Se ha analizado a Freire, Antonio Pérez Esclarín, Delors y otros pedagogos o conocedores de la educación. En este último acercamiento con esa humanización que se necesita, tanto en hogares como en las escuelas, es importante que también se analice cómo se encuentra la sociedad.
Hace poco escuché a unos locutores hablar sobre el tema de la deshumanización de los seres humanos, en donde incorporaron el ejemplo cuando un niño recién nacido era llamado “producto vivo”. En la conversación de los locutores, un radioescucha les habló y, según un doctor, ya no se les dice así a los recién nacidos.
Volviendo al entorno escolar, se han producido muchas películas, libros, talleres y congresos en donde se abordan las diferentes pedagogías que han ido desfilando a través de la historia. No obstante, conviene analizar el comportamiento de los estudiantes. Es como si tuviésemos un aparato que midiese la bondad, la empatía e inteligencia emocional.
El estudiante, a quien hay que pulir como una piedra, actualmente ha ido perdiendo respeto hacia los maestros, ha ido deshumanizándose. No respeta a los docentes; si el maestro les corrige, rápido van a la dirección a dar queja. Y, para terminar de ponerle la cereza al pastel, el siguiente día llegan los padres de familia a la escuela y colegio a despotricar contra el docente. Esa mal llamada generación de cristal está cada día minando el trabajo de los docentes. Eso lo escucho de muchas voces.
Existe una infinidad de pedagogos, quienes nos brindan de una u otra forma estrategias, guías, métodos para llevar el proceso enseñanza-aprendizaje a los estudiantes. Empero, es primordial que cada docente, quien sabe de pedagogía y didáctica, sea el arquitecto para poder formar a seres humanos excepcionales.
Y, recalco que es de suma importancia que se impartan asignaturas de urbanidad y civismo hasta en las universidades. Lógicamente, es lo que desde el hogar se debe enseñar. El padre de familia debe ser el guía, el que amolde, el que sepa guiar el destino de sus descendientes.
Una escuela, no importa sus precariedades, debe tener un director y maestros que inculquen valores. Eso es lo que pretende la nueva ministra de Educación: inculcar orden, respeto y disciplina. Que es parte de la urbanidad y el civismo.
—La humanización de la educación va más allá de llenar cuadernos y estar sentados enfrente del maestro aprendiendo. Es de saber que la sociedad necesitará de personas comprometidas en tener un mundo mejor—.
La misma sociedad debe humanizarse para ser ejemplo para los niños y jóvenes. En la escuela está abierta la oportunidad aprender de todo. Está en las manos de los maestros en enseñar también a los estudiantes a saber vivir y convivir. No importa si es una escuela pobre o un colegio bilingüe. Son seres humanos a los que se les debe moldear. Se les debe hablar de altruistas, de personas que dejaron un gran legado en la humanidad, no por su dinero, sino por su bondad y calidad humana.
Parafraseando a Edgar Morin en su obra Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, se destaca la deshumanización con la educación, en donde no se debe ver al estudiante como una calificación, sino como un ser humano, y prioriza la tecnología sobre las relaciones humanas. Además, la deshumanización ignora los valores, las emociones y la ética.
Lo anterior es lo que se está percibiendo con los avances de la tecnología. La IA, al no saber utilizarse, está haciendo que la educación se deshumanice. En conclusión, en el contexto salvadoreño, el ideal de los maestros Francisco Gavidia y Alberto Masferrer era transformar al ser humano en seres de bien. Por lo tanto, la enseñanza no debe perder su esencia, los salvadoreños que asistieron a la escuela recuerdan a los maestros que les aconsejaron, que les dieron las bases para triunfar en la vida. Se ha analizado, tanto a los maestros como a los estudiantes.
*Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador
fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

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