Hay quienes creen que Melitón Barba, el médico y escritor salvadoreño nacido en 1925, era una suerte de brujo. Por ahí circulan, entre pacientes, conocidos y amigos cercanos varias historias fabulosas de las ‘brujerías’ de Melitón Barba.
Ya hacía ‘brujerías’ antes de su apertura a las otras terapéuticas (acupuntura, homeopatía…), en 1973, cuando regresó de su exilió de 1972, que lo llevó al puerto de Puntarenas en Costa Rica. En la década de 1960, en el Hospital Rosales y en su clínica privada, practicó la hipnosis con buenos resultados. Otro médico, el oftalmólogo Roberto Bracamonte (¡alumno aventajado del guitarrista paraguayo Agustín Barrios Mangoré en la década de 1940!), fue su compañero de ruta en esas lides.
Pero su encuentro decisivo con la acupuntura se produjo en 1973, en Guatemala de la Asunción, un par de días antes de su ingreso al país por vía terrestre. El brujo Melitón estaba nervioso porque ese era un momento de ruptura en la frágil institucionalidad salvadoreña, dado que la represión militar se había enseñoreado y había escalado varios tramos, después del fraude electoral contra la Unión Nacional Opositora en febrero de 1972, del fallido golpe constitucionalista encabezado por Benjamín Mejía, coronel del Ejército ―amigo cercano del brujo―, el 25 de marzo de 1972 y de la intervención militar contra la Universidad de El Salvador el 19 de julio de 1972, donde el brujo Melitón Barba daba clases en la Facultad de Medicina y participaba del debate universitario permanente que allí había.
El presidente militar de turno, Arturo Armando Molina, había sido compañero de aula del brujo Melitón en el Instituto Nacional ‘General Francisco Menéndez’ y apelando a eso mandó preguntar si había ‘algo contra él’. Como la respuesta fue negativa, pues el brujo se trasladó de Costa Rica a Guatemala, con el acompañamiento solo de su esposa y del hijo segundo de ellos (un niño) y un primo hermano de la esposa del brujo, y es así como el reingreso al país se produjo.
La epifanía de la acupuntura apareció cuando aquel primo hermano de su esposa le dijo que si quería él le podía ‘poner las agujas’. El brujo Melitón, con los nervios de punta porque lo podían capturar en la frontera, le dijo que sí, pero sin ninguna convicción de que aquello funcionara. Quince minutos después, cuando le ‘quitó las agujas’, el brujo, en completo estado de calma, dijo con curiosidad: ¿Qué es esto? Entonces el primo hermano de su esposa le contó que había aprendido por correspondencia un poquito de acupuntura, y fue él quien, respaldado por su pasaporte oficial (había sido alto funcionario del Estado años atrás), quien introdujo al brujo de nuevo a El Salvador.
Desde ese instante, la práctica médica de Melitón Barba empezó a dar un vuelco impresionante hacia… ‘las brujerías’.
En 1975, y cumplidos los 50 años, Melitón Barba se fue a sacar un doctorado en acupuntura a Bolonia, Italia (en la misma ciudad donde a mediados de la década de 1950 se había especializado en ortopedia y traumatología). Su tesis doctoral lleva por título ‘Enfermedades Cósmicas. Estudio de 25 casos tratados con Acupuntura de Ciática Médica, Neuralgia del Trigémino, Parálisis Facial’ (Turín, 1975). Es decir, a partir de ese momento, era ya un ‘brujo certificado’. Y así lo creyó él y así comenzó a desplegar sus quehaceres médicos.
Nunca abandonó la ortopedia y la traumatología y más bien, su gran aporte fue la combinación e integración virtuosa, según cada caso clínico, de todas las terapéuticas que aprendió. Primero fue la hipnosis, continuó con la acupuntura, después la homeopatía, siguió el naturismo, entonces pasó a la terapia neural… El brujo Melitón no se cansaba de repetir que no importaba la forma de curar, sino de llevar bienestar a los pacientes. Y atrás de todo eso estaba su capacidad de hacer diagnósticos más o menos certeros.
Y en esto está la esencia de la leyenda de las ‘brujerías’ de Melitón Barba.
En los primeros días de febrero de 1980, cuando comenzó la cacería despiadada y enfermiza de todo lo que fuera oposición ―y que llevó a la inmolación a miles de salvadoreños que aún merecen reconocimiento público, en lo que se llamó la guerra sucia ejecutada por los escuadrones de la muerte y por estructuras enquistadas dentro de la Fuerza Armada―, hubo un asesinato que lo impactó mucho: el del médico psiquiatra, Fernando Martín Espinoza, en aquel momento amigo muy cercano al brujo. Tiempo de salvajismo aquel. De hecho, el brujo Melitón se salvó por los pelos, porque estaba ya en el listado de los vándalos aquellos. En un acto de ‘brujería’, Melitón se apersonó al funeral y de inmediato se ‘esfumó’, porque salió para el aeropuerto tratando de salvar el pellejo, puesto que intuyó que irían por sus huesos. Quienes no tuvieron esa oportunidad de dejarlo todo y largarse, pagaron con su vida y hasta el día de hoy hay miles de desparecidos y asesinados de los que nadie se quiere hacer cargo. ■
*Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

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