Cada cuatro años ocurre algo extraordinario. Millones de personas en todo el planeta se reúnen frente a una pantalla, conversan con amigos, discuten pronósticos y siguen con emoción cada partido del Mundial de Fútbol. Durante algunas semanas, el mundo parece hablar un mismo idioma: el de la pasión deportiva.
Sin embargo, mientras observaba recientemente algunos comentarios sobre el Mundial, descubrí algo curioso. Más allá de los goles, los estadios y las celebraciones, el fútbol tiene mucho en común con la literatura. Quizás más de lo que imaginamos.
Ambos nos cuentan historias. Ambos nos emocionan. Ambos nos enseñan algo sobre la condición humana. Y ambos tienen el poder de permanecer en nuestra memoria durante muchos años.
Cada partido cuenta una historia
Cuando abrimos una novela encontramos personajes, conflictos, desafíos y sueños. Cuando inicia un partido de fútbol sucede exactamente lo mismo. Hay equipos favoritos y equipos pequeños que buscan sorprender. Hay jugadores que cargan sobre sus hombros las esperanzas de todo un país. Hay momentos de gloria y también instantes de profunda tristeza.
Las grandes historias literarias suelen hablarnos de la lucha humana frente a la adversidad. El Mundial también. ¿Quién no ha visto alguna vez a una selección considerada débil vencer a una potencia mundial? ¿Quién no ha sido testigo de un jugador que parecía derrotado y terminó convirtiéndose en héroe?
La literatura y el deporte nos recuerdan una verdad sencilla: nunca debemos rendirnos antes de tiempo.
Los héroes no solo viven en los libros
Cuando pensamos en héroes literarios recordamos personajes que enfrentan dificultades, toman decisiones difíciles y luchan por alcanzar una meta. En el Mundial aparecen héroes parecidos. Algunos son estrellas reconocidas. Otros son futbolistas casi desconocidos que, de pronto, cambian la historia de un partido con una sola acción.
Lo interesante es que esos héroes suelen enseñarnos las mismas virtudes que encontramos en los libros: disciplina, perseverancia, valentía, trabajo en equipo y capacidad de levantarse después de una derrota.
Por eso los relatos deportivos suelen permanecer vivos durante generaciones. No recordamos solamente los resultados. Recordamos las historias humanas que hubo detrás de ellos.
Entre ganadores y perdedores en el deporte también existe una reflexión: “El que gana, celebra; el que pierde, da explicaciones”. Esto también es una experiencia que se lee en la literatura.
La emoción de pasar la página
Leer una novela y seguir un Mundial tienen algo en común: nunca sabemos exactamente qué ocurrirá después. Cuando llegamos al final de un capítulo queremos descubrir qué sucederá en el siguiente. Del mismo modo, cuando termina un partido, sentimos curiosidad por conocer el resultado del próximo encuentro.
Esa incertidumbre mantiene viva nuestra atención. Quizás por eso las personas aman tanto las historias. Necesitamos descubrir qué viene después. Necesitamos imaginar futuros posibles. Necesitamos emocionarnos con los triunfos y aprender de las derrotas.
Los libros hacen eso. El fútbol también.
Lo que la lectura aporta al deporte
Algunas personas creen que el deporte y la lectura pertenecen a mundos diferentes. No estoy de acuerdo. La lectura desarrolla la observación, la concentración, la imaginación y la capacidad de interpretar situaciones complejas.
Todas estas habilidades también son importantes para comprender mejor cualquier disciplina deportiva.
Un lector aprende a identificar detalles que otros pasan por alto. Aprende a analizar causas y consecuencias. Aprende a pensar antes de emitir un juicio. Por eso, mientras más leemos, más herramientas tenemos para comprender el mundo que nos rodea.
Más allá del marcador
Hace algunos días reflexionaba sobre esto y comprendí que el Mundial es mucho más que una competencia deportiva. Es una colección de historias humanas. Cada selección representa sueños colectivos. Cada jugador lleva consigo años de sacrificio. Cada aficionado deposita en su equipo una pequeña parte de sus esperanzas.
Y eso es precisamente lo que encontramos en los buenos libros: personas que sueñan, luchan, fracasan, se levantan y vuelven a intentarlo. Como escritor, Alfredo, siempre he creído que la lectura nos acerca a la esencia de la vida. Y el Mundial, de alguna manera, también nos permite observar esa misma esencia en movimiento.
Y algo adicional. Me gustó el comentario que me hizo el PhD. y Pastor Adán García, observando todo el comportamiento de la experiencia del Mundial de Futbol: “El futbol sustituye la guerra. Dios usa su amor para reconciliar las naciones a través del deporte”.
Y me mostró estas sabias palabras: “Cuando equipos de naciones enemigas están en la cancha, los jugadores se respetan y muchos llegan a ser amigos”. La literatura, por su parte, no tiene fronteras, ni tiempo, es universal.
Una invitación a leer
Cuando termine este Mundial, quedarán campeones, estadísticas y recuerdos. Pero también quedarán historias. Historias de superación, de amistad, de disciplina y de esperanza. Tal vez esa sea una buena oportunidad para acercarnos también a los libros. Porque cada novela, cada cuento y cada biografía nos ofrece una aventura diferente.
Y al igual que ocurre en el fútbol, nunca sabemos cuál de esas historias terminará cambiando nuestra manera de ver el mundo. Los libros y el Mundial comparten una misma misión: recordarnos que la vida está hecha de relatos, de emociones y de sueños que vale la pena perseguir.
Epílogo
El fútbol nos enseña que ningún partido está ganado antes de jugarse. La literatura nos enseña que ninguna historia está terminada mientras exista una nueva página por escribir. Ambas experiencias nos invitan a creer, a perseverar y a seguir avanzando aun cuando el resultado parezca incierto.
Quizás por eso seguimos leyendo y seguimos soñando. Las grandes victorias, dentro y fuera de la cancha, suelen pertenecer a quienes no abandonan el camino.
Termino estas líneas con estas sabias palabras del Apóstol Pablo: «Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.» (Colosenses 3:23)
*Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial.
alfredocaballero.consultor@gmail.com
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