicos realizan rituales de consagración, invocación y sacrificio. Halloween es para ellos una fecha de poder espiritual. Es un tiempo de “reclamación”, donde buscan fortalecer su influencia sobre regiones enteras. No es casualidad que después de estas fechas aumenten los reportes de suicidios, violencia, y perturbaciones espirituales. Donde se celebra la muerte, se debilita la vida; donde se glorifica la oscuridad, la luz se apaga.

    El mundo moderno ha convertido Halloween en un producto cultural. Se le ha despojado de su significado original y se ha revestido de marketing, dulces y películas infantiles. Pero detrás de cada símbolo —la calabaza iluminada, la escoba, el gato negro, la sangre falsa— subsiste una burla hacia realidades espirituales que toman en serio sus invocaciones. El objetivo de Satanás no es que el hombre adore abiertamente a los demonios, sino que los trivialice; que el mal parezca inofensivo, y que la santidad parezca exagerada. El apóstol Juan escribió: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19).

    Participar de Halloween, por inocente que parezca, es cooperar con ese sistema. Por eso la exhortación bíblica es clara: “No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas” (Efesios 5:11). La Iglesia de Cristo no puede ser espectadora pasiva de esta deformación espiritual. Debe ser luz, voz profética y muro de contención frente al avance de la oscuridad. Lo único que puede contrarrestar esa maldición es la sangre del Señor Jesucristo. Él “nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Gálatas 3:13).

    Esa redención rompe toda cadena heredada y toda influencia demoníaca. Pero la redención no se conserva participando en las obras del mundo, sino separándose para Dios. La santidad no es restricción: es una muralla espiritual que protege. Este tiempo demanda discernimiento. El cristiano no puede servir a dos señores ni jugar con aquello que el Señor Jesucristo vino a destruir. La llamada “noche de brujas” es, en realidad, una noche de tinieblas espirituales, y quienes la celebran inconscientemente declaran pacto con lo que aborrece Dios.

    Frente a esa realidad, el pueblo de Dios debe despertar. No basta con no participar; es necesario interceder, enseñar y proclamar la verdad. Que en cada hogar cristiano se levante un altar de adoración, una lámpara de oración y una palabra de autoridad que declare: “Jesucristo es Señor sobre nuestra casa, sobre nuestra ciudad y sobre esta generación”. Halloween es el disfraz con que las tinieblas buscan entrar a los hogares del siglo XXI. Pero donde hay luz, la oscuridad huye. Que esta fecha no te encuentre disfrazado de muerte, sino revestido de vida, proclamando que ninguna maldición puede prevalecer donde el nombre del Señor Jesucristo ha sido entronizado.

  • La paz de los vencedores

    La paz de los vencedores

    Las fuerzas militares de Israel han obtenido dos victorias y una derrota en cuanto a Gaza se refiere. Derrotaron a Hamás y por eso exigen su rendición, en boca de Netanyahu o de Trump, que es casi lo mismo.

    También han obtenido la victoria en su guerra contra los palestinos en Gaza. Los han ametrallado, los hanbombardeado, les han cortado los suministros, hanrealizado toda clase de hechos criminales para llevar a los palestinos a la edad de piedra. Sin embargo, la derrota de los palestinos en Gaza sabe a amargo, porque haber asesinado a tantos niños, haberlos dejado mutilados, haberles causado lesiones mentales de por vida no es algo de lo que puedan sentirse orgullosos los militares israelíes. Esa factura queda ahí, entre los escombros, pero en algún momento habrá que pagarla. Netanyahu se imagina que no, y argüirá que son gajes del oficio de guerrear. Pero no. Ese atropello es injustificable.

    Y por esa ‘gran’ victoria contra las niñas y los niños palestinos de Gaza que han sido inmolados es que el proyecto aniquilador de los militares israelíes ha alcanzado una derrota política. Que se niega y se negará Netanyahu a aceptar, pero que no se podrá quitar de encima.

    La solución de los dos Estados (Palestina e Israel)es el único camino que existe para alcanzar la estabilidad en Medio Oriente.

    El Plan de Paz que Trump ha enarbolado, en una cabriola de última hora, ―porque él apoyó y apoya el proceder del ejército israelí en Gaza, es decir, formaba parte del bando de los que aplastaron a los gazatíespalestinos― tiene sus luces y sus sombras. Y cuando ya la condena mundial contra los halcones israelíes toma vuelo, pues el presidente norteamericano salta la barda y aparece con un Plan de Paz bajo la chistera.

    ¿Ese Plan de Paz conducirá a la solución de los dos Estados? Sí, si no estuvieran ausentes los plazos y losmecanismos concretos para la constitución del Estado palestino desde el primer momento. Este Plan de Paz, que en realidad habría que llamar el Plan de Trump, huele a oferta de almacenes en liquidación.

    Está explícito en ese plan la disolución de Hamás, y parece que no hay mayor discusión sobre eso. El asunto es que Trump, en su plan, está dejando para nunca jamás, ¡en el aire!, la conformación del Estado palestino. Que es por donde se debería comenzar.

    Si Trump quisiera de verdad hacer una contribución decisiva a la paz debería dejar que Naciones Unidas se encargara, eso sí, que los gobiernos de Estados Unidos, Francia y demás monitorearan el proceso. De lo contrario, se estaría dejando en manos de los vencedores el Plan de Paz. Y eso significaría que los palestinos serían testigos mudos y resignados de las decisiones que Trump (y Netanyahu por descontado) adopte. Ya antes Trump había dicho que quería convertir Gaza en una ribera, donde florecerían el comercio y el turismo. Obvio, Trump es un comerciante y solo de ese modo puede pensar.

    ¿Se puede confiar en Trump? No. Porque cambia de opinión según el humor con el que amanece. Un día se va a Alaska y le pone la alfombra roja a Putin y al siguiente día está despotricando contra él.

    Seguir postergando la solución de la conformación del Estado de Palestina sería el mayor yerro que se pueda cometer en este momento. Estados Unidos lo puede hacer porque Hamás ha sido derrotado, los palestinos de Gaza han sido apabullados y aniquilados de un modo indiscutible y porque los palestinos de Cisjordania están paralizados y porque los países árabes dejaron solos a los palestinos.

    Que sea Donald Trump quien ponga la mesa, sirva a los comensales y además deguste los platos, ¡y todo al mismo tiempo!, no deja de ser anómalo en el caso de la situación de los territorios correspondientes a Palestina. Casi que Trump, en una recreación del modelo colonial, sería una suerte de ‘rey’ en Palestina, y por eso quiere nombrar al ‘virrey’ (para que vea el día a día), y todo indicaría que eso recaería en la persona de Tony Blair.

    Con ese Plan de Trump, donde los palestinos no han sido consultados y más bien se limitan a reaccionar casi con automático optimismo (puesto que salir de ese infierno que ha generado el ejército israelí resulta de una urgencia impostergable), no es seguro alcanzar la paz firme y duradera. Sin embargo, no hay que dejar de señalar que la paz para Palestina no podrá alcanzarse si solo los vencedores (y sus patrocinadores) son los que decidan todo y donde los asuntos cardinales quedan flotando en el aire.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • El “modelo”

    El “modelo”

    Cuando se firmó el acuerdo inicial de la negociación entre las partes beligerantes para terminar el prolongado conflicto militar que tuvo lugar en nuestro país de enero de 1981 a enero de 1992, aún estaba fresca la sangre derramada por la población civil no combatiente y las tropas de los bandos enemigos durante la mayor ofensiva insurgente lanzada en noviembre de 1989.

    Antes de comenzar esa confrontación armada, El Salvador había sido escenario de una guerra sucia estatal contra su gente –organizada o no– y de la guerra de guerrillas desatada por grupos rebeldes durante la década de 1970, previo a su unificación en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Sumido en esa crecida vorágine de dolor y muerte sucedida hace 36 años, un hecho crucial para definir el rumbo del país fue sin duda la masacre consumada por miembros del ejército gubernamental en la residencia jesuita ubicada dentro de la casa de estudios superiores de dicha congregación.

    En ese entonces yo residía en México. Nunca hubiera imaginado que llegaría a ocupar el lugar de Segundo Montes, uno de los seis curas asesinados durante ese repudiable suceso aún impune, en la dirección del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (IDHUCA). Pero así fue. Tomé posesión del cargo el 6 de enero de 1992, diez días antes de suscribirse el compromiso final de paz en el Castillo de Chapultepec ubicado en el fenecido Distrito Federal del país hermano. Con este concluía la discusión de los temas sustantivos fijados para alcanzar el alto al fuego en nuestra tierra.

    El primero de dichos convenios fue suscrito en Ginebra, Suiza, el 4 de abril de 1990. Hace ya más de 35 años, en presencia del entonces secretario general de la Organización de las Naciones Unidas: Javier Pérez de Cuéllar. Respondiendo a la solicitud de los presidentes centroamericanos de la época y por mandato del Consejo de Seguridad del organismo internacional que encabezaba, este diplomático peruano asumió ser el auspiciador de un proceso que tendría como objetivos esenciales –además de poner fin a los combates entre los bandos enfrentados– democratizar el país, garantizar el irrestricto respeto de los derechos humanos y reunificar nuestra sociedad, sin precisar cuándo había estado “unida” ni cuándo se rompió tal condición.

    A estas alturas de nuestra historia, es posible asegurar que el primero de esos componentes del proceso pacificador se cumplió casi impecablemente. Que yo sepa, nunca se disparó un proyectil desde uno de los bando enfrentados  contra alguien hasta hacía poco considerado enemigo. No obstante, hubo asesinatos de algunos dirigentes políticos de izquierda como –por ejemplo– el de Francisco Velis el 23 de octubre de 1993 y el de Mario López el 9 de diciembre del mismo año; también se registraron un par de atentados contra María Marta Valladares, más conocida como Nidia Díaz. Estas víctimas eran dirigentes del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), una de las organizaciones integrantes del FMLN, lo que generó la sospecha de que dichos actos criminales tuvieron que ver con venganzas de ciertas familias pudientes afectadas por ese grupo guerrillero durante el conflicto materializadas por “escuadrones de la muerte”.

    Pero los otros tres ingredientes de la fórmula pacificadora no se concretaron y por eso falló el “modelo”, pues la democratización y el respeto de los derechos humanos ayer y hoy debe trascender las formas. No basta que periódicamente la gente acuda a votar por candidatos impuestos desde la cúpulas de los partidos políticos y los dueños de estos, para hablar de lo primero. Eso fue lo que ocurrió en El Salvador de la posguerra y ocurre aún. Tampoco debimos darnos por bien servidos con el cese de las prácticas sistemáticas de graves violaciones de los derechos humanos por razones políticas, tanto estatales como guerrilleras. Su respeto irrestricto –tal  como se formuló en el Acuerdo de Ginebra– abarca también los derechos económicos, sociales y culturales así como los llamados derechos de “la tercera generación”, entre los cuales cabe mencionar el derecho a un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado.

    En los años más recientes, las muertes violentas intencionales se redujeron tras el baño de sangre de aquel último fin de semana de marzo del 2022; luego se instaló, para quedarse, el régimen de excepción del “bukelato” que ya sobrepasó los tres años y medio de “normalidad”. ¿Es ese el “modelo” bajo el cual deberemos subsistir o será más bien el de Romero, descrito en algún momento por “Chema” Tojeira? El “estructuralmente solidario, comprometido con la justicia y el cambio social, precisamente en estos nuestros días de desprecio y olvido de los pobres”. Este última es, en definitiva, el gran desafío.

  • El café y su legado en El Salvador

    El café y su legado en El Salvador

    Gracias a la Organización Internacional del Café (OIC), cada 1 de octubre se celebra el Día internacional del café. En esta ocasión hago reflexión sobre la importancia del café en el territorio salvadoreño.

    Es de reflexionar que los cafetales representan uno de los pocos bosques que nos quedan. Si fuimos uno de los exportadores pujantes de la región, sería recomendable que haya políticas públicas para empoderar más a la caficultura salvadoreña. El gobierno actual está haciendo su esfuerzo. Sin embargo, ¿qué se puede hacer si un finquero decide vender su finca o termina lotificándola?

    La caficultura ha tenido discursos de odio y de bonanzas, exhorto de odio debido a que hubo un momento histórico en el que pocas familias, exactamente 14, tenían el control político y económico en todo el territorio nacional. Luego, con las reformas políticas, vino la reforma agraria y todo cambió. De una forma u otra, la caficultura significó y continúa, aunque en menor escala, siendo el bastión del desarrollo económico del país.

    Gracias al café se construyó el emblemático Palacio Nacional, el Teatro de Santa Ana, el hospital Rosales, entre otros. La economía salvadoreña estaba bien, especialmente en los años en el que se bautizó al café como “Grano de oro”. Lástima que muchos cafetales estén desapareciendo.

    Son seis cordilleras cafetaleras que serpentean con su magia el territorio salvadoreño. Cuando visitaba La Unión; ya que, mi esposa es de esa ciudad, pregunté si en las faldas del volcán de Conchagua cultivaban café, eso debido a la altura. Me comentaron los oriundos del lugar que existió una finca grande en ese lugar.

    No soy ingeniero agrónomo; sin embargo, estudié un diplomado en Mayordomo de fincas cafetaleras en el extinto PROCAFÉ; además, realicé una investigación titulada: La caficultura de El Salvador y su resiliencia ante el cambio climático, precios internacionales y la falta de apoyo. Una crisis anunciada que se debe superar, la cual está en el repositorio del Instituto Salvadoreño del Café y en el repositorio de la Universidad de Sevilla (https://idus.us.es/items/f9a074f3-7e1d-45c2-9dec-b7d1b2f5b6ff).

    Quizá en estos momentos los precios del café a nivel internacional dan un respiro para los que nos dedicamos a la caficultura; aunque, hay factores como: las plagas, el encarecimiento de los pesticidas y fertilizantes, y el cambio climático que dificultan tener una finca bien cuidada. Nos ha tocado ser resilientes.

    Vuelvo a felicitar al Ministerio de Agricultura y Ganadería por el programa de Resiliencia Climática el cual beneficia a miles de pequeños agricultores, caficultores y hortícolas. Muchos cafetaleros con fincas pequeñas han revitalizado sus propiedades.

    En otro contexto, es de preocuparse el impacto negativo que está haciendo el cambio climático, en LA PRENSA GRÁFICA (3/04/2025) publiqué lo siguiente: El cambio climático está avisando que, en el futuro, será difícil cultivar café en las zonas bajas del país. Según Coffee Under Pressure (CUP): “… para 2050 las áreas aptas para el cultivo se concentrarán entre los 1,200 y 1,700 metros sobre el nivel del mar.…”.

    Cada año se va perdiendo el bosque cafetalero, somos menos de 19 mil caficultores según la Asociación Cafetalera de El Salvador. Lo importante es que contribuimos al medio ambiente, a la protección de la flora y fauna. En conclusión, ayudamos al ecosistema. Según datos, el café va perdiendo terreno, en el 2010, se cultivaban 217,000 manzanas. En el ciclo 2022-2023, el Instituto Salvadoreño del Café reportaba que el parque cafetalero era de 170,569 manzanas.

    Es momento de creer en la caficultura, en darle la oportunidad para que vuelva a ser uno de los principales rubros de la economía del país. Hemos sido resilientes, y todos los que estamos en el rubro de la caficultura sabemos de la importancia que tiene (…); además, el Gobierno está colaborando y, sin ver colores políticos y los diferentes sectores de la caficultura, le está dando respiro a este sector.

    Felicidades a todos los caficultores salvadoreños que hacen un gran esfuerzo para mantener uno de los pocos bosques que nos quedan.

    *Fidel López Eguizábal es docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

  • Ante un mundo cambiante, la fragilidad nos vuelve humanos

    Ante un mundo cambiante, la fragilidad nos vuelve humanos

    Todo está cambiando, nada permanece, es norma de vida. Por sí mismo, vivir es mudar de aires. Está bien anidar recuerdos que potencian la cátedra viviente, pero tampoco podemos quedarnos en el pasado, hay que hallarse en el presente para reencontrarnos con el futuro. Ciertamente, somos frágiles, pero el potencial es inmenso, además de que podemos compartir mutuamente las debilidades con nuestros análogos. Este acompañamiento puede ser fructífero sí, todas las partes, han experimentado la filiación y la fraternidad de pulsos. Por cierto, cuidar a los cuidadores va a ser esencial, ante el cúmulo de soledades impuestas; precisamente, es el darse y el donarse lo que nos hace actuar bien y sentirnos mejor.

    La sociedad debe apresurarse a atenderse y a entenderse, sobre todo a sus ancianos y niños. Indudablemente, estamos llamados a acoger el magisterio de la fragilidad, al menos para realizar una reforma indispensable en nuestra civilización, pues la exclusión afecta a todas las etapas de la vida. Sin duda, tenemos que ser más corazón que coraza y, de igual forma, más poesía que poder. Únicamente así, podremos reivindicar la necesidad de invertir en una economía del cuidado resiliente e inclusiva, incluido en el desarrollo de sistemas de cuidados y apoyo sólidos. En efecto, el crecimiento de la población y su envejecimiento, cuando menos debe hacernos repensar sobre la prestación de asistencia y acogida, favoreciendo una promoción humana integral de la persona.

    Ojalá nos ponga en acción el gesto humilde de la donación, un espíritu donante que parte y comparte. Tal vez, sería curativo, volvernos poetas en guardia permanente para revolvernos contra el egoísmo, poder salir de nosotros mismos e inclinarnos con amor hacia toda fragilidad. Desde luego, a poco que nos adentremos en nuestro interior, percibiremos que, si damos aliento, nosotros incluso hallaremos níveos soplos en los desalientos. De hecho, precisamente en la flaqueza, descubrimos quién nos vela y quién está con nosotros; máxime en un momento en que la impunidad ha permitido décadas de atrocidades. Bajo esta sombra nos hacemos fuertes, no con la ilusoria pretensión dominadora o de autosuficiencia, sino con la fortaleza de hacer humanidad y de sentirnos humanitarios.

    No tengamos miedo a la novedad, tan sólo ama, y verás que el mundo es distinto. Si a esta innata pasión auténtica, la completamos con reformular la enseñanza como una profesión colaborativa, respaldada por políticas, prácticas y entornos que valoran el apoyo mutuo, la experiencia participada y la responsabilidad conjunta, además de percibir que el ser humano vive de los cambios, nos daremos cuenta de que el mayor hallazgo pasa por hacer familia. Por ello, es vital conocerse y reconocerse en los lazos de unidad, porque ninguno puede desligarse realmente de nadie. Nada, por consiguiente, de lo que ocurra a las personas nos debe resultar ajeno, en un orbe cada vez más dominado por la dimensión tecnológica, desfigurando el encuentro entre corazones.

    Quizás debamos volver a la mar a reparar las redes vivenciales, volverlas menos virtuales y más físicas, para que nuestras propias miradas acaricien los vocablos del alma y donen luz, que nos liberen de las sombras. Hoy más que nunca, nos hacen falta mallas, que nos hagan redescubrir la belleza de lo auténtico, por vías menos digitales y más de escucha, donde ninguna burbuja de filtros pueda apagar la voz de los más indefensos. No olvidemos que el trabajo humanitario es una obligación moral, que todos debemos ejercitarlo, como hoja de servicio, de nuestro paso por este mundo injusto, que arde de inhumanidad y deshumaniza vínculos. Hacerse cargo, pues, del presente en su situación más angustiante, y ser capaz de injertarle dignidad, es la mejor opción a cultivar. ¡Hagámoslo!

  • Día del Niño

    Día del Niño

    La infancia no solo es la mejor época de nuestra existencia, sino también es la etapa que marca para siempre nuestras vidas. Los psicólogos aseguran que es en la (primera) infancia cuando los niños comienzan a moldear su personalidad y a acumular experiencias y recuerdos inolvidables, por lo cual sus vivencias deben ser positivas e idealmente llenas de amor y comprensión en un contexto social idóneo.

    Técnicamente la infancia llega hasta los 17 años. Desde que somos concebidos hasta el fin de nuestra niñez, la familia, la sociedad y el Estado están obligados a proteger y llenar de valores a los futuros ciudadanos, garantizando el acceso a la salud, educación, alimentación, techo, abrigo y sano esparcimiento.

    Los adultos estamos obligados por deber y humanidad a llenar de gratos momentos la vida de los niños. El periodista y pensador estadounidense Robert Brault dijo alguna vez: “La risa de un niño es la música más hermosa del mundo” y vaya que tuvo razón. Los adultos estamos obligados a convertir en un carrusel de alegría la vida de los niños para que ellos, como futuros ciudadanos, lleguen a ser personas valiosas para la sociedad.

    La destacada novelista de suspenso, la inglesa, Agatha Christie señaló que a todo adulto útil lo mejor que le sucedió es haber tenido una afortunada infancia feliz, lo cual es un derecho con el que nacemos.  Idealmente ningún niño debe vivir la frustración de ser infeliz. Su mundo debe estar lleno de sueños e ilusiones, deben desarrollarse sin preocupaciones y con la seguridad de un futuro promisorio, donde prevalezca la paz, la libertad, la justicia y las oportunidades de una vida llena de calidad.

    El dramaturgo de origen checo Tom Stoppard asegura que la infancia es un estado de ser y no un mero preludio del futuro, e insta a los adultos a no perder la capacidad de asombrarse y alegrarse ni perder la perspectiva de la infancia, pues se debe de llevar siempre la vitalidad y la esencia de uno mismo. “Si se lleva la infancia consigo, nunca se envejece”, acotó.

    Todo adulto debe recordar su infancia con una sonrisa y amor por los suyos. Sacar del baúl de los recuerdos un abanico de experiencias y revivirlas con una mueca de alegría y satisfacción, eso es sinónimo de felicidad vinculada a una sana convivencia. Todo adulto debe recordar los consejos y el trato primoroso de nuestros padres, abuelos y los adultos de entonces, las aventuras fantásticas de nuestro mundo de juegos y creativo, nuestros compañeros y maestros de nuestra primaria y la libertad de nuestros sueños.

    Muchos tuvimos el privilegio de criarnos en hogares estables, con el primor y la protección de nuestros padres y con acceso a la salud, educación, alimentación y todo lo básico. Con carencias, algunas más que otras, pero fuimos felices deseando llegar a adultos. Crecimos con la intrepidez de nuestro ignorancia y atrevimiento. Y sobrevivimos. Fuimos felices y hoy añoramos aquella época que no volverá pero que estamos obligados a replicar en nuestros hijos, nietos y la niñez en general.

    La niñez merece todo lo mejor, nuestro esfuerzo como Estado, sociedad, familia y ciudadanos debe encaminarse a generar mejores las condiciones de vida para estos seres que más que el presente, son nuestro futuro, un futuro inmediato que debemos garantizarles próspero, justo, libre, pacífico, tolerante y con un medio ambiente propicio para vivir.

    En El Salvador, por decreto legislativo, cada 1 de octubre se celebra el día del niño (niñez y adolescencia). La fecha coincide con la conmemoración de la Declaración de los Derechos de los Infantes, aprobada por la Organización de las Naciones Unidos (ONU) el 1 de octubre de 1959. La declaración es el instrumento jurídico de mayor alcance al ser suscrita por 193 países, entre ellos el nuestro.

    Un cartel llevado en una marcha por los derechos de la niñez textualmente nos recordaba “La niñez es para jugar y estudiar… no al trabajo infantil”. A eso yo le agregaría que tampoco es para sufrir discriminación o cualquier forma de maltrato. Los niños no deben ser maltratados por nadie de ninguna forma. El trabajo infantil es un modo de maltrato y en el país, aunque en el sector de la construcción y azucarero ya desapareció el trabajo infantil, todavía hay decenas de miles de niños y adolescentes que viven en el mundo laboral.

    Un informe del Ministerio de Trabajo y del Sistema de Información del Mercado Laboral (SIMEL) señala que hasta 2023 en el país había 79,094 niños y niñas trabajando. De esa cantidad el 70 por ciento en la zona rural. La cifra, según lo estima el mismo informe, está desestimado en el sector del trabajo doméstico. Los datos indican un crecimiento sostenido, ya que alrededor de 3,000 trabajos infantiles se suman por año. Esto hay que revertirlo.

    Obviamente es la pobreza el principal factor que promueve el trabajo infantil. Los niños que trabajan tienen dificultades para acceder a la educación formal y muchos se exponen a los peligros de la actividad que realizan, sin tomar en cuenta la discriminación salarial, el abuso en todo sentido y la pérdida al derecho del sano esparcimiento.

    Hoy, cuando en el país celebramos el Día del Niño (niñez y adolescencia) debemos reflexionar si realmente estamos garantizando a nuestros niños un presente bonancible para un futuro mejor. Los adultos también fuimos niños y nunca debemos dejar de serlo. Recordemos que un adulto que sigue nutriendo a su niño interior trae consigo una luz.

    Un abrazo hoy y siempre a todos los niños de mi país, especialmente a Mateo, Rosita, Matías, Hecmar, Lucca, Angie, Isaac, Fernando, Douglas, Aaron, Estefany, Michelle, Lizzi y Andrea, así como a todos los adultos que nunca dejamos de ser niños… solo evolucionamos.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista.

     

     

     

  • Zonas industriales e infraestructura: otro requisito indispensable para la reindustrialización salvadoreña

    Zonas industriales e infraestructura: otro requisito indispensable para la reindustrialización salvadoreña

    La discusión sobre la reindustrialización de El Salvador no puede verse como un ejercicio retórico ni como una aspiración lejana. Se trata de una necesidad concreta en un país que enfrenta el reto de superar un modelo económico centrado en la exportación de mano de obra y la dependencia de remesas, incapaz de generar suficientes empleos de calidad y de impulsar una senda sostenida de crecimiento. No sorprende, por tanto, que en junio la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI) presentara su Plan de Desarrollo Industrial El Salvador 2025-2029, en el que se destacan diez ejes estratégicos. Entre ellos, hay dos estrechamente relacionados: la creación de nuevas zonas industriales y la modernización de la infraestructura de apoyo a la producción, incluyendo carreteras, puertos y aeropuertos. Estos componentes no son novedosos, sino que remiten a un pasado en el que El Salvador logró consolidar un proceso de industrialización con impactos reales en la estructura productiva y en la generación de empleos.

    Entre 1949 y 1979, bajo el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, el país avanzó en la construcción de un aparato industrial que, aunque limitado en términos de diversificación y autonomía, transformó de manera significativa la economía salvadoreña. Una de sus principales estrategias fue la creación del polo de desarrollo de Ilopango/Soyapango, complementado con la ampliación de la infraestructura de apoyo a la producción. Este polo no surgió de manera espontánea. Su localización obedeció a factores determinantes: la cercanía con la capital, la proximidad del aeropuerto internacional de Ilopango inaugurado en 1949, el acceso inmediato a la carretera Panamericana y a la vía férrea.

    A estos elementos se sumó una inversión pública decidida en ampliar la red vial, telecomunicaciones, energía eléctrica y vivienda para trabajadores. La construcción del bulevar del Ejército y la prioridad otorgada a la zona en los planes de expansión de servicios crearon un entorno favorable para la instalación de empresas industriales nacionales y extranjeras. En pocas décadas, el área se convirtió en el parque industrial más grande del país, albergando compañías como Productos Alimenticios Diana, Embotelladora Salvadoreña, Laboratorios López, ADOC, Lido, MOLSA, Cartonera Salvadoreña, Baterías Récord, UNISOLA y decenas más que marcaron la historia productiva del país.

    La estrategia también apostó a la internacionalización temprana. En 1974 se aprobó la construcción de la primera zona franca de exportación en San Bartolo, Ilopango, que inició operaciones dos años después. Para finales de los años setenta ya alojaba catorce maquilas que generaban más de cuatro mil empleos y exportaban ensamblajes de componentes importados. Con ello, El Salvador se insertaba de manera incipiente en cadenas de valor globales.

    Al mismo tiempo, la inversión pública se desplegó en grandes proyectos de infraestructura vial: la carretera del Litoral, la modernización de la Panamericana, la construcción de la Troncal del Norte, los accesos fronterizos de Las Chinamas, San Cristóbal y Anguiatú, y la carretera hacia Comalapa, que conectó a la capital con el nuevo aeropuerto internacional. Esta red transformó la movilidad de bienes y personas, redujo costos logísticos y fortaleció la integración territorial.

    En el ámbito energético, los avances fueron igualmente decisivos. La Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL) construyó la central 5 de Noviembre en 1954. A este hito se sumaron las centrales hidroeléctricas de Guajoyo y Cerrón Grande, la planta térmica de Acajutla y la planta geotérmica de Ahuachapán. El suministro eléctrico estable y a menor costo se convirtió en un factor clave para la competitividad industrial. Paralelamente, la creación de ANDA en 1961 permitió unificar la provisión de agua potable y alcantarillados en la mayor parte del territorio, mientras que la fundación de ANTEL en 1963 transformó las telecomunicaciones al pasar de menos de 10 000 líneas telefónicas a más de 70 000 en apenas 16 años.

    La infraestructura portuaria y aeroportuaria no quedó atrás. La creación de CEPA en 1952 y la construcción sucesiva de muelles en Acajutla ampliaron la capacidad de comercio exterior. Para 1980, la inauguración del aeropuerto internacional en Comalapa cerraba una etapa de expansión que había dotado al país de la base logística necesaria para consolidar su industria. La evidencia histórica es contundente: cuando el Estado invierte en infraestructura y crea condiciones para el establecimiento de polos industriales, la inversión privada responde, se generan economías de escala, se multiplican los empleos y se fortalece la capacidad productiva.

    El presente obliga a recuperar esa visión. Hoy El Salvador enfrenta déficits estructurales en inversión pública y privada, una productividad estancada y oportunidades laborales insuficientes. Incentivos fiscales o financieros pueden ser útiles, pero carecen de efecto si no existen entornos industriales modernos, servicios confiables y redes de transporte competitivas. Las zonas industriales concentran servicios, reducen costos de operación, fomentan encadenamientos productivos y ofrecen certeza jurídica para nuevas inversiones. La modernización de carreteras, puertos y aeropuertos es indispensable en un contexto regional en el que países vecinos avanzan agresivamente en mejorar su logística. A ello debe sumarse la ampliación de redes de energía renovable, agua potable y conectividad digital, condiciones esenciales para integrar a las micro y pequeñas empresas en cadenas de valor nacionales e internacionales.

    El Salvador ya demostró que puede articular un proyecto industrial sólido si combina planificación estratégica, inversión pública y alianzas con el sector privado. Retomar esa ruta no significa nostalgia, sino pragmatismo.

     

    *William Pleites es director de FLACSO El Salvador