El síndrome de piernas inquietas incrementa el riesgo de depresión, ansiedad y conducta suicida, advierten especialistas

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En el marco del Día Mundial del Síndrome de Piernas Inquietas, que se conmemora este 23 de septiembre, la Sociedad Española de Sueño (SES) advirtió sobre el severo impacto emocional y psicológico que provoca esta enfermedad neurológica, la cual incrementa el riesgo de que los pacientes desarrollen cuadros de depresión, ansiedad e incluso conductas suicidas.

De acuerdo con la neuróloga Laura Lillo, miembro del Grupo de Trastornos del Movimiento y de la Conducta durante el sueño de la SES, la patología afecta a cerca del 11.6 % de la población en España, registrando formas graves en entre el 2 % y el 3 % de los casos.

Un trastorno neurológico de difícil diagnóstico

El síndrome de piernas inquietas es una condición neurológica que altera el procesamiento sensitivo-motor. Se caracteriza por una necesidad imperiosa de mover las extremidades inferiores durante el reposo vespertino o nocturno para aliviar sensaciones molestas, lo que interfiere de forma directa con el descanso y actividades cotidianas como viajar, asistir a eventos o cenar.

A pesar de que su identificación clínica es relativamente sencilla mediante el reconocimiento de los síntomas típicos, los estudios reflejan un retraso diagnóstico que puede superar los 10 años. Este desfase ocurre debido al bajo conocimiento de la enfermedad entre la población y el personal médico, lo que lleva a atribuir erróneamente las manifestaciones a cuadros de ansiedad o insomnio.

Factores de riesgo y causas

Aunque los mecanismos exactos de la enfermedad continúan en investigación, la evidencia científica señala dos elementos clave en su origen:

  • Predisposición genética: asociada a variaciones genéticas comunes que elevan la probabilidad de padecerlo.

  • Déficit de hierro (ferropenia): considerado el principal factor de riesgo para el desarrollo del trastorno.

Ambas condiciones alteran el funcionamiento cerebral, incrementando los niveles de dopamina y glutamato, lo que desencadena las respuestas motoras involuntarias en las piernas.

Evolución en los abordajes terapéuticos

En el ámbito del tratamiento, la medicina ha experimentado cambios significativos. Durante años, los agonistas dopaminérgicos fueron la terapia primaria; sin embargo, en la última década se desaconsejó su uso prolongado tras comprobarse que generan el «fenómeno de aumento», un efecto secundario que empeora la patología.

Actualmente, las opciones terapéuticas incluyen:

  • Suplementación de hierro: vía oral o intravenosa en casos de ferropenia.

  • Fármacos modulares: uso de gabapentinoides como la gabapentina o pregabalina.

  • Tratamientos para casos graves: empleo de opioides en situaciones severas o cuando ha surgido el fenómeno de aumento.

  • Técnicas de neuromodulación: dispositivos externos como el sistema TOMAC (estimulación del nervio peroneal), los cuales ofrecen alivio con mínimos efectos secundarios, aunque su disponibilidad sigue pendiente en diversos mercados.

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