Anomalías en la oclusión, alteraciones bucodentales y una inadecuada alineación al morder constituyen desencadenantes frecuentes de dolores mandibulares, faciales y cefaleas crónicas. Así lo manifestaron los doctores Pedro Losa y Jorge Guiñales, jefes del Servicio de Maxilofacial y Odontología del Hospital Universitario La Luz.
«Son cuadros que requieren una valoración especializada, porque detrás puede haber un problema funcional que, si se trata correctamente, mejora de forma notable la calidad de vida de personas que conviven con este dolor sin saber que su origen está en la boca», precisó el doctor Guiñales.
El abordaje hospitalario en intervenciones complejas
Los facultativos también expusieron su preocupación por la práctica habitual de realizar procedimientos implantológicos de alta complejidad en centros convencionales únicamente bajo sedación o anestesia local, lo que somete al paciente a una considerable carga de estrés físico y emocional. Frente a esta situación, recalcaron el valor del entorno quirúrgico hospitalario y el uso de anestesia general para cirugías avanzadas y reconstrucciones óseas.
«Trabajar en el quirófano bajo anestesia general nos permite contar con monitorización continua, anestesistas especializados y todos los medios para garantizar la máxima seguridad», acotó Guiñales, subrayando además que este modelo permite resolver casos severos en un solo tiempo quirúrgico, minimizando la ansiedad del paciente y optimizando la precisión del cirujano.
Impacto en la salud sistémica y pautas de prevención
En el plano sistémico, el doctor Pedro Losa enfatizó la interconexión entre la patología periodontal y afecciones del resto del organismo. «Una mala salud periodontal facilita el paso de bacterias al torrente sanguíneo, incrementando la inflamación general. Esto puede aumentar el riesgo cardiovascular o descompensar patologías crónicas como la diabetes», alertó.
Con el fin de mitigar estos riesgos y diagnosticar a tiempo afecciones asintomáticas —dado que el esmalte carece de terminaciones nerviosas—, los especialistas aconsejan:
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Higiene bucal rigurosa: sustituir el cepillo de dientes cada tres meses e incorporar la seda dental en la rutina diaria.
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Control dietético: reducir el consumo de azúcares libres y productos ultraprocesados que promueven la proliferación bacteriana, así como limitar las bebidas ácidas que deterioran el esmalte.
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Chequeos periódicos: acudir a revisiones preventivas regulares para abordar eventuales patologías en sus estadios iniciales mediante tratamientos poco invasivos.

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